7 de Febrero
Lunes, el sol brilla tras varios días de tormenta y Mr. Berry descansa en su improvisada cama de mantas viejas. Pero mi humor estaba contrario al día; no hacía más que pensar en Samuel y en Sofía. ¿A qué se refería con ''hacer una estupidez''? ¿Por qué volvió Sofía? Cuestiones en mi mente que no hallan su respuesta y se convierten en un infierno viviente. Decidí pensar en cosas bonitas, sí, pensé en Aaron.
Bajé a desayunar con mi padre y luego me dirigí al instituto, pero hoy me apeteció ir andando, caprichos caprichos... Cerré la puerta a mis espaldas y vi un coche azul marino justo enfrente de la casa de al lado, un muchacho alto, fornido, de pelo moreno totalmente revuelto, de alrededor de veinte años salía del vehículo con varias cajas en la manos. ¿Una mudanza? Esa casa llevaba bastante tiempo deshabitada, aunque estaba bien cuidada. Se percató de que lo estaba mirando con cara de boba e hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo, yo alcé sutilmente la mano para devolvérselo; al hacer este movimiento miré el reloj y me di cuenta de que no llegaba al instituto como no siguiera andando.
Llegué al edificio y entré para dejar algunos libros en las taquillas, allí estaba mi pandilla. Observé que Aaron estaba apoyado sobre la pared bromeando con Jeyden, una sonrisa maliciosa surcó mi rostro ante la idea de ''mostrar cariño''.
-Buenos días rub...- Pobre, no dejé al moreno terminar la frase, lo acorralé contra la pared y le metí un morreo. Me separé y vi como el resto estaban boquiabiertos, con los ojos como platos mirando la escenita.
-Venga a clase, que llegamos tarde.- Añadí, y me fui a clase tan campante.
-¿¡QUÉ SE SUPONE QUE ACABA DE PASAR!?- Gritó Jeyden.
-No lo sé, pero me ha encantado.- Contestó Aaron.
-Por fin, que yo ya sabía que eran novios.- Comentó Elia.
-¿Desde cuándo es eso amor?- Preguntó Miguel.
-Pues el miércoles hace una semana, ahí lo lleváis que yo me vuelvo a clase.- Cortó la conversación mi novio entrando el el aula.
A parte de los extraños sucesos de primera hora de la mañana, no pasó nada más interesante, ni siquiera vi a Samuel por los pasillos y eso me alertó un poco. Desde mi encontronazo con él del sábado, estaba en continua alerta e intentaba que mi boca se mantuviese cerrada para guardar el secreto.
Tocó la última campana y me dispuse a volver a casa cuando gritaron mi nombre, me volví y ya sabréis quién era.
-¡¡¡RUBIA!!! ¡Te acompaño a casa!
-Será bruto.- Mascullé. Se acercó hasta mí y echó a andar calle abajo, me quedé parada confusa cuando se giró.
-¡Camina! Que te estás poniendo gorda.- Capullo.
Sin más remedio lo seguí y al llegar a mi casa, mi nuevo vecino estaba en el porche desembalando cajas, ¿este hombre solo vive para las cajas? Levantó la cabeza, dejó el cúter sobre el suelo y se acercó a nosotros. Era mucho más alto de lo que parecía (un metro noventa o así), tenía el pelo marrón muy oscuro alborotado y desordenado, sus facciones eran suaves y se dejaba ver una sutil barba de tres días. Sus ojos eran rasgados y de un color bronce penetrante, con largas pestañas. En resumidas cuentas, era el típico chico que va por la calle y no pasa desapercibido.
-Hola, ¿tú eres Águeda?- Me preguntó acercándose a nosotros.
-¿Cómo sabes mi nombre?- Pregunté contrariada.
-Tu padre me ha ayudado con la mudanza esta mañana y presume mucho de ti. Espera, tú no serás la chica de esta mañana, ¿verdad?- Miré a los lados avergonzada por mi padre, claro, al ser su única hija le toca presumir.
- Sí, era yo.- Respondí en voz baja.
-Hola, yo soy Aaron, su novio.- Dijo el moreno pasando su brazo por mis hombros y acentuando las palabras ''su novio''.
-Tranquilo campeón que no voy por ahí ligando como si no hubiera un mañana.- No pude contener la risa ante ese comentario, sobretodo por la mueca tan absurda que puso Aaron.- Por cierto, me llamo Diego.
-Bueno, yo tengo que entrar en casa.- Dije mirando a Aaron sonriente, me despedía de Diego y volví a casa.
Subí a mi habitación y espié por la ventana, como era de espera, los dos estaban en una discusión de sarcasmo e ironía, serán tontos...
Me dejé caer sobre la cama y me coloqué los cascos con Paramore a todo volumen, me aislé en mi mundo pero algo me perturbó, Sofía. Al fin y al cabo era mi madre aunque me lo niegue a mí misma, ¿todos mienten? Es de esos día en los que te das cuenta de la realidad, la cual apesta.
Bajé al piso inferior para estar con mi padre, típico momento familiar. Él se encontraba mirando el correo en el sofá me senté a su lado y apoyé la cabeza en su hombro.
-Hola cielo.- Me saludó.
-¿Qué hay en el correo? A parte de facturas y publicidad.
-No gran cosa. Un momento, ¿esto es una carta de Sofía?- Dijo incorporándose del sofá, se quitó sus grandes gafas y abrió el sobre ansioso. Leyó la carta en voz alta.
-''Hola, sé que no soy querida en esta casa y no volveré, solo quiero intentar compensaros de alguna forma. A partir de ahora Águeda tendrá una pequeña paga de doscientos euros al mes, me parece suficiente para una chica de diecisiete años. Espero que aceptéis el dinero que se enviará en metálico por carta. Saludos de Sofía.''
-¿Voy a tener doscientos euros todos los meses por la cara?- Repetí incrédula.
-Al parecer...- Se giró hacia mí y me miró fijamente a los ojos y preguntó trabándose con las palabras.- ¿Aceptas? El dinero nos vendría genial.
-Quizás, es mucho dinero para mí. Y yo a esa mujer no la soporto, me parece poco ético.
-Algunas veces hay que ser frívolo, esa lección te valdrá de mucho en la vida ya que puede ser muy jodida cuando quiere. Muchas veces hay que pensar en uno mismo y ser un poco egoísta.
-Si lo miras de ese modo, tampoco es que seamos millonarios y un pequeña ayuda haría mucho. Acepto pero no me gusta nada la idea.
Creo que acabo de traicionar mis propios principios por un puñado de billetes, al menos el ocaso se llevó mi trance y la noche cayó sobre mí como el polvo sobre los muebles de una habitación vacía.
martes, 24 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
CAPÍTULO 28
6 de Febrero
*Narra Diana*
La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la persiana entreabierta, obligándome a despertar.
-Mmm... Buenos días Ja...- Me interrumpí al ver que no había nadie a mi lado. Me incorporé y miré al suelo, vi su ropa toda tirada y suspiré tranquila.- ¿¡JAMES!?
-¿QUÉ QUIERES?
-¿DÓNDE SE SUPONE QUE ESTÁS?
-¡¡¡DUCHÁNDOME!!!
-¡ESO! ¡TÚ GÁSTAME AGUA SIN PERMISO!- Salí de la cama, me puse ropa interior y su camisa, para darle una sorpresita. Me dirigí hacia el cuarto de baño y me dispuse a peinarme pero entonces James salió de la ducha con la toalla enrollada a su cintura. Se quedó mirándome a través del espejo con cara de estupefacción y yo sonreí inevitablemente.
-Eso, tú no llames ni nada al entrar.
-Perdona, pero es mi casa y mi baño.
-¿Y si salgo de la ducha sin toalla?
-Eso era lo que esperaba.
-Voy a ignorar eso, ¿puedo ponerme mi camisa?
-Estás mejor sin ella, pero si insistes...- Comencé a desabrochar los botones mientras él se ponía colorado hasta las cejas. Le tendí la camisa inocentemente, quedando en lencería.
-Gracias. Ahora, ¿me dejas vestirme?
-Te recuerdo que tu ropa sigue en el dormitorio. ¿Te dejo unas bragas mías?- Dije partiéndome de la risa.
-No creo que me valgan.- Contestó torciendo una sonrisa.
Tras ese extraño incidente, cada cual se puso su ropa y por primera vez en mucho tiempo desayuné acompañada, hice café (en este momento sí me creo que él quiera café) y tostadas. Se sentó en frente de mí y le dio un largo sorbo a su ansiado café, me miró a mis ambarinos ojos y sonrió levemente.
-Diana.
-Dime.- Contesté con estúpida mueca.
-Yo, no quería que esto fuera un rollo de una noche.
-No estoy acostumbrada a oír eso, ¿sabes?
-Te mereces mucho más de lo que has tenido a lo largo de tu vida.- Abrí los ojos de par en par, ¿amor? ¿Eso se come?
-Perdona, ¿estás hablando de amor?- Dije ahogando una risa.
-Quién sabe, pueden pasar muchas cosas en muy poco tiempo.- Nuestra conversación finalizó a la vez que nuestros desayunos y me dispuse a darle la despedida a James como hacia cada vez que me iba de rollo pero sus labios se atrevieron a articular unas palabras que me dejaron muda.
-Diana, pasa el día conmigo. No te quedes sola, no quiero que pienses que esto ha sido pasajero y que me voy a olvidar. Creo que tú necesitas estabilidad.
-¿Estabilidad? Tss... Creo que yo misma sé lo que necesito.- Sonrió y me abrazó, susurrándome lo siguiente al oído.
-Dudo mucho que lo sepas. Intenta escucharte a ti misma- Hizo un amago de apartarse pero yo lo apreté fuertemente contra mí, no puedo dejar que se vaya.
Decidido, me adecenté un poco, cogí tres cosas de nada y pasé con James el resto del día, creo que tiene razón. Toda mi vida los problemas me han perseguido y he ido lo más rápido que he podido, es hora de pisar el freno y ser feliz conmigo misma. Diana, lo siento mucho por esto últimos años, voy a cambiar.
*Narra Diana*
La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la persiana entreabierta, obligándome a despertar.
-Mmm... Buenos días Ja...- Me interrumpí al ver que no había nadie a mi lado. Me incorporé y miré al suelo, vi su ropa toda tirada y suspiré tranquila.- ¿¡JAMES!?
-¿QUÉ QUIERES?
-¿DÓNDE SE SUPONE QUE ESTÁS?
-¡¡¡DUCHÁNDOME!!!
-¡ESO! ¡TÚ GÁSTAME AGUA SIN PERMISO!- Salí de la cama, me puse ropa interior y su camisa, para darle una sorpresita. Me dirigí hacia el cuarto de baño y me dispuse a peinarme pero entonces James salió de la ducha con la toalla enrollada a su cintura. Se quedó mirándome a través del espejo con cara de estupefacción y yo sonreí inevitablemente.
-Eso, tú no llames ni nada al entrar.
-Perdona, pero es mi casa y mi baño.
-¿Y si salgo de la ducha sin toalla?
-Eso era lo que esperaba.
-Voy a ignorar eso, ¿puedo ponerme mi camisa?
-Estás mejor sin ella, pero si insistes...- Comencé a desabrochar los botones mientras él se ponía colorado hasta las cejas. Le tendí la camisa inocentemente, quedando en lencería.
-Gracias. Ahora, ¿me dejas vestirme?
-Te recuerdo que tu ropa sigue en el dormitorio. ¿Te dejo unas bragas mías?- Dije partiéndome de la risa.
-No creo que me valgan.- Contestó torciendo una sonrisa.
Tras ese extraño incidente, cada cual se puso su ropa y por primera vez en mucho tiempo desayuné acompañada, hice café (en este momento sí me creo que él quiera café) y tostadas. Se sentó en frente de mí y le dio un largo sorbo a su ansiado café, me miró a mis ambarinos ojos y sonrió levemente.
-Diana.
-Dime.- Contesté con estúpida mueca.
-Yo, no quería que esto fuera un rollo de una noche.
-No estoy acostumbrada a oír eso, ¿sabes?
-Te mereces mucho más de lo que has tenido a lo largo de tu vida.- Abrí los ojos de par en par, ¿amor? ¿Eso se come?
-Perdona, ¿estás hablando de amor?- Dije ahogando una risa.
-Quién sabe, pueden pasar muchas cosas en muy poco tiempo.- Nuestra conversación finalizó a la vez que nuestros desayunos y me dispuse a darle la despedida a James como hacia cada vez que me iba de rollo pero sus labios se atrevieron a articular unas palabras que me dejaron muda.
-Diana, pasa el día conmigo. No te quedes sola, no quiero que pienses que esto ha sido pasajero y que me voy a olvidar. Creo que tú necesitas estabilidad.
-¿Estabilidad? Tss... Creo que yo misma sé lo que necesito.- Sonrió y me abrazó, susurrándome lo siguiente al oído.
-Dudo mucho que lo sepas. Intenta escucharte a ti misma- Hizo un amago de apartarse pero yo lo apreté fuertemente contra mí, no puedo dejar que se vaya.
Decidido, me adecenté un poco, cogí tres cosas de nada y pasé con James el resto del día, creo que tiene razón. Toda mi vida los problemas me han perseguido y he ido lo más rápido que he podido, es hora de pisar el freno y ser feliz conmigo misma. Diana, lo siento mucho por esto últimos años, voy a cambiar.
jueves, 28 de noviembre de 2013
CAPÍTULO 27 (2)
*Narra Diana*
Este sábado comienza a ser aburrido; en mi ático solo quedan dos botellas de licor para hacerme una fiesta yo sola pero no quiero emborracharme hoy. Desde que Xavier intentó abusar de mí había encontrado un pequeño consuelo en el Malibú con piña pero eso me estaba afectando. Fui a mi habitación y me desplomé sobre la gran cama central, miré hacia un lado y observé que mi móvil vibraba, me incorporé y lo cogí. Era un número desconocido, descolgué y me llevé el aparato a la oreja.
-¿Hola?
-¿Diana?
-Sí, ¿quién eres?
-¡James!- James, el batería de aquel grupo amateur y quién noqueó a mi agresor.- Bueno, ¿qué tal estás?
-¿Preguntas de ''qué tal''? Si vas a decirme algo dilo ya.
-Am... Me preguntaba si te apetecía ir a cenar.
-¿En plan cita?- Dije soltando una discreta risa.
-Se podría ver de ese modo.
-Vale, acepto.- Me apetecía salir y si se me planta la oportunidad, pues genial.
-¿En serio? ¡Estupendo! Pero ve arreglada.
-¿A dónde me llevas?
-Ya lo verás. Estáte lista a las ocho.- Colgué el teléfono y sonreí estúpidamente.
Llegó la tarde y buscaba algo que ponerme o cómo maquillarme y peinarme, incluso busqué vídeos en internet sobre qué hacer; cuando vi el quinto vídeo fue cuando supe que me estaba pareciendo a una adolescente quinceañera. Rebusqué en los rincones de mi armario y divisé un vestido color verde botella, de cuello barco y mangas francesas de encaje y unos tacones negros.
Casi sin darme cuenta eran las ocho y ''mi cita'' esperaba puntual en la calle, cogí el bolso y mi abrigo negro y me fui escaleras abajo.
Cerré la puerta y justo al volverme sopló una fuerte ráfaga de viento, lanzando al vuelo todos mis cabellos rosas; subí coche, era negro, muy elegante.
-Diana estás estupenda.- Dijo sonriendo mirándome de arriba a abajo.
-Sé que estoy buena, no hace falta que lo digas.- Dije sonriendo de medio lado, a decir verdad, él estaba magnífico. Llevaba una camisa blanca, una corbata negra con el nudo un poco aflojado, pantalones negros y una chaqueta también negra bastante grunge.
-¿Siempre tan egocéntrica?
-Nunca nadie me lo dirá así que tengo que cuidar de mí misma.- No dijimos nada más en todo el trayecto, puedo que alguna mirada furtiva; todo eso me estaba hirviendo la sangre, necesito algo de diversión. Detuvo el coche frente a un edifico muy grande y bien iluminado, era como de película romántica. Entramos y era precioso, paredes de colores cálidos, hermosos manteles blancos en las mesas y una música muy suave, aquel lugar era acogedor. Tomamos una mesa y una juguetona conversación empezó, hablamos de muchas cosas y no puedo recordarlas todas, pero sin saber cómo salió el tema hablamos de Xavier.
-¿Qué pasó con él? Si no llega a ser por mí te podría haber llegado a violar.
-Lo sé, te estoy muy agradecida. Aunque parte de la culpa fue mía.
-Lo dudo mucho.- Sonreí, no sabía nada de mi historia con Xavier.- ¿Por qué sonríes?
-Recuerdos. Pasaron muchas cosas con ese hombre.
-Cuéntamelas.
-¡No! Son cosas personales.- Dije irritada.
-No sé que te pasó ni por qué eres tan arisca, yo solo sé que me atraes y me puedes contar lo que sea.- Abrí de par en par los ojos, ¿confianza? ¿Qué demonios es eso?
-Está bien, realmente me has sorprendido y creo que eres lo bastante maduro como para guardar un secreto. Empecemos. cuando yo tenía veintidos años acababa de terminar la carrera de fotografía y entré a trabajar en la revista ''Forever Stars''. Él era el jefe de la discográfica a la que fuisteis, pues le gusté de una forma enfermiza y yo caí en sus redes. No fue nada sentimental, era más bien carnal, ¿sabes? Y supe que jamás significaríamos nada. Corté la relación y por supuesto quiso más, el resto ya lo sabes.
-Será capullo.
-¿No me digas?- Dije irónica.
A partir de ahí cambiamos de la conversación y nos dedicamos a conocernos mejor, me resultaba interesante, era atento y paciente. Totalmente contrario a mi carácter pasivo e irritable.
Terminamos la agradable cena y dimos un paseo por las nocturnas calles de Madrid, a su lado me sentía protegida, a gusto, eran cosas que jamás había sentido al lado de un hombre. Dimos media vuelta y volvimos al aparcamiento para volver a casa, pero el cambio en este trayecto fue la continua charla y risa. Llegamos a mi edificio y se bajó conmigo del coche para acompañarme a la puerta, pero también subió en el ascensor y nos paramos en el portón de mi ático.
-Me lo he pasado genial James, hacía tiempo de la última vez.
-Un detalle no hace daño.- No pude contener la risa y me mordí el labio inferior mientras buscaba las llaves. Él me obligó a mirarlo sosteniendo mi barbilla con su pulgar y su índice.
-¿Qué haces?- contesté con la voz entrecortada.
-Podría pasar y tomarnos un café o algo.- Un sonrisa traviesa surcó mi rostro, agarré su corbata y lo acerqué a mí, dejando su cara mi cerca de la mía.
-Venga ya, no somos dos quinceañeros y tú no quieres café.- Se pudo oír el ''crak'' de la puerta al abrirse y nos besamos como si nos faltara el aire, andé de espaldas chocando con todas las paredes de mi casa hasta llegar al dormitorio, allí mis piernas se tropezaron con la cama y el resto de la noche ya os la figuraréis.
Este sábado comienza a ser aburrido; en mi ático solo quedan dos botellas de licor para hacerme una fiesta yo sola pero no quiero emborracharme hoy. Desde que Xavier intentó abusar de mí había encontrado un pequeño consuelo en el Malibú con piña pero eso me estaba afectando. Fui a mi habitación y me desplomé sobre la gran cama central, miré hacia un lado y observé que mi móvil vibraba, me incorporé y lo cogí. Era un número desconocido, descolgué y me llevé el aparato a la oreja.
-¿Hola?
-¿Diana?
-Sí, ¿quién eres?
-¡James!- James, el batería de aquel grupo amateur y quién noqueó a mi agresor.- Bueno, ¿qué tal estás?
-¿Preguntas de ''qué tal''? Si vas a decirme algo dilo ya.
-Am... Me preguntaba si te apetecía ir a cenar.
-¿En plan cita?- Dije soltando una discreta risa.
-Se podría ver de ese modo.
-Vale, acepto.- Me apetecía salir y si se me planta la oportunidad, pues genial.
-¿En serio? ¡Estupendo! Pero ve arreglada.
-¿A dónde me llevas?
-Ya lo verás. Estáte lista a las ocho.- Colgué el teléfono y sonreí estúpidamente.
Llegó la tarde y buscaba algo que ponerme o cómo maquillarme y peinarme, incluso busqué vídeos en internet sobre qué hacer; cuando vi el quinto vídeo fue cuando supe que me estaba pareciendo a una adolescente quinceañera. Rebusqué en los rincones de mi armario y divisé un vestido color verde botella, de cuello barco y mangas francesas de encaje y unos tacones negros.
Casi sin darme cuenta eran las ocho y ''mi cita'' esperaba puntual en la calle, cogí el bolso y mi abrigo negro y me fui escaleras abajo.
Cerré la puerta y justo al volverme sopló una fuerte ráfaga de viento, lanzando al vuelo todos mis cabellos rosas; subí coche, era negro, muy elegante.
-Diana estás estupenda.- Dijo sonriendo mirándome de arriba a abajo.
-Sé que estoy buena, no hace falta que lo digas.- Dije sonriendo de medio lado, a decir verdad, él estaba magnífico. Llevaba una camisa blanca, una corbata negra con el nudo un poco aflojado, pantalones negros y una chaqueta también negra bastante grunge.
-¿Siempre tan egocéntrica?
-Nunca nadie me lo dirá así que tengo que cuidar de mí misma.- No dijimos nada más en todo el trayecto, puedo que alguna mirada furtiva; todo eso me estaba hirviendo la sangre, necesito algo de diversión. Detuvo el coche frente a un edifico muy grande y bien iluminado, era como de película romántica. Entramos y era precioso, paredes de colores cálidos, hermosos manteles blancos en las mesas y una música muy suave, aquel lugar era acogedor. Tomamos una mesa y una juguetona conversación empezó, hablamos de muchas cosas y no puedo recordarlas todas, pero sin saber cómo salió el tema hablamos de Xavier.
-¿Qué pasó con él? Si no llega a ser por mí te podría haber llegado a violar.
-Lo sé, te estoy muy agradecida. Aunque parte de la culpa fue mía.
-Lo dudo mucho.- Sonreí, no sabía nada de mi historia con Xavier.- ¿Por qué sonríes?
-Recuerdos. Pasaron muchas cosas con ese hombre.
-Cuéntamelas.
-¡No! Son cosas personales.- Dije irritada.
-No sé que te pasó ni por qué eres tan arisca, yo solo sé que me atraes y me puedes contar lo que sea.- Abrí de par en par los ojos, ¿confianza? ¿Qué demonios es eso?
-Está bien, realmente me has sorprendido y creo que eres lo bastante maduro como para guardar un secreto. Empecemos. cuando yo tenía veintidos años acababa de terminar la carrera de fotografía y entré a trabajar en la revista ''Forever Stars''. Él era el jefe de la discográfica a la que fuisteis, pues le gusté de una forma enfermiza y yo caí en sus redes. No fue nada sentimental, era más bien carnal, ¿sabes? Y supe que jamás significaríamos nada. Corté la relación y por supuesto quiso más, el resto ya lo sabes.
-Será capullo.
-¿No me digas?- Dije irónica.
A partir de ahí cambiamos de la conversación y nos dedicamos a conocernos mejor, me resultaba interesante, era atento y paciente. Totalmente contrario a mi carácter pasivo e irritable.
Terminamos la agradable cena y dimos un paseo por las nocturnas calles de Madrid, a su lado me sentía protegida, a gusto, eran cosas que jamás había sentido al lado de un hombre. Dimos media vuelta y volvimos al aparcamiento para volver a casa, pero el cambio en este trayecto fue la continua charla y risa. Llegamos a mi edificio y se bajó conmigo del coche para acompañarme a la puerta, pero también subió en el ascensor y nos paramos en el portón de mi ático.
-Me lo he pasado genial James, hacía tiempo de la última vez.
-Un detalle no hace daño.- No pude contener la risa y me mordí el labio inferior mientras buscaba las llaves. Él me obligó a mirarlo sosteniendo mi barbilla con su pulgar y su índice.
-¿Qué haces?- contesté con la voz entrecortada.
-Podría pasar y tomarnos un café o algo.- Un sonrisa traviesa surcó mi rostro, agarré su corbata y lo acerqué a mí, dejando su cara mi cerca de la mía.
-Venga ya, no somos dos quinceañeros y tú no quieres café.- Se pudo oír el ''crak'' de la puerta al abrirse y nos besamos como si nos faltara el aire, andé de espaldas chocando con todas las paredes de mi casa hasta llegar al dormitorio, allí mis piernas se tropezaron con la cama y el resto de la noche ya os la figuraréis.
martes, 26 de noviembre de 2013
CAPÍTULO 27 (1)
6 de Febrero
Estaba alucinando, ¿Jimmy? ¿Enamorado de Miguel? Estaba mirándolo con la boca abierta, no creía que alguien a parte de Elia era capaz de enamorarse de Miguel. Es muy atractivo pero apenas habla y es muy tímido, no obstante, su personalidad es tremenda. Aterricé de nuevo a la realidad e intenté contestar a su confesión.
-Pero él es hetero.
-¿Te crees que no lo sé? Y encima es el novio mi mejor amiga pero, a veces, el corazón es muy caprichoso.
-Te aconsejo que salgas, conozcas gente y te olvides de él. Es lo mejor que puedes hacer.- Ya sé que no soy buena animando a la gente, yo les doy un abrazo y espero a que se les pase.
-Pues no lo había pensado. Sí, podría conocer a otra gente, lo que se dice cambiar de aires. Muchas gracias Águeda.- Ante mi sorpresa mi consejo funcionó y ahora lucía una amplia sonrisa. Me siento satisfecha.
Llegaron las chicas y mantuvimos una conversación sobre todo y nada a la vez. Empezamos por chorradas como colores favoritos, continuamos por marcas de ordenadores (solo dios sabe cómo salió ese tema teniendo en cuenta que los presentes en la sala éramos muy torpes con la electrónica), y por último música. Ése era mi fuerte y podía estar horas y horas hablando sobre eso, sin darnos cuenta, terminamos a gritos defiendo cada uno nuestro estilo.
-¡Pues Lady Gaga es la mejor!- Defendió Jimmy.
-Ni se le acerca a Eminem.- Rebatió Sakura.
-Paramore son los mejores y los demás puro asco.- Se indignó Elia.
-A Justin Bieber no le gana nadie.- Ainhoa me ha ofendido.
-¿¡Cómo!? Perdona pero Green Day, AC/DC, The Ramones, Sum 41, KISS y Sex Pistols están tan por encima que ese Bieber es microscópico.
-Repite eso.- Me respondió la morena haciendo especial énfasis en cada palabra.
-Cuantas veces quieras.- Le vacilé yo.
-Chicas tranquilas, que sois amigas.- Separó Elia.
-¡TIENE RAZÓN, ÁGUEDA TE QUIERO MUCHO!- Corrió Ainhoa a darme un abrazo tan fuerte que nos caímos al suelo muertas de la risa.
Valeria nos ayudó a levantarnos y Elia puso una mueca extraña, frunció el ceño y miró al suelo pensativa.
-Águeda, esta mañana fuimos juntas a clase, saludamos a Aaron y, ¿entraste en el aula? Es que no me acuerdo.
-No.- Dije tranquila.
-¡Pues a ver cómo apruebas! Te saltas la mitad de las clases y encima casi nunca vienes al instituto.- Me recriminó la pelirroja.
-Ni que fueras mi madr..., digo, mi padre.
-¿Pero a dónde fuiste la primera hora?- Siguió curiosa, más bien cotilla. Al parecer ése fue el pistoletazo de salida a muchísimas preguntas sobre mis ausencias; yo estaba empezando a hartarme.
-Pero respóndeme, ¿a dónde se supone que te fuiste esta mañana?
-¡ME LARGUÉ CON AARON!- Me llevé las manos a boca, se me había escapado. Ainhoa y Elia sonrieron ampliamente y se les dilataron las pupilas, comenzaron a gritar como auténticas locas y me cogieron de los hombros para zarandearme.
-¡AY MADRE, POR FIN ESTÁN JUNTOS!- Chilló la gafapastas.
-¡YA ERA HORA! ¿Y desde cuándo es eso?- Continuó la otra.
-Me pierdo.- Se quejó Valeria.
-¡SOLTÁDME! Lo voy a explicar una sola vez, las preguntas al final.- Comencé a relatar todo lo que nos había pasado a él y a mí durante este último mes, absolutamente todo omitiendo algunas partes como lo de Londres porque ya lo sabían. Cuando terminé mi relato arrugué el morro, los demás se limitaron a suspirar y a decir que todo es precioso y bla bla bla.
Observo el reloj, son las cinco y media de la madrugada y hay poca energía en el ambiente. Estaba acurrucada en uno de los sofás entre Sakura, la cual estaba durmiendo sobre mi hombro derecho, y Ainhoa, que hacía lo imposible para mantenerse despierta; yo no resistí más mi lucha y el sueño me venció. Desperté de un sobresalto, algunos rayos de sol de la mañana se colaban por la rendijas de la persiana y me deslumbraban, miré a mi alrededor pero no había nadie. Me incorporé y fui hasta la cocina en busca de alguien, pero nada. Algo asustada recorrí el pasillo hasta el cuarto de Elia, allí estaba la pelirroja revisando su teléfono móvil.
-Elia, ¿dónde están los demás?
-¡Buenos días dorminola! Se fueron a las diez, ya es casi medio día. Te dejaron durmiendo porque estabas muy cansada.- Sonreí, un sentimiento extraño me invadió desde los pies hasta las raíces de mis claros cabellos, decidí no pensar más en eso y cambiarme de ropa para volver a casa.
Me despedí de Elia en la puerta y, debido a la falta de sueño, choqué con alguien.
-¡Mira por dónde andas!
-Lo siento mucho... ¿¡Samuel!?
-Mira quién está por aquí. No te veía desde Londres rubia.- Dijo acercándose con una sonrisa malévola.
-Samuel déjame en paz.- Contesté esquivándolo.
-Oh, venga ya. Sabes que no estuvo tan mal.
-Mira, no estoy para tus jueguecitos.
-Hay una cosa que no entiendo.
-¿Sí? No me digas.- Respondí irónica.
-¿Por qué Aaron me pegó?
-Porque te ganaste las palizas a pulso.
-Águeda, los dos sabemos que iba colocado. Pero en vez de ayudarme preferisteis pasar de mí.
-Se intentó hablar contigo pero no escuchaste.
-Tampoco insististeis ninguno de vosotros, excepto Aaron.- No tenía ganas de escuchar nada más, me fui pero él me siguió, tomó mi brazo haciendo que volviera la cabeza hacia él.- ¿Qué fui yo para ti?
-Ahora un simple recuerdo.- Sus ojos grises se volvieron vidriosos y un ligero temblor de su labio inferior delató su tristeza. Su gesto cambió a uno más duro y rabioso y bruscamente me besó; me aparté violentamente y y no pude contener mis gritos.- ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES!?
-Tranquila que no te volveré a molestar más, pero quería besarte antes de llegar a hacer alguna estupidez.
Sin añadir una palabra más se fui. Desapareció por la calle y yo no paré de darle vueltas a la cabeza con lo que había pasado, ¿estaba arrepentido? Ya no podía confiar de nuevo en él, nos había mentido y conmigo se comportó como un cerdo. Pero por una parte tenía razón, no le hemos ayudado, lo dejamos solo.
Estaba alucinando, ¿Jimmy? ¿Enamorado de Miguel? Estaba mirándolo con la boca abierta, no creía que alguien a parte de Elia era capaz de enamorarse de Miguel. Es muy atractivo pero apenas habla y es muy tímido, no obstante, su personalidad es tremenda. Aterricé de nuevo a la realidad e intenté contestar a su confesión.
-Pero él es hetero.
-¿Te crees que no lo sé? Y encima es el novio mi mejor amiga pero, a veces, el corazón es muy caprichoso.
-Te aconsejo que salgas, conozcas gente y te olvides de él. Es lo mejor que puedes hacer.- Ya sé que no soy buena animando a la gente, yo les doy un abrazo y espero a que se les pase.
-Pues no lo había pensado. Sí, podría conocer a otra gente, lo que se dice cambiar de aires. Muchas gracias Águeda.- Ante mi sorpresa mi consejo funcionó y ahora lucía una amplia sonrisa. Me siento satisfecha.
Llegaron las chicas y mantuvimos una conversación sobre todo y nada a la vez. Empezamos por chorradas como colores favoritos, continuamos por marcas de ordenadores (solo dios sabe cómo salió ese tema teniendo en cuenta que los presentes en la sala éramos muy torpes con la electrónica), y por último música. Ése era mi fuerte y podía estar horas y horas hablando sobre eso, sin darnos cuenta, terminamos a gritos defiendo cada uno nuestro estilo.
-¡Pues Lady Gaga es la mejor!- Defendió Jimmy.
-Ni se le acerca a Eminem.- Rebatió Sakura.
-Paramore son los mejores y los demás puro asco.- Se indignó Elia.
-A Justin Bieber no le gana nadie.- Ainhoa me ha ofendido.
-¿¡Cómo!? Perdona pero Green Day, AC/DC, The Ramones, Sum 41, KISS y Sex Pistols están tan por encima que ese Bieber es microscópico.
-Repite eso.- Me respondió la morena haciendo especial énfasis en cada palabra.
-Cuantas veces quieras.- Le vacilé yo.
-Chicas tranquilas, que sois amigas.- Separó Elia.
-¡TIENE RAZÓN, ÁGUEDA TE QUIERO MUCHO!- Corrió Ainhoa a darme un abrazo tan fuerte que nos caímos al suelo muertas de la risa.
Valeria nos ayudó a levantarnos y Elia puso una mueca extraña, frunció el ceño y miró al suelo pensativa.
-Águeda, esta mañana fuimos juntas a clase, saludamos a Aaron y, ¿entraste en el aula? Es que no me acuerdo.
-No.- Dije tranquila.
-¡Pues a ver cómo apruebas! Te saltas la mitad de las clases y encima casi nunca vienes al instituto.- Me recriminó la pelirroja.
-Ni que fueras mi madr..., digo, mi padre.
-¿Pero a dónde fuiste la primera hora?- Siguió curiosa, más bien cotilla. Al parecer ése fue el pistoletazo de salida a muchísimas preguntas sobre mis ausencias; yo estaba empezando a hartarme.
-Pero respóndeme, ¿a dónde se supone que te fuiste esta mañana?
-¡ME LARGUÉ CON AARON!- Me llevé las manos a boca, se me había escapado. Ainhoa y Elia sonrieron ampliamente y se les dilataron las pupilas, comenzaron a gritar como auténticas locas y me cogieron de los hombros para zarandearme.
-¡AY MADRE, POR FIN ESTÁN JUNTOS!- Chilló la gafapastas.
-¡YA ERA HORA! ¿Y desde cuándo es eso?- Continuó la otra.
-Me pierdo.- Se quejó Valeria.
-¡SOLTÁDME! Lo voy a explicar una sola vez, las preguntas al final.- Comencé a relatar todo lo que nos había pasado a él y a mí durante este último mes, absolutamente todo omitiendo algunas partes como lo de Londres porque ya lo sabían. Cuando terminé mi relato arrugué el morro, los demás se limitaron a suspirar y a decir que todo es precioso y bla bla bla.
Observo el reloj, son las cinco y media de la madrugada y hay poca energía en el ambiente. Estaba acurrucada en uno de los sofás entre Sakura, la cual estaba durmiendo sobre mi hombro derecho, y Ainhoa, que hacía lo imposible para mantenerse despierta; yo no resistí más mi lucha y el sueño me venció. Desperté de un sobresalto, algunos rayos de sol de la mañana se colaban por la rendijas de la persiana y me deslumbraban, miré a mi alrededor pero no había nadie. Me incorporé y fui hasta la cocina en busca de alguien, pero nada. Algo asustada recorrí el pasillo hasta el cuarto de Elia, allí estaba la pelirroja revisando su teléfono móvil.
-Elia, ¿dónde están los demás?
-¡Buenos días dorminola! Se fueron a las diez, ya es casi medio día. Te dejaron durmiendo porque estabas muy cansada.- Sonreí, un sentimiento extraño me invadió desde los pies hasta las raíces de mis claros cabellos, decidí no pensar más en eso y cambiarme de ropa para volver a casa.
Me despedí de Elia en la puerta y, debido a la falta de sueño, choqué con alguien.
-¡Mira por dónde andas!
-Lo siento mucho... ¿¡Samuel!?
-Mira quién está por aquí. No te veía desde Londres rubia.- Dijo acercándose con una sonrisa malévola.
-Samuel déjame en paz.- Contesté esquivándolo.
-Oh, venga ya. Sabes que no estuvo tan mal.
-Mira, no estoy para tus jueguecitos.
-Hay una cosa que no entiendo.
-¿Sí? No me digas.- Respondí irónica.
-¿Por qué Aaron me pegó?
-Porque te ganaste las palizas a pulso.
-Águeda, los dos sabemos que iba colocado. Pero en vez de ayudarme preferisteis pasar de mí.
-Se intentó hablar contigo pero no escuchaste.
-Tampoco insististeis ninguno de vosotros, excepto Aaron.- No tenía ganas de escuchar nada más, me fui pero él me siguió, tomó mi brazo haciendo que volviera la cabeza hacia él.- ¿Qué fui yo para ti?
-Ahora un simple recuerdo.- Sus ojos grises se volvieron vidriosos y un ligero temblor de su labio inferior delató su tristeza. Su gesto cambió a uno más duro y rabioso y bruscamente me besó; me aparté violentamente y y no pude contener mis gritos.- ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES!?
-Tranquila que no te volveré a molestar más, pero quería besarte antes de llegar a hacer alguna estupidez.
Sin añadir una palabra más se fui. Desapareció por la calle y yo no paré de darle vueltas a la cabeza con lo que había pasado, ¿estaba arrepentido? Ya no podía confiar de nuevo en él, nos había mentido y conmigo se comportó como un cerdo. Pero por una parte tenía razón, no le hemos ayudado, lo dejamos solo.
domingo, 17 de noviembre de 2013
CAPÍTULO 26
5 de Febrero
Hubo un amago de que amainase pero la tormenta sobre Madrid continuaba. Noche perfecta para peli de miedo y palomitas en casa de Elia. Creo que a mi padre empezaba a molestarle que estuviera más fuera de casa que dentro, pero creo que en el fondo se alegra de que por fin tenga, no amigos, sino vida. Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, mi pelo hoy estaba mucho más rebelde de lo normal, parecía un ovejita rubia.
Bajé a la cocina, caminé hacia el frigorífico y observé una nota con una letra malísima:
''Tenía un compromiso en la empresa y me he tenido que ir más temprano, tienes pan en la panera. No te quedes en casa porque lo sabré.''
Se me escapó una sonrisa por la última frase, la última vez que se tuvo que ir más temprano me tomé el día libre y la bronca de después fue enorme.
Después de casi cargarme el microondas metiendo la taza con la cuchara, salí hacia el instituto; allí, una eufórica Elia me dio un abrazo que por poco nos caemos al suelo rodando.
-¿Se puede saber este entusiasmo?- Le pregunté riendo.
-Que estoy contenta por esta noche. ¿Llamaste a Ainhoa?
-Ahí va.- Ni me acordé de decírselo.
-Da igual, ya se lo dije yo. ¡Ah! También vendrán tres amigos míos.
-¿Como que tres amigos tuyos? ¿Tíos?
-No, dos chicas y un chico, pero que es gay.- Dijo entre risas.- Y trae porquerías varias, tipo golosinas, palomitas, pica pica...
-Entonces hoy a ponerse gordas, ¿no?
-Básicamente.- En ese momento una sonora carcajada salió de nuestras gargantas, la cual fue eclipsada por la campana y entramos en clase.
Cruzamos los largos pasillos sin ganas, al menos yo no quería dar lengua a primera hora. A lo lejos vi a Aaron apoyado en la puerta del aula con aire vacilón, saludó a Elia y me cortó el paso.
-¿Sabes que casi nunca me besas?
-¿Porque solo te veo en el instituto quizá?- Dije con ironía.
-Mira doña recatada. anda entra.- Y se apartó dejando paso. Me acerqué con una sonrisa maliciosa y arqueé una ceja.
-Se me está ocurriendo una cosa.
-A ver por donde sales...
-¿Qué tal si nos saltamos la primera clase?
-Já, que te crees que no lo he intentado.
-Pero tú eres un torpe.
-Vale, yo también te quiero eh.- Dijo haciéndose el dolido.
-Aish... Venga, sígueme.- Tomé su mano y anduvimos muy deprisa, sin llegar a correr. Atravesamos todo el instituto sin ser vistos, hasta llegar al jardín que hay detrás del edificio. A ese pequeño rincón de tranquilidad no daba ninguna ventana ni ninguna puerta, la única forma de entrar era saltando la pequeña verja. Miré a Aaron de reojo, el cual estaba maravillado con la boca entreabierta.
-¿Cómo sabes de este sitio? Llevo aquí desde pequeño y nunca lo había visto.
-Gracias a Elia, cuando Miguel se emborrachó y la besó él no se acordaba de nada y ella vino aquí a llorar. La seguí y aluciné. Yo entro, cuando se te quiete la cara de bobo vienes, ¿vale?.- Me dispuse a colarme pero con la faldita era complicado.
-Serás bruta.- Aaron se coló, una vez dentro me cogió en volandas y se quedó mirándome fijamente, yo miré al suelo ruborizada.
-Buen, bájame ya.
-Jamás.
-Serás cursi.- En ese instante sentí que caía y seguidamente sentí un golpe en, bueno, ahí atrás.
-¡Me has hecho daño bestia!
-BUJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ¡No te quejes que no ha sido para tanto!- Rió en una sonora carcajada.- Anda, levanta.
Me levanté del suelo y me hice la enfadada, Aaron me siguió y me abrazó a modo de disculpas. Susurró algo que no llegué a oír del todo y después me besó.
Realmente nunca pensé que algún día pasara esto, nunca pensé que me llegaría a enamorar como una niñata y nunca pensé que sería con alguien de mi propia banda. ahora que lo pienso, aún no lo sabe nadie.
-Aaron.
-¿Sí?
-¿Le has contado a alguien que estamos juntos?
-Am... no.
-Yo tampoco.
-Pero podría ser nuestro secreto.
-Ya, ¿sinceramente crees que no se han dado cuenta?
-¿Por qué?
-Dios mío, no pillas ni una. Porque nos hemos ido de clase los dos sin razón alguna.
-Ah. Da igual, que se aguanten.- Así, tan indiferente, se dirigió al gran árbol que había en el centro del jardín y se echó a la sombra de su copa. Agitó el brazo para indicarme que fuera también.
Aquella hora se me hizo efímera; a pesar de la tormenta, en el jardín el suelo estaba seco y hacía una temperatura agradable. Estuvimos hablando sobre nosotros y nos dijimos cosas que nunca dijimos. Fue como sacado de una película romántica pero, aunque odie admitirlo, me gustaba.
Al contrario que la escapada, el resto del día llovió demasiado para alguien a la que le gusta la lluvia y se me hizo todo muy lento; pero la tarde en mi casa tampoco varió demasiado.
Antes de ir a casa de Elia, revisé la mochila y pasé por un ultramarinos antes de ir. Paseé por todos los pasillos repletos de estantes, buscando palomitas y golosinas pero vi cerveza. Agarré una botella y confié en que el dependiente creyera que tenía dieciocho años; me acerqué a la caja, lo coloqué todo y al pasar la botella por el lector se paró un momento, me miró a los ojos y me sonrió de una forma extraña. Pero pasó la cerveza y salí de la tienda feliz.
Llegaba puntual, llamé al timbre y me abrió Elia muy sonriente.
-¡Águeda! Ven pasa, ya han llegado todos.- Fuimos hasta el saló y allí estaba Ainhoa la cual me dio un gran abrazo, dos chicas y un chico más.- Estas son Sakura, Valeria y Jimmy.
Sakura era una chica de etnia asiática, de pelo castaño oscuro y unos inusuales ojos azules claros. Valeria lucía el pelo color miel y rizado, sus ojos eran marrones y almendrados. Era más pequeña, tendría unos catorce años. Y Jimmy era de estatura baja, con el pelo corto y marrón muy oscuro, casi negro. Tenía unos ojos cambiantes, dependiendo de la luz eran verdes o marrones.
-Pues ya estamos todos.- Terminó Elia.- ¿Os apetece ver la peli?
-Elia, ¿Tus padres están en casa?- Pregunté yo.
-Ni ellos ni mi hermano, hoy se quedan con mis abuelos para que no los molestemos.
-Pues genial, porque mira lo que he traído.- Dije sacando la botella.
-Como te llames, te quiero.- Dijo Jimmy.
-Águeda, mi nombre es Águeda.
-Ah, lo siento. ¡qué ojazos tienes! ¿Son violetas?- añadió agarrándome de los hombros y moviéndome hacia la luz.
-Bueno vale ya. Eli, pon la película porfa.- Se quejó Valeria. Sakura se dirigió a la cocina y tras unos minutos volvió con varios boles llenos de palomitas, patatas fritas, ositos de gominola, kikos y demás cosas. Nos sentamos todos en los dos sofás y Elia se dispuso a poner la película, era The posession.
Terminó y Ainhoa y Valeria estaban abrazadas del miedo que habían pasado, tampoco era para tanto. Serían alrededor de las once de la noche y estábamos hablando de temas diversos. Descubrí que Jimmy se llamaba Jaime pero siempre lo habían llamado así y que Sakura tenía los ojos azules porque su padre era español (con ojos claros) y su madre japonesa. En ese momento Ainhoa se levantó del sofá y muy entusiasmada gritó:
-¿¡QUÉ OS PARECE SI JUGAMOS AL YO NUNCA!?
-Nhoa, tranquila.- Le riñó Elia.
-¿Yo nunca? ¿Cómo se juega a eso?- Preguntó Sakura confusa.
-A ver, se reparte un vaso con alcohol para cada uno. Alguien dice algo que nunca haya hecho y los que sí, beben.- Explicó.
-Mola, ¡hagámoslo!- Dijo Valeria.
-Valeria, ¿no eres muy pequeña?- Le recriminé yo con tono de madre.
-¿¡ME ESTÁS LLAMANDO NIÑA!? ¡¡¡YO SOY MAYOR, TENGO CATORCE AÑOS!!!
-Vale, no te sulfures.- Nos sentamos en corro, Elia repartió los vasos y los llenó.
-Yo empiezo.- Dijo Jimmy.- A ver... Soy gay así que nunca he besado a una chica.- Ainhoa colorada como un tomate bebió.
-¿En serio Ainhoa?- Preguntó Sakura sorprendida.
-Bueno, estábamos jugando a la botella y fue un pico sin importancia.- Aclaró ella.
-Me toca.- Continuó Valeria.- Yo nunca he tenido novio.- Todos bebimos.
-Mi turno.- Dije animada.- Yo nunca me he enamorado del novio de mi mejor amiga.- Ninguna bebió, excepto Jimmy.
-¿De verdad?- Preguntó Elia.
-Sí, bueno, fue hace algunos años.- Puede que las demás se lo tragaran pero se notaba que estaba mintiendo. Siguieron con la ronda y se acabó la cerveza, entonces se fueron a desmaquillarse y ponerse el pijama. Yo me quedé con Jimmy en la sala de estar.
-Jimmy, la pregunta que yo hice, se notaba que mentías.- Miró al suelo y frunció el ceño.- Puedes contarme lo que sea.
-¿Conoces a Miguel Montenegro?- Preguntó con un hilo de voz.
-Claro, canta en mi banda y es un buen amigo mío.
-Y el novio de Elia.
-No acabo de entender.
-Verás, hace un año me lo presentó y desde ese momento me enamoré como un tonto de Miguel.
-¿¡QUÉ!?
Hubo un amago de que amainase pero la tormenta sobre Madrid continuaba. Noche perfecta para peli de miedo y palomitas en casa de Elia. Creo que a mi padre empezaba a molestarle que estuviera más fuera de casa que dentro, pero creo que en el fondo se alegra de que por fin tenga, no amigos, sino vida. Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, mi pelo hoy estaba mucho más rebelde de lo normal, parecía un ovejita rubia.
Bajé a la cocina, caminé hacia el frigorífico y observé una nota con una letra malísima:
''Tenía un compromiso en la empresa y me he tenido que ir más temprano, tienes pan en la panera. No te quedes en casa porque lo sabré.''
Se me escapó una sonrisa por la última frase, la última vez que se tuvo que ir más temprano me tomé el día libre y la bronca de después fue enorme.
Después de casi cargarme el microondas metiendo la taza con la cuchara, salí hacia el instituto; allí, una eufórica Elia me dio un abrazo que por poco nos caemos al suelo rodando.
-¿Se puede saber este entusiasmo?- Le pregunté riendo.
-Que estoy contenta por esta noche. ¿Llamaste a Ainhoa?
-Ahí va.- Ni me acordé de decírselo.
-Da igual, ya se lo dije yo. ¡Ah! También vendrán tres amigos míos.
-¿Como que tres amigos tuyos? ¿Tíos?
-No, dos chicas y un chico, pero que es gay.- Dijo entre risas.- Y trae porquerías varias, tipo golosinas, palomitas, pica pica...
-Entonces hoy a ponerse gordas, ¿no?
-Básicamente.- En ese momento una sonora carcajada salió de nuestras gargantas, la cual fue eclipsada por la campana y entramos en clase.
Cruzamos los largos pasillos sin ganas, al menos yo no quería dar lengua a primera hora. A lo lejos vi a Aaron apoyado en la puerta del aula con aire vacilón, saludó a Elia y me cortó el paso.
-¿Sabes que casi nunca me besas?
-¿Porque solo te veo en el instituto quizá?- Dije con ironía.
-Mira doña recatada. anda entra.- Y se apartó dejando paso. Me acerqué con una sonrisa maliciosa y arqueé una ceja.
-Se me está ocurriendo una cosa.
-A ver por donde sales...
-¿Qué tal si nos saltamos la primera clase?
-Já, que te crees que no lo he intentado.
-Pero tú eres un torpe.
-Vale, yo también te quiero eh.- Dijo haciéndose el dolido.
-Aish... Venga, sígueme.- Tomé su mano y anduvimos muy deprisa, sin llegar a correr. Atravesamos todo el instituto sin ser vistos, hasta llegar al jardín que hay detrás del edificio. A ese pequeño rincón de tranquilidad no daba ninguna ventana ni ninguna puerta, la única forma de entrar era saltando la pequeña verja. Miré a Aaron de reojo, el cual estaba maravillado con la boca entreabierta.
-¿Cómo sabes de este sitio? Llevo aquí desde pequeño y nunca lo había visto.
-Gracias a Elia, cuando Miguel se emborrachó y la besó él no se acordaba de nada y ella vino aquí a llorar. La seguí y aluciné. Yo entro, cuando se te quiete la cara de bobo vienes, ¿vale?.- Me dispuse a colarme pero con la faldita era complicado.
-Serás bruta.- Aaron se coló, una vez dentro me cogió en volandas y se quedó mirándome fijamente, yo miré al suelo ruborizada.
-Buen, bájame ya.
-Jamás.
-Serás cursi.- En ese instante sentí que caía y seguidamente sentí un golpe en, bueno, ahí atrás.
-¡Me has hecho daño bestia!
-BUJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ¡No te quejes que no ha sido para tanto!- Rió en una sonora carcajada.- Anda, levanta.
Me levanté del suelo y me hice la enfadada, Aaron me siguió y me abrazó a modo de disculpas. Susurró algo que no llegué a oír del todo y después me besó.
Realmente nunca pensé que algún día pasara esto, nunca pensé que me llegaría a enamorar como una niñata y nunca pensé que sería con alguien de mi propia banda. ahora que lo pienso, aún no lo sabe nadie.
-Aaron.
-¿Sí?
-¿Le has contado a alguien que estamos juntos?
-Am... no.
-Yo tampoco.
-Pero podría ser nuestro secreto.
-Ya, ¿sinceramente crees que no se han dado cuenta?
-¿Por qué?
-Dios mío, no pillas ni una. Porque nos hemos ido de clase los dos sin razón alguna.
-Ah. Da igual, que se aguanten.- Así, tan indiferente, se dirigió al gran árbol que había en el centro del jardín y se echó a la sombra de su copa. Agitó el brazo para indicarme que fuera también.
Aquella hora se me hizo efímera; a pesar de la tormenta, en el jardín el suelo estaba seco y hacía una temperatura agradable. Estuvimos hablando sobre nosotros y nos dijimos cosas que nunca dijimos. Fue como sacado de una película romántica pero, aunque odie admitirlo, me gustaba.
Al contrario que la escapada, el resto del día llovió demasiado para alguien a la que le gusta la lluvia y se me hizo todo muy lento; pero la tarde en mi casa tampoco varió demasiado.
Antes de ir a casa de Elia, revisé la mochila y pasé por un ultramarinos antes de ir. Paseé por todos los pasillos repletos de estantes, buscando palomitas y golosinas pero vi cerveza. Agarré una botella y confié en que el dependiente creyera que tenía dieciocho años; me acerqué a la caja, lo coloqué todo y al pasar la botella por el lector se paró un momento, me miró a los ojos y me sonrió de una forma extraña. Pero pasó la cerveza y salí de la tienda feliz.
Llegaba puntual, llamé al timbre y me abrió Elia muy sonriente.
-¡Águeda! Ven pasa, ya han llegado todos.- Fuimos hasta el saló y allí estaba Ainhoa la cual me dio un gran abrazo, dos chicas y un chico más.- Estas son Sakura, Valeria y Jimmy.
Sakura era una chica de etnia asiática, de pelo castaño oscuro y unos inusuales ojos azules claros. Valeria lucía el pelo color miel y rizado, sus ojos eran marrones y almendrados. Era más pequeña, tendría unos catorce años. Y Jimmy era de estatura baja, con el pelo corto y marrón muy oscuro, casi negro. Tenía unos ojos cambiantes, dependiendo de la luz eran verdes o marrones.
-Pues ya estamos todos.- Terminó Elia.- ¿Os apetece ver la peli?
-Elia, ¿Tus padres están en casa?- Pregunté yo.
-Ni ellos ni mi hermano, hoy se quedan con mis abuelos para que no los molestemos.
-Pues genial, porque mira lo que he traído.- Dije sacando la botella.
-Como te llames, te quiero.- Dijo Jimmy.
-Águeda, mi nombre es Águeda.
-Ah, lo siento. ¡qué ojazos tienes! ¿Son violetas?- añadió agarrándome de los hombros y moviéndome hacia la luz.
-Bueno vale ya. Eli, pon la película porfa.- Se quejó Valeria. Sakura se dirigió a la cocina y tras unos minutos volvió con varios boles llenos de palomitas, patatas fritas, ositos de gominola, kikos y demás cosas. Nos sentamos todos en los dos sofás y Elia se dispuso a poner la película, era The posession.
Terminó y Ainhoa y Valeria estaban abrazadas del miedo que habían pasado, tampoco era para tanto. Serían alrededor de las once de la noche y estábamos hablando de temas diversos. Descubrí que Jimmy se llamaba Jaime pero siempre lo habían llamado así y que Sakura tenía los ojos azules porque su padre era español (con ojos claros) y su madre japonesa. En ese momento Ainhoa se levantó del sofá y muy entusiasmada gritó:
-¿¡QUÉ OS PARECE SI JUGAMOS AL YO NUNCA!?
-Nhoa, tranquila.- Le riñó Elia.
-¿Yo nunca? ¿Cómo se juega a eso?- Preguntó Sakura confusa.
-A ver, se reparte un vaso con alcohol para cada uno. Alguien dice algo que nunca haya hecho y los que sí, beben.- Explicó.
-Mola, ¡hagámoslo!- Dijo Valeria.
-Valeria, ¿no eres muy pequeña?- Le recriminé yo con tono de madre.
-¿¡ME ESTÁS LLAMANDO NIÑA!? ¡¡¡YO SOY MAYOR, TENGO CATORCE AÑOS!!!
-Vale, no te sulfures.- Nos sentamos en corro, Elia repartió los vasos y los llenó.
-Yo empiezo.- Dijo Jimmy.- A ver... Soy gay así que nunca he besado a una chica.- Ainhoa colorada como un tomate bebió.
-¿En serio Ainhoa?- Preguntó Sakura sorprendida.
-Bueno, estábamos jugando a la botella y fue un pico sin importancia.- Aclaró ella.
-Me toca.- Continuó Valeria.- Yo nunca he tenido novio.- Todos bebimos.
-Mi turno.- Dije animada.- Yo nunca me he enamorado del novio de mi mejor amiga.- Ninguna bebió, excepto Jimmy.
-¿De verdad?- Preguntó Elia.
-Sí, bueno, fue hace algunos años.- Puede que las demás se lo tragaran pero se notaba que estaba mintiendo. Siguieron con la ronda y se acabó la cerveza, entonces se fueron a desmaquillarse y ponerse el pijama. Yo me quedé con Jimmy en la sala de estar.
-Jimmy, la pregunta que yo hice, se notaba que mentías.- Miró al suelo y frunció el ceño.- Puedes contarme lo que sea.
-¿Conoces a Miguel Montenegro?- Preguntó con un hilo de voz.
-Claro, canta en mi banda y es un buen amigo mío.
-Y el novio de Elia.
-No acabo de entender.
-Verás, hace un año me lo presentó y desde ese momento me enamoré como un tonto de Miguel.
-¿¡QUÉ!?
domingo, 20 de octubre de 2013
CAPÍTULO 25
4 de Febrero
Llueve. Amo la lluvia. Me puse el uniforme y bajé a desayunar con una amplia sonrisa en la cara.
-Águeda, ¿a dónde vas maquillada?- Se había percatado de la fina línea negra y la máscara de pestañas.- Te pareces a Catalina.
-No voy tan maquillada y a esa estúpida ni me la nombres.- ¿Le diré a mi padre que tengo novio? No, prefiero esperar un tiempo porque se pondrá a darme ''la charla''.
-Solo digo que no es propio de ti ir tan arreglada al instituto. ¿Qué pasa? ¿Te gusta alguien pillina?- Dijo dándome un codazo.
-Joder papá, déjame tranquila.
-¡Niña esa boca! Anda vete ya que vas a llegar tarde.
-Y esta para el camino.- Dije agarrando una galleta y salí hacia el garaje.
Llegué al instituto como una exhalación, aparqué mi moto y salí corriendo hacia el edificio principal. Me crucé con la directora la cual, tan embutida en su falda como siempre, me regañó por correr en los pasillos. La esquivé y pasé de largo.
Entré en clase y fui directamente a mi asiento, me dejé caer sobre la mesa agotada por mi carrera.
-Buenos días rubia, ¿soñaste conmigo?- Preguntó Aaron con un tono demasiado dulzón, yo hiperventilaba.
-Aaron, ah...ah... Estoy agotada. Vengo corriendo desde la puerta principal para no llegar tarde.
-No es por desilusionarte pero son las ocho menos cuarto, así que respira tranquila.- Levanté la cabeza violentamente y me giré hacia él.
-¿¡CÓMO!?- Grité.
-Anda ven aquí, te has hartado de correr para nada.- Extendió los brazos para que me dejara caer sobre él.- Por cierto, eres mala.
-¿Por qué?- Dije un poco confusa entre risas.
-A un tío no se le deja con el calentón.- Mis ojos tenían complejo de plato. ¿Cómo me suelta eso? Intentaba pensar en algo que decir pero no me salía nada inteligente.
-Por favor, no me cuentes detalles.
-BUAJAJAJAJAJAJAJA... Lo mejor es que te lo has creído.- Estalló en una muy sonora carcajada. En ese momento toda la clase se giró hacia nosotros y empezaron a murmurar mientras se reían por lo bajo.- ¡Eh! ¿Y vosotros qué mierdas miráis?
-Bruto.
-Fea.
-Tonto.
-Te quiero.
-Cursi.- Me gusta picarlo. Entonces la profesora de inglés entró por la puerta con su habitual pelo rubio teñido y comenzó a soltar un discurso interminable sobre los tiempos verbales compuestos en inglés. He estado en Londres, no me des la tabarra.
tras dos horas ''entretenidas'' tocó el timbre y como estaba lloviendo no pudimos salir al patio, así que nos quedamos en las clases. Seguí a Elia hasta los pasillos y allí nos quedamos toda la media hora, ella hablaba sobre lo detallista y perfecto que era Miguel y a mí me tocaba escucharla, pero se quedó completamente callada por un instante cuando vimos pasar por delante nuestra a Alicia, una chica de nuestra clase que se sentaba en la primera fila. Esperé a que se alejara y entonces le pregunté a Elia qué le sucedía.
-¿Pasa algo con Alicia?
-¿Sabes guardar un secreto?- Se dirigió hacia a mí totalmente pálida.
-Puedes contarme lo que sea.
-Bueno, esa chica, no es que nos llevemos especialmente bien.
-Parece buena persona....
-Águeda, hizo que me autolesionara.- Estaba perpleja, ¿cómo era eso posible? Sé que Elia puede ser muy insegura, pero, ¿puede llegar a tal punto de que quiera herirse a sí misma? Remangó la manga de su jersey y me mostró sus casi desaparecidas cicatrices.
-Pero Elia, ¿se lo has dicho a alguien? Esto es muy grave.
-Eres la única persona aparte de Miguel que lo sabe.
-Pues muy mal, tienes que contárselo a tus padres, a la psicóloga del instituto, a tu hermano, a tu novio, a tus amigos, a tu perro... Tienes que hablarlo porque luego es peor. ¿Y esa tía va a salirse de rositas? ¿¡LE PEGO!?
-Cálmate, lo tengo superado y ya no me acosa pero muchos días me dan ganas de volver a hacerlo todo de nuevo.
-No lo hagas, nunca. Y si en algún momento te sientes sola recuerda que nos tienes a todos nosotros que te vamos a querer pase lo que pase pero lo tienes contar al menos a tus padres.
-Muchas gracias.- Una sonrisa triste surcó su rostro.
-Vamos a hacer una cosa, cuando creas que es el momento de hablarlo me llamas y yo voy a donde tú me digas para apoyarte pero no lo dejes estar.- Me abrazó muy fuertemente y volvimos a entrar en clase.
Esta mañana estaba resultando todo muy extraño, terminó el instituto y volví a casa. Tardes largas de invierno sin nada que hacer dan para pensar, me acordé de Catalina. Siempre iba perfecta, con su interminable melena castaña lisa (con las puntas quemadas por el uso excesivo de las planchas), sus pequeños ojos marrones claros, su amplia frente y su rostro sin acné, totalmente contraria a mí. Esa chica fue mi infierno, aunque ni ella fue un demonio ni yo un angelito. Lo más patético fue cuando me llamó gótica por ir con unos pantalones negros unas Converses.
Cogí mi guitarra y escribí. Escribí y compuse hasta quedar rendida, hice alrededor de 10 o más canciones, me venían solas y el cuerpo me pedía expulsar todos mi monstruos fuera.
Llueve. Amo la lluvia. Me puse el uniforme y bajé a desayunar con una amplia sonrisa en la cara.
-Águeda, ¿a dónde vas maquillada?- Se había percatado de la fina línea negra y la máscara de pestañas.- Te pareces a Catalina.
-No voy tan maquillada y a esa estúpida ni me la nombres.- ¿Le diré a mi padre que tengo novio? No, prefiero esperar un tiempo porque se pondrá a darme ''la charla''.
-Solo digo que no es propio de ti ir tan arreglada al instituto. ¿Qué pasa? ¿Te gusta alguien pillina?- Dijo dándome un codazo.
-Joder papá, déjame tranquila.
-¡Niña esa boca! Anda vete ya que vas a llegar tarde.
-Y esta para el camino.- Dije agarrando una galleta y salí hacia el garaje.
Llegué al instituto como una exhalación, aparqué mi moto y salí corriendo hacia el edificio principal. Me crucé con la directora la cual, tan embutida en su falda como siempre, me regañó por correr en los pasillos. La esquivé y pasé de largo.
Entré en clase y fui directamente a mi asiento, me dejé caer sobre la mesa agotada por mi carrera.
-Buenos días rubia, ¿soñaste conmigo?- Preguntó Aaron con un tono demasiado dulzón, yo hiperventilaba.
-Aaron, ah...ah... Estoy agotada. Vengo corriendo desde la puerta principal para no llegar tarde.
-No es por desilusionarte pero son las ocho menos cuarto, así que respira tranquila.- Levanté la cabeza violentamente y me giré hacia él.
-¿¡CÓMO!?- Grité.
-Anda ven aquí, te has hartado de correr para nada.- Extendió los brazos para que me dejara caer sobre él.- Por cierto, eres mala.
-¿Por qué?- Dije un poco confusa entre risas.
-A un tío no se le deja con el calentón.- Mis ojos tenían complejo de plato. ¿Cómo me suelta eso? Intentaba pensar en algo que decir pero no me salía nada inteligente.
-Por favor, no me cuentes detalles.
-BUAJAJAJAJAJAJAJA... Lo mejor es que te lo has creído.- Estalló en una muy sonora carcajada. En ese momento toda la clase se giró hacia nosotros y empezaron a murmurar mientras se reían por lo bajo.- ¡Eh! ¿Y vosotros qué mierdas miráis?
-Bruto.
-Fea.
-Tonto.
-Te quiero.
-Cursi.- Me gusta picarlo. Entonces la profesora de inglés entró por la puerta con su habitual pelo rubio teñido y comenzó a soltar un discurso interminable sobre los tiempos verbales compuestos en inglés. He estado en Londres, no me des la tabarra.
tras dos horas ''entretenidas'' tocó el timbre y como estaba lloviendo no pudimos salir al patio, así que nos quedamos en las clases. Seguí a Elia hasta los pasillos y allí nos quedamos toda la media hora, ella hablaba sobre lo detallista y perfecto que era Miguel y a mí me tocaba escucharla, pero se quedó completamente callada por un instante cuando vimos pasar por delante nuestra a Alicia, una chica de nuestra clase que se sentaba en la primera fila. Esperé a que se alejara y entonces le pregunté a Elia qué le sucedía.
-¿Pasa algo con Alicia?
-¿Sabes guardar un secreto?- Se dirigió hacia a mí totalmente pálida.
-Puedes contarme lo que sea.
-Bueno, esa chica, no es que nos llevemos especialmente bien.
-Parece buena persona....
-Águeda, hizo que me autolesionara.- Estaba perpleja, ¿cómo era eso posible? Sé que Elia puede ser muy insegura, pero, ¿puede llegar a tal punto de que quiera herirse a sí misma? Remangó la manga de su jersey y me mostró sus casi desaparecidas cicatrices.
-Pero Elia, ¿se lo has dicho a alguien? Esto es muy grave.
-Eres la única persona aparte de Miguel que lo sabe.
-Pues muy mal, tienes que contárselo a tus padres, a la psicóloga del instituto, a tu hermano, a tu novio, a tus amigos, a tu perro... Tienes que hablarlo porque luego es peor. ¿Y esa tía va a salirse de rositas? ¿¡LE PEGO!?
-Cálmate, lo tengo superado y ya no me acosa pero muchos días me dan ganas de volver a hacerlo todo de nuevo.
-No lo hagas, nunca. Y si en algún momento te sientes sola recuerda que nos tienes a todos nosotros que te vamos a querer pase lo que pase pero lo tienes contar al menos a tus padres.
-Muchas gracias.- Una sonrisa triste surcó su rostro.
-Vamos a hacer una cosa, cuando creas que es el momento de hablarlo me llamas y yo voy a donde tú me digas para apoyarte pero no lo dejes estar.- Me abrazó muy fuertemente y volvimos a entrar en clase.
Esta mañana estaba resultando todo muy extraño, terminó el instituto y volví a casa. Tardes largas de invierno sin nada que hacer dan para pensar, me acordé de Catalina. Siempre iba perfecta, con su interminable melena castaña lisa (con las puntas quemadas por el uso excesivo de las planchas), sus pequeños ojos marrones claros, su amplia frente y su rostro sin acné, totalmente contraria a mí. Esa chica fue mi infierno, aunque ni ella fue un demonio ni yo un angelito. Lo más patético fue cuando me llamó gótica por ir con unos pantalones negros unas Converses.
Cogí mi guitarra y escribí. Escribí y compuse hasta quedar rendida, hice alrededor de 10 o más canciones, me venían solas y el cuerpo me pedía expulsar todos mi monstruos fuera.
jueves, 26 de septiembre de 2013
CAPÍTULO 24
3 de Febrero
Hoy el día amaneció nublado, sin gana alguna de levantarme de la cama me vestí y mi pelo hoy iba a su bola.No podía pensar en otra cosa que no fuera Sofía y eso me estaba corroyendo; decidí intentar no pensar en ello y bajar a desayunar. Entré en la cocina y vi a mi padre muy entusiasmado con su delantal y alrededor de los fogones.
-¡Cariño! Buenos días, hay tortitas.
-Papá te quiero.- Disfrutaba como una niña pequeña, hoy tengo el presentimiento de que va a ser un gran día. Salí corriendo de mi casa ya que me entretuve e iba tarde, muy tarde.
Llegué al instituto y entré con la clase de física empezada y por supuesto me hicieron copiar el típico ''no debo llegar tarde a clase''. De verdad, no sé por qué narices hacemos estas estupideces.
Llegó el descanso y tuvimos un poco de libertad, mis amigos hablaban de temas varios y yo realmente no estaba escuchando, Miguel advirtió mi falta de interés.
-Águeda.
-¿Qué?
-Estás totalmente ida.
-Sí, perdona.
-¿Puedo hacer algo?- Entonces se me encendió la bombilla, hacía bastante tiempo que no ensayábamos y últimamente no estábamos haciendo nada en clase.
-¡Chicos!- Grité eufórica.
-Me has dejado sordo.- Se quejó Jeyden.
-¿Qué os parece si esta tarde ensayamos?
-¡Sí! Buena idea, hace ya tiempo que no lo hacemos.- Apoyó Aaron.
-¿Puedo ir yo también?- Preguntó Elia muy tímidamente.
-Por supuesto corazón.- Le dijo Miguel muy cariñoso.
-Agg... No seáis empalagosos.- Dijo algo molesto Aaron.- Yo aviso luego a James, tenemos clase con él.
-Sí, pero sé sutil.- Le recalqué yo. en ese momento sonó la campana y entramos en clase, tomamos asiento y esperamos a que viniera James. Entró por la puerta y Aaron, columpiándose en la silla le gritó:
-¡Eh! James esta tarde ensayo.- Todos nuestros compañeros se giraron hacia nosotros y empezaron a murmurar varios insultos, ¿les hicimos caso? No.
-¿Qué es lo que no entiendes de sutil?- Le reproché.
-¡Vale! ¿En dónde?- Contestó muy contento el otro.
-En casa de la rubia, a las seis.
-¿Desde cuándo es en mi casa?
-Desde que me da la gana.
-Idiota.
-Tonta.
-Cállense, va a comenzar la clase.- Y el resto del día transcurrió sin novedad.
Llegué a casa y le dije a mi padre que esta tarde venían los de la banda, frunció el ceño pero no se opuso. Preparé el salón que era donde había mejor acústica y esperé a que alguien se dignara a venir puntual. Por alguna extraña razón vinieron todos juntos como media hora antes; incluyendo a Elia y Ainhoa.
-Venga la primera de calentamiento, ¿Time of your life?- Propuso Jeyden.
-No, esa es muy fácil, ¿os sabéis Stray Heart?- Pregunté yo. Nos pusimos a tocar toda la tarde como locos, hicimos Thunderstrack, alguna de The Ramones, Fallen Angels de Black Veil Brides, otras de Gun 'n' Roses y Miss Nothing de The Pretty Reckless. Con las muñecas y los dedos reventados nos tiramos en los sofás; mi padre traje algún aperitivo y nos felicitó por el pedazo de concierto que habíamos dado. En ese momento las dos parejitas se pusieron muy acarameladas y James, Aaron y yo compartimos algunas miradas cómplices, entonces el moreno dijo:
-¡Iros a un motel!
-Pero pobrecitos, déjalos.- Dijo James entre risas. Estuvimos un largo rato charlando entre nosotros de temas varios, de música, de las cosas buenas que pasaron en Inglaterra... Eran chorradas pero estábamos a gusto.
Se fueron casi todos, Aaron se quedó a recoger un poco y luego me preguntó que si lo podía acercar a su casa, fuimos al garaje y cuando me fui a poner mi casco me lo quitó de las manos.
-¿Se puede saber qué haces?
-No me voy a poner el rosa de Chupa Chups y conduzco yo.
-¿Desde cuándo sabes conducir en moto.
-Desde los dieciséis tonta. Anda, monta.- Me senté y levantó su chaqueta.
-¿Que haces?
-Si te agarras a la chaqueta no podré conducir.
-Baja los humos chaval, que yo me sujeto en el asidero.
Llegamos al portal de su casa, nos bajamos y nos quedamos charlando fuera por unos instantes, entonces miró al suelo y luego clavó sus ojos en los míos.
-Águeda, ¿de verdad que aún no te has dado cuenta de lo obvio?
-¿Cómo?
-De que cuando estás contenta yo también lo estoy, de que cuando estás triste yo escucho tus problemas aunque no me interesen, de que me quedo mirándote como un gilipollas en clase o cuando tocas la guitarra. Haces que me enfade, que se me pase, que me confunda; me traes loco. Te quiero, joder, ¿aún no te has dado cuenta?- Estaba sin palabras, me había soltado todo eso y ahora estaba delante de mí, callado, con cierto temor en sus ojos, esperando una respuesta. Nada. Era incapaz de articular palabra alguna, había enmudecido y mil mariposas revoloteaban por mi barriga. Entonces sonrió de medio lado, abatido.- Lo sabía, si es que soy estúpido.
-No. No lo eres.
-¿Qué?
-Pues que no, eres un tonto pero eres mi tonto.- Se acercó, cada vez más, podía notar su respiración, enterró sus manos en mis rubios cabellos y unió nuestros labios. Me besó, muy suavemente, fue más bien un roce pero después se hizo más intenso; le necesitaba. Me separé de él y me atreví a susurrarle algo.
-Por si no lo sabías, te quiero.- Y me fui hacia mi moto.
-¡Espera! ¿Vas a dejarme así?
-Ya has tenido bastante por hoy, pedazo de salido.- Se rió. Yo me montó en mi moto y una sonrisa estúpida recorrió mi rostro, era real, le gustaba y me lo había dejado muy claro. No pegué ojo esa noche pensando en él, debería de haber escuchado a Elia hace tiempo, a finde cuentas ella tenía razón.
Hoy el día amaneció nublado, sin gana alguna de levantarme de la cama me vestí y mi pelo hoy iba a su bola.No podía pensar en otra cosa que no fuera Sofía y eso me estaba corroyendo; decidí intentar no pensar en ello y bajar a desayunar. Entré en la cocina y vi a mi padre muy entusiasmado con su delantal y alrededor de los fogones.
-¡Cariño! Buenos días, hay tortitas.
-Papá te quiero.- Disfrutaba como una niña pequeña, hoy tengo el presentimiento de que va a ser un gran día. Salí corriendo de mi casa ya que me entretuve e iba tarde, muy tarde.
Llegué al instituto y entré con la clase de física empezada y por supuesto me hicieron copiar el típico ''no debo llegar tarde a clase''. De verdad, no sé por qué narices hacemos estas estupideces.
Llegó el descanso y tuvimos un poco de libertad, mis amigos hablaban de temas varios y yo realmente no estaba escuchando, Miguel advirtió mi falta de interés.
-Águeda.
-¿Qué?
-Estás totalmente ida.
-Sí, perdona.
-¿Puedo hacer algo?- Entonces se me encendió la bombilla, hacía bastante tiempo que no ensayábamos y últimamente no estábamos haciendo nada en clase.
-¡Chicos!- Grité eufórica.
-Me has dejado sordo.- Se quejó Jeyden.
-¿Qué os parece si esta tarde ensayamos?
-¡Sí! Buena idea, hace ya tiempo que no lo hacemos.- Apoyó Aaron.
-¿Puedo ir yo también?- Preguntó Elia muy tímidamente.
-Por supuesto corazón.- Le dijo Miguel muy cariñoso.
-Agg... No seáis empalagosos.- Dijo algo molesto Aaron.- Yo aviso luego a James, tenemos clase con él.
-Sí, pero sé sutil.- Le recalqué yo. en ese momento sonó la campana y entramos en clase, tomamos asiento y esperamos a que viniera James. Entró por la puerta y Aaron, columpiándose en la silla le gritó:
-¡Eh! James esta tarde ensayo.- Todos nuestros compañeros se giraron hacia nosotros y empezaron a murmurar varios insultos, ¿les hicimos caso? No.
-¿Qué es lo que no entiendes de sutil?- Le reproché.
-¡Vale! ¿En dónde?- Contestó muy contento el otro.
-En casa de la rubia, a las seis.
-¿Desde cuándo es en mi casa?
-Desde que me da la gana.
-Idiota.
-Tonta.
-Cállense, va a comenzar la clase.- Y el resto del día transcurrió sin novedad.
Llegué a casa y le dije a mi padre que esta tarde venían los de la banda, frunció el ceño pero no se opuso. Preparé el salón que era donde había mejor acústica y esperé a que alguien se dignara a venir puntual. Por alguna extraña razón vinieron todos juntos como media hora antes; incluyendo a Elia y Ainhoa.
-Venga la primera de calentamiento, ¿Time of your life?- Propuso Jeyden.
-No, esa es muy fácil, ¿os sabéis Stray Heart?- Pregunté yo. Nos pusimos a tocar toda la tarde como locos, hicimos Thunderstrack, alguna de The Ramones, Fallen Angels de Black Veil Brides, otras de Gun 'n' Roses y Miss Nothing de The Pretty Reckless. Con las muñecas y los dedos reventados nos tiramos en los sofás; mi padre traje algún aperitivo y nos felicitó por el pedazo de concierto que habíamos dado. En ese momento las dos parejitas se pusieron muy acarameladas y James, Aaron y yo compartimos algunas miradas cómplices, entonces el moreno dijo:
-¡Iros a un motel!
-Pero pobrecitos, déjalos.- Dijo James entre risas. Estuvimos un largo rato charlando entre nosotros de temas varios, de música, de las cosas buenas que pasaron en Inglaterra... Eran chorradas pero estábamos a gusto.
Se fueron casi todos, Aaron se quedó a recoger un poco y luego me preguntó que si lo podía acercar a su casa, fuimos al garaje y cuando me fui a poner mi casco me lo quitó de las manos.
-¿Se puede saber qué haces?
-No me voy a poner el rosa de Chupa Chups y conduzco yo.
-¿Desde cuándo sabes conducir en moto.
-Desde los dieciséis tonta. Anda, monta.- Me senté y levantó su chaqueta.
-¿Que haces?
-Si te agarras a la chaqueta no podré conducir.
-Baja los humos chaval, que yo me sujeto en el asidero.
Llegamos al portal de su casa, nos bajamos y nos quedamos charlando fuera por unos instantes, entonces miró al suelo y luego clavó sus ojos en los míos.
-Águeda, ¿de verdad que aún no te has dado cuenta de lo obvio?
-¿Cómo?
-De que cuando estás contenta yo también lo estoy, de que cuando estás triste yo escucho tus problemas aunque no me interesen, de que me quedo mirándote como un gilipollas en clase o cuando tocas la guitarra. Haces que me enfade, que se me pase, que me confunda; me traes loco. Te quiero, joder, ¿aún no te has dado cuenta?- Estaba sin palabras, me había soltado todo eso y ahora estaba delante de mí, callado, con cierto temor en sus ojos, esperando una respuesta. Nada. Era incapaz de articular palabra alguna, había enmudecido y mil mariposas revoloteaban por mi barriga. Entonces sonrió de medio lado, abatido.- Lo sabía, si es que soy estúpido.
-No. No lo eres.
-¿Qué?
-Pues que no, eres un tonto pero eres mi tonto.- Se acercó, cada vez más, podía notar su respiración, enterró sus manos en mis rubios cabellos y unió nuestros labios. Me besó, muy suavemente, fue más bien un roce pero después se hizo más intenso; le necesitaba. Me separé de él y me atreví a susurrarle algo.
-Por si no lo sabías, te quiero.- Y me fui hacia mi moto.
-¡Espera! ¿Vas a dejarme así?
-Ya has tenido bastante por hoy, pedazo de salido.- Se rió. Yo me montó en mi moto y una sonrisa estúpida recorrió mi rostro, era real, le gustaba y me lo había dejado muy claro. No pegué ojo esa noche pensando en él, debería de haber escuchado a Elia hace tiempo, a finde cuentas ella tenía razón.
lunes, 23 de septiembre de 2013
CAPÍTULO 23
2 de Febrero
Continuaba agazapada en las escaleras, las manecillas del reloj marcaron la medianoche. Estaban hablando principalmente sobre mí, hasta que escuché algo que me dejó paralizada:
-Quiero que Águeda se venga a vivir conmigo.
-¡Ni lo sueñes!- El tono de mi padre dio un cambio repentino.- Además, ¿cuál es tu situación económica? Porque como hayas venido aquí a pedirme dinero vas lista.
-Me va muy bien, hace algunos años me casé con un hombre bueno, adinerado y vivimos en una casa muy grande. Sería ideal que viniera a vivir con nosotros.
-¿Ahora pretendes que se vaya a vivir contigo cuando he sido yo el que la ha estado alimentando y cuidando durante todos estos años, cuando he sido yo el que le ha comprado la guitarra y el que la ha ayudado a descubrir su pasión por la música? ¿Ahora llegas tú y quieres quitarme lo que más quiero?- Estaba patidifusa. Sé que mi padre me quiere muchísimo, a ver, es mi padre.
-Quiero enmendar mis fallos, quiero arreglar el no haber sido una buena madre.
-No lo vas a conseguir, Águeda tiene mucho carácter y conociéndola jamás te llamará mamá.
-Es algo que sé, pero me gustaría disfrutar de su risa, de sus logros, de todo.
-Já, pues llegas 17 años tarde. Ahí tienes la puerta.- Interiormente le estaba montando una fiesta a mi padre por su posición, pero también me daba pena Sofía. Por alguna razón hizo todo eso de joven, pero soy incapaz de imaginarme a una madre abandonando a su hija; aunque he tenido suerte, no me dejó en la calle o en algún cubo de basura.
Todavía sentadas en las escaleras la vi salir del salón y me apreté contra la pared, el portón de entrada estaba justo en frente de las escaleras y podría verme. Antes de salir echó un vistazo atrás y me vio, pude leer algunas palabras en sus labios <<Lo siento>>. Giré la cabeza a modo de desprecio y volví a mi habitación, pero Mr Berry me delató maullando muy fuerte y mi padre salió al pasillo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó algo enfadado.
-No podía dormir y bajé a por agua.- Dije muy rápido, estaba realmente nerviosa y me lo inventé sobre la marcha.
-Sube a tu habitación.- Me ordenó señalando el piso de arriba. Obedecí, no quería líos esta noche, ya estaba siendo todo demasiado extraño.
Me metí en la cama y me tapé hasta la nariz, esa noche no dormí nada.
Veía amanecer acariciando a Mr.Berry, hoy me había adelantado mucho al despertador y para despejarme me metí en el ducha. El agua caliente caía sobre mí, llevándose todos los malos pensamientos y las dudas que me atormentaban.
Una vez vestida cogí la mochila y bajé las escaleras a tientas, mi padre me recibió al final de ellas con grandes ojeras y gesto cansado:
-Águeda, si quieres hoy te puedes quedar aquí.
-A riesgo de quedarme dormida en matemáticas iré, allí al menos estoy entretenida.
-Cuando llegues nos espera una larga conversación.
-Lo sé, papá, ¿de verdad voy a tener que irme de esta casa?- Entonces me abrazó muy fuertemente, me dio un beso en la cabeza y me susurró:
-No voy a dejar que te vayas.- Me zafé de su abrazo de oso y mirándolo a los ojos dije muy seria, un tono que ni yo misma sabía que podía poner.
-¿Realmente ella es mi madre?- Cogió aire despacio y en un suspiro afirmó la teoría, Sofía era mi madre aunque yo no lo quería aceptar de ningún modo.
sin dejar que nada más pudiera colarse en mi cabeza salí y arranqué la moto, conduje hasta el instituto y allí, como siempre, las niñas estúpidas me miraban a mí, a mi moto y criticaban pero eso es algo que me importa poco. Busqué a alguien de mi grupo, me daba igual quién, necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido. Estaba a punto de explotar cuando encontré a Aaron medio dormido apoyado en las taquillas, pasé a su lado corriendo y le agarré la mano, arrastrándolo conmigo.
-¡Águeda so bruta!
-¡Calla y corre!- Entonces dio un frenazo en seco y estuve a punto de darme de bruces contra el suelo.
-¿Sé puede saber qué te pasa?
-Mi madre.
-¿Cómo? ¿Te has peleado con ella o algo?
-Agg... ¿Nunca te resultó extraño que en mi casa siempre estuviera mi padre y no mi madre.
-Déjate de acertijos que es muy temprano.
-Y tú idiota.ç
-¡No me insultes! Explícame.
-A ver.- Y comencé a contarlo todo el rollo de Sofía. Abrió sus ojos verdes de una forma extraña, estaba muy sorprendido, yo fruncí el morro hacia un lado y arqueé las cejas.
-Pero... ¿Qué descaro más grande no?
-¿Por qué te crees que estoy enfadada.
-Joder, me dejas sin palabras. Pero no te irás, ¿verdad?
-¡Claro que no! Porque haya llegado ella no significa que vaya a tomar el control de mi vida, ya tuvo su oportunidad.- La maldita campana sonó y tuvimos que entrar en clase, muy a nuestro pesar. La mañana transcurrió sin más novedad pero andaba distraída, mucho más ida de lo normal.
En mi casa la situación no mejoró, mi padre me contó con todo lujo de detalles toda su historia con Sofía y yo creí entender algo pero no todo. La noche llegó pronto y aquel extraño día acabó con una sola persona en mi cabeza: Sofía.
Continuaba agazapada en las escaleras, las manecillas del reloj marcaron la medianoche. Estaban hablando principalmente sobre mí, hasta que escuché algo que me dejó paralizada:
-Quiero que Águeda se venga a vivir conmigo.
-¡Ni lo sueñes!- El tono de mi padre dio un cambio repentino.- Además, ¿cuál es tu situación económica? Porque como hayas venido aquí a pedirme dinero vas lista.
-Me va muy bien, hace algunos años me casé con un hombre bueno, adinerado y vivimos en una casa muy grande. Sería ideal que viniera a vivir con nosotros.
-¿Ahora pretendes que se vaya a vivir contigo cuando he sido yo el que la ha estado alimentando y cuidando durante todos estos años, cuando he sido yo el que le ha comprado la guitarra y el que la ha ayudado a descubrir su pasión por la música? ¿Ahora llegas tú y quieres quitarme lo que más quiero?- Estaba patidifusa. Sé que mi padre me quiere muchísimo, a ver, es mi padre.
-Quiero enmendar mis fallos, quiero arreglar el no haber sido una buena madre.
-No lo vas a conseguir, Águeda tiene mucho carácter y conociéndola jamás te llamará mamá.
-Es algo que sé, pero me gustaría disfrutar de su risa, de sus logros, de todo.
-Já, pues llegas 17 años tarde. Ahí tienes la puerta.- Interiormente le estaba montando una fiesta a mi padre por su posición, pero también me daba pena Sofía. Por alguna razón hizo todo eso de joven, pero soy incapaz de imaginarme a una madre abandonando a su hija; aunque he tenido suerte, no me dejó en la calle o en algún cubo de basura.
Todavía sentadas en las escaleras la vi salir del salón y me apreté contra la pared, el portón de entrada estaba justo en frente de las escaleras y podría verme. Antes de salir echó un vistazo atrás y me vio, pude leer algunas palabras en sus labios <<Lo siento>>. Giré la cabeza a modo de desprecio y volví a mi habitación, pero Mr Berry me delató maullando muy fuerte y mi padre salió al pasillo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó algo enfadado.
-No podía dormir y bajé a por agua.- Dije muy rápido, estaba realmente nerviosa y me lo inventé sobre la marcha.
-Sube a tu habitación.- Me ordenó señalando el piso de arriba. Obedecí, no quería líos esta noche, ya estaba siendo todo demasiado extraño.
Me metí en la cama y me tapé hasta la nariz, esa noche no dormí nada.
Veía amanecer acariciando a Mr.Berry, hoy me había adelantado mucho al despertador y para despejarme me metí en el ducha. El agua caliente caía sobre mí, llevándose todos los malos pensamientos y las dudas que me atormentaban.
Una vez vestida cogí la mochila y bajé las escaleras a tientas, mi padre me recibió al final de ellas con grandes ojeras y gesto cansado:
-Águeda, si quieres hoy te puedes quedar aquí.
-A riesgo de quedarme dormida en matemáticas iré, allí al menos estoy entretenida.
-Cuando llegues nos espera una larga conversación.
-Lo sé, papá, ¿de verdad voy a tener que irme de esta casa?- Entonces me abrazó muy fuertemente, me dio un beso en la cabeza y me susurró:
-No voy a dejar que te vayas.- Me zafé de su abrazo de oso y mirándolo a los ojos dije muy seria, un tono que ni yo misma sabía que podía poner.
-¿Realmente ella es mi madre?- Cogió aire despacio y en un suspiro afirmó la teoría, Sofía era mi madre aunque yo no lo quería aceptar de ningún modo.
sin dejar que nada más pudiera colarse en mi cabeza salí y arranqué la moto, conduje hasta el instituto y allí, como siempre, las niñas estúpidas me miraban a mí, a mi moto y criticaban pero eso es algo que me importa poco. Busqué a alguien de mi grupo, me daba igual quién, necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido. Estaba a punto de explotar cuando encontré a Aaron medio dormido apoyado en las taquillas, pasé a su lado corriendo y le agarré la mano, arrastrándolo conmigo.
-¡Águeda so bruta!
-¡Calla y corre!- Entonces dio un frenazo en seco y estuve a punto de darme de bruces contra el suelo.
-¿Sé puede saber qué te pasa?
-Mi madre.
-¿Cómo? ¿Te has peleado con ella o algo?
-Agg... ¿Nunca te resultó extraño que en mi casa siempre estuviera mi padre y no mi madre.
-Déjate de acertijos que es muy temprano.
-Y tú idiota.ç
-¡No me insultes! Explícame.
-A ver.- Y comencé a contarlo todo el rollo de Sofía. Abrió sus ojos verdes de una forma extraña, estaba muy sorprendido, yo fruncí el morro hacia un lado y arqueé las cejas.
-Pero... ¿Qué descaro más grande no?
-¿Por qué te crees que estoy enfadada.
-Joder, me dejas sin palabras. Pero no te irás, ¿verdad?
-¡Claro que no! Porque haya llegado ella no significa que vaya a tomar el control de mi vida, ya tuvo su oportunidad.- La maldita campana sonó y tuvimos que entrar en clase, muy a nuestro pesar. La mañana transcurrió sin más novedad pero andaba distraída, mucho más ida de lo normal.
En mi casa la situación no mejoró, mi padre me contó con todo lujo de detalles toda su historia con Sofía y yo creí entender algo pero no todo. La noche llegó pronto y aquel extraño día acabó con una sola persona en mi cabeza: Sofía.
lunes, 9 de septiembre de 2013
CAPÍTULO 22
1 de Febrero
Lunes, vuelta a clases después de nuestro fin de semana loco. La mañana se presentaba soleada y como cada día bajé a tomar el desayuno. Comí la típica tostada con café, monté en mi moto y me dirigí hacia el instituto, como normalmente hacía.
Al llegar allí había una gran marabunta de gente, especialmente de chicas gritonas y estúpidas. Alguien exclamó mi nombre y de repente todo se giraron hacia a mí y me estrujaban, no me dejaban espacio y ni siquiera sabía qué pasaba. Me escabullí como puede y mis amigos estaban en mi misma situación, con cara de susto y sin saber qué narices pasaba.
-¿Por qué de repente nos acosan?- Preguntó un aturdido Miguel.
-¡¡¡YA LO RECUERDO!!!- Gritó efusivamente Aaron.
-A ver, cuenta.- Prosiguió expectante James, que por primera vez estaba con nosotros en vez de en la sala de profesores.
-Mirad, ayer mi prima Ainhoa.- En ese momento Jeyden pareció interesarse más aún si cabe por la conversación.- montó una buena en twitter con lo de Londres y la gente cree que vamos a grabar un disco, vamos a ser super famosos y por eso nos acosan.
-Si no fuera mi amiga la mataba.- Dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que me escucharan todos. Minutos más tarde llegó la directora con su singular falda de tuvo y gafas enormemente grandes poniendo orden en la situación, pero los alumnos no dieron su brazo a torcer y al final tuvimos que entrar nosotros en clase, mientras que los demás nos seguían como patitos siguen a su madre.
Las clases pasaron rápido, sin mucha novedad, exceptuando que Elia quería hacer una fiesta pijama dentro de poco a la que estábamos invitadas Ainhoa y yo. Repetí la operación de esta mañana, me monté en la moto y volví a casa.
Hoy mi padre llegó mucho más temprano de lo habitual y comimos juntos, por suerte todo lo de ayer ya está olvidado, le comenté el repentino interés por nosotros en el instituto y la fiesta de Elia (a la cual me dejó ir).
Y como hoy era un día normal la tarde pasó tranquila, yo hice mis deberes y allá sobre las ocho de la tarde alguien llamó a la puerta. Mi padre fue a abrir pero no escuché ninguna palabra más, curiosa, me asomé por el marco de la puerta a espiar. Una mujer de mediana edad, rubia, ojos azules violáceos (muy parecidos a los míos) y bajita se divisaba en la puerta, un nombre salió de sus labios, con una voz un tanto ronca y cansada.
-Carlos.- Ése es el nombre de mi padre.
-¿Sofía?- No me estaba enterando de nada, parecía un reencuentro.
-Em... Papá, ¿quién es esta mujer?- Ella me miró con los ojos cargados de ternura y amor, mientras mi padre estaba atónito.
-¿Eres Águeda?- Se dirigió a mí acercándose.
-Sí, soy yo.
-Águeda, yo soy Sofía, tu madre.- ¿¡CÓMO!?
-¿¡¡¡QUÉ!!!?
-¡Sofía! Ten tacto, tiene...
-17 años, sé cuándo nació mi hija, el 11 de Enero de 1996. - Ellos seguían con su conversación y me ignoraban, ¿pero ésa mujer es mi madre? Somos clavadas pero, ¿cómo viene aquí después de 17 años y con toda la cara dura del mundo me dice que es mi madre?
-Papá, necesito una explicación.
-Sí, te la mereces. Sentaos las dos y hablemos.- Tomamos asiento en los sofás, ella en uno y yo en otro. Sofía, ¿se puede saber qué demonios haces aquí?
-Vengo a pedir disculpas.
-Perdona, yo no sé si usted es mi madre pero creo que le he dado exactamente igual toda mi vida y aquí el que ha hecho de padre y madre ha sido este hombre que ve aquí.- Solté muy dolida señalando a mi padre.
-Esto tiene una explicación.- Se defendió esa mujer.- Águeda, cuando yo tenía 19 años era una hippie, no creía en el matrimonio ni en las ataduras. Era lo que se decía un espíritu libre y recorría el mundo en autobuses de poca monta. Pues un día conocí a Carlos- Le dedicó una mirada muy pastelosa.-y una cosa llevó a la otra. El caso es que comenzamos a salir. Años más tarde estaba embarazada pero me fui de casa, sin ninguna nota, nada, me esfumé del mapa.
-¿Por qué lo hiciste?- Inquirí con un tono bastante serio.
-Porque no quería ataduras. Lo que pasó fue que cuando naciste tú yo no tenía dinero para mantenerte y tuve que regresar para que tu padre se hiciera cargo de ti.
-Ya, muy romántico todo. ¿¡PERO NO TE DISTE CUENTA DE MÍ!? ¿¡CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE ABANDONARME Y DESPUÉS DE 17 AÑOS VENIR A MI CASA COMO SI NO PASARA NADA!?
-Por favor, mantén la calma.
-¡PUES NO ME DA LA GANA!- Contesté levantándome de la silla histérica.
-Ya sé que no está bien cómo he hecho las cosas en mi vida.
-Tu vida me afecta a mi. ¿Dónde estuviste en mis primeras palabras? ¿En miz primeros pasos? ¿En mis primeros logros y caídas? ¿Enfermedades? ¿¡Dónde!? Ya te lo digo yo, estuviste por ahí tirándote a algún hippie.
-Carlos haz que pare.- Suplicó ella pero mi padre tenía una extraña sonrisa.
-Está en su derecho, la abandonaste y ahora quieres hacer como si nunca haya pasado nada. Sofía, eso te funcionaba con pequeñas cosas pero no con algo tan grave.
-Y bueno, ¿algún hermano del que no sé nada?
-No, te lo puedo jurar.- Estaba harta de la estúpida conversación, era demasiado para mi y unas náuseas tremendas me atacaron, salí disparada al baño y... eché la primera papilla, en la cual no estuvo tampoco ella. Salí tambaleante del baño y conseguí regresar a al saló, en cual me tiré en el sofá suplicando algo que me quitara las náuseas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me quedé dormida a causa de las pastilla que tomé y al despertar ya me encontraba en mi habitación. Miré la hora y eran casi las doce, Mr. Berry estaba echado a los pies de mi cama observando la puerta que no estaba del todo cerrada. Lo cogí en brazos tiernamente, a lo que contestó con un maullido casi inaudible; con mi gato a cuestas bajé las escaleras sigilosa. Encontré a mi padre y a Sofía hablando largo y tendido en la cocina. Me quedé observándola, realmente tenía un gran parecido físico conmigo pero, ¿por qué venía después de 17 años? ¿Por qué me abandonó a mí y a mi padre? ¿Por qué no vino antes? ¿Por qué no se casaron? Mi mente estaba llena de dudas y lo peor es que no encontraba la respuesta a ninguna.
Lunes, vuelta a clases después de nuestro fin de semana loco. La mañana se presentaba soleada y como cada día bajé a tomar el desayuno. Comí la típica tostada con café, monté en mi moto y me dirigí hacia el instituto, como normalmente hacía.
Al llegar allí había una gran marabunta de gente, especialmente de chicas gritonas y estúpidas. Alguien exclamó mi nombre y de repente todo se giraron hacia a mí y me estrujaban, no me dejaban espacio y ni siquiera sabía qué pasaba. Me escabullí como puede y mis amigos estaban en mi misma situación, con cara de susto y sin saber qué narices pasaba.
-¿Por qué de repente nos acosan?- Preguntó un aturdido Miguel.
-¡¡¡YA LO RECUERDO!!!- Gritó efusivamente Aaron.
-A ver, cuenta.- Prosiguió expectante James, que por primera vez estaba con nosotros en vez de en la sala de profesores.
-Mirad, ayer mi prima Ainhoa.- En ese momento Jeyden pareció interesarse más aún si cabe por la conversación.- montó una buena en twitter con lo de Londres y la gente cree que vamos a grabar un disco, vamos a ser super famosos y por eso nos acosan.
-Si no fuera mi amiga la mataba.- Dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que me escucharan todos. Minutos más tarde llegó la directora con su singular falda de tuvo y gafas enormemente grandes poniendo orden en la situación, pero los alumnos no dieron su brazo a torcer y al final tuvimos que entrar nosotros en clase, mientras que los demás nos seguían como patitos siguen a su madre.
Las clases pasaron rápido, sin mucha novedad, exceptuando que Elia quería hacer una fiesta pijama dentro de poco a la que estábamos invitadas Ainhoa y yo. Repetí la operación de esta mañana, me monté en la moto y volví a casa.
Hoy mi padre llegó mucho más temprano de lo habitual y comimos juntos, por suerte todo lo de ayer ya está olvidado, le comenté el repentino interés por nosotros en el instituto y la fiesta de Elia (a la cual me dejó ir).
Y como hoy era un día normal la tarde pasó tranquila, yo hice mis deberes y allá sobre las ocho de la tarde alguien llamó a la puerta. Mi padre fue a abrir pero no escuché ninguna palabra más, curiosa, me asomé por el marco de la puerta a espiar. Una mujer de mediana edad, rubia, ojos azules violáceos (muy parecidos a los míos) y bajita se divisaba en la puerta, un nombre salió de sus labios, con una voz un tanto ronca y cansada.
-Carlos.- Ése es el nombre de mi padre.
-¿Sofía?- No me estaba enterando de nada, parecía un reencuentro.
-Em... Papá, ¿quién es esta mujer?- Ella me miró con los ojos cargados de ternura y amor, mientras mi padre estaba atónito.
-¿Eres Águeda?- Se dirigió a mí acercándose.
-Sí, soy yo.
-Águeda, yo soy Sofía, tu madre.- ¿¡CÓMO!?
-¿¡¡¡QUÉ!!!?
-¡Sofía! Ten tacto, tiene...
-17 años, sé cuándo nació mi hija, el 11 de Enero de 1996. - Ellos seguían con su conversación y me ignoraban, ¿pero ésa mujer es mi madre? Somos clavadas pero, ¿cómo viene aquí después de 17 años y con toda la cara dura del mundo me dice que es mi madre?
-Papá, necesito una explicación.
-Sí, te la mereces. Sentaos las dos y hablemos.- Tomamos asiento en los sofás, ella en uno y yo en otro. Sofía, ¿se puede saber qué demonios haces aquí?
-Vengo a pedir disculpas.
-Perdona, yo no sé si usted es mi madre pero creo que le he dado exactamente igual toda mi vida y aquí el que ha hecho de padre y madre ha sido este hombre que ve aquí.- Solté muy dolida señalando a mi padre.
-Esto tiene una explicación.- Se defendió esa mujer.- Águeda, cuando yo tenía 19 años era una hippie, no creía en el matrimonio ni en las ataduras. Era lo que se decía un espíritu libre y recorría el mundo en autobuses de poca monta. Pues un día conocí a Carlos- Le dedicó una mirada muy pastelosa.-y una cosa llevó a la otra. El caso es que comenzamos a salir. Años más tarde estaba embarazada pero me fui de casa, sin ninguna nota, nada, me esfumé del mapa.
-¿Por qué lo hiciste?- Inquirí con un tono bastante serio.
-Porque no quería ataduras. Lo que pasó fue que cuando naciste tú yo no tenía dinero para mantenerte y tuve que regresar para que tu padre se hiciera cargo de ti.
-Ya, muy romántico todo. ¿¡PERO NO TE DISTE CUENTA DE MÍ!? ¿¡CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE ABANDONARME Y DESPUÉS DE 17 AÑOS VENIR A MI CASA COMO SI NO PASARA NADA!?
-Por favor, mantén la calma.
-¡PUES NO ME DA LA GANA!- Contesté levantándome de la silla histérica.
-Ya sé que no está bien cómo he hecho las cosas en mi vida.
-Tu vida me afecta a mi. ¿Dónde estuviste en mis primeras palabras? ¿En miz primeros pasos? ¿En mis primeros logros y caídas? ¿Enfermedades? ¿¡Dónde!? Ya te lo digo yo, estuviste por ahí tirándote a algún hippie.
-Carlos haz que pare.- Suplicó ella pero mi padre tenía una extraña sonrisa.
-Está en su derecho, la abandonaste y ahora quieres hacer como si nunca haya pasado nada. Sofía, eso te funcionaba con pequeñas cosas pero no con algo tan grave.
-Y bueno, ¿algún hermano del que no sé nada?
-No, te lo puedo jurar.- Estaba harta de la estúpida conversación, era demasiado para mi y unas náuseas tremendas me atacaron, salí disparada al baño y... eché la primera papilla, en la cual no estuvo tampoco ella. Salí tambaleante del baño y conseguí regresar a al saló, en cual me tiré en el sofá suplicando algo que me quitara las náuseas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me quedé dormida a causa de las pastilla que tomé y al despertar ya me encontraba en mi habitación. Miré la hora y eran casi las doce, Mr. Berry estaba echado a los pies de mi cama observando la puerta que no estaba del todo cerrada. Lo cogí en brazos tiernamente, a lo que contestó con un maullido casi inaudible; con mi gato a cuestas bajé las escaleras sigilosa. Encontré a mi padre y a Sofía hablando largo y tendido en la cocina. Me quedé observándola, realmente tenía un gran parecido físico conmigo pero, ¿por qué venía después de 17 años? ¿Por qué me abandonó a mí y a mi padre? ¿Por qué no vino antes? ¿Por qué no se casaron? Mi mente estaba llena de dudas y lo peor es que no encontraba la respuesta a ninguna.
CAPÍTULO 21
31 de Enero.
Domingo, último día de Enero. Con el pelo totalmente revuelto, la cara hinchada de dormir, la bata caída sobre un hombro y habiendo perdido un calcetín; bajé a desayunar con mi padre.
-Águeda, ¿te has peleado con alguien esta noche?- Preguntó él muy divertido.
-Buenos días a ti también.
-¿Tienes tarea del viernes?
-Supongo, llamaré a Elia.
-¿¡Quién!?
-Elia.
-La gente cada vez tiene nombres más raritos.- Ignoré por completo ese comentario y agarré una magdalena.
-Águeda.- Se dirigió hacia a mí con un gesto extraño.
-¿Sí?
-La maqueta de la discográfica, dices que la dejaron en preferentes. O sea, os enchufaron.
-Exacto.
-¿Crees sinceramente que os van a coger y que vais a ser unas estrellas? Porque yo lo dudo.
-¿¡Cómo!? ¿Acaso nos has escuchado tocar?
-A ti sí, y eres buena, pero hay millones de bandas por ahí y me da miedo de que hagáis algo que no debéis por la banda.- eso me hirvió la sangre, le di un golpe muy fuerte a la mesa con las manos y me levanté muy enfadada.
-Papá, entérate que R.Y.O.D. es mi vida.
-Tu vida es ser una mujer de provecho, los músicos llevan la palabra <<Hambre>> tatuada en la frente.
-Que tú no hayas cumplido tu sueño no significa que yo no pueda.
-¡Se acabó la discusión!- Levantó mucho la voz, me dejó patidifusa, jamás me habló así antes.
-Como tú quieras.- Subí a mi habitación, no quería pelearme con mi padre pero el problema es que ya lo he hecho. Me parece injusto que quiera que me apolille en esta ciudad, el tren pasa una vez y, o te subes a él, o te atropella.
Pasó la mañana de una forma tediosa, el ambiente en mi casa estaba muy cargado, así que decidí que sería mejor ir a casa de Elia. Ya lista para salir, con la mochila al hombro me despedí de mi padre.
-Hasta luego.- Dije apenas mirándolo a la cara.
-Pásalo bien.- Continió con mi mismo gesto pero con una sonrisa de disculpas.
Me dirigí al garaje y por fin estaba arreglada mi moto, por una vez no tendría que ir andando. Me colé en su casa pocos minutos después; llamé al timbre y me abrió un niño de unos 12 años, pelirrojo, de ojos marrones verdosos y pecas. Me quedé con la baba caída durante un momento, ¡era adorable!
-¿Quién eres?
-Águeda, ¿eres hermano de Elia?
-Sí, ¡ELIA ESTÁ AQUÍ TU AMIGA!- Al momento apareció ella con su singular melena rizada.
-Águeda, pasa. Oh, este es mi hermano Hugo.- Las dos pasamos a su casa y nos dirigimos a su habitación. Me hizo las preguntas obvias sobre el viaje y a ella sí que no le puedo ocultar nada, ya que su querido novio vio la escena. Si entretenerme demasiado le expliqué al detalle todo, absolutamente todo, sin omitir palabra alguna. Cuando terminé ella adoptó un gesto muy extraño.
-A ver.- Dijo mucho más seria de lo normal.- Te gusta Aaron.
-¿¡QUE QUÉ!?
-No me mientas, le conozco desde que tiene tres años y a ti de poco pero hay amor.
-Claro Elia, claro.- Dije muy sarcástica.
-Águeda, ¿por qué eres tan orgullosa?
-No soy orgullosa, solo que no me gusta.
-No mientas. Agg... Dame tu móvil.
-¿Para qué?
-Calla y dámelo.- Desconfiadamente le di el aparato, ella a la velocidad del rayo accedió a las conversaciones. Empecé a gritar y a tirarme encima de ella para recuperarlo pero se daba la vuelta y empezó a escribir y a decirlo en voz alta.-Oh Aaron, he sido una estúpida, te quiero con todo mi corazón. Enviar.
-Elia yo te mato.- Una sonrisa de satisfacción surcó su rostro y me devolvió el móvil. Me apresuré en escribir que Elia me quitó el móvil.- Voy a ignorar esto, que hay que estudiar.
-Bueno, yo ya estudié ayer...
-He dicho que hay que estudiar.- Dije de muy malas maneras mirándola con ojos de psicópata.
-Vale vale, no me muerdas.
Pasamos la tarde metidas entre ecuaciones, fórmulas químicas y análisis de oraciones. Ya casi a las nueve y media de la noche terminamos y todo y volví a casa. Afortunadamente ya no había tanta tensión entre mi padre y yo y pudimos ver una peli juntos, como cuando era pequeña.
Domingo, último día de Enero. Con el pelo totalmente revuelto, la cara hinchada de dormir, la bata caída sobre un hombro y habiendo perdido un calcetín; bajé a desayunar con mi padre.
-Águeda, ¿te has peleado con alguien esta noche?- Preguntó él muy divertido.
-Buenos días a ti también.
-¿Tienes tarea del viernes?
-Supongo, llamaré a Elia.
-¿¡Quién!?
-Elia.
-La gente cada vez tiene nombres más raritos.- Ignoré por completo ese comentario y agarré una magdalena.
-Águeda.- Se dirigió hacia a mí con un gesto extraño.
-¿Sí?
-La maqueta de la discográfica, dices que la dejaron en preferentes. O sea, os enchufaron.
-Exacto.
-¿Crees sinceramente que os van a coger y que vais a ser unas estrellas? Porque yo lo dudo.
-¿¡Cómo!? ¿Acaso nos has escuchado tocar?
-A ti sí, y eres buena, pero hay millones de bandas por ahí y me da miedo de que hagáis algo que no debéis por la banda.- eso me hirvió la sangre, le di un golpe muy fuerte a la mesa con las manos y me levanté muy enfadada.
-Papá, entérate que R.Y.O.D. es mi vida.
-Tu vida es ser una mujer de provecho, los músicos llevan la palabra <<Hambre>> tatuada en la frente.
-Que tú no hayas cumplido tu sueño no significa que yo no pueda.
-¡Se acabó la discusión!- Levantó mucho la voz, me dejó patidifusa, jamás me habló así antes.
-Como tú quieras.- Subí a mi habitación, no quería pelearme con mi padre pero el problema es que ya lo he hecho. Me parece injusto que quiera que me apolille en esta ciudad, el tren pasa una vez y, o te subes a él, o te atropella.
Pasó la mañana de una forma tediosa, el ambiente en mi casa estaba muy cargado, así que decidí que sería mejor ir a casa de Elia. Ya lista para salir, con la mochila al hombro me despedí de mi padre.
-Hasta luego.- Dije apenas mirándolo a la cara.
-Pásalo bien.- Continió con mi mismo gesto pero con una sonrisa de disculpas.
Me dirigí al garaje y por fin estaba arreglada mi moto, por una vez no tendría que ir andando. Me colé en su casa pocos minutos después; llamé al timbre y me abrió un niño de unos 12 años, pelirrojo, de ojos marrones verdosos y pecas. Me quedé con la baba caída durante un momento, ¡era adorable!
-¿Quién eres?
-Águeda, ¿eres hermano de Elia?
-Sí, ¡ELIA ESTÁ AQUÍ TU AMIGA!- Al momento apareció ella con su singular melena rizada.
-Águeda, pasa. Oh, este es mi hermano Hugo.- Las dos pasamos a su casa y nos dirigimos a su habitación. Me hizo las preguntas obvias sobre el viaje y a ella sí que no le puedo ocultar nada, ya que su querido novio vio la escena. Si entretenerme demasiado le expliqué al detalle todo, absolutamente todo, sin omitir palabra alguna. Cuando terminé ella adoptó un gesto muy extraño.
-A ver.- Dijo mucho más seria de lo normal.- Te gusta Aaron.
-¿¡QUE QUÉ!?
-No me mientas, le conozco desde que tiene tres años y a ti de poco pero hay amor.
-Claro Elia, claro.- Dije muy sarcástica.
-Águeda, ¿por qué eres tan orgullosa?
-No soy orgullosa, solo que no me gusta.
-No mientas. Agg... Dame tu móvil.
-¿Para qué?
-Calla y dámelo.- Desconfiadamente le di el aparato, ella a la velocidad del rayo accedió a las conversaciones. Empecé a gritar y a tirarme encima de ella para recuperarlo pero se daba la vuelta y empezó a escribir y a decirlo en voz alta.-Oh Aaron, he sido una estúpida, te quiero con todo mi corazón. Enviar.
-Elia yo te mato.- Una sonrisa de satisfacción surcó su rostro y me devolvió el móvil. Me apresuré en escribir que Elia me quitó el móvil.- Voy a ignorar esto, que hay que estudiar.
-Bueno, yo ya estudié ayer...
-He dicho que hay que estudiar.- Dije de muy malas maneras mirándola con ojos de psicópata.
-Vale vale, no me muerdas.
Pasamos la tarde metidas entre ecuaciones, fórmulas químicas y análisis de oraciones. Ya casi a las nueve y media de la noche terminamos y todo y volví a casa. Afortunadamente ya no había tanta tensión entre mi padre y yo y pudimos ver una peli juntos, como cuando era pequeña.
miércoles, 7 de agosto de 2013
PERSONAJES
Hola a todos, bueno, tendría que haber puesto a los personajes al principio pero no encontraba fotos que me gustaran. Así que las pongo ahora. Estos son todos los personajes que han intervenido de un modo u otro en la historia, exceptuando a algunos.
Sí, es Ashely Benson, pero es la más parecida a como yo me imagino a la verdadera Águeda.
El de la foto tiene los ojos azules, Miguel los tiene marrones.
Le faltan las gafas de pasta celestes.
Ella tiene el pelo más castaño, no tan pelirrojo.
Águeda Suárez
Sí, es Ashely Benson, pero es la más parecida a como yo me imagino a la verdadera Águeda.
Aaron Benamor
Miguel Montenegro
El de la foto tiene los ojos azules, Miguel los tiene marrones.
Jeyden Peterson
Elia Rodfield
Samuel Álvarez
James Miller
Diana Vega
Ainhoa Benamor
Nicky Harrison
Mr Berry
MIAU =^.^=
Otra cosa, se supone que son españoles, ¿por qué algunos tienen nombres ingleses? Porque sí y punto.
martes, 6 de agosto de 2013
CAPÍTULO 20
30 de Enero
*Narra Águeda*
Me levanté de la cama tambaleante, me dolía mucho la cabeza y tenía tantas ojeras como un mapache. Aunque los chicos me dejaron claro anoche que no era culpa mía, mentían; les debo a todos una disculpa.
Bajé a desayunar y en el pasillo me encontré con Jeyden:
-Eh... Buenos días.
-Buenos días, ¿cómo estás?
-Mejor. Jeyden, lo siento mucho.- Me miró de soslayo hasta quedar delante de mí y me abrazó.
-Somos personas, nos equivocamos. Venga, vamos a desayunar que la panda de vagos no se han despertado todavía.- Reí ante el comentario y nos dispusimos a ir al comedor.
Casi a las diez y media los vimos aparecer, a todos, incluido a Samuel.
-¿Qué hace él aquí?- Preguntó Jeyden.
-Puede que la haya liado, pero no tiene que estar en ayunas.-Contestó Aaron con la mirada perdida. El desayuno fue realmente incómodo, miradas furtivas recorrían nuestros ojos, murmullos inaudibles se colaban en nuestros labios... Creo que fue la peor hora de mi vida.
Después del eso tortuoso desayuno, subimos todos a la habitación, menos James, que se fue a dar una vuelta. Encendí el móvil y le mandé un mensaje a mi padre:
''Papá, estoy bien, no me han secuestrado ni nada, si el avión se retrasa no llames a la policía, llegaremos a Madrid sobre las cuatro de la tarde. Te quiero.''
Aprovechando que andaba con el móvil llamé a James:
-¿Sí?
-James, ¿puedo ir a dar una vuelta contigo?
-Vale, aún estoy en la puerta del hotel.
-Genial, voy para allá.- Colgué y cogí dinero, me apetecía salir y airearme un poco.
Ya allí, fuimos los dos juntos a comprar souvenirs como un matrimonio anciano que están comprando tonterías para sus nietos. Postales, llaveros, tonterías en general. El ambiente era un tanto incómodo, quería preguntarle qué le ocurría (probablemente ya sé la respuesta) pero me vencía la vergüenza. Adelante, respira hondo:
-James, ¿qué te pasa conmigo?- Dije de corrido, creo que le costó entender la frase entera.
-A principios de semana me contaste todo lo que pasaba con ese chico, y bueno, yo te dije que lo dejaras a un lado porque se iba a liar pero no me hiciste caso. Ahora tienes lo que buscabas.
-¿Me estás ''riñendo''?- Me miré decepcionado.
-Sí, se podría decir que sí. Te avisé y me ignoraste, ahora no te quejes. Y por cierto, si Samuel o como se llame tiene problemas con las drogas, deberíais ayudarlo.- Suspiré y bajé la mirada, sabía que este es culpa mía, pero nadie me lo había dicho todavía y la verdad duele.
-Aaron intentó hablar con él varias veces, pero como si nada.
-¿Y sus padres?
-Francamente, no tiene.
-Ah, ya veo. Razón de más para que vosotros lo ayudéis.
-Tienes razón, soy lo peor.
-Escucha, será mejor que volvamos al hotel a por las maletas. Tenemos que estar en el aeropuerto en breve.- Sin añadir palabra volvimos al hotel.
Jeyden llamó a Nicky, la cual no tuvo más remedio que volver a hacer de taxista y llevarnos al aeropuerto, nos bajamos del coche pero Aaron se le olvidó la cartera (muy bien Aaron, muy bien) y tuvo que volver al vehículo. La encontró y al despedirse de Nicky, ésta le pasó las manos por el pelo, lo abrazó fuertemente y le plantó un beso en los morros. Estaba atónita, con los ojos como platos y la boca ligeramente abierta.
-Águeda, ¡no lo asesines!- Me advirtió Miguel.
-¡Será zorra!- Más enfadada que otra cosa me acerqué, le agarré la mano y lo arrastré hasta el grupo, siendo una aguafiestas.
-¡Aaron! ¿Disfrutando la despedida?- Dijo James con un tono irónico.
-Sí, hasta que me la estropearon.- Clavó sus ojos en mí, un poco molesto.
-Lo hice por nuestro bien, vamos a perder el avión.- Alegué en mi defensa.
-Claro y los gatos son amarillos fosforitos.- Me rebatió.- Además, no fue mi culpa.
-Pero tú no opusiste resistencia.
-¡Porque me pilló de sorpresa!
-Haya paz, que nos quedamos en Inglaterra y yo prefiero España.- Tranquilizó Jeyden.
Tras la tonta pelea, tomamos asientos, James con Jeyden, Aaron con Samuel y Miguel conmigo.
Casi a las cuatro y media de la tarde pisamos suelo español y mi padre esperando allí como un clavo.
-¡Cariño! ¿Qué tal el viaje?
-Bien, estoy cansada. Déjame que me despida de los chicos y nos vamos.- Me despedí de ellos, hicieron bromas por lo de Nicky y me fui a casa, a dormir, a mi cama. Quiero casarme con mi cama. Le conté todo el viaje a mi padre (omitiendo las partes obvias) y que habían dejado la maquete en ''urgentes''.
A las nueve de la noche me venció el sueño, quedé dormida en el sofá como una niña pequeña, fui muy curioso que no soñara nada aquella noche ya que, motivos para soñar me sobraban.
*Narra Águeda*
Me levanté de la cama tambaleante, me dolía mucho la cabeza y tenía tantas ojeras como un mapache. Aunque los chicos me dejaron claro anoche que no era culpa mía, mentían; les debo a todos una disculpa.
Bajé a desayunar y en el pasillo me encontré con Jeyden:
-Eh... Buenos días.
-Buenos días, ¿cómo estás?
-Mejor. Jeyden, lo siento mucho.- Me miró de soslayo hasta quedar delante de mí y me abrazó.
-Somos personas, nos equivocamos. Venga, vamos a desayunar que la panda de vagos no se han despertado todavía.- Reí ante el comentario y nos dispusimos a ir al comedor.
Casi a las diez y media los vimos aparecer, a todos, incluido a Samuel.
-¿Qué hace él aquí?- Preguntó Jeyden.
-Puede que la haya liado, pero no tiene que estar en ayunas.-Contestó Aaron con la mirada perdida. El desayuno fue realmente incómodo, miradas furtivas recorrían nuestros ojos, murmullos inaudibles se colaban en nuestros labios... Creo que fue la peor hora de mi vida.
Después del eso tortuoso desayuno, subimos todos a la habitación, menos James, que se fue a dar una vuelta. Encendí el móvil y le mandé un mensaje a mi padre:
''Papá, estoy bien, no me han secuestrado ni nada, si el avión se retrasa no llames a la policía, llegaremos a Madrid sobre las cuatro de la tarde. Te quiero.''
Aprovechando que andaba con el móvil llamé a James:
-¿Sí?
-James, ¿puedo ir a dar una vuelta contigo?
-Vale, aún estoy en la puerta del hotel.
-Genial, voy para allá.- Colgué y cogí dinero, me apetecía salir y airearme un poco.
Ya allí, fuimos los dos juntos a comprar souvenirs como un matrimonio anciano que están comprando tonterías para sus nietos. Postales, llaveros, tonterías en general. El ambiente era un tanto incómodo, quería preguntarle qué le ocurría (probablemente ya sé la respuesta) pero me vencía la vergüenza. Adelante, respira hondo:
-James, ¿qué te pasa conmigo?- Dije de corrido, creo que le costó entender la frase entera.
-A principios de semana me contaste todo lo que pasaba con ese chico, y bueno, yo te dije que lo dejaras a un lado porque se iba a liar pero no me hiciste caso. Ahora tienes lo que buscabas.
-¿Me estás ''riñendo''?- Me miré decepcionado.
-Sí, se podría decir que sí. Te avisé y me ignoraste, ahora no te quejes. Y por cierto, si Samuel o como se llame tiene problemas con las drogas, deberíais ayudarlo.- Suspiré y bajé la mirada, sabía que este es culpa mía, pero nadie me lo había dicho todavía y la verdad duele.
-Aaron intentó hablar con él varias veces, pero como si nada.
-¿Y sus padres?
-Francamente, no tiene.
-Ah, ya veo. Razón de más para que vosotros lo ayudéis.
-Tienes razón, soy lo peor.
-Escucha, será mejor que volvamos al hotel a por las maletas. Tenemos que estar en el aeropuerto en breve.- Sin añadir palabra volvimos al hotel.
Jeyden llamó a Nicky, la cual no tuvo más remedio que volver a hacer de taxista y llevarnos al aeropuerto, nos bajamos del coche pero Aaron se le olvidó la cartera (muy bien Aaron, muy bien) y tuvo que volver al vehículo. La encontró y al despedirse de Nicky, ésta le pasó las manos por el pelo, lo abrazó fuertemente y le plantó un beso en los morros. Estaba atónita, con los ojos como platos y la boca ligeramente abierta.
-Águeda, ¡no lo asesines!- Me advirtió Miguel.
-¡Será zorra!- Más enfadada que otra cosa me acerqué, le agarré la mano y lo arrastré hasta el grupo, siendo una aguafiestas.
-¡Aaron! ¿Disfrutando la despedida?- Dijo James con un tono irónico.
-Sí, hasta que me la estropearon.- Clavó sus ojos en mí, un poco molesto.
-Lo hice por nuestro bien, vamos a perder el avión.- Alegué en mi defensa.
-Claro y los gatos son amarillos fosforitos.- Me rebatió.- Además, no fue mi culpa.
-Pero tú no opusiste resistencia.
-¡Porque me pilló de sorpresa!
-Haya paz, que nos quedamos en Inglaterra y yo prefiero España.- Tranquilizó Jeyden.
Tras la tonta pelea, tomamos asientos, James con Jeyden, Aaron con Samuel y Miguel conmigo.
Casi a las cuatro y media de la tarde pisamos suelo español y mi padre esperando allí como un clavo.
-¡Cariño! ¿Qué tal el viaje?
-Bien, estoy cansada. Déjame que me despida de los chicos y nos vamos.- Me despedí de ellos, hicieron bromas por lo de Nicky y me fui a casa, a dormir, a mi cama. Quiero casarme con mi cama. Le conté todo el viaje a mi padre (omitiendo las partes obvias) y que habían dejado la maquete en ''urgentes''.
A las nueve de la noche me venció el sueño, quedé dormida en el sofá como una niña pequeña, fui muy curioso que no soñara nada aquella noche ya que, motivos para soñar me sobraban.
lunes, 15 de julio de 2013
CAPÍTULO 19 [2]
Noche del 29 de Enero
*Narra Samuel*
Ya de vuelta en el hotel acompañé a Águeda a su habitación:
-Oye Samuel, todo esto es un poco extraño.
-¿A qué te refieres?- Pregunté acercándome a ella y acorralándola contra la puerta.
-Me refiero a... todo.
-No acabo de entenderte.- Le susurré en tono sugerente.
-A ver, todos desconfían de tí y yo ya no sé qué pensar.
-Piensa lo que tú creas.- Le dije casi inaudiblemente al oído y en un ágil movimiento le arrebaté la tarjeta-llave, sin despegarla de mí entramos en la habitación. La tiré en la cama y me situé sobre ella colocando mis manos a ambos lados de su cabeza; Águeda me miraba aterrada.
Bastó un solo segundo de distracción por mi parte para que me propinara un bofetón en la mejilla derecha; sorprendido me llevé la mano a la zona afectada incorporándome lentamente. Ella se levantó de la cama con aire desafiante y me señaló la puerta; sonreí maliciosamente y salí de aquel cuarto sin camiseta.
*Narra Aaron*
Eran las ocho de la tarde y ya era de noche en Londres, me despedí de Nicky en la puerta del hotel y me encontraba cruzando el pasillo cuando casi choqué con Samuel, y me asustó de tal manera que lancé un jadeo ahogado.
-Anda mira, eso mismo ha dicho Águeda hace un rato.
-¿Qué quieres decir?- Pregunté confuso.
-Quiero decir que tus ''grititos'' de sorpresa suenan como las exclamaciones de placer de Águeda.- Abrí los ojos incrédulo ¿en serio? ¿era eso posible? Mi ira aumentaba por momentos hasta el punto de ser incontrolable y me abalancé sobre Samuel con el puño levantado dispuesto a darle la paliza de su vida. Rodamos los dos por el suelo mientras él gritaba ''Oh sí, dame más'' tratando de imitar la voz de mi amiga. De repente noté cómo alguien me cogía y me separaba de mi contrincante, era James poniendo orden en la situación, eché una ojeada detrás de mi y vi a Águeda llorando mientras un asustado Miguel trataba de calmarla. A su vez, Jeyden se encargó de Samuel, el cual yacía en el suelo con un ojo hinchado y la nariz rota. James me dejó en el suelo y condujo a Samuel hasta su habitación dedicándole unas palabras muy ''sutiles'':
-¿¡PERO TÚ ERES GILIPOLLAS O QUÉ!?- Sonreí como un tonto porque aunque en ese momento parecía que había sido culpa mía, mis amigos me conocían hasta tal punto de saber que yo no era capaz de hacer eso sin un motivo.
*Narra Águeda*
Miguel se aseguró por décima vez de que yo estaba bien y se fue a su habitación con el resto pero Aaron se quedó en el pasillo mirándome con tristeza:
-¿En serio... que lo has hecho?- Dijo titubeante.
-¿Hacer el qué?
-Venga ya, no seas hipócrita, sabes perfectamente a lo que me refiero.
-¿¡Qué te ha contado ese asqueroso!?
-Pues que te lo has pasado muy bien con él.- Lo miré con una mueca de incredulidad, me parecía muy rastrero por su parte que le hubiera contado esa mentira.
-¡No! ¡Pues claro que no! ¿En serio crees que te... que yo haría eso?- Me corregí. Agachó la mirada, no me creía y eso era mi culpa, le había hecho mucho daño y eso ya no lo podía remediar.
-De acuerdo, como tú digas.- Dijo en un susurro y con la mirada pedida volvió a su habitación y yo me limité a hacer lo mismo.
Me encerré en el baño, lavé mi rostro y miré mi reflejo en el espejo, vi a una chica perecida a mi, pero no la conocía de nada. Me sentía muy sucia, extraña; más decepcionada conmigo misma que triste, me tumbé en la cama boca arriba pero no me quedé dormida, me atormentaba la idea de mañana por la mañana.
Casi una hora después de lo sucedido alguien llamó a mi puerta, un escalofrío recorrió mi espalda y me negué en silencio a abrir pero una voz conocida resonó detrás de ella:
-Águeda, por favor, ábreme. Sé que no estás bien.- Abrí sin dudar y me lancé a sus brazos, enterrando mis manos en su negro cabello y rompiendo en llanto.
-Eh, no llores, no se merece esas lágrimas.
-No es por Samuel, es por mí que soy una estúpida.- Dije entre sollozos.
-Bueno, me gustaría entrar, en el pasillo hace frío.- Consiguió sacarme una sonrisa, me separé de él y cerré la puerta. Me senté en la cama y Aaron a mi lado, dispuesto a escucharme cual psicólogo.- Mira, no te voy a decir que Samuel tiene la culpa de todo, ni que tú has sido una tonta, ni nada de ese estilo; porque creo que es lo típico y esto no pasa todos los días.
-Tienes razón, pero no entiendo por qué lo creí. Al fin y al cabo quería... ya sabes.- Una lágrima rebelde rodó por mi mejilla, Aaron pasó su brazo por mi hombro y me abrazó.
-Él tiene cara de niño y puede ser muy combincente cuando quiere.
-Aaron, cuando supiste que empezó con los porros, ¿por qué te dolió tanto?- Se mordió el labio inferior con la mirada perdida, hubo un corto silencio pero se atrevió a decir:
-Te lo contaré, pero es largo, así que no me interrumpas.
-De acuerdo.
-Verás, Samuel y yo vivíamos al lado, nos llevábamos muy bien de pequeños y siempre estábamos jugando al fútbol en el patio. Pero él no estaba atendido, sus padres eran... drogodependientes y él veía cómo se drogaban, así que muchos días se quedaba en mi casa. Un día, tendríamos como diez años, estando los dos en mi habitación jugando con la consola, entró mi madre con la cara pálida y dijo que tenía muy malas noticias; al parecer los padres de Samuel habían tenido un accidente de tráfico y habían muerto.- Me llevé las manos a la boca y abrí mucho los ojos.- Y días después la autoxia reveló que iban hasta las cejas de todo: alcohol, pastillas... Mis padres se hicieron cargo de él hasta diciembre de este último año, cuando dijo que quería independizarse porque sentía que se estaba aprovechando de nosotros, y le alquilamos una pequeña casita. Es por eso por lo que me puse así, era como mi hermano pequeño y cuando tú me dijiste lo que hacía me puse histérico. Esa misma tarde intenté hablarle pero me dijo que yo no era su padre, que estaba harto, que lo dejaría cuando quisiera y demás cosas.
-Vaya, ahora me siento mal.
-No lo hagas, porque no se lo merece. Otra cosa, sabiendo que a ti te da igual lo que te digan, ¿por qué te pusiste así cuando te llamó puta?- Suspiré, me hizo recordar una parte de mí algo turbia.
-Cuando tenía alrededor de quince años repitió un chico en mi clase, bueno pues él se obsesionó conmigo. Me llenaba el muro de facebook de comentarios, me llamaba al móvil de madrugada, me espiaba en clase y por los pasillos, llegó a seguirme. Un día me harté de todo y le cogí el teléfono; le dije que me tenía harta, que se olvidara de mí y que no me siguiera más o lo denunciaría por acoso. Al día siguiente en el instituto todo el mundo me miraba raro y resultó que fue diciendo por ahí que yo coqueteaba con todos, que era una puta y demás cosas por el etilo; y Catalina, una chica que me odiaba (y yo a ella) le ayudó para que tuviera más credibilidad.
-¿Solo eso? Bah, y yo que creía que tú fuiste prostituta con catorce años.
-¿Sabes que eres lo peor?- dije riendo, me agradaba que estuviera de broma, necesitaba descargar un poco de tensión.
Nos quedamos casi dos horas hablando, haciéndonos confidencias y le pregunté por Nicky, pero dijo que no coincidían en muchas cosas aunque le caía bien. en aquel instante un pensamiento fugaz atravesó mi mente a la velocidad de la luz pero no me di cuenta y lo dije en voz alta:
-Mañana, el avión.
-¿Qué? ¿Águeda, estás loca ya del todo?
-Esto... Acabo de recodar, ¿qué pasará mañana?
-Eso ya lo veremos, de momento no te preocupes más y descansa. Yo me voy a mi habitación.- Observaba cómo salía de mi cuarto cuando le eché un vistazo al reloj, quedaba un minuto para la medianoche y con la muerte de ese minuto un día más acabaría, dando paso a otro distinto, nuevo, difícil pero hermoso día de invierno.
*Narra Samuel*
Ya de vuelta en el hotel acompañé a Águeda a su habitación:
-Oye Samuel, todo esto es un poco extraño.
-¿A qué te refieres?- Pregunté acercándome a ella y acorralándola contra la puerta.
-Me refiero a... todo.
-No acabo de entenderte.- Le susurré en tono sugerente.
-A ver, todos desconfían de tí y yo ya no sé qué pensar.
-Piensa lo que tú creas.- Le dije casi inaudiblemente al oído y en un ágil movimiento le arrebaté la tarjeta-llave, sin despegarla de mí entramos en la habitación. La tiré en la cama y me situé sobre ella colocando mis manos a ambos lados de su cabeza; Águeda me miraba aterrada.
Bastó un solo segundo de distracción por mi parte para que me propinara un bofetón en la mejilla derecha; sorprendido me llevé la mano a la zona afectada incorporándome lentamente. Ella se levantó de la cama con aire desafiante y me señaló la puerta; sonreí maliciosamente y salí de aquel cuarto sin camiseta.
*Narra Aaron*
Eran las ocho de la tarde y ya era de noche en Londres, me despedí de Nicky en la puerta del hotel y me encontraba cruzando el pasillo cuando casi choqué con Samuel, y me asustó de tal manera que lancé un jadeo ahogado.
-Anda mira, eso mismo ha dicho Águeda hace un rato.
-¿Qué quieres decir?- Pregunté confuso.
-Quiero decir que tus ''grititos'' de sorpresa suenan como las exclamaciones de placer de Águeda.- Abrí los ojos incrédulo ¿en serio? ¿era eso posible? Mi ira aumentaba por momentos hasta el punto de ser incontrolable y me abalancé sobre Samuel con el puño levantado dispuesto a darle la paliza de su vida. Rodamos los dos por el suelo mientras él gritaba ''Oh sí, dame más'' tratando de imitar la voz de mi amiga. De repente noté cómo alguien me cogía y me separaba de mi contrincante, era James poniendo orden en la situación, eché una ojeada detrás de mi y vi a Águeda llorando mientras un asustado Miguel trataba de calmarla. A su vez, Jeyden se encargó de Samuel, el cual yacía en el suelo con un ojo hinchado y la nariz rota. James me dejó en el suelo y condujo a Samuel hasta su habitación dedicándole unas palabras muy ''sutiles'':
-¿¡PERO TÚ ERES GILIPOLLAS O QUÉ!?- Sonreí como un tonto porque aunque en ese momento parecía que había sido culpa mía, mis amigos me conocían hasta tal punto de saber que yo no era capaz de hacer eso sin un motivo.
*Narra Águeda*
Miguel se aseguró por décima vez de que yo estaba bien y se fue a su habitación con el resto pero Aaron se quedó en el pasillo mirándome con tristeza:
-¿En serio... que lo has hecho?- Dijo titubeante.
-¿Hacer el qué?
-Venga ya, no seas hipócrita, sabes perfectamente a lo que me refiero.
-¿¡Qué te ha contado ese asqueroso!?
-Pues que te lo has pasado muy bien con él.- Lo miré con una mueca de incredulidad, me parecía muy rastrero por su parte que le hubiera contado esa mentira.
-¡No! ¡Pues claro que no! ¿En serio crees que te... que yo haría eso?- Me corregí. Agachó la mirada, no me creía y eso era mi culpa, le había hecho mucho daño y eso ya no lo podía remediar.
-De acuerdo, como tú digas.- Dijo en un susurro y con la mirada pedida volvió a su habitación y yo me limité a hacer lo mismo.
Me encerré en el baño, lavé mi rostro y miré mi reflejo en el espejo, vi a una chica perecida a mi, pero no la conocía de nada. Me sentía muy sucia, extraña; más decepcionada conmigo misma que triste, me tumbé en la cama boca arriba pero no me quedé dormida, me atormentaba la idea de mañana por la mañana.
Casi una hora después de lo sucedido alguien llamó a mi puerta, un escalofrío recorrió mi espalda y me negué en silencio a abrir pero una voz conocida resonó detrás de ella:
-Águeda, por favor, ábreme. Sé que no estás bien.- Abrí sin dudar y me lancé a sus brazos, enterrando mis manos en su negro cabello y rompiendo en llanto.
-Eh, no llores, no se merece esas lágrimas.
-No es por Samuel, es por mí que soy una estúpida.- Dije entre sollozos.
-Bueno, me gustaría entrar, en el pasillo hace frío.- Consiguió sacarme una sonrisa, me separé de él y cerré la puerta. Me senté en la cama y Aaron a mi lado, dispuesto a escucharme cual psicólogo.- Mira, no te voy a decir que Samuel tiene la culpa de todo, ni que tú has sido una tonta, ni nada de ese estilo; porque creo que es lo típico y esto no pasa todos los días.
-Tienes razón, pero no entiendo por qué lo creí. Al fin y al cabo quería... ya sabes.- Una lágrima rebelde rodó por mi mejilla, Aaron pasó su brazo por mi hombro y me abrazó.
-Él tiene cara de niño y puede ser muy combincente cuando quiere.
-Aaron, cuando supiste que empezó con los porros, ¿por qué te dolió tanto?- Se mordió el labio inferior con la mirada perdida, hubo un corto silencio pero se atrevió a decir:
-Te lo contaré, pero es largo, así que no me interrumpas.
-De acuerdo.
-Verás, Samuel y yo vivíamos al lado, nos llevábamos muy bien de pequeños y siempre estábamos jugando al fútbol en el patio. Pero él no estaba atendido, sus padres eran... drogodependientes y él veía cómo se drogaban, así que muchos días se quedaba en mi casa. Un día, tendríamos como diez años, estando los dos en mi habitación jugando con la consola, entró mi madre con la cara pálida y dijo que tenía muy malas noticias; al parecer los padres de Samuel habían tenido un accidente de tráfico y habían muerto.- Me llevé las manos a la boca y abrí mucho los ojos.- Y días después la autoxia reveló que iban hasta las cejas de todo: alcohol, pastillas... Mis padres se hicieron cargo de él hasta diciembre de este último año, cuando dijo que quería independizarse porque sentía que se estaba aprovechando de nosotros, y le alquilamos una pequeña casita. Es por eso por lo que me puse así, era como mi hermano pequeño y cuando tú me dijiste lo que hacía me puse histérico. Esa misma tarde intenté hablarle pero me dijo que yo no era su padre, que estaba harto, que lo dejaría cuando quisiera y demás cosas.
-Vaya, ahora me siento mal.
-No lo hagas, porque no se lo merece. Otra cosa, sabiendo que a ti te da igual lo que te digan, ¿por qué te pusiste así cuando te llamó puta?- Suspiré, me hizo recordar una parte de mí algo turbia.
-Cuando tenía alrededor de quince años repitió un chico en mi clase, bueno pues él se obsesionó conmigo. Me llenaba el muro de facebook de comentarios, me llamaba al móvil de madrugada, me espiaba en clase y por los pasillos, llegó a seguirme. Un día me harté de todo y le cogí el teléfono; le dije que me tenía harta, que se olvidara de mí y que no me siguiera más o lo denunciaría por acoso. Al día siguiente en el instituto todo el mundo me miraba raro y resultó que fue diciendo por ahí que yo coqueteaba con todos, que era una puta y demás cosas por el etilo; y Catalina, una chica que me odiaba (y yo a ella) le ayudó para que tuviera más credibilidad.
-¿Solo eso? Bah, y yo que creía que tú fuiste prostituta con catorce años.
-¿Sabes que eres lo peor?- dije riendo, me agradaba que estuviera de broma, necesitaba descargar un poco de tensión.
Nos quedamos casi dos horas hablando, haciéndonos confidencias y le pregunté por Nicky, pero dijo que no coincidían en muchas cosas aunque le caía bien. en aquel instante un pensamiento fugaz atravesó mi mente a la velocidad de la luz pero no me di cuenta y lo dije en voz alta:
-Mañana, el avión.
-¿Qué? ¿Águeda, estás loca ya del todo?
-Esto... Acabo de recodar, ¿qué pasará mañana?
-Eso ya lo veremos, de momento no te preocupes más y descansa. Yo me voy a mi habitación.- Observaba cómo salía de mi cuarto cuando le eché un vistazo al reloj, quedaba un minuto para la medianoche y con la muerte de ese minuto un día más acabaría, dando paso a otro distinto, nuevo, difícil pero hermoso día de invierno.
domingo, 7 de julio de 2013
CAPÍTULO 19 [1]
Hola, antes de dejaros con el capítulo nuevo quisiera deciros que será más largo de lo normal, así se dividirá en dos partes y habrá muchos cambios de narrador. Cuando estén en suelo británico hablarán español entre ellos, pero el resto todo en inglés aunque esté escrito en español. Muchísimas gracias a mi ''cuqui-girl'' por darme la idea, te quiero<3 Que lo disfruten -^^-
Mañana del 29 de Enero
*Narra Águeda*
Apenas había podido dormir a causa de los nervios, y el tiempo aquel día acompañaba mi estado de ánimo: gris.
Me desperté a las 6 de la mañana, tomé una ducha caliente, revisé por última vez la maleta y bajé a desayunar.
-¿Nerviosa? -Me preguntó mi padre. Le lancé una mirada asesina y agarré una tostada.- En serio, no te preocupes todo saldrá bien.
-Ashiash.
-¡No hables con la boca llena!
-Que sí, no te preocupes por mí, voy con cinco tíos fuertes y y que están como cabras, todo irá sobre ruedas.- Mi padre me miró con cara de enfado y reí exageradamente.
-Venga coge las maletas que te llevo al aeropuerto.
El trayecto a Barajas fue demasiado corto, pensaba mucho en hoy, las manos me temblaban y apenas podía recolocarme las gafas de sol sin hacerme un arañazo en la nariz.
Me bajé del coche, casi sin poder incorporarme, y en un intento por no caerme redonda al suelo, divisé a Miguel. Fui corriendo hacia él y le salté encima en plan película de drama, a lo que respondió cogiéndome en brazos y dando vueltas sobre sí mismo:
-¿Sabes que nos está mirando todo el mundo?- Dijo devolviéndome a tierra firme.
-Sí, tampoco es algo que me quite el sueño.- Aún abrazados apareció Aaron y dijo:
-Miguel, ¿se lo cuentas tú a Elia o se lo cuento yo?- El rubio hizo ademán de esconderse detrás de mí.
-No, que yo la quiero mucho...- Dijo casi en un susurro.
*Narra Samuel*
Llegué al aeropuerto pero para mi fortuna ya estaban todos, así que Jeyden podría controlar un poco a Aaron. Me acerqué al grupo y todos me miraron extrañados y con cierto ápice de desprecio pero me importaba poco.
-¿Se puede saber qué haces aquí?- Intentó mantener el tono cierto moreno de ojos verdes. Entonces le lancé una mirada de advertencia a Jeyden, el cual se lo llevó a un rincón.
*Narra Jeyden*
Estaba asustado por Samuel, no sabía lo que era capaz de hacer.
Me llevé a Aaron a un rincón para intentar explicarle un poco mi situación:
-A ver, él está aquí porque yo le conseguí el billete.
-¿Tú eres tonto?
-No, espera, me amenazó, dijo que si no lo hacía me quedaba sin dedos.- Abrió los ojos incrédulo.- Y dijo que si no te mantenías tranquilo con él...
-De acuerdo, te entiendo. Lo ignoraré.
-Gracias.
*Narra James*
Me resultó muy extraño ver a ese chico aquí, no recordaba su nombre pero había mucha tensión en el ambiente y todos lo miraban con cierto desprecio. Me limité a encogerme de hombros y a advertir que llegábamos tarde al vuelo. Pasamos todos lo controles habidos y por haber y nos subimos al avión, Águeda se sentó con aquel extraño chico (creo que se llamaba Samuel), Jeyden con Aaron y yo me puse con Miguel.
Tras una hora y media de aburrimiento pisamos suelo británico y... nevaba.
-¡Dios que frío!- Normal, ¿a quién se le ocurre venir con cazadora y camiseta? A mí.
-¡¡¡QUÉ BONITO!!!
-¡ÁGUEDA NO GRITES!
-Miguel déjame. Estoy emocionada.
-Tonterías a parte, ¿a dónde tenemos que ir?- Preguntó Aaron.
-Se supone que estarían esperándonos mis tíos, pero no los veo.
-A lo mejor tienen un cartelito que ponga ''RYOD''.- Dije haciendo una broma. Jeyden dio una vuelta sobre sí mismo inspeccionando el lugar, entonces, echó a correr con una gran sonrisa ante la confusión de todos.
-¡¡¡NICKY!!!- Se abalanzó sobre una chica, bajita y delgada, con el pelo a la altura de la nuca y ondulado, entre castaña y pelirroja, algunas pecas en la nariz, ojos grandes y azules y un aro plateado en la nariz.
*Narra Aaron*
Un efusivo Jeyden estrujó a una chica, muy guapa por cierto, nos acercamos todos y nos la presentó:
-Chicos, ella es Nicole Harrison. Es una amiga mía de la infancia.
-Por favor, llamádme Nicky.- Dijo ella con un lindo acento.
-Te los presento, ese rubio se llama Miguel, el de los rizos Samuel, la chica Águeda, el de la cresta James y este del pelo negro Aaron.
-Hola a todos, encantada. Jeyden, tus tíos me han mandado a recogeros. Todos a la furgoneta.
*Narra Nicky*
Se subieron todos a la furgoneta y puse rumbo a la discográfica, mascando chicle a toda pastilla y haciendo un esfuerzo para que ese grupo de hispano-hablantes no me dejara la cabeza como un bombo. Me había fijado en uno de ellos, pelo negro, ojos verdes, alto... Creo que era el bajista. Lo único que sé es que es guapísimo y que lleva una camiseta de The Ramones mientras que yo llevo una de One Direction.
Al borde de la explosión cerebral por el jaleo, llegamos vivos al edificio; se bajaron todos temblando, se les notaba que no podían ni mantenerse en pie. Entré la primera con la maqueta en la mano, seguida por Jeyden y el resto de la banda, la gente que trabajaba allí murmuraban cosas por lo bajo, debido a que se pusieron a hablar español a grito limpio en medio del pasillo.
Ante nosotros se nos plantó una inmensa puerta, y entré sin llamar ante la espectante mirada de todos. Bah, me da igual, ya me conocen aquí.
-Muy buenos días.
-¡Tío Charles! ¡Tía Courtney!- Dijo Jeyden entrando en la sala feliz de la vida. Se fundieron en un tierno abrazo familiar, un poco cursi para mi gusto. Emití un sonido seco, haciendo ver que estábamos todos aquí y que nos ignoraban por completo.
*Narra Águeda*
Tras un reencuentro familiar de lo más empalagoso, aquel matrimonio de mediana edad nos hizo un recorrido por el edificio, nos enseñó todas las salas, las fotos de todos los artistas que habían pasado por allí... Nos entretuvimos allí dentro casi dos horas, pero era como nuestra casa, nos sentíamos cómodos con solo estar entre aquellas paredes insonorizadas y diversos instrumentos. Por el contrario, Samuel se mostraba frío, distante y una mirada de rencor y odio se posó en cada uno de nosotros, como un cuervo buscando comida ya en brazos de la noche.
Tuve varias conversaciones con Nicky y no congeniamos: ella es bailarina y tiene 19 años, yo soy guitarrista y tengo 17; a ella le gusta One Direction y todo lo relacionado con la música Pop y a mí me gusta AC/DC y todo lo relacionado con el punk o el rock. Yo visto de pantalones negros o mini-faldas y chupas de cuero y ella se pasea por ahí con shorts, medias y blusas estilo lady. Lo único en lo que coincidimos es en que nos gustan los gorros de lana.
El reloj marcaba casi la hora de comer, así que Jeyden les dio la maqueta a sus tíos y éstos prometieron que la escucharían y nuestro grupo se separó: Aaron se fue con Nicky a ver Londres; Miguel, Jeyden y James se fueron todos juntos al museo británico y yo me quedé con Samuel porque no tiene ni idea de inglés.
-¿A dónde podemos ir?
-Esta ciudad es inmensa, ¿te parece Candemtown y comemos algo?
-Me parece bien.- Asintió y tomamos un taxi para ir a este lugar.
Mañana del 29 de Enero
*Narra Águeda*
Apenas había podido dormir a causa de los nervios, y el tiempo aquel día acompañaba mi estado de ánimo: gris.
Me desperté a las 6 de la mañana, tomé una ducha caliente, revisé por última vez la maleta y bajé a desayunar.
-¿Nerviosa? -Me preguntó mi padre. Le lancé una mirada asesina y agarré una tostada.- En serio, no te preocupes todo saldrá bien.
-Ashiash.
-¡No hables con la boca llena!
-Que sí, no te preocupes por mí, voy con cinco tíos fuertes y y que están como cabras, todo irá sobre ruedas.- Mi padre me miró con cara de enfado y reí exageradamente.
-Venga coge las maletas que te llevo al aeropuerto.
El trayecto a Barajas fue demasiado corto, pensaba mucho en hoy, las manos me temblaban y apenas podía recolocarme las gafas de sol sin hacerme un arañazo en la nariz.
Me bajé del coche, casi sin poder incorporarme, y en un intento por no caerme redonda al suelo, divisé a Miguel. Fui corriendo hacia él y le salté encima en plan película de drama, a lo que respondió cogiéndome en brazos y dando vueltas sobre sí mismo:
-¿Sabes que nos está mirando todo el mundo?- Dijo devolviéndome a tierra firme.
-Sí, tampoco es algo que me quite el sueño.- Aún abrazados apareció Aaron y dijo:
-Miguel, ¿se lo cuentas tú a Elia o se lo cuento yo?- El rubio hizo ademán de esconderse detrás de mí.
-No, que yo la quiero mucho...- Dijo casi en un susurro.
*Narra Samuel*
Llegué al aeropuerto pero para mi fortuna ya estaban todos, así que Jeyden podría controlar un poco a Aaron. Me acerqué al grupo y todos me miraron extrañados y con cierto ápice de desprecio pero me importaba poco.
-¿Se puede saber qué haces aquí?- Intentó mantener el tono cierto moreno de ojos verdes. Entonces le lancé una mirada de advertencia a Jeyden, el cual se lo llevó a un rincón.
*Narra Jeyden*
Estaba asustado por Samuel, no sabía lo que era capaz de hacer.
Me llevé a Aaron a un rincón para intentar explicarle un poco mi situación:
-A ver, él está aquí porque yo le conseguí el billete.
-¿Tú eres tonto?
-No, espera, me amenazó, dijo que si no lo hacía me quedaba sin dedos.- Abrió los ojos incrédulo.- Y dijo que si no te mantenías tranquilo con él...
-De acuerdo, te entiendo. Lo ignoraré.
-Gracias.
*Narra James*
Me resultó muy extraño ver a ese chico aquí, no recordaba su nombre pero había mucha tensión en el ambiente y todos lo miraban con cierto desprecio. Me limité a encogerme de hombros y a advertir que llegábamos tarde al vuelo. Pasamos todos lo controles habidos y por haber y nos subimos al avión, Águeda se sentó con aquel extraño chico (creo que se llamaba Samuel), Jeyden con Aaron y yo me puse con Miguel.
Tras una hora y media de aburrimiento pisamos suelo británico y... nevaba.
-¡Dios que frío!- Normal, ¿a quién se le ocurre venir con cazadora y camiseta? A mí.
-¡¡¡QUÉ BONITO!!!
-¡ÁGUEDA NO GRITES!
-Miguel déjame. Estoy emocionada.
-Tonterías a parte, ¿a dónde tenemos que ir?- Preguntó Aaron.
-Se supone que estarían esperándonos mis tíos, pero no los veo.
-A lo mejor tienen un cartelito que ponga ''RYOD''.- Dije haciendo una broma. Jeyden dio una vuelta sobre sí mismo inspeccionando el lugar, entonces, echó a correr con una gran sonrisa ante la confusión de todos.
-¡¡¡NICKY!!!- Se abalanzó sobre una chica, bajita y delgada, con el pelo a la altura de la nuca y ondulado, entre castaña y pelirroja, algunas pecas en la nariz, ojos grandes y azules y un aro plateado en la nariz.
*Narra Aaron*
Un efusivo Jeyden estrujó a una chica, muy guapa por cierto, nos acercamos todos y nos la presentó:
-Chicos, ella es Nicole Harrison. Es una amiga mía de la infancia.
-Por favor, llamádme Nicky.- Dijo ella con un lindo acento.
-Te los presento, ese rubio se llama Miguel, el de los rizos Samuel, la chica Águeda, el de la cresta James y este del pelo negro Aaron.
-Hola a todos, encantada. Jeyden, tus tíos me han mandado a recogeros. Todos a la furgoneta.
*Narra Nicky*
Se subieron todos a la furgoneta y puse rumbo a la discográfica, mascando chicle a toda pastilla y haciendo un esfuerzo para que ese grupo de hispano-hablantes no me dejara la cabeza como un bombo. Me había fijado en uno de ellos, pelo negro, ojos verdes, alto... Creo que era el bajista. Lo único que sé es que es guapísimo y que lleva una camiseta de The Ramones mientras que yo llevo una de One Direction.
Al borde de la explosión cerebral por el jaleo, llegamos vivos al edificio; se bajaron todos temblando, se les notaba que no podían ni mantenerse en pie. Entré la primera con la maqueta en la mano, seguida por Jeyden y el resto de la banda, la gente que trabajaba allí murmuraban cosas por lo bajo, debido a que se pusieron a hablar español a grito limpio en medio del pasillo.
Ante nosotros se nos plantó una inmensa puerta, y entré sin llamar ante la espectante mirada de todos. Bah, me da igual, ya me conocen aquí.
-Muy buenos días.
-¡Tío Charles! ¡Tía Courtney!- Dijo Jeyden entrando en la sala feliz de la vida. Se fundieron en un tierno abrazo familiar, un poco cursi para mi gusto. Emití un sonido seco, haciendo ver que estábamos todos aquí y que nos ignoraban por completo.
*Narra Águeda*
Tras un reencuentro familiar de lo más empalagoso, aquel matrimonio de mediana edad nos hizo un recorrido por el edificio, nos enseñó todas las salas, las fotos de todos los artistas que habían pasado por allí... Nos entretuvimos allí dentro casi dos horas, pero era como nuestra casa, nos sentíamos cómodos con solo estar entre aquellas paredes insonorizadas y diversos instrumentos. Por el contrario, Samuel se mostraba frío, distante y una mirada de rencor y odio se posó en cada uno de nosotros, como un cuervo buscando comida ya en brazos de la noche.
Tuve varias conversaciones con Nicky y no congeniamos: ella es bailarina y tiene 19 años, yo soy guitarrista y tengo 17; a ella le gusta One Direction y todo lo relacionado con la música Pop y a mí me gusta AC/DC y todo lo relacionado con el punk o el rock. Yo visto de pantalones negros o mini-faldas y chupas de cuero y ella se pasea por ahí con shorts, medias y blusas estilo lady. Lo único en lo que coincidimos es en que nos gustan los gorros de lana.
El reloj marcaba casi la hora de comer, así que Jeyden les dio la maqueta a sus tíos y éstos prometieron que la escucharían y nuestro grupo se separó: Aaron se fue con Nicky a ver Londres; Miguel, Jeyden y James se fueron todos juntos al museo británico y yo me quedé con Samuel porque no tiene ni idea de inglés.
-¿A dónde podemos ir?
-Esta ciudad es inmensa, ¿te parece Candemtown y comemos algo?
-Me parece bien.- Asintió y tomamos un taxi para ir a este lugar.
sábado, 29 de junio de 2013
CAPÍTULO 18
28 de Enero
Hoy volvió a amanecer lluvioso, un frío glacial recorría las calles pero para la suerte de muchas chicas con uniforme con falda, no hacía viento. Me eché la mochila al hombro y bajé a desayunar, mi padre andaba peleándose con el microondas:
-Papá, ¿se puede saber qué te ha hecho a ti el pobre microondas?
-¡Se ha roto! Esto no funciona.
-A ver déjame a mí.- Me acerqué y tras un rápido vistazo comprobé que estaba desenchufado.- ¿En serio papá?- Dije levantando el enchufe con un tono irónico.
-Águeda, soy empresario, no electricista.
-Pero... es un poco... patético.
-Niña que te dejo sin salir. Por cierto, el lunes te quedaste castigada por liarla en clase de lengua. Estás sin ordenador dos semanas que lo sepas.
-Agg... No fue culpa mía.
-Me da igual de quién fuera la culpa, lo que no voy a consentir es que no hagas nada en clase, ese instituto es caro.
-Me voy que llego tarde, muy ricas las tostadas.- No le rebatí nada porque era imposible llevarle la contraria a una persona que tiene razón.
-Que te vaya bien.- Me dedicó una sonrisa y salí por la puerta.
Tuve que ir andando hasta el colegio con un paraguas enano y, por supuesto, me puse los zapatos perdidos. Entré en la gran cárcel de hormigón a la que llamamos instituto y hoy llegué muy temprano (últimamente se me estaba haciendo una costumbre lo de llegar antes de la hora). Entré en clase y vi a Samuel sentado en la mesa del profesor sumido en sus pensamientos, tanto que ni siquiera advirtió mi llegada. Pasé a su lado para ir a mi pupitre y repentinamente se bajó de la mesa y me cogió del brazo:
-¡Águeda! Buenos días.
-¿Qué quieres?- Dije un poco borde.
-A ver, el sábado me dijiste que fuera contigo a Londres, ¿no? Pues hablé con Jeyden y ya tengo el billete.- Abrí los ojos de par en par, ya no lo recordaba y a saber lo que le habrá dicho a Jeyden, teniendo en cuenta que no se pueden ni ver.
-¿Cómo que vas a Londres?
-Ya veo, no te acordabas. Yo creía que ya éramos amigos.- Puso tal cara de perrito degollado que cualquier juez lo hubiera absuelto de los cargos.
-No es por eso. Sabes perfectamente que se va a liar pero bien cuando estés en el aeropuerto.- Sonrió maliciosamente ante mi comentario y se dispuso a salir del aula pero, casi a la altura de la puerta, se volvió y añadió:
-De eso también me he encargado.- Aquello me dejó un poco descolocada, ¿cómo que ya se había encargado? Seguidamente entró Elia en clase y estuvimos charlando sobre mañana hasta que nuestro querido profesor de ciencias sociales entró en clase, entonces todos tomamos nuestros asientos y nos dispusimos al aburrimiento extremo.
Miraba distraída por la ventana pero entre ella y yo había en medio un bajista de grandes ojos verdes. Sonreí como una auténtica idiota, sin razón aparente. Mi mente me decía que estaba cometiendo un gran error, pero la ignoraba, no quería escuchar nada, nada que no fuera lo que yo quería oír. Estaba siendo una auténtica egoísta, tan sumida en mis propios sentimientos y prioridades que era incapaz de ver el bienestar del grupo. Todos esos malditos pensamientos y reflexiones culpables sacudieron mi mente, todo solo al ver a uno de mis mejores amigos.
El instituto se hizo más corto de lo normal, andaba por los pasillos para dirigirme a la salida cuando, absorta en mis pensamientos, tropecé con algo o alguien:
-¡Águeda cuidado, que me tiras!
-Perdona Miguel, no miraba.
-Da igual, ¿qué te pasa? Estás pálida.
-Nada. supongo que nervios por lo de mañana.
-Jajajaja... te irá bien descansar. Yo también estoy alterado. Anda que te acompaño a casa.
-Gracias.- Me dio un abrazo y caminamos durante diez minutos hasta llegar a casa, allí me despedí de él y entré corriendo a hacer la maleta para mañana.
Debatiéndome entre dos pantalones me sonó el teléfono, contesté y una voz amiga respondió al otro lado:
-¡¡¡ÁGUEDA!!!
-Ainhoa, ¿se puede saber porque me gritas?
-Tengo una cosa que contarte, y como es una cosa de chicas y tú eres mi amiga, te aguantas y me escuchas. Y si no, no haberme saludado cuando nos conocimos.- Reí ante aquella afirmación, me había hecho muy amiga de esta morena en poco tiempo.
-A ver, cuenta.- Comenzó a contarme que el martes pasado quedó con Jeyden y blablabla y que vieron una peli blablabla y que... ¿¡QUÉ ESTUVIERON A PUNTO DE HACERLO!?- Pero Ainhoa, ten cabeza mujer.
-Sí, ya lo sé. Pero no pasó nada al final, mi madre vino antes de lo previsto.
-Ahí va la pregunta obvia: ¿estáis juntos ahora?
-¡Por supuesto! Yo no soy como otras chicas que solo tontean con unos y con otros. A mí si me gusta alguien de verdad me quedo con él.
-Qué poético.
-Ya. ¿Qué haces ahora?
-La maleta para Londres.
-Me encantaría ir, bueno te dejo que tengo que estudiar. Pásatelo genial y cuidado que eres muy guapa y hay mucho mosca suelto.
-Jajaja... No tienes remedio. Adiós y gracias.- Colgué y seguí con mi guerra de ropa.
La noche llegó pronto y yo apenas podía dormir, estaba histérica. Por un lado lo importante que era la prueba de la discográfica, teníamos que gustarles como banda o todo se acabaría y por otro lado Samuel. ¿Por qué me meto en estos líos yo sola? Joder, si es que soy tonta.
Hoy volvió a amanecer lluvioso, un frío glacial recorría las calles pero para la suerte de muchas chicas con uniforme con falda, no hacía viento. Me eché la mochila al hombro y bajé a desayunar, mi padre andaba peleándose con el microondas:
-Papá, ¿se puede saber qué te ha hecho a ti el pobre microondas?
-¡Se ha roto! Esto no funciona.
-A ver déjame a mí.- Me acerqué y tras un rápido vistazo comprobé que estaba desenchufado.- ¿En serio papá?- Dije levantando el enchufe con un tono irónico.
-Águeda, soy empresario, no electricista.
-Pero... es un poco... patético.
-Niña que te dejo sin salir. Por cierto, el lunes te quedaste castigada por liarla en clase de lengua. Estás sin ordenador dos semanas que lo sepas.
-Agg... No fue culpa mía.
-Me da igual de quién fuera la culpa, lo que no voy a consentir es que no hagas nada en clase, ese instituto es caro.
-Me voy que llego tarde, muy ricas las tostadas.- No le rebatí nada porque era imposible llevarle la contraria a una persona que tiene razón.
-Que te vaya bien.- Me dedicó una sonrisa y salí por la puerta.
Tuve que ir andando hasta el colegio con un paraguas enano y, por supuesto, me puse los zapatos perdidos. Entré en la gran cárcel de hormigón a la que llamamos instituto y hoy llegué muy temprano (últimamente se me estaba haciendo una costumbre lo de llegar antes de la hora). Entré en clase y vi a Samuel sentado en la mesa del profesor sumido en sus pensamientos, tanto que ni siquiera advirtió mi llegada. Pasé a su lado para ir a mi pupitre y repentinamente se bajó de la mesa y me cogió del brazo:
-¡Águeda! Buenos días.
-¿Qué quieres?- Dije un poco borde.
-A ver, el sábado me dijiste que fuera contigo a Londres, ¿no? Pues hablé con Jeyden y ya tengo el billete.- Abrí los ojos de par en par, ya no lo recordaba y a saber lo que le habrá dicho a Jeyden, teniendo en cuenta que no se pueden ni ver.
-¿Cómo que vas a Londres?
-Ya veo, no te acordabas. Yo creía que ya éramos amigos.- Puso tal cara de perrito degollado que cualquier juez lo hubiera absuelto de los cargos.
-No es por eso. Sabes perfectamente que se va a liar pero bien cuando estés en el aeropuerto.- Sonrió maliciosamente ante mi comentario y se dispuso a salir del aula pero, casi a la altura de la puerta, se volvió y añadió:
-De eso también me he encargado.- Aquello me dejó un poco descolocada, ¿cómo que ya se había encargado? Seguidamente entró Elia en clase y estuvimos charlando sobre mañana hasta que nuestro querido profesor de ciencias sociales entró en clase, entonces todos tomamos nuestros asientos y nos dispusimos al aburrimiento extremo.
Miraba distraída por la ventana pero entre ella y yo había en medio un bajista de grandes ojos verdes. Sonreí como una auténtica idiota, sin razón aparente. Mi mente me decía que estaba cometiendo un gran error, pero la ignoraba, no quería escuchar nada, nada que no fuera lo que yo quería oír. Estaba siendo una auténtica egoísta, tan sumida en mis propios sentimientos y prioridades que era incapaz de ver el bienestar del grupo. Todos esos malditos pensamientos y reflexiones culpables sacudieron mi mente, todo solo al ver a uno de mis mejores amigos.
El instituto se hizo más corto de lo normal, andaba por los pasillos para dirigirme a la salida cuando, absorta en mis pensamientos, tropecé con algo o alguien:
-¡Águeda cuidado, que me tiras!
-Perdona Miguel, no miraba.
-Da igual, ¿qué te pasa? Estás pálida.
-Nada. supongo que nervios por lo de mañana.
-Jajajaja... te irá bien descansar. Yo también estoy alterado. Anda que te acompaño a casa.
-Gracias.- Me dio un abrazo y caminamos durante diez minutos hasta llegar a casa, allí me despedí de él y entré corriendo a hacer la maleta para mañana.
Debatiéndome entre dos pantalones me sonó el teléfono, contesté y una voz amiga respondió al otro lado:
-¡¡¡ÁGUEDA!!!
-Ainhoa, ¿se puede saber porque me gritas?
-Tengo una cosa que contarte, y como es una cosa de chicas y tú eres mi amiga, te aguantas y me escuchas. Y si no, no haberme saludado cuando nos conocimos.- Reí ante aquella afirmación, me había hecho muy amiga de esta morena en poco tiempo.
-A ver, cuenta.- Comenzó a contarme que el martes pasado quedó con Jeyden y blablabla y que vieron una peli blablabla y que... ¿¡QUÉ ESTUVIERON A PUNTO DE HACERLO!?- Pero Ainhoa, ten cabeza mujer.
-Sí, ya lo sé. Pero no pasó nada al final, mi madre vino antes de lo previsto.
-Ahí va la pregunta obvia: ¿estáis juntos ahora?
-¡Por supuesto! Yo no soy como otras chicas que solo tontean con unos y con otros. A mí si me gusta alguien de verdad me quedo con él.
-Qué poético.
-Ya. ¿Qué haces ahora?
-La maleta para Londres.
-Me encantaría ir, bueno te dejo que tengo que estudiar. Pásatelo genial y cuidado que eres muy guapa y hay mucho mosca suelto.
-Jajaja... No tienes remedio. Adiós y gracias.- Colgué y seguí con mi guerra de ropa.
La noche llegó pronto y yo apenas podía dormir, estaba histérica. Por un lado lo importante que era la prueba de la discográfica, teníamos que gustarles como banda o todo se acabaría y por otro lado Samuel. ¿Por qué me meto en estos líos yo sola? Joder, si es que soy tonta.
sábado, 8 de junio de 2013
CAPÍTULO 17
27 de Enero
*Narra Samuel*
Miércoles, dos días para ir a Londres y todavía no he conseguido el billete de avión. Apenas tenía opciones para conseguirlo a tiempo, pero me niego en rotundo dejarlos ir solos: primero porque yo formaba parte de esa banda y segundo porque no voy a dejar a Águeda sola en Londres con Aaron. Después del odioso instituto (donde me fumé uno o dos porros, no me acuerdo) llegué a casa y comí un resto que me quedaba en la nevera; cogí el teléfono y llamé a Jeyden:
-¿Hola?- Su voz profunda descoló el teléfono algo despistada.
-¿Jeyden? Supongo que me reconoces por la voz, pero no me cuelgues.
-¿Qué demonios quieres?
-Te propongo un trato, pero por teléfono no, ven al parque que hay cerca del bar ''September''.
-No me fío.
-Anda hombre, no te mentiría, aún así creo que esto te interesa.
-Está bien, ¿cuándo?
-A las seis.
-Allí te veo, y nada de trucos.
-Tranquilo.- Respondí en una risa.
Solo podía pensar en Inglaterra, iban a pasar tantas cosas... Pero lo que temo es cuando llegue al aeropuerto y me vea cierto moreno de ojos verdes, si no me mata allí mismo, lo hace al llegar a la isla. Bah, me da exactamente igual, solo me importa el cuerpazo de la rubia. A ver, seamos sinceros, a mí Águeda me cae regular, solo me gusta su cuerpo y la cara de viciosa que tiene.
Comprobé el reloj y tenía tiempo de sobra para practicar con la batería pero no tengo ganas, sin la banda no es lo mismo; últimamente no hacía más que ruido y se me llenaban los ojos de lágrimas hasta que me hartaba y arrojaba las baquetas al suelo. Pasé las horas restante muy solitariamente delante del pequeño televisor del salón, alcé la vista somnolencia y eran casi las seis; salí corriendo cogiendo poco más que las llaves y me dirigí al parque.
Allí lo encontré, con cara de desconfiado mirando al suelo esperándome, me miró y cambió su rostro por uno de enfado y confusión y se acercó casi corriendo a hacia a mí:
-Dime, ¿para qué querías hablar conmigo?
-Pues mira, espera, vamos a un sitio más tranquilo, debajo de aquella rampa del Skate Park.- No mostró mucha confianza pero accedió.
-¿Te vale ahora el lugar?
-Sí, lo que quería decirte es que me consiguieras un billete para ir a Inglaterra.
-¿¡SE PUEDE SABER QUÉ NARICES TE PASA!?
-Tranquilo, deja que te explique.- Me fui acercando a él hasta que un rápido movimiento le coloqué una pequeña navaja en el cuello. Jeyden, asustado, levantó el cuello y abrió los ojos como platos.- Y ahora, deja de hacer preguntas, sé bueno y consígueme el billete. Porque si no...
-Está bien, te lo conseguiré, pero por favor, baja la navaja.
-Así me gusta, y otra cosa más, mantén a Aaron tranquilo durante el viaje.
-Cobarde...
-Jajaja... Eres muy gracioso. Por supuesto de esto nada a nadie.
-No sabes cuanto te odio cobarde.- Se fue hacia a mí con el puño levantado con la firme intención de pegarme, saqué la navaja y en un sucio movimiento le hice un corte en el brazo, nada demasiado grava, apenas sangraba. Se apretó el brazo dolorido mirándome asustado y a la vez decepcionado conmigo; me di media vuelta y fui de nuevo a casa. Todo solucionado, me voy a Inglaterra y espero por el bien de Jeyden, que no abra la boca, porque sino se quedará con una bonita cicatriz en la cara y con un dedo menos.
*Narra Samuel*
Miércoles, dos días para ir a Londres y todavía no he conseguido el billete de avión. Apenas tenía opciones para conseguirlo a tiempo, pero me niego en rotundo dejarlos ir solos: primero porque yo formaba parte de esa banda y segundo porque no voy a dejar a Águeda sola en Londres con Aaron. Después del odioso instituto (donde me fumé uno o dos porros, no me acuerdo) llegué a casa y comí un resto que me quedaba en la nevera; cogí el teléfono y llamé a Jeyden:
-¿Hola?- Su voz profunda descoló el teléfono algo despistada.
-¿Jeyden? Supongo que me reconoces por la voz, pero no me cuelgues.
-¿Qué demonios quieres?
-Te propongo un trato, pero por teléfono no, ven al parque que hay cerca del bar ''September''.
-No me fío.
-Anda hombre, no te mentiría, aún así creo que esto te interesa.
-Está bien, ¿cuándo?
-A las seis.
-Allí te veo, y nada de trucos.
-Tranquilo.- Respondí en una risa.
Solo podía pensar en Inglaterra, iban a pasar tantas cosas... Pero lo que temo es cuando llegue al aeropuerto y me vea cierto moreno de ojos verdes, si no me mata allí mismo, lo hace al llegar a la isla. Bah, me da exactamente igual, solo me importa el cuerpazo de la rubia. A ver, seamos sinceros, a mí Águeda me cae regular, solo me gusta su cuerpo y la cara de viciosa que tiene.
Comprobé el reloj y tenía tiempo de sobra para practicar con la batería pero no tengo ganas, sin la banda no es lo mismo; últimamente no hacía más que ruido y se me llenaban los ojos de lágrimas hasta que me hartaba y arrojaba las baquetas al suelo. Pasé las horas restante muy solitariamente delante del pequeño televisor del salón, alcé la vista somnolencia y eran casi las seis; salí corriendo cogiendo poco más que las llaves y me dirigí al parque.
Allí lo encontré, con cara de desconfiado mirando al suelo esperándome, me miró y cambió su rostro por uno de enfado y confusión y se acercó casi corriendo a hacia a mí:
-Dime, ¿para qué querías hablar conmigo?
-Pues mira, espera, vamos a un sitio más tranquilo, debajo de aquella rampa del Skate Park.- No mostró mucha confianza pero accedió.
-¿Te vale ahora el lugar?
-Sí, lo que quería decirte es que me consiguieras un billete para ir a Inglaterra.
-¿¡SE PUEDE SABER QUÉ NARICES TE PASA!?
-Tranquilo, deja que te explique.- Me fui acercando a él hasta que un rápido movimiento le coloqué una pequeña navaja en el cuello. Jeyden, asustado, levantó el cuello y abrió los ojos como platos.- Y ahora, deja de hacer preguntas, sé bueno y consígueme el billete. Porque si no...
-Está bien, te lo conseguiré, pero por favor, baja la navaja.
-Así me gusta, y otra cosa más, mantén a Aaron tranquilo durante el viaje.
-Cobarde...
-Jajaja... Eres muy gracioso. Por supuesto de esto nada a nadie.
-No sabes cuanto te odio cobarde.- Se fue hacia a mí con el puño levantado con la firme intención de pegarme, saqué la navaja y en un sucio movimiento le hice un corte en el brazo, nada demasiado grava, apenas sangraba. Se apretó el brazo dolorido mirándome asustado y a la vez decepcionado conmigo; me di media vuelta y fui de nuevo a casa. Todo solucionado, me voy a Inglaterra y espero por el bien de Jeyden, que no abra la boca, porque sino se quedará con una bonita cicatriz en la cara y con un dedo menos.
domingo, 2 de junio de 2013
CAPÍTULO 16
26 de Enero
-A ver... maquillaje...- Sí, adoro el maquillaje es uno de mis vicios, pero no voy pintada como una puerta vieja al instituto.
Bajé a desayunar y mi padre ya se había ido a trabajar, mi madre preparaba cereales.
-¡Buenos días Nhoa!
-Buenas mamá.- Le medio ladré.
-¿Y ese tono? ¿Te pasa algo?
-Lo de siempre, por lo menos solo me queda segundo de bachillerato, y bueno, lo que queda de primero.
-Aguanta corazón, y por la tonta de Ariadna no te preocupes.- Me regaló una sonrisa tranquilizadora y un guiño antes de lanzar la flecha envenenada- Por cierto, ¿hoy no iba a venir un tal Jeyden a casa?
-Em... Sí, ya sabes, para ver una peli y tal.
-Ya veo.- Dijo entre risas, a ver, al inteligente del rubio se le ocurrió la feliz de idea de quedar hoy porque había alquilado Rec (de zombies) y no la quería ver solo.
-Bueno, adiós mamá.
-Adiós Nhoa.
Llegué al instituto y como siempre Ariadna estaba en la puerta, muy mal maquillada, con su largo pelo azabache recogido en un moño y unos pantalones vaqueros más apretados que un embutido, sin olvidar su muy escotada camiseta color neón. Pasé por delante suya y cambió su cara de indiferencia por una sonrisa malévola bastante ridícula:
-¡¡¡AINHOA!!! ¿No tienes frío con esa camisa tan fea? Estamos en invierno, por si no lo sabes.- Su tono irónico era tan evidente y ensayado que parecía de chiste.
-Buenos días Ariadna, y por cierto, ¿no tienes frío tú con ese escote? Cariño, a mí no me hace falta enseñar nada para llamar la atención. A diferencia de tí.
-Mira enana se acabó la broma. ¿Tú que eres muy chula?
-No, pedazo de choni.
-Como te coja en la calle te enteras.
-Sí claro.- Dicho eso di por finalizada la discusión y entré en clase. Me senté en mi pupitre y nada más verme Fran, se dirigió hacia a mí para hacerme la pelota. Fran era el marginado de la clase, yo era simpática con él porque no es mala persona, lo que pasa es que es feo. Muy feo. Tras un peloteo mañanero, comenzaron las aburridas clases: matemáticas, física, biología... No soy muy de ciencias.
Por fin mi libertad se hizo oficial al sonar la campana que daba por finalizada la jornada, y me fui eufórica a casa, pensando en que luego había quedado con Jeyden. Al llegar a casa apenas comí, me duché en un tiempo récord y en menos de una hora estaba lista para un cita o lo que fuese; vestida con un short corto, medias negras transparentes, unas bailarinas negras, una blusa celeste y mis gafas a juego. Me senté en el sofá a esperar a mi amigo rubito y me di cuenta de que solo eran las cuatro y media de la tarde y no llegaba hasta las seis. Pues en vez de sentarme a ver la tele, aproveché el tiempo e hice los deberes del instituto; cuando los finalicé, llamaron al timbre y con el corazón en la garganta descolgué el telefonillo:
-¡Hola! ¿Está Ainhoa?
-Jaja, te abro.- me dirigí al gran portón que daba al salón y vi (casi con la baba en la barbilla) cómo subía las escaleras de una forma muy... Vale, esto ya es obsesión. Abrí la puerta y ahí estaba Jeyden: Con un jersey casual de rayas azules muy finas, unos vaqueros negros algo desgastados y unas botas militares.
-¡Mira! Traigo palomitas y golosinas variadas.
-Tú ni hola ni nada.
-Jajaja... Perdona. Hola señorita Benamor, ¿qué tal su tarde?
-No seas tonto.- Dije con una sonrisa- Anda entra.
-¿Lista para ver zombies y sangre y vísceras y...?
-¡Calla! ¡Qué asco!
-Tendría que haber llamado a Aaron o a Águeda, les van más estas pelis.
-Hablando de los tontos esos, ¿tú crees que acabarán juntos?
-Yo creo que ya están juntos, pero en secreto. Corre que empieza.- Se sentó a mi lado cogiendo un puñado de palomitas mientras yo mirada la peli asqueada; lo peor era que en las escenas de miedos yo intentaba agarrarme y él decía: ''Es muy falso, mira ese, ¡no parece ni un zombie!''. Terminó la dichosa proyección y yo estaba más pálida que la pared, por el contrario Jeyden comentaba entusiasta las escenas más sangrientas.
-¿De verdad que no te ha gustado?
-No, me ha dado un poco de asco.
-Jajaja... ¡Pobrecita!- Acto seguido pasó su brazo por encima de mis hombros y me estrujó (no me abrazó, me estrujó) contra su pecho. Al despegarnos él se reía y yo había cambiado mi cara pálida por una totalmente colorada.
El resto de la tarde nos la pasamos hablando de temas diversos, haciéndonos bromas hasta que a mí se me ocurrió la inocente (sí, no tenía malas intenciones) de echarnos fotos; empezamos haciendo el tonto, luego posamos bien y en una salía dándole un beso en la mejilla, la cual no se quedó sin comentar:
-Sales muy bien en esta.- dijo un poco acalorado.- Esto, Ainhoa.
-¿Sí?- Dije algo confusa.
-Verás, hoy quería quedar contigo porque hace tiempo que no te veo.
-Ajá.
-Y hay una cosa que me gustaría decirte, mejor dicho, desde que te conocí, he querido decirte algo.- Se acercó a mí, notaba su respiración sobre mis labios.- Te quie...- No lo dejé acabar, lo besé con mucha ternura, este chico me gustaba de verdad y no me creía que yo le gustara a él también.
Algo extraño pasó que de repente me vi sin la blusa y a él con el torso descubierto pero nos interrumpieron:
-¿Nhoa? Ya estoy en casa cielo.
-¡Mierda! ¡Vístete, rápido!
-Toma la blusa, oye, no estás nada mal.
-¡Serás cerdo!
-Mujer cálmate.
-Métete debajo de la cama, como mi madre nos vea me mata, cuando todo esté despejado te aviso y corres hacia la puerta, ¿vale?
-Vale vale, pero que no íbamos a hacer nada malo.
-Tampoco algo que le hiciera mucha gracia a mi madre.- Con Jeyden escondido debajo de la cama fui a la cocina y mi madre guardaba la compra, la saludé, cerré la puerta de la cocina y le di la señal al rubio; el cual corrió hacia la puerta como un tigre buscando salir de la jaula:
-Tenemos que hablar.
-Sí pero ahora es mal momento.- Lo besé y salió por la puerta, instantes después mi madre entró en el salón. Hice como la que recogía las cosas de la mesa y me encerré en mi habitación; pensando en él, en lo que estuvo a punto de ocurrir y en la poca cabeza que tengo porque no teníamos protección.
*Narra Ainhoa*
Hoy no tenía ganas de levantarme, cada día se me hacía más duro ir al instituto; me he hecho muy amiga de la banda que está en otro distinto y en el mío no me tratan demasiado bien. Recogí mi liso cabello en una trenza, me vestí con una camiseta negra de tirantes, una camisa abierta de cuadros, unos vaqueros desgastados y las Vans negras.-A ver... maquillaje...- Sí, adoro el maquillaje es uno de mis vicios, pero no voy pintada como una puerta vieja al instituto.
Bajé a desayunar y mi padre ya se había ido a trabajar, mi madre preparaba cereales.
-¡Buenos días Nhoa!
-Buenas mamá.- Le medio ladré.
-¿Y ese tono? ¿Te pasa algo?
-Lo de siempre, por lo menos solo me queda segundo de bachillerato, y bueno, lo que queda de primero.
-Aguanta corazón, y por la tonta de Ariadna no te preocupes.- Me regaló una sonrisa tranquilizadora y un guiño antes de lanzar la flecha envenenada- Por cierto, ¿hoy no iba a venir un tal Jeyden a casa?
-Em... Sí, ya sabes, para ver una peli y tal.
-Ya veo.- Dijo entre risas, a ver, al inteligente del rubio se le ocurrió la feliz de idea de quedar hoy porque había alquilado Rec (de zombies) y no la quería ver solo.
-Bueno, adiós mamá.
-Adiós Nhoa.
Llegué al instituto y como siempre Ariadna estaba en la puerta, muy mal maquillada, con su largo pelo azabache recogido en un moño y unos pantalones vaqueros más apretados que un embutido, sin olvidar su muy escotada camiseta color neón. Pasé por delante suya y cambió su cara de indiferencia por una sonrisa malévola bastante ridícula:
-¡¡¡AINHOA!!! ¿No tienes frío con esa camisa tan fea? Estamos en invierno, por si no lo sabes.- Su tono irónico era tan evidente y ensayado que parecía de chiste.
-Buenos días Ariadna, y por cierto, ¿no tienes frío tú con ese escote? Cariño, a mí no me hace falta enseñar nada para llamar la atención. A diferencia de tí.
-Mira enana se acabó la broma. ¿Tú que eres muy chula?
-No, pedazo de choni.
-Como te coja en la calle te enteras.
-Sí claro.- Dicho eso di por finalizada la discusión y entré en clase. Me senté en mi pupitre y nada más verme Fran, se dirigió hacia a mí para hacerme la pelota. Fran era el marginado de la clase, yo era simpática con él porque no es mala persona, lo que pasa es que es feo. Muy feo. Tras un peloteo mañanero, comenzaron las aburridas clases: matemáticas, física, biología... No soy muy de ciencias.
Por fin mi libertad se hizo oficial al sonar la campana que daba por finalizada la jornada, y me fui eufórica a casa, pensando en que luego había quedado con Jeyden. Al llegar a casa apenas comí, me duché en un tiempo récord y en menos de una hora estaba lista para un cita o lo que fuese; vestida con un short corto, medias negras transparentes, unas bailarinas negras, una blusa celeste y mis gafas a juego. Me senté en el sofá a esperar a mi amigo rubito y me di cuenta de que solo eran las cuatro y media de la tarde y no llegaba hasta las seis. Pues en vez de sentarme a ver la tele, aproveché el tiempo e hice los deberes del instituto; cuando los finalicé, llamaron al timbre y con el corazón en la garganta descolgué el telefonillo:
-¡Hola! ¿Está Ainhoa?
-Jaja, te abro.- me dirigí al gran portón que daba al salón y vi (casi con la baba en la barbilla) cómo subía las escaleras de una forma muy... Vale, esto ya es obsesión. Abrí la puerta y ahí estaba Jeyden: Con un jersey casual de rayas azules muy finas, unos vaqueros negros algo desgastados y unas botas militares.
-¡Mira! Traigo palomitas y golosinas variadas.
-Tú ni hola ni nada.
-Jajaja... Perdona. Hola señorita Benamor, ¿qué tal su tarde?
-No seas tonto.- Dije con una sonrisa- Anda entra.
-¿Lista para ver zombies y sangre y vísceras y...?
-¡Calla! ¡Qué asco!
-Tendría que haber llamado a Aaron o a Águeda, les van más estas pelis.
-Hablando de los tontos esos, ¿tú crees que acabarán juntos?
-Yo creo que ya están juntos, pero en secreto. Corre que empieza.- Se sentó a mi lado cogiendo un puñado de palomitas mientras yo mirada la peli asqueada; lo peor era que en las escenas de miedos yo intentaba agarrarme y él decía: ''Es muy falso, mira ese, ¡no parece ni un zombie!''. Terminó la dichosa proyección y yo estaba más pálida que la pared, por el contrario Jeyden comentaba entusiasta las escenas más sangrientas.
-¿De verdad que no te ha gustado?
-No, me ha dado un poco de asco.
-Jajaja... ¡Pobrecita!- Acto seguido pasó su brazo por encima de mis hombros y me estrujó (no me abrazó, me estrujó) contra su pecho. Al despegarnos él se reía y yo había cambiado mi cara pálida por una totalmente colorada.
El resto de la tarde nos la pasamos hablando de temas diversos, haciéndonos bromas hasta que a mí se me ocurrió la inocente (sí, no tenía malas intenciones) de echarnos fotos; empezamos haciendo el tonto, luego posamos bien y en una salía dándole un beso en la mejilla, la cual no se quedó sin comentar:
-Sales muy bien en esta.- dijo un poco acalorado.- Esto, Ainhoa.
-¿Sí?- Dije algo confusa.
-Verás, hoy quería quedar contigo porque hace tiempo que no te veo.
-Ajá.
-Y hay una cosa que me gustaría decirte, mejor dicho, desde que te conocí, he querido decirte algo.- Se acercó a mí, notaba su respiración sobre mis labios.- Te quie...- No lo dejé acabar, lo besé con mucha ternura, este chico me gustaba de verdad y no me creía que yo le gustara a él también.
Algo extraño pasó que de repente me vi sin la blusa y a él con el torso descubierto pero nos interrumpieron:
-¿Nhoa? Ya estoy en casa cielo.
-¡Mierda! ¡Vístete, rápido!
-Toma la blusa, oye, no estás nada mal.
-¡Serás cerdo!
-Mujer cálmate.
-Métete debajo de la cama, como mi madre nos vea me mata, cuando todo esté despejado te aviso y corres hacia la puerta, ¿vale?
-Vale vale, pero que no íbamos a hacer nada malo.
-Tampoco algo que le hiciera mucha gracia a mi madre.- Con Jeyden escondido debajo de la cama fui a la cocina y mi madre guardaba la compra, la saludé, cerré la puerta de la cocina y le di la señal al rubio; el cual corrió hacia la puerta como un tigre buscando salir de la jaula:
-Tenemos que hablar.
-Sí pero ahora es mal momento.- Lo besé y salió por la puerta, instantes después mi madre entró en el salón. Hice como la que recogía las cosas de la mesa y me encerré en mi habitación; pensando en él, en lo que estuvo a punto de ocurrir y en la poca cabeza que tengo porque no teníamos protección.
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