lunes, 28 de enero de 2013

CAPÍTULO 9

19 de Enero
 La noche anterior fue algo extraña, me desperté aturdida y con dolor de cabeza, solo recordaba los aplausos, el beso de Elia y Miguel y pocas cosas más... creo que olvidaba algo importante. Me estaba cepillando el pelo cuando me llegó un mensaje de Ainhoa al móvil:
''Águeda, mira el facebook, ¡corre!.'' Acto seguido me conecté y había sido etiquetada en una foto.
 -¿¡PERO QUIÉN HA SIDO EL TONTO QUE HA SUBIDO ESTA FOTO!?- Habían subido una foto donde Aaron y yo nos besábamos, ¡eso era lo importante que se olvidaba! ¿Pero qué pasó entre nosotros dos exactamente? Tengo una laguna en mis recuerdos y no consigo recordar ese preciso momento; mejor que no piense más o llegaré tarde al instituto.
-Cielo, ¿qué tal anoche?
-¿¡Por qué lo dices papá!? No pasó nada especial, ni nadie besó a nadie ni nada...
-Águeda, ¿hay algo que no me has contado?
-¡Déjame! Me voy al instituto, te veo luego. Creo que fui algo tonta con mi padre, en fin, me encaminé hacia el instituto a arreglar lo del ''beso'' con Aaron; aparcando la moto divisé a Elia hablando muy acaloradamente, casi gritándose, de repente, Elia fue hacia el jardín del instituto con lágrimas en los ojos. La perseguí para ver que le sucedía, al pasar junto a Miguel, me susurró: ''No sé qué he hecho, pero me odia.'' Busqué en todos los rincones del jardín hasta que la vi sentada en la rama de un árbol sollozando, sin dudarlo, me subí también al árbol (que faltó poco para que me cayera y me hiciera una carrera en las medias).
 -¿Sabes que es muy incómodo estar aquí arriba?
-Me da lo mismo, los tíos son unos insensibles.-Pobre, no sabía que podía hacer, no soy del tipo de personas que saben consolar a otras personas, yo solo sé dar abrazos.
 -Escucha, puede que te duela, pero recuerda que iba un poco borracho, y no tenía mucho control.
-¡Pues por eso es un idiota!- Dicho esto se me tiró encima a llorar como una niña pequeña, me da lástima pero va a sonar la campana del inicio de las clases y si llegamos tarde nos hacen copiar frases absurdas, insulsas, que lo único que hacen es que luego te duela a horrores las muñecas.
 -Anda, sécate las lágrimas y vallamos a clase, ¿vale? Valla, se te ha corrido la máscara de pestañas, toma un pañuelo.
-Gra-gracias.- Bajamos de aquel árbol inmenso y nos dirigimos a clase de lengua, la cual se me hacía eterna no por culpa del profesor sino por la materia, la odio.
-Buenos días alumnos, señoritas Suárez y Rodfield, llegan tarde, tomen asiento y presten atención.- AL parecer el profesor se nos adelantó varios minutos, tomé asiento y Aaron se mostró tenso, ni siquiera saludó.
-Hola Águeda, buenos días, ¿qué tal el fin de semana?- Dije sarcástica.
 -Ja, ja, ja, hoy te has levantado bromista ¿no? Bueno calla y atiende a la clase que luego no te enteras de nada.
-Bueno, cálmate, que no te he dicho nada.
-Sí, puede que ese sea el problema; que nunca digas nada o lo hagas todo de broma.
-¿Se puede saber qué narices te pasa hoy?
-Señorito Benamor, señorita Suárez, ¿querrían compartir algo con el resto de la clase?
 -No.
-Un poco de sutileza Aaron.
-Déjame.
-¡Cállense de una vez!
-Vale.- Respondió Aaron de mala gana. Antes de meter la nariz en sus libros de texto me lanzó una mirada de reproche. A lo largo del día se mostró tenso, distante y nerviosos conmigo, no me dirigía la palabra y evitaba todo contacto visual; me estaba empezando a enfadar y tenía que explicarme qué le rondaba por la cabeza.
-¿Te importaría explicarme qué te pasa hoy? Estas muy raro y no sé por qué. -¿Que no sabes por qué?
-Pues no.
-Lo que me pasa es que eres una hipócrita.
 -¿Hipócrita? Antes de insultarme aclárame qué demonios te pasa; porque no tengo telepatía, ¿sabes?
-Eres una hipócrita porque lo haces todo de broma, para ti nada significa nada y parece que seas bipolar.
-Aaron estás desvariando cada vez más. ¡Dices cosas sin sentido alguno!
-¿¡SIN SENTIDO ALGUNO!? Y dime, ¿vas besando a todos los tíos que ves de ''broma''?- Al decir esto se tapó la boca y abrió los ojos como platos, ¡el beso! Eso era lo que le rondaba la cabeza todo el tiempo, aquello que no quería contarme, todo.
-¿El be-beso? ¿Por eso te has enfadado?- Pregunté nerviosa.
-¡¡¡SÍ!!!
-Ĺa sutileza no es tu fuerte... Pero si solo fue una broma, no le des importancia. -Ese es el problema, que era una broma.-Murmuró entre dientes y cabizbajo. -¿Cómo? El duro y fuerte Aaron tiene su coranzocito después de todo, ¿podrías decirme por qué te importó tanto?
- Hubo un largo e incómodo silencio, ninguno de los dos sabía qué decir; de repente sonó la campana que finalizaba el descanso, simplemente me fui a clase, aunque el problema era que Aaron era mi compañero de pupitre. Pasaron las horas, y con ellas, aquel oscuro día de nubes; ya casi de noche recibí una llamada de Ainhoa:
-Águeda, ¡qué bien que estés despierta!
-Solo son las 8, pero da igual, ¿qué quieres? -¿Recuerdas el concierto? -Parcialmente.
-Da igual, pues entre el público había una chica de unos veintipocos con el pelo rosa.
-Ajá, espera, ¿con el pelo rosa? Cada día la gente está más rara.
-Pues eso, se llama Diana Vega y trabaja como fotógrafa y estilista para una revista.
 -No creo que me importe mucho su vida laboral.
-La revista se llama: ''Forever Stars'', de música y le entusiasmó vuestra actuación, dice que sois muy buenos y que va a hablar con sus jefes para que os hagan una prueba.- No daba crédito a mis oídos, The Maja, un grupo amateur, con nombre improvisado y de solo 17 años había sido fichado por una revista. Bueno, más o menos.
-Solo me ha dicho que tendréis que cambiarle el nombre por uno más acorde a vuestro estilo y componer vuestras propias canciones. Son necesarias para la prueba, mínimo 5 canciones todas diferentes. Bueno, dicho este discurso, me voy a dormir que tengo sueño, adiós Águeda.- Y me deja con la boca abierta de par en par mirando un poster de mi habitación soñando despierta. Era imposible que esto nos estuviera sucediendo, aún no me lo creo; creo que jamás me había pasado algo tan bueno, no me prometen grabar un disco ni nada, es solo una prueba, pero puede ser la oportunidad de nuestra vida.

sábado, 19 de enero de 2013

CAPÍTULO 8

Antes de todo, siento mucho el retraso. Pero en fin, ya lo tienen aquí. Que lo disfruten.

18 de Enero
Hoy ya estábamos a lunes y temía enfrentarme a Samuel en el instituto después de la bronca del sábado. Desayuné muy deprisa y me fui en la moto a toda velocidad, saltándome a la torera el límite. Una vez llegué, aparqué y fui  directamente al aula; y allí estaba, tirado en su pupitre, de brazos cruzados y la cabeza apoyada en sus manos. Me quedé mirándole como una tonta hasta que se percató y lo único que hizo fue dedicarme una mirada llena de arrepentimiento; pero ya era demasiado tarde. Pasé a su lado con aire indiferente, pero cuando me iba alejando se levantó repentinamente, me agarró del brazo y, con ojos suplicantes, me pidió perdón.
-Águeda, tía, lo siento mucho. Te prometo que lo he dejado.
-Ya claro, ¿sabes? Estoy harte de oír tontas disculpas falsas, no sé si lo has dejado o no, pero ya me da igual lo que hagas. Y si te hemos echado de la banda ha sido con motivos; además, como tú mismo dijiste: No te metas en vida.- Me giré y fui hacia el fondo del aula a ocupar mi sitio, por suerte o desgracia, no había nadie más a parte de nosotros dos en aquel momento. Comenzaron a entrar los demás alumnos, algunos con mucha prisa por terminar la tarea del fin de semana y otros más relajados, simplemente charlando amigablemente con los demás; tenía el presentimiento de que se me estaba olvidando algo...
-¡MIERDA! ¡Los verbos en alemán!- Se me había olvidado por completo estudiármelos; noté como las 10 personas que había en el aula giraron la cabeza ligeramente hacia mí, entonces me di cuenta que lo había gritado a pleno pulmón.
-Tranquila rubia, que los verbos son para mañana.- Intentó decirme un chaval muriéndose de la risa.- Y por cierto, que tampoco es para tanto.- Tierra trágame...
Después del pequeño percance con mis griteríos terminaron de llevar los alumnos restantes y con ellos mi compañero de pupitre: Aaron. ¿Por qué le doy tanta importancia? Solo es amigo mío, ¿no? ¡Ay, no lo śe! Estoy confusa y para colmo a primera hora tenemos Lengua española y literatura, así me voy a quedar dormida en cuanto la profesora entre por la puerta; y así fue, comenzó a explicar algo que creo que eran las  palabras homófonas, sinónimas, antónimas y demás cosas de las cuales no me acuerdo; ventaja de estar sentada en última fila: puedes dormir y nadie se entera. Transcurrieron las 5 horas restantes que quedaban de instituto y la salida fue como una liberación para todos los alumnos; me encaminé hacia la puerta, en la cual divisé a un grupo de chicos esperando a alguien, eran muy evidentes: Aaron, con su particular pelo negro azabache, Jeyden, rubio con flequillo surfero y muy alto y Miguel, con el pelo muy corto y también rubio.
-¡Ya era hora Águeda! ¿Te parece bonito hacernos esperar de esta manera?- Preguntó Aaron con tono sarcástico.
-Sí, sobre todo a ti. Bueno, ¿esta tarde hay ensayo para la actuación?
-¡Claro! En casa del tonto este- Dijo subiéndose en la espalda de Aaron, el cual se quejó- a las 6, sé puntual.
-Vale, hasta luego entonces.- Nos despedimos y cada uno se fue a su casa ilusionado por nuestra primera actuación en público. Llegué a casa algo tarde y tuve que aguantar la reprimenda de mi padre a causa del retraso, subí a mi habitación y empecé a tocar la guitarra; me sentía inspirada y los acordes salían solos, la letra de aquella sencilla canción, el ritmo, todo. Fui apuntándolo y en menos de una hora estuvo terminada, no era una obra maestra pero era la primera composición decente que había hecho en mucho tiempo; de repente, recibí un mensaje de Elia:
''Tenemos que quedar para hacer el puzle, aunque tengamos algo avanzado por las clases hay que terminarlo.''
Le envió otro:
''Estoy algo ocupada, pero si te vienes ahora a mi casa adelantaremos algo, ponte ropa rockera, luego te lo explico.''
A la media hora tocaron al timbre y allí estaba Elia, con su pelo pelirrojo y rizado suelto, solo llevaba un pequeño pasador con forma de lacito negro, una camiseta negra con las palabras: ''Little punk girl'' y unos vaqueros ajustados oscuros.
-Estás estupenda.
-Gracias, ¿por qué he tenido que vestirme así?
-Te vienes a un concierto conmigo.
-¿¡Qué!? Pero no puedes decirme eso, primero tengo que pedir permiso, venir preparada para un concierto, tener un sitio donde quedarme a dormir: estos eventos acaban tardísimo y...
-¡PARA! A ver, el concierto acaba a las 11 de la noche, la banda que toca somos nosotros y lo haremos en un bar no muy lejos de aquí. ¿Más tranquila?
-¿Qué tocáis vosotros? Cierto, Miguel, tú y algunos más tenéis una banda.
-¿Solo recuerdas que uno de los integrantes es Miguel?- Dije con sorna.
-¡Eres imbécil! ¡Te odio!- Dijo nerviosa y notablemente sonrojada.
-Anda que era broma mujer, bueno, vamos a empezar con el puzle.
Tras una hora en la que me corté, Elia se pintó un mechón de su pelirrojo pelo de azul (todavía no sabemos cómo) y se rompió el marco de una foto del salón, lanzando un trozo de madera por los aires nos preparamos para el concierto.
-Toma champú y lávate la mecha azul. Yo voy a por la escoba para recoger el estropicio del marco.
-Gracias, te espero en tu habitación.- Después de limpiar fui hacia el estudio de mi padre a coger la guitarra, la púa y demás cosas que me hacían falta; luego subí a mi habitación y Elia y yo nos fuimos a casa de Aaron para el ensayo. Llegamos algo más tarde de lo previsto ya que Elia ponía mil excusas para no asistir; se le notaba que estaba enamorada de Miguel, pero era demasiado tímida para admitirlo. Piqué a la puerta y me abrió Ainhoa, con su característica gran sonrisa y nos invitó a pasar.
-Todavía no han llegado ninguno, son unos tardones. Uy, a ti no te conocía; hola, me llamo Ainhoa.- Dijo percatándose de la presencia de Elia. Oí unos pasos energéticos provenientes de las escaleras y a los pocos segundos entró Aaron en la cocina (donde nos econtrábamos nosotras) sin camiseta, y, he de añadir que casi me da un infarto, abrió la nevera, cogió un refresco y se fue por donde vino.
-¡Primo! Saluda que ya han llegado Águeda y Elia.
-¿Qué? Ah, ho-hola chicas.- Dijo un poco nervioso al darse cuanta de la pinta que llevaba, de repente, puso un pose chulesca y me dijo:
-¿Qué? ¿Tan bueno estoy?- Vaya, me había quedado mirándole como una auténtica idiota.
-Jajaja... los he visto mucho mejores, no te creas tan importante.- A pesar de mis palabras estaba muy nerviosa y algo sonrojada.
-Sí, claro, cuando lleguen los tíos ensayamos, ¿te parece?
-Estupendo.
Tras un largo rato al fin llegaron y cierto rubio se puso muy acalorado al ver a cierta pelirroja; estuvimos ensayando durante casi dos horas recogimos todo y nos dirigimos hacia el bar a paso ligero para intentar relajarnos un poco. El tío de Aaron nos dio la bienvenida y nos dijo que actuaríamos directamente, que él nos presentaba.
-Bueno, señoras y señores, ahora habrá un espacio de música en directo por un grupo amateur. Un fuerte aplauso para The Maja.
-¿Maja? ¿Tío, y ese nombre?
-Vuestras iniciales, ¡venga! Tocad que la gente se aburre.
Subimos al escenario para comenzar el concierto mientras que las chicas aplaudían eufóricas y la gente atendía con espectación. Nos miramos unos a otros para saber qué canción tocábamos primero, tendríamos que haberlo decidido antes cuando recordé que se nos daba muy bien American idiot, agarré el micrófono que tenía para los coros y dije:
-Empezaremos con una canción de Green Day: American Idiot.- Todos asintieron y comencé los primeros acordes, entró la batería, el bajo y por último la voz; estaba sonando de miedo y parecía que a la gente le estaba gustando mucho, terminó y esta vez fue una de Avril Lavigne, seguida de otra de AC/DC donde por poco meto la pata en el solo y así sucesivamente hasta que tocaba la última: La balada.
-Bajen las luces, busquen a esa persona especial entre el público, esta es balada.- Vaya, que romántico se puso Miguel, miraba descaradamente a Elia la cual le sonreía; entre mirada y mirada comenzó la canción y vi cómo Jeyden le sonreía furtivamente a Ainhoa la cual solo se dejaba llevar. Una vez terminamos nos bajamos del escenario entre acalorados aplausos y vítores, y en los siguientes 10 minutos todo el bar vino a felicitarnos. Elia y Ainhoa se acercó a nostros una vez disipados todo el personal y nos felicitó también, entonces James tuvo la idea de invitarnos a todos a tomar algo, que por petición popular fue una cerveza. El problema vino cuando Miguel quiso otra. No sé por qué, era una simple cerveza, pero le afectó bastante; se puso en pié y, entre risas, se dirigió a Elia y la cogió de la cintura, hecho que hizo que ella se sonrojase y lo mirase con los ojos como platos. Aaron, Jeyden, Ainhoa, James y yo nos mirábamos  unos a otros entre divertidos y sorprendidos mientras que Elia y Miguel solo tenían ojos el uno para el otro. Salimos a la calle y nos dirigimos a casa de Jeyden, la que estaba más cerca, para acompañarlo. De pronto, noté que éramos pocos y me di la vuelta. Elia y Miguel, cogidos de la cintura, se habían detenido en la puerta del bar; observé cómo Miguel decía unas palabras al oído de Elia que no llegué a oír, pero lo que pasó después me dejó sin habla. Miguel tiró de Elia, acercando su cuerpo hacia él... y la besó. Toqué el hombro de Aaron y, sin palabras, le señalé la escena que ambos protagonizaban. Se quedó tan descolocado como yo, tampoco pudo decir nada.
-¡WOW! ¡Ya era hora!- Gritó Jeyden aplaudiendo mientras que los dos tortolitos se separaban, algo avergonzada Elia, pero Miguel feliz cual perro por la pradera.
-Águeda, ¿me das un beso a mí? Por favor, que siento solo.- Me pidió riéndose Aaron.
-Sí claro.- Me encaminé hacia él con picardía y le planté un beso en los morros, el pobrecito se quedó con una cara de estupefacción tremenda y los demás aplaudían.
-Anda, no te hagas ilusiones que esto ha sido de broma. Mañana os veo, me voy a casa.- Y me fui tan campante, cuando llegué a mi casa me encerré en mi habitación y me tiré en la cama mordiéndome el labio inferior recordando aquel beso que, supuestamente, le di a Aaron de ''broma''.

martes, 8 de enero de 2013

CAPÍTULO 7

17 de Enero
Me levanté tarde, muy tarde, demasiado tarde; tenía la boca pastosa y todo el pelo revuelto, más que de costumbre. No tenía ganas de vestirme, así que bajé al comedor con la bata y mi super-pijama de Hello Kitty.
-Buenos días Águeda, toma un café y cereales de los que te gustan.
-Papá, el chico de ayer es un amigo, no, no me voy a sacar novio por el momento y sé que hoy me toca cortar el césped.
-¡Pero qué lista eres!
-No es que sea lista, es que nos conocemos desde hace 17 años.
-Pues venga, desayuna, vístete y a cuidar el jardín, que está hecho un desastre.
Cuando terminé de trabajar como jardinera sin paga me encerré en mi habitación, tenía miles de cosas que hacer, como ordenarla, limpiarla y demás cosas que no iba a hacer; pero pensaba en  Aaron. Solo en él. Ni siquiera las duras palabras de Samuel podían sacarme de mis ensoñaciones. Tocaba unos acordes distraídamente cuando mi móvil comenzó a sonar, lo cogí y antes de que pudiera siquiera decir hola, Aaron, con voz afectada y tono grave, me dijo:
-Hemos echado a Samuel de la banda.- Mi boca se abrió en una mueca de entre tristeza, estupefacción y satisfacción. No sabía qué decir, sabía que él se sentía como yo: bien y mal. Satisfecho y triste.- Bueno, ¿no dices nada?
-¿Estáis todos juntos?
-No, pero están de camino.
-Voy para allá, espérame por favor.
Llegué a casa de Aaron unos minutos antes de lo previsto, puede que para estar a solas con él. Me abrió con su característica sonrisa pícaray me derretí un par de segundos en la puerta antes de saludarle con dos besos y una sonrisa. Me invitó a sentarme y me ofreció una gaseosa con hielo. Hablamos hasta que sonó el timbre, eran Jeyden y Miguel que venían juntos, y se tiraron en el sofá como si estuvieran en su casa.
-Bueno tíos, esto me da palo.- Dijo Miguel algo más serio.- Siempre hemos sido amigos, pero es cierto que se ha pasado.
-Por un lado me da pena, pero por otro... ¿tú qué opinas Águeda?- Preguntó Jeyden.
-Pues... tampoco lo conozco de mucho, pero... la verdad es que ni idea. Me es totalmente indiferente; tiene sus pros y sus contras.- El timbre interrumpió la reunión. Aaron se apresuró a abrir y frente a la puerta había una chica morena, con un pelo tan liso que daba envidia, bastante buen cuerpo y ojos color café, algo ocultos tras unas grandes gafas celeste de pasta.
-Hey tíos, esta es mi prima Ainhoa- Sonrió Aaron. Jeyden se la quedó mirando como si de un ángel se tratase, mientras que Miguel, mostrando bastante más cordura, se levantó a saludarla. Aquella chica se nos acercó ilusionada y se presentó.
-Jeyden, baja del mundo rosa.- Le di un codazo porque estaba llenando su camiseta de babas mientras miraba a... ¿Ainhoa? Tras una larga conversación con la morena nos preguntó de repente, como si se acabara de acordar de algo:
-Oye, Aaron me dijo que teníais una banda, ¿os gustaría tocar mañana por la noche en el bar de mi padre? Si la actuación es buena os pagaremos.- No daba crédito a lo que estaba escuchando y  mis amigos tampoco. Nunca he tocado con público y creo que ellos tampoco, además, estamos sin batería a causa de la reciente expulsión de Samuel.
-Espera, estamos sin batería.
-Bah, por el bar suele haber mucho músicos amateurs, puede que si váis encontréis a alguno.- Todos compartimos una mirada hasta que me atreví a decir:
-Por intentarlo.
Fuimos guiados hasta un local bastante grande, muy bien ambientado, con un pequeño escenario a pocos metros de la barra, justo en frente de las mesas. había un hombre con aspecto bonachón sacándole brillo a la barra, supuso que era el padre de Ainhoa.
-¿Qué tal sobrinito?- ¿Acaba de llamar sobrinito a Aaron? Te juro que me dió un ataque de risa interno.
-Buscamos un batería, ¿¡hay alguno por aquí!?- Vale, en un abrir y cerrar de ojos veo a Jeyden subido en el escenario micrófono en mano preguntando si hay algún batería en la sala. Sorprendentemente un joven de unos veintipocos años levantó el brazo. Era alto, fornido, pelo color miel, más corto por los lados y algo más largo por la parte de arriba formando una disimulada cresta. Tenía los ojos grandes y marrones.
-Hola, me llamo James y soy batería.
-¡Reunión grupal!- Gritó Miguel e hicimos un pequeño corro. Tras unos balbuceos de palabras que apenas se oían decidimos hacerle una prueba.
-Bueno, ¿que géneros se te dan bien?
-Cualquiera, pero se me da mejor el hard rock/punk.
-Vale, ¿te importaría hacernos una demostración?
-Sí claro.- Comenzó a tocar y la verdad que no se le daba nada mal, es más, era muy bueno. Compartimos unas miradas cómplices y decidimos que estaba más que aceptado.
-James, mañana aquí para la actuación. No faltes.

CAPÍTULO 6

16 de Enero
Solo podía pensar en el ensayo de esta tarde, por suerte para mí hoy no teníamos instituto ya que era sábado. Estuve todo la mañana de aquí para allá como una loca, a causa de los nervios, y mi padre, harto de mí, se dedicó a decirme ''¡¡¡ÁGUEDA SUÁREZ, SIÉNTATE DE UNA VEZ QUE MAREAS!!!
Por fin llegó la hora del ensayo, cogí mi preciada guitarra, mis guantes para tocarla y me fui; una vez allí ni llamé a la puerta, me abrieron antes siquiera de que llegara a los primeros escaloncitos del porche y Miguel me metió de un empujón en aquella casa. Fui conducida hacia el sótano donde esperaban todos impacientes, cada uno con su instrumento, y Samuel, en la banqueta de la batería esquivando toda mirada de Aaron.
-¡Por fin tía! Ya era hora.
-Llego solo 2 putos minutos tarde.
-Bueno da igual, venga enchufa la guitarra al amplificador y... ¿te sabes ''American idiot?
-¿Por quién me tomas? Me encanta Green Day y sé tocar muchas de sus canciones, entre ellas American Idiot.- Los acordes de America idiot llenaban la habitación con una fuerza y un estilo impropio de unos aficionados de 17 años, pero a lo mejor éramos más que eso, a lo mejor ya éramos una banda. Llegó el turno del solo y también mi oportunidad de lucirme, empecé aquel solo imposible sin ningún error, dejándolos a todos boquiabiertos; terminamos y aplaudimos todos, la verdad es que sonaba muy bien y ese mérito era nuestro, solo nuestro.
-¿Os parece ahora Boulevard of Broken Dreams? Así yo no me aburro.- Cierto, Jeyden estaba sentado en la banqueta del piano en modo ''aburrimiento extremo''.
-Vale, así veo que tal se te da el piano a ti.- Le dije, recordemos que yo también le doy a las teclas.
Yo estaba flipándome con la guitarra cuando de pronto Aaron se detuvo:
-¡Parad! ¡Parad joder! Samuel te has saltado el redoble a la torera, ¿es que aún no te sabes el tema o estás mareado de tanta marihuana- Eso sonó muy cruel, pero me limité a dirigirle una mirada de advertencia a Aaron. Demasiado tarde.
-¿¡QUÉ!? ¡Pero si eres tú el que lo ha hecho mal!  Deja de comportarte como si fueras mi hermano mayor, ¿quieres?- Dijo Samuel levantándose de la banqueta y tirando las baquetas al suelo, estaba realmente cabreado.
-¿¡Cómo si fuera tu hermano mayor!? ¿¡A QUIÉN COJONES TIENES A PARTE DE MÍ!? Te recuerdo que vives solo.- Contestó Aaron dejando el bajo en el atril.
-¡DÉJAME EN PAZ JODER! ¡SÉ PERFECTAMENTE QUE ESTOY SOLO!
-Chicos dejádlo ya.- Intentaron tranquilizar miguel y Jeyden pero para nada, solo lo empeoraron. Al ver el gesto dolido de Samuel traté de detenerlos con un escueto ''por favor, ¡dejádlo ya! ¿Sois amigos, no?
-Éramos- corrigió Aaron, observé su gesto y no pude evitar lo que sucedió a continuación. Aaron se dirigió a Samuel con el puño en alto, pero éste se le adelantó con un aparentemente doloroso golpe en el estómago de su contrincante; se liaron a puñetazos al tiempo que Jeyden y Miguel, horrorizados, se apresuraron a intentar separarlos. Tras un duro forcejeo consiguieron tener a cada uno lejos del adversario en aquella absurda pelea; yo intentaba calmar a Aaron, que tenía una rajita en el labio inferior y otra en la ceja derecha.
-Águeda habla con Samuel, a ver si tú consigues calmarlo.- Me dijo Miguel algo desesperado. Me dirigí hacia él y observé que tenía un ojo morado y se agarraba la muñeca dolorido.
-¿Y tú? ¿No eras la putita de Aaron?- Vale, eso me dolió, y mucho.
-¿Putita? Mira tío que te pelees con Aaron no es culpa mía y no tienes derecho a insultarme.
-Lo que tú digas. ¿Sabes?- Se inclinó hasta mi oído y luego dijo en un susurro.- Aquí la que no tiene derecho a meterse en mi vida eres tú.- Y luego me besó la mejilla, por la cuál caía una lágrima rebelde. No pude contener la rabia y le di una sonora bofetada. Cogí la guitarra y salí de allí lo más rápido que pude. Crucé la puerta quedando en el porche donde me derrumbé, no podía parar de llorar, nadie me había llamado puta desde mi antiguo instituto por culpa de un tío que estaba obsesionado conmigo; escuché la puerta abrirse y luego a Aaron a mi altura (estaba sentada en el suelo con la guitarra a la espalda, no lo intentéis, es muy incómodo).
-Eh, ¿estás bien? No le hagas caso a lo que él te diga.- Dijo sosteniendo mi rostro y secando algunas lágrimas con los pulgares.
-Ya pero estas cosas me afectan mucho.
-Mira, no le hagas caso, seguro que no ha querido decir esas cosas. Venga y ahora levanta que te vas a cargar la guitarra.- Sonreí tímidamente y me ayudé se su mano para levantarme, luego lo abracé con fuerza y susurré un ''Gracias''.
-Anda venga, que te acompaño a casa.
-De paso te curo las heridas, se te van a infectar.
Durante el camino no habló ninguno de los dos, era un silencio más bien incómodo que otra cosa, una vez llegamos y se lo presenté a mi padre (que por la cara que puso estuvo a punto de darle un infarto, porque a la mente brillante de Aaron se le ocurrió entrar en mi casa colgado de mi, cojeando y quejándose como si fuera un soldado moribundo).
-¡Joder Águeda! ¡Qué escuece!
-¡Estate quieto que si te mueves no puedo curarte!
-Ya, tú estás jugando a médicos y enfermeras, pero en plan sexy, porque te estoy viendo el escote.- Mierda.
-¡Pues deja de mirarme gilipollas!- Dije dándole la espalda enfadada.
-Anda mujer que estaba de broma.
-Ya estás curado. ¡A tu casa!
-Vale tranquila no me pegues.
-Más quisieras.
-Jajajaja venga que ya me voy, te veo el lunes en el instituto.- Cerré la puerta y me dirigí a mi habitación; me tumbé en la cama boca arriba pensando en lo sucedido esta tarde, hasta que caí en un profundo sueño a causa del agotamiento.


sábado, 5 de enero de 2013

CAPÍTULO 5

Antes de todo quiero agradecer este capítulo a mi mejor amiga que me ayudó a escribirlo porque yo no estaba muy inspirada. Que lo disfruten.  -^.^-

15 de Enero
<<Samuel fuma porros.>> Es lo único que se escuchaba dentro de mi cabeza, lo conocía desde hace muy poco pero había llegado a ser importante para mí, cosa extraña porque en este mundo lo único que me importa es mi padre, mi moto y mi guitarra. Entré en el instituto dispuesta a hablar con Samuel, quizás se negará o pensará que me comporto como si fuera su madre, pero este asunto es muy gordo como para dejarlo estar y ahora está a tiempo de dejarlo. Lo encontré en el pasillo, cogiendo unos libros de su taquilla, por suerte para mí todavía quedaba mucho tiempo para que sonase la maldita campana.
-Samuel, tenemos que hablar.- Vaya, ha sonado como si fuese su novia y estuviese embarazada.
-¿De qué, en? Todo lo que teníamos que decir lo dijimos ayer, y métete en tus asuntos, estoy harto de que la gente me diga lo que tengo que hacer.- Y se fue, me dejó con la palabra en la boca, ¿qué podía hacer yo? antes de que pudiese echar a correr sonó la campana y no tuve más remedio que volver a clase; entonces vi al segundo afectado: Aaron. Le hacía el vacío a Samuel. Éste fingía que no le importaba pero yo sabía que estaba preocupado, percibía sus sentimientos como si le conociera de toda la vida.
-Buenos días.- Se mostró distante y frío, todo lo contrario de su carácter bromista y alegre.- ¿Has hablado con Samuel?- sabía que no tardaría en preguntar, en el fondo lo quiere como si fuera su hermano mayor.
-Sí, y no me ha escuchado, por cierto, ¿mañana hay ensayo?
-Sí, ¿por qué?
-Habla tú con él durante el ensayo y así se calman un poco las cosas. Sé que me vas a decir que es una mala idea y que yo no conozco a Samuel y bla bla bla... pero, por favor, hazlo por mí.
-Mmm... está bien, eres una cabezota sin remedio.- Mostró una sonrisa  muy tierna, adorable, solo para mí... ¿¡EN QUÉ PIENSAS ÁGUEDA SUÁREZ!? Ni que me gustara Aaron...
Era la hora del recreo y divisé a Samuel por los pasillos. Era como un libro abierto para mí, vagaba de un lado para otro como un alma en pena, probablemente esperando a que Aaron llegase por detrás y le dedicase una sonrisa. Me estaba matando esperar tanto tiempo para salir de aquel antro al que llamamos instituto, necesitaba hablar sobre el problema que teníamos con un nuestro amigo, necesitaba tocar la guitarra y despejarme... Necesitaba tantas cosas que mi mente no se ponía de acuerdo y me tenía loca, pensamientos y recuerdos del otro instituto, donde era la marginada, la soluciona-problemas, la que pagaba los platos rotos de todo el mundo, no, ya no podía seguir así, teníamos que solucionarlo. Algo más calmada me dirigí a la última clase, tecnología; le hablaba a Elia sobre nuestro proyecto mientras esperábamos que el profesor, que llegaba 3 minutos tardes, entrara en clase. De pronto, al mirarla, hallé en su cara una sonrisa casi imperceptible. dirigí la mirada hacia el lugar en el que Elia clavaba sus ojos, y creí descubrir el motivo por el cual ni hablaba, ni prestaba atención a lo que yo le pretendía explicar. Observaba tímidamente al grupo de Aaron, concretamente a Miguel, que le devolvía una mirada sutil pero cargada de sentimiento.
-¡Elia aterriza de tu mundo rosa!
-¿Qué? ¿Qué pasa? Perdón, no te estaba prestando atención.
-Ya, se la estabas prestando a cierto rubito de ojos marrones que va en el grupo de aaron, ¿cierto?- Miró al suelo ruborizada con con los ojos muy abiertos, como diciendo: ''¡Calla insensata!'' me limité a reír y a hacerle una revelación.
-Se muere por tus huesos, pero es muy tímido, deberías de insinuarte un poco.- La pobre se puso más colorada todavía y yo me moría de la risa, la verdad es que fui un poco mala persona pero son tal para cual.
Por fin terminaron las clases y tuve un respiro, fui a casa con una sola frase en mi mente <<Mañana, ensayo.>>