31 de Enero.
Domingo, último día de Enero. Con el pelo totalmente revuelto, la cara hinchada de dormir, la bata caída sobre un hombro y habiendo perdido un calcetín; bajé a desayunar con mi padre.
-Águeda, ¿te has peleado con alguien esta noche?- Preguntó él muy divertido.
-Buenos días a ti también.
-¿Tienes tarea del viernes?
-Supongo, llamaré a Elia.
-¿¡Quién!?
-Elia.
-La gente cada vez tiene nombres más raritos.- Ignoré por completo ese comentario y agarré una magdalena.
-Águeda.- Se dirigió hacia a mí con un gesto extraño.
-¿Sí?
-La maqueta de la discográfica, dices que la dejaron en preferentes. O sea, os enchufaron.
-Exacto.
-¿Crees sinceramente que os van a coger y que vais a ser unas estrellas? Porque yo lo dudo.
-¿¡Cómo!? ¿Acaso nos has escuchado tocar?
-A ti sí, y eres buena, pero hay millones de bandas por ahí y me da miedo de que hagáis algo que no debéis por la banda.- eso me hirvió la sangre, le di un golpe muy fuerte a la mesa con las manos y me levanté muy enfadada.
-Papá, entérate que R.Y.O.D. es mi vida.
-Tu vida es ser una mujer de provecho, los músicos llevan la palabra <<Hambre>> tatuada en la frente.
-Que tú no hayas cumplido tu sueño no significa que yo no pueda.
-¡Se acabó la discusión!- Levantó mucho la voz, me dejó patidifusa, jamás me habló así antes.
-Como tú quieras.- Subí a mi habitación, no quería pelearme con mi padre pero el problema es que ya lo he hecho. Me parece injusto que quiera que me apolille en esta ciudad, el tren pasa una vez y, o te subes a él, o te atropella.
Pasó la mañana de una forma tediosa, el ambiente en mi casa estaba muy cargado, así que decidí que sería mejor ir a casa de Elia. Ya lista para salir, con la mochila al hombro me despedí de mi padre.
-Hasta luego.- Dije apenas mirándolo a la cara.
-Pásalo bien.- Continió con mi mismo gesto pero con una sonrisa de disculpas.
Me dirigí al garaje y por fin estaba arreglada mi moto, por una vez no tendría que ir andando. Me colé en su casa pocos minutos después; llamé al timbre y me abrió un niño de unos 12 años, pelirrojo, de ojos marrones verdosos y pecas. Me quedé con la baba caída durante un momento, ¡era adorable!
-¿Quién eres?
-Águeda, ¿eres hermano de Elia?
-Sí, ¡ELIA ESTÁ AQUÍ TU AMIGA!- Al momento apareció ella con su singular melena rizada.
-Águeda, pasa. Oh, este es mi hermano Hugo.- Las dos pasamos a su casa y nos dirigimos a su habitación. Me hizo las preguntas obvias sobre el viaje y a ella sí que no le puedo ocultar nada, ya que su querido novio vio la escena. Si entretenerme demasiado le expliqué al detalle todo, absolutamente todo, sin omitir palabra alguna. Cuando terminé ella adoptó un gesto muy extraño.
-A ver.- Dijo mucho más seria de lo normal.- Te gusta Aaron.
-¿¡QUE QUÉ!?
-No me mientas, le conozco desde que tiene tres años y a ti de poco pero hay amor.
-Claro Elia, claro.- Dije muy sarcástica.
-Águeda, ¿por qué eres tan orgullosa?
-No soy orgullosa, solo que no me gusta.
-No mientas. Agg... Dame tu móvil.
-¿Para qué?
-Calla y dámelo.- Desconfiadamente le di el aparato, ella a la velocidad del rayo accedió a las conversaciones. Empecé a gritar y a tirarme encima de ella para recuperarlo pero se daba la vuelta y empezó a escribir y a decirlo en voz alta.-Oh Aaron, he sido una estúpida, te quiero con todo mi corazón. Enviar.
-Elia yo te mato.- Una sonrisa de satisfacción surcó su rostro y me devolvió el móvil. Me apresuré en escribir que Elia me quitó el móvil.- Voy a ignorar esto, que hay que estudiar.
-Bueno, yo ya estudié ayer...
-He dicho que hay que estudiar.- Dije de muy malas maneras mirándola con ojos de psicópata.
-Vale vale, no me muerdas.
Pasamos la tarde metidas entre ecuaciones, fórmulas químicas y análisis de oraciones. Ya casi a las nueve y media de la noche terminamos y todo y volví a casa. Afortunadamente ya no había tanta tensión entre mi padre y yo y pudimos ver una peli juntos, como cuando era pequeña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario