sábado, 1 de marzo de 2014

EPÍLOGO

¡Hey! Bueno, soy Águeda de nuevo y solo quería poneros al día de todo lo que ha ocurrido en este tiempo.
Ya han pasado casi diez años desde aquel día que nos dijeron que íbamos a ser famosos y a grabar un disco y he de decir que no nos va nada mal. Tenemos seis discos a la espalda y dos de ellos de platino, bandas sonoras de películas, un gran ejército de fans y todo con lo que con apenas diecisiete años soñamos. Ahora todos vivimos en California y es gracioso que gente que te hacía bullying ahora admire tu trabajo y sea una grupi que sigue a la banda en las giras; exacto, hablo de Catalina.
Aaron y yo continuamos juntos hasta la fecha, Elia y Miguel también pero nos falló Jeyden. Rompió con Ainhoa al año de estar saliendo y conoció a Destiny, la cual es nuestra telonera hoy en día. En contra de lo que todos pensábamos, James y Diana se casaron, tienen un hijo llamado Andy que tiene tres años. Y Samuel, ahora es nuestro manager, un auténtico talento para los negocios.
Realmente nunca pensé que esto pudiera convertirse en realidad, siempre fue el sueño de un grupo de pirados pero aprendimos una lección: el éxito son cien toneladas de trabajo duro y una diminuta pizca de suerte.
Espero que este relato sobre nuestra historia os haya gustado tanto como a mí vivirla.

miércoles, 5 de febrero de 2014

CAPÍTULO 33

11 de Febrero
Sábado, brilla el sol. La alegría hoy se generaliza y es realmente curioso lo que puede hacer un poco de música y la recuperación de un amigo. Por la mañana fuimos a visitar a Samuel y trajimos cosas para que intentara recordar algo pero el fracaso nos abofeteó la cara una vez más. De repente, algo hizo click en mi cabeza y saqué el móvil ansiosa, busqué un vídeo que grabó mi padre de nosotros mismos tocando Welcome to the black parade de My Chemical Romance. Samuel se llevó las manos a la cabeza, le dolía e intentaba ahogar sus gritos; susurró mi nombre, después R.Y.O.D. y continuó balbuceando palabras sin sentido hasta que pareció despertarse de una pesadilla. Acababa recuperar la memoria. 
-¿Águeda?- Dijo Samuel abriendo los ojos de par en par y sudando.
-¡Tía eres la mejor!- Dijo Aaron levantándose de la silla y besándome.- ¿Cómo se te ha ocurrido eso?
-No lo sé, se me pasó por la cabeza.- Contesté eufórica. Aaron me depositó en el suelo y observé que Samuel miraba al suelo, una sutil sonrisa se enmarcó en sus labios y se desparramó hasta cruzar su rostro al completo. Devolvió la vista al frente con la respiración agitada.
-Gracias.- Fue lo único que salió de sus labios.
Y ahora avancemos en el día, son las cinco de la tarde y a Jeyden se le ha ocurrido hacer una quedada para celebrar que por fin todo vuelve a la normalidad. 
Aaron y yo caminábamos por la calle y nos paramos en el porche de la casa a esperar que nos abrieran la puerta. El moreno me miró de soslayo con una sonrisa traviesa,  se mordió los labios y se pasó la mano por el pelo. En un abrir y cerrar de ojos estaba con la espalda apoyada en la pared, él muy cerca de mí y ''comiéndome la boca'' como suelen decir.
-Oh venga ya, ¡iros a un hotel!- No nos habíamos dado cuenta y Jeyden acababa de abrir la puerta.
-¡Qué pasa rubito!- Dijo Aaron alborotándole el pelo y entrando el la casa.
-Anda entra y deja de reírte como una colegiala.- Me ordenó Jeyden. Ya estaban allí todos esperándonos, como siempre; me dejé caer en el sofá al lado de Elia.
-¡Qué bien que hayamos recuperado a Samuel!- Comentó la pelirroja con su habitual entusiasmo.
-Tengo una duda.- Dijo Miguel.- ¿Por qué estaba Diana ayer en el hospital con nosotros?
-Creo que a eso te puede responder James.- Contesté con un tono sarcástico.
-¿Os digo la verdad u os cuento un cuento?- Dijo mirándonos a los ojos.- Bueno, ya sois mayorcitos. Le pedí una cita y me la tiré.
-¿¡PERDONA!?- Elevó la voz Ainhoa.
-Pues sí, pero no fue un royo, ahora es mi novia.
-Impresionante.- Dije.
-Bueno venga, vamos a estrenar los juegos que he comprado, ¿os parece?- Cortó el tema Jeyden encendiendo la consola.
Una pelea por la puntuación, un mando voló por los aires, un bailecito de victoria y diez latas de monster por los suelos. Solo había pasado media hora.
Miguel paró la partida de repente, no nos sentó bien.
-¡¡¡MIERDA MIGUEL, QUE IBA GANANDO!!!- Dije de una manera muy dulce.
-Tíos, está sonando un móvil.- Afirmó.
-Es el mío, no empecéis sin mí.- Contestó Jeyden. 
Todos estuvimos atentos a la conversación, hablaba en inglés y de forma tranquila, de repente, se puso totalmente blanco y abrió los ojos de par en par. Colgó el teléfono y lo dejó sobre la mesa lentamente, tenía la mirada perdida.
-Cariño, ¿que ocurre?- Se preocupó Ainhoa. Se levantó y se situó delante del sofá.
-Chicos, eran mis tíos de Inglaterra. Les ha gustado la maqueta y vamos a grabar un disco.
-¿¡QUÉ!?

martes, 28 de enero de 2014

CAPÍTULO 32

10 de Febrero
Retomemos la historia a media noche, Samuel acaba de despertar del coma y todos están muy emocionados, lágrimas alegría. Cuando se hubieron calmado y los doctores hicieron todas esas cosas de raras entramos en la habitación de Samuel.
Dormitaba, se le veía realmente cansado, sus ojos se abrieron lentamente al entrar nosotros haciendo más ruido que un elefante en una chatarrería.
-¿¡Os queréis callar!?
-¡Mierda, Jeyden baja la voz!- Ainhoa es una persona muy dulce y sutil.
-Pobrecito, le vendría bien un bizcocho, de esos que hago yo.- Dijo Elia muy entusiasmada.
-¿Y eso a qué viene pequeña pelirroja?- Preguntó James.
-Parece hambriento.- Declaró con la cabeza gacha.
-Tíos, callaros de una maldita vez...- No me dio tiempo de terminar la frase, fui interrumpida por un somnoliento chico de cabellos chocolate.
-¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?- Dijo con un hilo de voz.
-¡¡¡SAMUEL!!!- Fue un abrazo colectivo de unas... ¿ocho, nueve personas?
-Yo también os quiero mucho, ¿alguien me puede explicar qué pasa? ¿Y por qué demonios me duele tanto la cabeza? Un momento.- Se quedó mirándome, luego a Ainhoa y después a James.- ¿Quiénes son esta gente?
-¿Quiénes?- Preguntó Miguel.
-Pues la rubita esa, la morena de las gafas y el tío ese mayor.
-Son Águeda, Ainhoa y James.- Respondió Aaron incrédulo.
-Ni idea.- Se encogió de hombros.
-¿No me recuerdas?- Me adelanté, él me miró fijamente pero luego volvió a negar con la cabeza.
-Tiene amnesia.- Declaró James.
-¿Cómo?- Aaron parpadeó incrédulo.- A ver Samuel, ¿a quiénes de los que estamos aquí conoces?
-A ti, a Miguel, a Jeyden y a Elia. El resto no tengo ni idea.
-Imposible, ¿con todo lo que ha pasado?- Dije.
-A ver rubita que yo no te conozco de nada. Aaron, ¿la de las gafas no es tu prima?
-¿La recuerdas a ella?- Pregunté.
-Pues claro, la conozco desde pequeño.
-Tíos, no lo mareéis más, tiene amnesia.- Confirmó James por segunda vez.
-No lo entiendo, por favor, que alguien me cuente qué está pasando y por qué decís que tengo amnesia.
-Si quieres saber qué pasa, o mejor dicho, qué ha pasado, retrocedamos un mes. Samuel, hoy es diez de febrero.
-¿Diez de febrero? ¿estás de coña?- Entre todos le contamos lo que había pasado, las peleas, el viaje a Inglaterra, cuando me conocieron... Todo.
Samuel se recostó en la cama, no pronunció ni una palabra; respiró hondo y reunió todo las fuerzas que pudo para poder hablar.
-¿Realmente hice todo eso?
-Pero te arrepentiste, encontré esta carta en tu casa.- Aaron rebuscó en sus bolsillos y le tendió la carta que encontramos ayer. Samuel la leyó en voz alta, tragaba saliva y continuaba. Al terminar apenas podía creerlo, no daba crédito a sus propios actos.
-No puedo creerme que yo hiciera todo eso.
-Parte de la culpa fue nuestra, no te apoyamos cuando todo empezó.- Dijo Jeyden cabizbajo.
-Bueno,hay que estar alegres porque esa carta demuestra que se arrepintió. Y ahora está sano y salvo, bueno sano dentro de lo que cabe. Samuel, has despertado de un coma provocado por la droga, eso es sobrevivir y lo demás chorradas.- No sabía que Elia fuera tan profunda.
-Tiene razón, te has reído de la muerte en su cara, ahora te toca vivir, volveremos a ser los mismos de siempre con grandes sueños.-Coreó Miguel.
Ya no queda nada más que contar de aquella noche. Todo pasó demasiado rápido, aunque lo realmente importante es que nuestro amigo vuelve a ser el de antes.


viernes, 17 de enero de 2014

CAPÍTULO 31

9 de Febrero
Hospital de Madrid. A mi lado un Aaron desconsolado y una Elia que esconde la cabeza en el pecho de Miguel; la pelirroja llora como si su vida dependiera de ello.
Pero para entender todo esto, retrocedamos un poco este día. Comenzaremos por las dos y media de la tarde, a la salida del instituto. Jueves:
Conduzco hacia mi casa, hoy hubo un ambiente de tristeza en todo la clase. Aaron pasó la noche en el hospital con Samuel y Jeyden había intentado animarme durante todo el día, no lo consiguió.
Entré en mi casa y un olor a salsa de tomate recorría las habitaciones de la planta baja, mi padre estaba cociendo pasta.
-¿Papá?
-Dime cielo.
-No tengo mucha hambre hoy.
-Águeda tienes que comer, ayer estuviste toda la tarde en el hospital y apenas probaste bocado.
-Pues creo que hoy será igual.
-¿Cómo está ese amigo tuyo?
-En coma.- Hubo un silencio de apenas unos segundos pero que se hizo eterno.
-Lo siento, no tendría que haberte preguntado.
-Tranquilo.- Forcé una sonrisa. Subí a mi cuarto y llamé a Ainhoa, necesitaba a alguien con quién hablar y ella siempre ha estado ahí para algún problema. Un pitido al otro lado y enseguida su voz.
-¿Quién es?
-Águeda.
-¡Águeda! ¿qué te pasa?
-Tengo que contarte algo.- Comencé a contarle todo lo que había pasado con Samuel, desde que me lo encontré el sábado hasta lo que había pasado ayer. De corrido sin saltarme ningún detalle.
-Pero eso es terrible, ¿tú cómo estás?
-¿Yo? Pues teniendo en cuenta que soy una persona horrible ya me dirás.- Me tragué el llanto.
-No hables así, lo que tienes que hacer es sobreponerte. Mi primo tiene que estar fatal ahora que lo pienso.
-Pues sí, pasó la noche allí con Samuel.- Ainhoa guardó silencio durante unos momentos, supose que estaba maquinando algo.
-Águeda, prepárte, te recojo y nos vamos las dos al hospital. Mi madre no sabía nada y está atacada, dice que nos lleva.- Colgó el teléfono sin despedirse, me quedé con el aparato en la oreja como una idiota.
Una media hora después el coche de mi amiga estaba en la puerta, naturalmente advirtió mi falta de sueño.
-¡Estás palidísima! ¡Y menudas ojeras!
-Gracias, tengo un espejo en casa por si no lo sabías.
-Perdona.- Se disculpó arrastrando las palabras.
Entramos en el gran edificio mientras Jesus of Suburbia suena en mis auriculares, necesitaba evadirme por un momento. El reloj marca las siete de la tarde y fuera es de noche. Ainhoa y yo nos dirigimos a la sala de espera más cercana a la habitación de Samuel, sorprendentemente todos estaban allí, y cuando digo todos es todos: Miguel, Jeyden, Elia, James, Diana y los padres de Aaron.
*Mientras tanto en una pequeña habitación del hospital*
El tedioso aparato marcaba los latidos del corazón de Samuel, un pitido tras otro y muy débiles.
-Que mal verte aquí, ¿eh? Pequeño mete-líos. Aunque no te lo creas después de todo lo que ha pasado te sigo queriendo como a mi hermano y siento las veces que te he pegado. Nunca pensé que algo parecido a esto llegara a pasar, siempre te vi inocente y alegre. ¿Que ocurrió? Me disculpo por no haber estado allí cuando me necesitaste, tío, lo siento. 
Miré a su mano, por razones que desconozco comenzó a mover los dedos rítmicamente, sus párpados hicieron una amago de abrirse y entreabrió los labios. Yo, lleno de emoción, observé hasta que sus ojos decidieron abrirse al fin, unas pupilas grises se clavaron en las mías.
-¿Aaron?- Dijo en un susurro apenas sin fuerza.
-No es posible.- Una amplia sonrisa se dibujó en mi rostro, estaba, despierto.

sábado, 11 de enero de 2014

CAPÍTULO 30

8 de Febrero
Pesadillas. Malditas pesadillas. Fat lip suena en mi móvil a modo de despertador, me visto con el uniforme y bajo con Mr. Berry en los brazos.  Desayuno rápido, le doy un beso a mi padre y cojo la moto.
Aparco la moto y entro en el edificio, el aula está repleta de gente y yo realmente no me siento como en casa. Si no fuera por mi banda... Tengo la habilidad de no encajar en ningún lugar, pero sé que cambiará. Tomo asiento al lado de Aaron el cual se mostró más cariñoso hoy, lo necesitaba.
Me disponía a sacar el libro de inglés cuando la directora irrumpió en la clase con su habitual apariencia de ''me he tragada una escoba''. Se situó delante de todos nosotros, lucía una notable cara de cansancio y angustia.
-Buenos días alumnos. Vengo a comunicaros que vuestro compañero Samuel Álvarez a sufrido un accidente y ahora se encuentra en estado crítico en el hospital.- Como un puñal afilado, esa noticia fue directa a mi pecho, hundiéndose y retorciéndose hasta el punto de casi no poder respirar. Miré a Aaron en un acto reflejo, tenía los ojos bien abiertos y parecía haber entrado en estado de shock. Su respiración cada vez se agitaba más, negaba con la cabeza y hacía caso omiso de mi voz; Jeyden, Miguel y yo comenzamos a gritarle pero él no reaccionaba. Lo zarandeé en vano, tenía la mirada perdida y no reaccionaba a ningún estímulo, de los acontecimientos que sucedieron más tarde solo recuerdo algunos.
Sala de espera de un hospital. Llevo mi ropa normal y el reloj acaba de dar las ocho de la tarde, miro a mi alrededor y estoy acompañada de James y, no sé por qué, de Diana Vega, la fotógrafa esa del pelo rosa.
-¿Qué ha pasado?- Pregunté  volviendo a la realidad.
-Águeda, has estado ausente todo el día, después de que mi jefa os dijera lo que había pasado con Samuel Aaron sufrió un ataque de ansiedad. Tú llevas en el mundo de yupi todo el día.- Explicó James.
-¿Cómo están ellos?
-Ahora Aaron está en la habitación de Samuel, por lo visto ha entrado en coma. Los médicos llevan todo el día haciéndole análisis.
-Es culpa mía.- Recordé el encuentro que tuve con él después de la fiesta de Elia, me porté como una estúpida, ¿a esto se refería con ''hacer una tontería''? Soy lo peor que ha pisado este mundo.- James esto es culpa mía.
-¿Qué? ¡No! Por supuesto que no, Águeda, lo peor que podéis hacer ahora es culparos los unos a los otros. Necesitáis más que nunca estar juntos y apoyaros.
-Tú, apenas sé tu nombre pero James tiene razón.- Diana coreó al batería con una sonrisa.- Deberíais escucharle, gracias a él estoy reformada.
-¿Reformada?- Dije confundida, ¿de qué estaba hablando?
-Sí, cosas de ella.- Contestó él dedicándole una tierna sonrisa.
La conversación se cortó en ese momento cuando un muy abatido Aaron entró en la sala, me levanté de la silla de un brinco y lo abracé instintivamente, pero se quedó quieto, insensible.
-¿Qué te ocurre?- Pregunté mirándolo a los ojos.
-No estoy para nadie. Si quieres puedes acompañarme a casa de Samuel, necesito ayuda.
-¿Ayuda? ¿Para qué vamos a casa de Samuel?
-Se supone que ''sufrió un accidente''. Pues bien, quiero saber cuál es ese accidente por mí mismo. Y necesito que me ayudes a buscar.
-Está bien.- Cogí mi chaqueta y fuimos a una parada de autobús, durante el trayecto él se limitaba a mirar por la ventana, las luces de la ciudad se reflejaban en su rostro pensativo. Yo me limitaba a mirarlo y a sentirme culpable, tenía que decirle lo que había ocurrido el sábado, tendría que buscar un buen momento.
Llegamos a casa de Samuel, Aaron se agachó, quitó una losa suelta del pequeño porche y sacó una llave de repuesto. Abrió la puerta y encendió la luz.
La casa estaba hecha una auténtica leonera, costaba andaba por el suelo sin pisar ningún trasto desordenado.-Águeda quédate aquí y busca por el salón, yo me voy a su habitación a ver qué encuentro.- Obedecí como una ovejita y me dispuse a rebuscar por el pequeño y atestado salón.
Sobre la mesa, una jeringuilla y una bolsa (que supuse de heroína) vacía. Respiré hondo y miré al suelo, advirtiendo un pequeño papel debajo de una de las patas de la mesa. Un sobre. Una carta.
''Para Aaron, Águeda, Jeyden y Miguel:
No se me dan muy bien las palabras pero solo quiero pediros perdón a través de esta carta. Sé que me he comportado como un auténtico capullo y espero que algún día podamos volver a ser los de antes, no pido volver a entrar en R.Y.O.D. solo estar con vosotros otra vez.
Pedir perdón sobretodo a Aaron, que ha sido mi hermano mayor durante estos años y no se lo he agradecido. Águeda, me enamoré de ti como un loco y la cagué contigo en Inglaterra, solo decir que te quiero muchísimo. Jeyden, fuiste mi consejero y el día que te puse la navaja en el cuello iba bastante drogado. Miguel, eres de las mejores personas que he conocido, siempre tan tímido pero con un corazón de oro, espero que te vaya muy bien con Elia.
A todos os he hecho daño y sé que no lo voy a enmendar, solo, lo siento de corazón.''
Solté la carta y me estremecí, me llevé las manos a la boca y la culpabilidad se apoderó de mí. Aaron bajó las escaleras, se acercó y me miró de soslayo, advirtió la carta. No pudo leerla al completa, sus ojos volvieron vidriosos y le impedía leer, las primeras lágrimas rodaron por su cara.
-¿Es esto una nota de suicidio?- Se preguntó a sí mismo en un murmuro.
-No lo sé, tenemos que enseñársela a los demás.
-Esto no puede ser, es imposible, no parece una nota de suicidio,- se secó las lágrimas antes de terminar la frase y respiró profundamente.- solo, de disculpas.
-Aaron, vámonos. No hay que hacer aquí.- Le posé la mano sobre el hombro y él me miró a los ojos, ojos tristes y cansados.
-Vuelve a casa, estaré bien, te lo prometo.
-No, me quedaría aquí contigo si me lo pidieras, pero no te voy a dejar solo, hoy no.- Me abrazó muy fuerte y no parecía tener la intención de soltarme.
-Eres una cursi.- Me susurró al oído.
-Pero he conseguido que sonrieras.
Cada cual volvió a casa, pero yo no pude dormir hasta bien entrada la noche, la culpabilidad me invadía y me sentía como si me hubieran dado una paliza.

martes, 24 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 29

7 de Febrero
Lunes, el sol brilla tras varios días de tormenta y Mr. Berry descansa en su improvisada cama de mantas viejas. Pero mi humor estaba contrario al día; no hacía más que pensar en Samuel y en Sofía. ¿A qué se refería con ''hacer una estupidez''? ¿Por qué volvió Sofía? Cuestiones en mi mente que no hallan su respuesta y se convierten en un infierno viviente. Decidí pensar en cosas bonitas, sí, pensé en Aaron.
Bajé a desayunar con mi padre y luego me dirigí al instituto, pero hoy me apeteció ir andando, caprichos caprichos... Cerré la puerta a mis espaldas y vi un coche azul marino justo enfrente de la casa de al lado, un muchacho alto, fornido, de pelo moreno totalmente revuelto, de alrededor de veinte años salía del vehículo con varias cajas en la manos. ¿Una mudanza? Esa casa llevaba bastante tiempo deshabitada, aunque estaba bien cuidada. Se percató de que lo estaba mirando con cara de boba e hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo, yo alcé sutilmente la mano para devolvérselo; al hacer este movimiento miré el reloj y me di cuenta de que no llegaba al instituto como no siguiera andando.
Llegué al edificio y entré para dejar algunos libros en las taquillas, allí estaba mi pandilla. Observé que Aaron estaba apoyado sobre la pared bromeando con Jeyden, una sonrisa maliciosa surcó mi rostro ante la idea de ''mostrar cariño''.
-Buenos días rub...- Pobre, no dejé al moreno terminar la frase, lo acorralé contra la pared y le metí un morreo. Me separé y vi como el resto estaban boquiabiertos, con los ojos como platos mirando la escenita.
-Venga a clase, que llegamos tarde.- Añadí, y me fui a clase tan campante.
-¿¡QUÉ SE SUPONE QUE ACABA DE PASAR!?- Gritó Jeyden.
-No lo sé, pero me ha encantado.- Contestó Aaron.
-Por fin, que yo ya sabía que eran novios.- Comentó Elia.
-¿Desde cuándo es eso amor?- Preguntó Miguel.
-Pues el miércoles hace una semana, ahí lo lleváis que yo me vuelvo a clase.- Cortó la conversación mi novio entrando el el aula.
A parte de los extraños sucesos de primera hora de la mañana, no pasó nada más interesante, ni siquiera vi a Samuel por los pasillos y eso me alertó un poco. Desde mi encontronazo con él del sábado, estaba en continua alerta e intentaba que mi boca se mantuviese cerrada para guardar el secreto.
Tocó la última campana y me dispuse a volver a casa cuando gritaron mi nombre, me volví y ya sabréis quién era.
-¡¡¡RUBIA!!! ¡Te acompaño a casa!
-Será bruto.- Mascullé. Se acercó hasta mí y echó a andar calle abajo, me quedé parada confusa cuando se giró.
-¡Camina! Que te estás poniendo gorda.- Capullo.
Sin más remedio lo seguí y al llegar a mi casa, mi nuevo vecino estaba en el porche desembalando cajas, ¿este hombre solo vive para las cajas? Levantó la cabeza, dejó el cúter sobre el suelo y se acercó a nosotros. Era mucho más alto de lo que parecía (un metro noventa o así), tenía el pelo marrón muy oscuro alborotado y desordenado, sus facciones eran suaves y se dejaba ver una sutil barba de tres días. Sus ojos eran rasgados y de un color bronce penetrante, con largas pestañas. En resumidas cuentas, era el típico chico que va por la calle y no pasa desapercibido.
-Hola, ¿tú eres Águeda?- Me preguntó acercándose a nosotros.
-¿Cómo sabes mi nombre?- Pregunté contrariada.
-Tu padre me ha ayudado con la mudanza esta mañana y presume mucho de ti. Espera, tú no serás la chica de esta mañana, ¿verdad?- Miré a los lados avergonzada por mi padre, claro, al ser su única hija le toca presumir.
- Sí, era yo.- Respondí en voz baja.
-Hola, yo soy Aaron, su novio.- Dijo el moreno pasando su brazo por mis hombros y acentuando las palabras ''su novio''.
-Tranquilo campeón que no voy por ahí ligando como si no hubiera un mañana.- No pude contener la risa ante ese comentario, sobretodo por la mueca tan absurda que puso Aaron.- Por cierto, me llamo Diego.
-Bueno, yo tengo que entrar en casa.- Dije mirando a  Aaron sonriente, me despedía de Diego y volví a casa.
Subí a mi habitación y espié por la ventana, como era de espera, los dos estaban en una discusión de sarcasmo e ironía, serán tontos...
Me dejé caer sobre la cama y me coloqué los cascos con Paramore a todo volumen, me aislé en mi mundo pero algo me perturbó, Sofía.  Al fin y al cabo era mi madre aunque me lo niegue a mí misma, ¿todos mienten? Es de esos día en los que te das cuenta de la realidad, la cual apesta.
Bajé al piso inferior para estar con mi padre, típico momento familiar. Él se encontraba mirando el correo en el sofá me senté a su lado y apoyé la cabeza en su hombro.
-Hola cielo.- Me saludó.
-¿Qué hay en el correo? A parte de facturas y publicidad.
-No gran cosa. Un momento, ¿esto es una carta de Sofía?- Dijo incorporándose del sofá, se quitó sus grandes gafas y abrió el sobre ansioso. Leyó la carta en voz alta.
-''Hola, sé que no soy querida en esta casa y no volveré, solo quiero intentar compensaros de alguna forma. A partir de ahora Águeda tendrá una pequeña paga de doscientos euros al mes, me parece suficiente para una chica de diecisiete años. Espero que aceptéis el dinero que se enviará en metálico por carta. Saludos de Sofía.''
-¿Voy a tener doscientos euros todos los meses por la cara?- Repetí incrédula.
-Al parecer...- Se giró hacia mí y me miró fijamente a los ojos y preguntó trabándose con las palabras.- ¿Aceptas? El dinero nos vendría genial.
-Quizás, es mucho dinero para mí. Y yo a esa mujer no la soporto, me parece poco ético.
-Algunas veces hay que ser frívolo, esa lección te valdrá de mucho en la vida ya que puede ser muy jodida cuando quiere.  Muchas veces hay que pensar en uno mismo y ser un poco egoísta.
-Si lo miras de ese modo, tampoco es que seamos millonarios y un pequeña ayuda haría mucho. Acepto pero no me gusta nada la idea.
Creo que acabo de traicionar mis propios principios por un puñado de billetes, al menos el ocaso se llevó mi trance y la noche cayó sobre mí como el polvo sobre los muebles de una habitación vacía.

lunes, 2 de diciembre de 2013

CAPÍTULO 28

6 de Febrero
*Narra Diana*
La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de la persiana entreabierta, obligándome a despertar.
-Mmm... Buenos días Ja...- Me interrumpí al ver que no había nadie a mi lado. Me incorporé y miré al suelo, vi su ropa toda tirada y suspiré tranquila.- ¿¡JAMES!?
-¿QUÉ QUIERES?
-¿DÓNDE SE SUPONE QUE ESTÁS?
-¡¡¡DUCHÁNDOME!!! 
-¡ESO! ¡TÚ GÁSTAME AGUA SIN PERMISO!- Salí de la cama, me puse ropa interior y su camisa, para darle una sorpresita. Me dirigí hacia el cuarto de baño y me dispuse a peinarme pero entonces James salió de la ducha con la toalla enrollada a su cintura. Se quedó mirándome a través del espejo con cara de estupefacción y yo sonreí inevitablemente.
-Eso, tú no llames ni nada al entrar.
-Perdona, pero es mi casa y mi baño. 
-¿Y si salgo de la ducha sin toalla?
-Eso era lo que esperaba. 
-Voy a ignorar eso, ¿puedo ponerme mi camisa?
-Estás mejor sin ella, pero si insistes...- Comencé a desabrochar los botones mientras él se ponía colorado hasta las cejas. Le tendí la camisa inocentemente, quedando en lencería. 
-Gracias. Ahora, ¿me dejas vestirme?
-Te recuerdo que tu ropa sigue en el dormitorio. ¿Te dejo unas bragas mías?- Dije partiéndome de la risa.
-No creo que me valgan.- Contestó torciendo una sonrisa.
Tras ese extraño incidente, cada cual se puso su ropa y por primera vez en mucho tiempo desayuné acompañada, hice café (en este momento sí me creo que él quiera café) y tostadas. Se sentó en frente de mí y le dio un largo sorbo a su ansiado café, me miró a mis ambarinos ojos y sonrió levemente. 
-Diana.
-Dime.- Contesté con estúpida mueca.
-Yo, no quería que esto fuera un rollo de una noche.
-No estoy acostumbrada a oír eso, ¿sabes?
-Te mereces mucho más de lo que has tenido a lo largo de tu vida.- Abrí los ojos de par en par, ¿amor? ¿Eso se come?
-Perdona, ¿estás hablando de amor?- Dije ahogando una risa.
-Quién sabe, pueden pasar muchas cosas en muy poco tiempo.- Nuestra conversación finalizó a la vez que nuestros desayunos y me dispuse a darle la despedida a James como hacia cada vez que me iba de rollo pero sus labios se atrevieron a articular unas palabras que me dejaron muda.
-Diana, pasa el día conmigo. No te quedes sola, no quiero que pienses que esto ha sido pasajero y que me voy a olvidar. Creo que tú necesitas estabilidad.
-¿Estabilidad? Tss... Creo que yo misma sé lo que necesito.- Sonrió y me abrazó, susurrándome lo siguiente al oído.
-Dudo mucho que lo sepas. Intenta escucharte a ti misma- Hizo un amago de apartarse pero yo lo apreté fuertemente contra mí, no puedo dejar que se vaya.
Decidido, me adecenté un poco, cogí tres cosas de nada y pasé con James el resto del día, creo que tiene razón. Toda mi vida los problemas me han perseguido y he ido lo más rápido que he podido, es hora de pisar el freno y ser feliz conmigo misma. Diana, lo siento mucho por esto últimos años, voy a cambiar.