domingo, 20 de octubre de 2013

CAPÍTULO 25

4 de Febrero
Llueve. Amo la lluvia. Me puse el uniforme y bajé a desayunar con una amplia sonrisa en la cara.
-Águeda, ¿a dónde vas maquillada?- Se había percatado de la fina línea negra y la máscara de pestañas.- Te pareces a Catalina.
-No voy tan maquillada y a esa estúpida ni me la nombres.- ¿Le diré a mi padre que tengo novio? No, prefiero esperar un tiempo porque se pondrá a darme ''la charla''.
-Solo digo que no es propio de ti ir tan arreglada al instituto. ¿Qué pasa? ¿Te gusta alguien pillina?- Dijo dándome un codazo.
-Joder papá, déjame tranquila.
-¡Niña esa boca! Anda vete ya que vas a llegar tarde.
-Y esta para el camino.- Dije agarrando una galleta y salí hacia el garaje.
Llegué al instituto como una exhalación, aparqué mi moto y salí corriendo hacia el edificio principal. Me crucé con la directora la cual, tan embutida en su falda como siempre, me regañó por correr en los pasillos. La esquivé y pasé de largo.
Entré en clase y fui directamente a mi asiento, me dejé caer sobre la mesa agotada por mi carrera.
-Buenos días rubia, ¿soñaste conmigo?- Preguntó Aaron con un tono demasiado dulzón, yo hiperventilaba.
-Aaron, ah...ah... Estoy agotada. Vengo corriendo desde la puerta principal para no llegar tarde.
-No es por desilusionarte pero son las ocho menos cuarto, así que respira tranquila.- Levanté la cabeza violentamente y me giré hacia él.
-¿¡CÓMO!?- Grité.
-Anda ven aquí, te has hartado de correr para nada.- Extendió los brazos para que me dejara caer sobre él.- Por cierto, eres mala.
-¿Por qué?- Dije un poco confusa entre risas.
-A un tío no se le deja con el calentón.- Mis ojos tenían complejo de plato. ¿Cómo me suelta eso? Intentaba pensar en algo que decir pero no me salía nada inteligente.
-Por favor, no me cuentes detalles.
-BUAJAJAJAJAJAJAJA... Lo mejor es que te lo has creído.- Estalló en una muy sonora carcajada. En ese momento toda la clase se giró hacia nosotros y empezaron a murmurar mientras se reían por lo bajo.- ¡Eh! ¿Y vosotros qué mierdas miráis?

-Bruto.
-Fea.
-Tonto.
-Te quiero.
-Cursi.- Me gusta picarlo. Entonces la profesora de inglés entró por la puerta con su habitual pelo rubio teñido y comenzó a soltar un discurso interminable sobre los tiempos verbales compuestos en inglés. He estado en Londres, no me des la tabarra.
tras dos horas ''entretenidas'' tocó el timbre y como estaba lloviendo no pudimos salir al patio, así que nos quedamos en las clases. Seguí a Elia hasta los pasillos y allí nos quedamos toda la media hora, ella hablaba sobre lo detallista y perfecto que era Miguel y a mí me tocaba escucharla, pero se quedó completamente callada por un instante cuando vimos pasar por delante nuestra a Alicia, una chica de nuestra clase que se sentaba en la primera fila. Esperé a que se alejara y entonces le pregunté a Elia qué le sucedía.
-¿Pasa algo con Alicia?
-¿Sabes guardar un secreto?- Se dirigió hacia a mí totalmente pálida.
-Puedes contarme lo que sea.
-Bueno, esa chica, no es que nos llevemos especialmente bien.
-Parece buena persona....
-Águeda, hizo que me autolesionara.- Estaba perpleja, ¿cómo era eso posible? Sé que Elia puede ser muy insegura, pero, ¿puede llegar a tal punto de que quiera herirse a sí misma? Remangó la manga de su jersey y me mostró sus casi desaparecidas cicatrices.
-Pero Elia, ¿se lo has dicho a alguien? Esto es muy grave.
-Eres la única persona aparte de Miguel que lo sabe.
-Pues muy mal, tienes que contárselo a tus padres, a la psicóloga del instituto, a tu hermano, a tu novio, a tus amigos, a tu perro... Tienes que hablarlo porque luego es peor. ¿Y esa tía va a salirse de rositas? ¿¡LE PEGO!?
-Cálmate, lo tengo superado y ya no me acosa pero muchos días me dan ganas de volver a hacerlo todo de nuevo.
-No lo hagas, nunca. Y si en algún momento te sientes sola recuerda que nos tienes a todos nosotros que te vamos a querer pase lo que pase pero lo tienes contar al menos a tus padres.
-Muchas gracias.- Una sonrisa triste surcó su rostro.
-Vamos a hacer una cosa, cuando creas que es el momento de hablarlo me llamas y yo voy a donde tú me digas para apoyarte pero no lo dejes estar.- Me abrazó muy fuertemente y volvimos a entrar en clase.
Esta mañana estaba resultando todo muy extraño, terminó el instituto y volví a casa. Tardes largas de invierno sin nada que hacer dan para pensar, me acordé de Catalina. Siempre iba perfecta, con su interminable melena castaña lisa (con las puntas quemadas por el uso excesivo de las planchas), sus pequeños ojos marrones claros, su amplia frente y su rostro sin acné, totalmente contraria a mí. Esa chica fue mi infierno, aunque ni ella fue un demonio ni yo un angelito. Lo más patético fue cuando me llamó gótica por ir con unos pantalones negros unas Converses.
Cogí mi guitarra y escribí. Escribí y compuse hasta quedar rendida, hice alrededor de 10 o más canciones, me venían solas y el cuerpo me pedía expulsar todos mi monstruos fuera.

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