3 de Febrero
Hoy el día amaneció nublado, sin gana alguna de levantarme de la cama me vestí y mi pelo hoy iba a su bola.No podía pensar en otra cosa que no fuera Sofía y eso me estaba corroyendo; decidí intentar no pensar en ello y bajar a desayunar. Entré en la cocina y vi a mi padre muy entusiasmado con su delantal y alrededor de los fogones.
-¡Cariño! Buenos días, hay tortitas.
-Papá te quiero.- Disfrutaba como una niña pequeña, hoy tengo el presentimiento de que va a ser un gran día. Salí corriendo de mi casa ya que me entretuve e iba tarde, muy tarde.
Llegué al instituto y entré con la clase de física empezada y por supuesto me hicieron copiar el típico ''no debo llegar tarde a clase''. De verdad, no sé por qué narices hacemos estas estupideces.
Llegó el descanso y tuvimos un poco de libertad, mis amigos hablaban de temas varios y yo realmente no estaba escuchando, Miguel advirtió mi falta de interés.
-Águeda.
-¿Qué?
-Estás totalmente ida.
-Sí, perdona.
-¿Puedo hacer algo?- Entonces se me encendió la bombilla, hacía bastante tiempo que no ensayábamos y últimamente no estábamos haciendo nada en clase.
-¡Chicos!- Grité eufórica.
-Me has dejado sordo.- Se quejó Jeyden.
-¿Qué os parece si esta tarde ensayamos?
-¡Sí! Buena idea, hace ya tiempo que no lo hacemos.- Apoyó Aaron.
-¿Puedo ir yo también?- Preguntó Elia muy tímidamente.
-Por supuesto corazón.- Le dijo Miguel muy cariñoso.
-Agg... No seáis empalagosos.- Dijo algo molesto Aaron.- Yo aviso luego a James, tenemos clase con él.
-Sí, pero sé sutil.- Le recalqué yo. en ese momento sonó la campana y entramos en clase, tomamos asiento y esperamos a que viniera James. Entró por la puerta y Aaron, columpiándose en la silla le gritó:
-¡Eh! James esta tarde ensayo.- Todos nuestros compañeros se giraron hacia nosotros y empezaron a murmurar varios insultos, ¿les hicimos caso? No.
-¿Qué es lo que no entiendes de sutil?- Le reproché.
-¡Vale! ¿En dónde?- Contestó muy contento el otro.
-En casa de la rubia, a las seis.
-¿Desde cuándo es en mi casa?
-Desde que me da la gana.
-Idiota.
-Tonta.
-Cállense, va a comenzar la clase.- Y el resto del día transcurrió sin novedad.
Llegué a casa y le dije a mi padre que esta tarde venían los de la banda, frunció el ceño pero no se opuso. Preparé el salón que era donde había mejor acústica y esperé a que alguien se dignara a venir puntual. Por alguna extraña razón vinieron todos juntos como media hora antes; incluyendo a Elia y Ainhoa.
-Venga la primera de calentamiento, ¿Time of your life?- Propuso Jeyden.
-No, esa es muy fácil, ¿os sabéis Stray Heart?- Pregunté yo. Nos pusimos a tocar toda la tarde como locos, hicimos Thunderstrack, alguna de The Ramones, Fallen Angels de Black Veil Brides, otras de Gun 'n' Roses y Miss Nothing de The Pretty Reckless. Con las muñecas y los dedos reventados nos tiramos en los sofás; mi padre traje algún aperitivo y nos felicitó por el pedazo de concierto que habíamos dado. En ese momento las dos parejitas se pusieron muy acarameladas y James, Aaron y yo compartimos algunas miradas cómplices, entonces el moreno dijo:
-¡Iros a un motel!
-Pero pobrecitos, déjalos.- Dijo James entre risas. Estuvimos un largo rato charlando entre nosotros de temas varios, de música, de las cosas buenas que pasaron en Inglaterra... Eran chorradas pero estábamos a gusto.
Se fueron casi todos, Aaron se quedó a recoger un poco y luego me preguntó que si lo podía acercar a su casa, fuimos al garaje y cuando me fui a poner mi casco me lo quitó de las manos.
-¿Se puede saber qué haces?
-No me voy a poner el rosa de Chupa Chups y conduzco yo.
-¿Desde cuándo sabes conducir en moto.
-Desde los dieciséis tonta. Anda, monta.- Me senté y levantó su chaqueta.
-¿Que haces?
-Si te agarras a la chaqueta no podré conducir.
-Baja los humos chaval, que yo me sujeto en el asidero.
Llegamos al portal de su casa, nos bajamos y nos quedamos charlando fuera por unos instantes, entonces miró al suelo y luego clavó sus ojos en los míos.
-Águeda, ¿de verdad que aún no te has dado cuenta de lo obvio?
-¿Cómo?
-De que cuando estás contenta yo también lo estoy, de que cuando estás triste yo escucho tus problemas aunque no me interesen, de que me quedo mirándote como un gilipollas en clase o cuando tocas la guitarra. Haces que me enfade, que se me pase, que me confunda; me traes loco. Te quiero, joder, ¿aún no te has dado cuenta?- Estaba sin palabras, me había soltado todo eso y ahora estaba delante de mí, callado, con cierto temor en sus ojos, esperando una respuesta. Nada. Era incapaz de articular palabra alguna, había enmudecido y mil mariposas revoloteaban por mi barriga. Entonces sonrió de medio lado, abatido.- Lo sabía, si es que soy estúpido.
-No. No lo eres.
-¿Qué?
-Pues que no, eres un tonto pero eres mi tonto.- Se acercó, cada vez más, podía notar su respiración, enterró sus manos en mis rubios cabellos y unió nuestros labios. Me besó, muy suavemente, fue más bien un roce pero después se hizo más intenso; le necesitaba. Me separé de él y me atreví a susurrarle algo.
-Por si no lo sabías, te quiero.- Y me fui hacia mi moto.
-¡Espera! ¿Vas a dejarme así?
-Ya has tenido bastante por hoy, pedazo de salido.- Se rió. Yo me montó en mi moto y una sonrisa estúpida recorrió mi rostro, era real, le gustaba y me lo había dejado muy claro. No pegué ojo esa noche pensando en él, debería de haber escuchado a Elia hace tiempo, a finde cuentas ella tenía razón.
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