*Narra Diana*
Este sábado comienza a ser aburrido; en mi ático solo quedan dos botellas de licor para hacerme una fiesta yo sola pero no quiero emborracharme hoy. Desde que Xavier intentó abusar de mí había encontrado un pequeño consuelo en el Malibú con piña pero eso me estaba afectando. Fui a mi habitación y me desplomé sobre la gran cama central, miré hacia un lado y observé que mi móvil vibraba, me incorporé y lo cogí. Era un número desconocido, descolgué y me llevé el aparato a la oreja.
-¿Hola?
-¿Diana?
-Sí, ¿quién eres?
-¡James!- James, el batería de aquel grupo amateur y quién noqueó a mi agresor.- Bueno, ¿qué tal estás?
-¿Preguntas de ''qué tal''? Si vas a decirme algo dilo ya.
-Am... Me preguntaba si te apetecía ir a cenar.
-¿En plan cita?- Dije soltando una discreta risa.
-Se podría ver de ese modo.
-Vale, acepto.- Me apetecía salir y si se me planta la oportunidad, pues genial.
-¿En serio? ¡Estupendo! Pero ve arreglada.
-¿A dónde me llevas?
-Ya lo verás. Estáte lista a las ocho.- Colgué el teléfono y sonreí estúpidamente.
Llegó la tarde y buscaba algo que ponerme o cómo maquillarme y peinarme, incluso busqué vídeos en internet sobre qué hacer; cuando vi el quinto vídeo fue cuando supe que me estaba pareciendo a una adolescente quinceañera. Rebusqué en los rincones de mi armario y divisé un vestido color verde botella, de cuello barco y mangas francesas de encaje y unos tacones negros.
Casi sin darme cuenta eran las ocho y ''mi cita'' esperaba puntual en la calle, cogí el bolso y mi abrigo negro y me fui escaleras abajo.
Cerré la puerta y justo al volverme sopló una fuerte ráfaga de viento, lanzando al vuelo todos mis cabellos rosas; subí coche, era negro, muy elegante.
-Diana estás estupenda.- Dijo sonriendo mirándome de arriba a abajo.
-Sé que estoy buena, no hace falta que lo digas.- Dije sonriendo de medio lado, a decir verdad, él estaba magnífico. Llevaba una camisa blanca, una corbata negra con el nudo un poco aflojado, pantalones negros y una chaqueta también negra bastante grunge.
-¿Siempre tan egocéntrica?
-Nunca nadie me lo dirá así que tengo que cuidar de mí misma.- No dijimos nada más en todo el trayecto, puedo que alguna mirada furtiva; todo eso me estaba hirviendo la sangre, necesito algo de diversión. Detuvo el coche frente a un edifico muy grande y bien iluminado, era como de película romántica. Entramos y era precioso, paredes de colores cálidos, hermosos manteles blancos en las mesas y una música muy suave, aquel lugar era acogedor. Tomamos una mesa y una juguetona conversación empezó, hablamos de muchas cosas y no puedo recordarlas todas, pero sin saber cómo salió el tema hablamos de Xavier.
-¿Qué pasó con él? Si no llega a ser por mí te podría haber llegado a violar.
-Lo sé, te estoy muy agradecida. Aunque parte de la culpa fue mía.
-Lo dudo mucho.- Sonreí, no sabía nada de mi historia con Xavier.- ¿Por qué sonríes?
-Recuerdos. Pasaron muchas cosas con ese hombre.
-Cuéntamelas.
-¡No! Son cosas personales.- Dije irritada.
-No sé que te pasó ni por qué eres tan arisca, yo solo sé que me atraes y me puedes contar lo que sea.- Abrí de par en par los ojos, ¿confianza? ¿Qué demonios es eso?
-Está bien, realmente me has sorprendido y creo que eres lo bastante maduro como para guardar un secreto. Empecemos. cuando yo tenía veintidos años acababa de terminar la carrera de fotografía y entré a trabajar en la revista ''Forever Stars''. Él era el jefe de la discográfica a la que fuisteis, pues le gusté de una forma enfermiza y yo caí en sus redes. No fue nada sentimental, era más bien carnal, ¿sabes? Y supe que jamás significaríamos nada. Corté la relación y por supuesto quiso más, el resto ya lo sabes.
-Será capullo.
-¿No me digas?- Dije irónica.
A partir de ahí cambiamos de la conversación y nos dedicamos a conocernos mejor, me resultaba interesante, era atento y paciente. Totalmente contrario a mi carácter pasivo e irritable.
Terminamos la agradable cena y dimos un paseo por las nocturnas calles de Madrid, a su lado me sentía protegida, a gusto, eran cosas que jamás había sentido al lado de un hombre. Dimos media vuelta y volvimos al aparcamiento para volver a casa, pero el cambio en este trayecto fue la continua charla y risa. Llegamos a mi edificio y se bajó conmigo del coche para acompañarme a la puerta, pero también subió en el ascensor y nos paramos en el portón de mi ático.
-Me lo he pasado genial James, hacía tiempo de la última vez.
-Un detalle no hace daño.- No pude contener la risa y me mordí el labio inferior mientras buscaba las llaves. Él me obligó a mirarlo sosteniendo mi barbilla con su pulgar y su índice.
-¿Qué haces?- contesté con la voz entrecortada.
-Podría pasar y tomarnos un café o algo.- Un sonrisa traviesa surcó mi rostro, agarré su corbata y lo acerqué a mí, dejando su cara mi cerca de la mía.
-Venga ya, no somos dos quinceañeros y tú no quieres café.- Se pudo oír el ''crak'' de la puerta al abrirse y nos besamos como si nos faltara el aire, andé de espaldas chocando con todas las paredes de mi casa hasta llegar al dormitorio, allí mis piernas se tropezaron con la cama y el resto de la noche ya os la figuraréis.
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