lunes, 15 de julio de 2013

CAPÍTULO 19 [2]

Noche del 29 de Enero

*Narra Samuel*
Ya de vuelta en el hotel acompañé a Águeda a su habitación:
-Oye Samuel, todo esto es un poco extraño.
-¿A qué te refieres?- Pregunté acercándome a ella y acorralándola contra la puerta.
-Me refiero a... todo.
-No acabo de entenderte.- Le susurré en tono sugerente.
-A ver, todos desconfían de tí y yo ya no sé qué pensar.
-Piensa lo que tú creas.- Le dije casi inaudiblemente al oído y en un ágil movimiento le arrebaté la tarjeta-llave, sin despegarla de mí entramos en la habitación. La tiré en la cama y me situé sobre ella colocando mis manos a ambos lados de su cabeza; Águeda me miraba aterrada.
Bastó un solo segundo de distracción por mi parte para que me propinara un bofetón en la mejilla derecha; sorprendido me llevé la mano a la zona afectada incorporándome lentamente. Ella se levantó de la cama con aire desafiante y me señaló la puerta; sonreí maliciosamente y salí de aquel cuarto sin camiseta.

*Narra Aaron*
Eran las ocho de la tarde y ya era de noche en Londres, me despedí de Nicky en la puerta del hotel y me encontraba cruzando el pasillo cuando casi choqué con Samuel, y me asustó de tal manera que lancé un jadeo ahogado.
-Anda mira, eso mismo ha dicho Águeda hace un rato.
-¿Qué quieres decir?- Pregunté confuso.
-Quiero decir que tus ''grititos'' de sorpresa suenan como las exclamaciones de placer de Águeda.- Abrí los ojos incrédulo ¿en serio? ¿era eso posible? Mi ira aumentaba por momentos hasta el punto de ser incontrolable y me abalancé sobre Samuel con el puño levantado dispuesto a darle la paliza de su vida. Rodamos los dos por el suelo mientras él gritaba ''Oh sí, dame más'' tratando de imitar la voz de mi amiga. De repente noté cómo alguien me cogía y me separaba de mi contrincante, era James poniendo orden en la situación, eché una ojeada detrás de mi y vi a Águeda llorando mientras un asustado Miguel trataba de calmarla. A su vez, Jeyden se encargó de Samuel, el cual yacía en el suelo con un ojo hinchado y la nariz rota. James me dejó en el suelo y condujo a Samuel hasta su habitación dedicándole unas palabras muy ''sutiles'':
-¿¡PERO TÚ ERES GILIPOLLAS O QUÉ!?- Sonreí como un tonto porque aunque en ese momento parecía que había sido culpa mía, mis amigos me conocían hasta tal punto de saber que yo no era capaz de hacer eso sin un motivo.

*Narra Águeda*
Miguel se aseguró por décima vez de que yo estaba bien y se fue a su habitación con el resto pero Aaron se quedó en el pasillo mirándome con tristeza:
-¿En serio... que lo has hecho?- Dijo titubeante.
-¿Hacer el qué?
-Venga ya, no seas hipócrita, sabes perfectamente a lo que me refiero.
-¿¡Qué te ha contado ese asqueroso!?
-Pues que te lo has pasado muy bien con él.- Lo miré con una mueca de incredulidad, me parecía muy rastrero por su parte que le hubiera contado esa mentira.
-¡No! ¡Pues claro que no! ¿En serio crees que te... que yo haría eso?- Me corregí. Agachó la mirada, no me creía y eso era mi culpa, le había hecho mucho daño y eso ya no lo podía remediar.
-De acuerdo, como tú digas.- Dijo en un susurro y con la mirada pedida volvió a su habitación y yo me limité a hacer lo mismo.
Me encerré en el baño, lavé mi rostro y miré mi reflejo en el espejo, vi a una chica perecida a mi, pero no la conocía de nada. Me sentía muy sucia, extraña; más decepcionada conmigo misma que triste, me tumbé en la cama boca arriba pero no me quedé dormida, me atormentaba la idea de mañana por la mañana.
Casi una hora después de lo sucedido alguien llamó a mi puerta, un escalofrío recorrió mi espalda y me negué en silencio a abrir pero una voz conocida resonó detrás de ella:
-Águeda, por favor, ábreme. Sé que no estás bien.- Abrí sin dudar y me lancé a sus brazos, enterrando mis manos en su negro cabello y rompiendo en llanto.
-Eh, no llores, no se merece esas lágrimas.
-No es por Samuel, es por mí que soy una estúpida.- Dije entre sollozos.
-Bueno, me gustaría entrar, en el pasillo hace frío.- Consiguió sacarme una sonrisa, me separé de él y cerré la puerta. Me senté en la cama y Aaron a mi lado, dispuesto a escucharme cual psicólogo.- Mira, no te voy a decir que Samuel tiene la culpa de todo, ni que tú has sido una tonta, ni nada de ese estilo; porque creo que es lo típico y esto no pasa todos los días.
-Tienes razón, pero no entiendo por qué lo creí. Al fin y al cabo quería... ya sabes.- Una lágrima rebelde rodó por mi mejilla, Aaron pasó su brazo por mi hombro y me abrazó.
-Él tiene cara de niño y puede ser muy combincente cuando quiere.
-Aaron, cuando supiste que empezó con los porros, ¿por qué te dolió tanto?- Se mordió el labio inferior con la mirada perdida, hubo un corto silencio pero se atrevió a decir:
-Te lo contaré, pero es largo, así que no me interrumpas.
-De acuerdo.
-Verás, Samuel y yo vivíamos al lado, nos llevábamos muy bien de pequeños y siempre estábamos jugando al fútbol en el patio. Pero él no estaba atendido, sus padres eran... drogodependientes y él veía cómo se drogaban, así que muchos días se quedaba en mi casa. Un día, tendríamos como diez años, estando los dos en mi habitación jugando con la consola, entró mi madre con la cara pálida y dijo que tenía muy malas noticias; al parecer los padres de Samuel habían tenido un accidente de tráfico y habían muerto.- Me llevé las manos a la boca y abrí mucho los ojos.- Y días después la autoxia reveló que iban hasta las cejas de todo: alcohol, pastillas... Mis padres se hicieron cargo de él hasta diciembre de este último año, cuando dijo que quería independizarse porque sentía que se estaba aprovechando de nosotros, y le alquilamos una pequeña casita. Es por eso por lo que me puse así, era como mi hermano pequeño y cuando tú me dijiste lo que hacía me puse histérico. Esa misma tarde intenté hablarle pero me dijo que yo no era su padre, que estaba harto, que lo dejaría cuando quisiera y demás cosas.
-Vaya, ahora me siento mal.
-No lo hagas, porque no se lo merece. Otra cosa, sabiendo que a ti te da igual lo que te digan, ¿por qué te pusiste así cuando te llamó puta?- Suspiré, me hizo recordar una parte de mí algo turbia.
-Cuando tenía alrededor de quince años repitió un chico en mi clase, bueno pues él se obsesionó conmigo. Me llenaba el muro de facebook de comentarios, me llamaba al móvil de madrugada, me espiaba en clase y por los pasillos, llegó a seguirme. Un día me harté de todo y le cogí el teléfono; le dije que me tenía harta, que se olvidara de mí y que no me siguiera más o lo denunciaría por acoso. Al día siguiente en el instituto todo el mundo me miraba raro y resultó que fue diciendo por ahí que yo coqueteaba con todos, que era una puta y demás cosas por el etilo; y Catalina, una chica que me odiaba (y yo a ella) le ayudó para que tuviera más credibilidad.
-¿Solo eso? Bah, y yo que creía que tú fuiste prostituta con catorce años.
-¿Sabes que eres lo peor?- dije riendo, me agradaba que estuviera de broma, necesitaba descargar un poco de tensión.
Nos quedamos casi dos horas hablando, haciéndonos confidencias y le pregunté por Nicky, pero dijo que no coincidían en muchas cosas aunque le caía bien. en aquel instante un pensamiento fugaz atravesó mi mente a la velocidad de la luz pero no me di cuenta y lo dije en voz alta:
-Mañana, el avión.
-¿Qué? ¿Águeda, estás loca ya del todo?
-Esto... Acabo de recodar, ¿qué pasará mañana?
-Eso ya lo veremos, de momento no te preocupes más y descansa. Yo me voy a mi habitación.- Observaba cómo salía de mi cuarto cuando le eché un vistazo al reloj, quedaba un minuto para la medianoche y con la muerte de ese minuto un día más acabaría, dando paso a otro distinto, nuevo, difícil pero hermoso día de invierno.

domingo, 7 de julio de 2013

CAPÍTULO 19 [1]

Hola, antes de dejaros con el capítulo nuevo quisiera deciros que será más largo de lo normal, así se dividirá en dos partes y habrá muchos cambios de narrador. Cuando estén en suelo británico hablarán español entre ellos, pero el resto todo en inglés aunque esté escrito en español. Muchísimas gracias a mi ''cuqui-girl'' por darme la idea, te quiero<3 Que lo disfruten -^^-


Mañana del 29 de Enero
*Narra Águeda*
Apenas había podido dormir a causa de los nervios, y el tiempo aquel día acompañaba mi estado de ánimo: gris.
Me desperté a las 6 de la mañana, tomé una ducha caliente, revisé por última vez la maleta y bajé a desayunar.
-¿Nerviosa? -Me preguntó mi padre. Le lancé una mirada asesina y agarré una tostada.- En serio, no te preocupes todo saldrá bien.
-Ashiash.
-¡No hables con la boca llena!
-Que sí, no te preocupes por mí, voy con cinco tíos fuertes y y que están como cabras, todo irá sobre ruedas.- Mi padre me miró con cara de enfado y reí exageradamente.
-Venga coge las maletas que te llevo al aeropuerto.
El trayecto a Barajas fue demasiado corto, pensaba mucho en hoy, las manos me temblaban y apenas podía recolocarme las gafas de sol sin hacerme un arañazo en la nariz.
Me bajé del coche, casi sin poder incorporarme, y en un intento por no caerme redonda al suelo, divisé a Miguel. Fui corriendo hacia él y le salté encima en plan película de drama, a lo que respondió cogiéndome en brazos y dando vueltas sobre sí mismo:
-¿Sabes que nos está mirando todo el mundo?- Dijo devolviéndome a tierra firme.
-Sí, tampoco es algo que me quite el sueño.- Aún abrazados apareció Aaron y dijo:
-Miguel, ¿se lo cuentas tú a Elia o se lo cuento yo?- El rubio hizo ademán de esconderse detrás de mí.
-No, que yo la quiero mucho...- Dijo casi en un susurro.

*Narra Samuel*
Llegué al aeropuerto pero para mi fortuna ya estaban todos, así que Jeyden podría controlar un poco a Aaron. Me acerqué al grupo y todos me miraron extrañados y con cierto ápice de desprecio pero me importaba poco.
-¿Se puede saber qué haces aquí?- Intentó mantener el tono cierto moreno de ojos verdes. Entonces le lancé una mirada de advertencia a Jeyden, el cual se lo llevó a un rincón.

*Narra Jeyden*
Estaba asustado por Samuel, no sabía lo que era capaz de hacer.
Me llevé a Aaron a un rincón para intentar explicarle un poco mi situación:
-A ver, él está aquí porque yo le conseguí el billete.
-¿Tú eres tonto?
-No, espera, me amenazó, dijo que si no lo hacía me quedaba sin dedos.- Abrió los ojos incrédulo.- Y dijo que si no te mantenías tranquilo con él...
-De acuerdo, te entiendo. Lo ignoraré.
-Gracias.

*Narra James*
Me resultó muy extraño ver a ese chico aquí, no recordaba su nombre pero había mucha tensión en el ambiente y todos lo miraban con cierto desprecio. Me limité a encogerme de hombros y a advertir que llegábamos tarde al vuelo. Pasamos todos lo controles habidos y por haber y nos subimos al avión, Águeda se sentó con aquel extraño chico (creo que se llamaba Samuel), Jeyden con Aaron y yo me puse con Miguel.
Tras una hora y media de aburrimiento pisamos suelo británico y... nevaba.
-¡Dios que frío!- Normal, ¿a quién se le ocurre venir con cazadora y camiseta? A mí.
-¡¡¡QUÉ BONITO!!!
-¡ÁGUEDA NO GRITES!
-Miguel déjame. Estoy emocionada.
-Tonterías a parte, ¿a dónde tenemos que ir?- Preguntó Aaron.
-Se supone que estarían esperándonos mis tíos, pero no los veo.
-A lo mejor tienen un cartelito que ponga ''RYOD''.- Dije haciendo una broma. Jeyden dio una vuelta sobre sí mismo inspeccionando el lugar, entonces, echó a correr con una gran sonrisa ante la confusión de todos.
-¡¡¡NICKY!!!- Se abalanzó sobre una chica, bajita y delgada, con el pelo a la altura de la nuca y ondulado, entre castaña y pelirroja, algunas pecas en la nariz, ojos grandes y azules y un aro plateado en la nariz.

*Narra Aaron*
Un efusivo Jeyden estrujó a una chica, muy guapa por cierto, nos acercamos todos y nos la presentó:
-Chicos, ella es Nicole Harrison. Es una amiga mía de la infancia.
-Por favor, llamádme Nicky.- Dijo ella con un lindo acento.
-Te los presento, ese rubio se llama Miguel, el de los rizos Samuel, la chica Águeda, el de la cresta James y este del pelo negro Aaron.
-Hola a todos, encantada. Jeyden, tus tíos me han mandado a recogeros. Todos a la furgoneta.

*Narra Nicky*
Se subieron todos a la furgoneta y puse rumbo a la discográfica, mascando chicle a toda pastilla y haciendo un esfuerzo para que ese grupo de hispano-hablantes no me dejara la cabeza como un bombo. Me había fijado en uno de ellos, pelo negro, ojos verdes, alto... Creo que era el bajista. Lo único que sé es que es guapísimo y que lleva una camiseta de The Ramones mientras que yo llevo una de One Direction.
Al borde de la explosión cerebral por el jaleo, llegamos vivos al edificio; se bajaron todos temblando, se les notaba que no podían ni mantenerse en pie. Entré la primera con la maqueta en la mano, seguida por Jeyden y el resto de la banda, la gente que trabajaba allí murmuraban cosas por lo bajo, debido a que se pusieron a hablar español a grito limpio en medio del pasillo.
Ante nosotros se nos plantó una inmensa puerta, y entré sin llamar ante la espectante mirada de todos. Bah, me da igual, ya me conocen aquí.
-Muy buenos días.
-¡Tío Charles! ¡Tía Courtney!- Dijo Jeyden entrando en la sala feliz de la vida. Se fundieron en un tierno abrazo familiar, un poco cursi para mi gusto. Emití un sonido seco, haciendo ver que estábamos todos aquí y que nos ignoraban por completo.

*Narra Águeda*
Tras un reencuentro familiar de lo más empalagoso, aquel matrimonio de mediana edad nos hizo un recorrido por el edificio, nos enseñó todas las salas, las fotos de todos los artistas que habían pasado por allí... Nos entretuvimos allí dentro casi dos horas, pero era como nuestra casa, nos sentíamos cómodos con solo estar entre aquellas paredes insonorizadas y diversos instrumentos. Por el contrario, Samuel se mostraba frío, distante y una mirada de rencor y odio se posó en cada uno de nosotros, como un cuervo buscando comida ya en brazos de la noche.
Tuve varias conversaciones con Nicky y no congeniamos: ella es bailarina y tiene 19 años, yo soy guitarrista y tengo 17; a ella le gusta One Direction y todo lo relacionado con la música Pop y a mí me gusta AC/DC y todo lo relacionado con el punk o el rock. Yo visto de pantalones negros o mini-faldas y chupas de cuero y ella se pasea por ahí con shorts, medias y blusas estilo lady. Lo único en lo que coincidimos es en que nos gustan los gorros de lana.
El reloj marcaba casi la hora de comer, así que Jeyden les dio la maqueta a sus tíos y éstos prometieron que la escucharían y nuestro grupo se separó: Aaron se fue con Nicky a ver Londres; Miguel, Jeyden y James se fueron todos juntos al museo británico y yo me quedé con Samuel porque no tiene ni idea de inglés.
-¿A dónde podemos ir?
-Esta ciudad es inmensa, ¿te parece Candemtown y comemos algo?
-Me parece bien.- Asintió y tomamos un taxi para ir a este lugar.