6 de Febrero
Estaba alucinando, ¿Jimmy? ¿Enamorado de Miguel? Estaba mirándolo con la boca abierta, no creía que alguien a parte de Elia era capaz de enamorarse de Miguel. Es muy atractivo pero apenas habla y es muy tímido, no obstante, su personalidad es tremenda. Aterricé de nuevo a la realidad e intenté contestar a su confesión.
-Pero él es hetero.
-¿Te crees que no lo sé? Y encima es el novio mi mejor amiga pero, a veces, el corazón es muy caprichoso.
-Te aconsejo que salgas, conozcas gente y te olvides de él. Es lo mejor que puedes hacer.- Ya sé que no soy buena animando a la gente, yo les doy un abrazo y espero a que se les pase.
-Pues no lo había pensado. Sí, podría conocer a otra gente, lo que se dice cambiar de aires. Muchas gracias Águeda.- Ante mi sorpresa mi consejo funcionó y ahora lucía una amplia sonrisa. Me siento satisfecha.
Llegaron las chicas y mantuvimos una conversación sobre todo y nada a la vez. Empezamos por chorradas como colores favoritos, continuamos por marcas de ordenadores (solo dios sabe cómo salió ese tema teniendo en cuenta que los presentes en la sala éramos muy torpes con la electrónica), y por último música. Ése era mi fuerte y podía estar horas y horas hablando sobre eso, sin darnos cuenta, terminamos a gritos defiendo cada uno nuestro estilo.
-¡Pues Lady Gaga es la mejor!- Defendió Jimmy.
-Ni se le acerca a Eminem.- Rebatió Sakura.
-Paramore son los mejores y los demás puro asco.- Se indignó Elia.
-A Justin Bieber no le gana nadie.- Ainhoa me ha ofendido.
-¿¡Cómo!? Perdona pero Green Day, AC/DC, The Ramones, Sum 41, KISS y Sex Pistols están tan por encima que ese Bieber es microscópico.
-Repite eso.- Me respondió la morena haciendo especial énfasis en cada palabra.
-Cuantas veces quieras.- Le vacilé yo.
-Chicas tranquilas, que sois amigas.- Separó Elia.
-¡TIENE RAZÓN, ÁGUEDA TE QUIERO MUCHO!- Corrió Ainhoa a darme un abrazo tan fuerte que nos caímos al suelo muertas de la risa.
Valeria nos ayudó a levantarnos y Elia puso una mueca extraña, frunció el ceño y miró al suelo pensativa.
-Águeda, esta mañana fuimos juntas a clase, saludamos a Aaron y, ¿entraste en el aula? Es que no me acuerdo.
-No.- Dije tranquila.
-¡Pues a ver cómo apruebas! Te saltas la mitad de las clases y encima casi nunca vienes al instituto.- Me recriminó la pelirroja.
-Ni que fueras mi madr..., digo, mi padre.
-¿Pero a dónde fuiste la primera hora?- Siguió curiosa, más bien cotilla. Al parecer ése fue el pistoletazo de salida a muchísimas preguntas sobre mis ausencias; yo estaba empezando a hartarme.
-Pero respóndeme, ¿a dónde se supone que te fuiste esta mañana?
-¡ME LARGUÉ CON AARON!- Me llevé las manos a boca, se me había escapado. Ainhoa y Elia sonrieron ampliamente y se les dilataron las pupilas, comenzaron a gritar como auténticas locas y me cogieron de los hombros para zarandearme.
-¡AY MADRE, POR FIN ESTÁN JUNTOS!- Chilló la gafapastas.
-¡YA ERA HORA! ¿Y desde cuándo es eso?- Continuó la otra.
-Me pierdo.- Se quejó Valeria.
-¡SOLTÁDME! Lo voy a explicar una sola vez, las preguntas al final.- Comencé a relatar todo lo que nos había pasado a él y a mí durante este último mes, absolutamente todo omitiendo algunas partes como lo de Londres porque ya lo sabían. Cuando terminé mi relato arrugué el morro, los demás se limitaron a suspirar y a decir que todo es precioso y bla bla bla.
Observo el reloj, son las cinco y media de la madrugada y hay poca energía en el ambiente. Estaba acurrucada en uno de los sofás entre Sakura, la cual estaba durmiendo sobre mi hombro derecho, y Ainhoa, que hacía lo imposible para mantenerse despierta; yo no resistí más mi lucha y el sueño me venció. Desperté de un sobresalto, algunos rayos de sol de la mañana se colaban por la rendijas de la persiana y me deslumbraban, miré a mi alrededor pero no había nadie. Me incorporé y fui hasta la cocina en busca de alguien, pero nada. Algo asustada recorrí el pasillo hasta el cuarto de Elia, allí estaba la pelirroja revisando su teléfono móvil.
-Elia, ¿dónde están los demás?
-¡Buenos días dorminola! Se fueron a las diez, ya es casi medio día. Te dejaron durmiendo porque estabas muy cansada.- Sonreí, un sentimiento extraño me invadió desde los pies hasta las raíces de mis claros cabellos, decidí no pensar más en eso y cambiarme de ropa para volver a casa.
Me despedí de Elia en la puerta y, debido a la falta de sueño, choqué con alguien.
-¡Mira por dónde andas!
-Lo siento mucho... ¿¡Samuel!?
-Mira quién está por aquí. No te veía desde Londres rubia.- Dijo acercándose con una sonrisa malévola.
-Samuel déjame en paz.- Contesté esquivándolo.
-Oh, venga ya. Sabes que no estuvo tan mal.
-Mira, no estoy para tus jueguecitos.
-Hay una cosa que no entiendo.
-¿Sí? No me digas.- Respondí irónica.
-¿Por qué Aaron me pegó?
-Porque te ganaste las palizas a pulso.
-Águeda, los dos sabemos que iba colocado. Pero en vez de ayudarme preferisteis pasar de mí.
-Se intentó hablar contigo pero no escuchaste.
-Tampoco insististeis ninguno de vosotros, excepto Aaron.- No tenía ganas de escuchar nada más, me fui pero él me siguió, tomó mi brazo haciendo que volviera la cabeza hacia él.- ¿Qué fui yo para ti?
-Ahora un simple recuerdo.- Sus ojos grises se volvieron vidriosos y un ligero temblor de su labio inferior delató su tristeza. Su gesto cambió a uno más duro y rabioso y bruscamente me besó; me aparté violentamente y y no pude contener mis gritos.- ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES!?
-Tranquila que no te volveré a molestar más, pero quería besarte antes de llegar a hacer alguna estupidez.
Sin añadir una palabra más se fui. Desapareció por la calle y yo no paré de darle vueltas a la cabeza con lo que había pasado, ¿estaba arrepentido? Ya no podía confiar de nuevo en él, nos había mentido y conmigo se comportó como un cerdo. Pero por una parte tenía razón, no le hemos ayudado, lo dejamos solo.
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