martes, 19 de marzo de 2013

CAPÍTULO 13

23 de Enero
Hoy ya estábamos a sábado. Extraño día, amaneció lluvioso y tormentoso, estos últimos días habían sido secos y soleados, pero demasiado fríos. Me vestí torpemente, bajé a desayunar y encontré a mi padre hablando con... ¿Samuel? Me quedé fría ante aquella escena (menos mal que ya no estaba en pijama, porque eso hubiera sido ridículo).
-¿Samuel?- Pregunté algo confusa.
-Oh, buenos días Águeda, Samuel ha venido porque quería hablar contigo.- No estoy entiendo nada, ¿Samuel quiere hablar conmigo? Lo mejor de todo es que viene un chico a casa y mi padre tan tranquilo, no me fío, lo conozco demasiado.
-Eh... de acuerdo, ¿que querías Samuel?
-Yo me voy, no os molesto.- Me encanta que diga que no nos molesta y se valla a la cocina, donde hay una barra americana perfecta para poder espiarnos. Nos sentamos en el sofá del salón y pude ver que eran casi las doce del medio día, hoy sí que me había levantado tarde.
-Águeda, quería disculparme por todo.
-Sí claro.- Lo miré mal y me crucé de brazos, casi me negaba a escucharlo, pero le di una oportunidad.
-No, déjame acabar. Por todo, absolutamente todo, por haberme portado como un auténtico idiota, por haberme metido en las drogas, por haberte hecho daño. Para mí la banda lo era todo y por mi culpa ahora estoy fuera de ella. Sé que no queréis ni verme, pero por favor, perdóname, aunque solo seas tú.
-Samuel...
-Mira, Aaron me odia, ni siquiera me ha dejado poner un pié en su casa y se podría decir que los demás han hecho lo mismo, esperaba que tú fueras más comprensiva.
-Samuel, escucha,te pasaste aquel día y me cuesta perdonarte pero yo no soy quien para juzgarte. Realmente, no sé que hacer.- Puse una mueca pensativa y fruncí el morro. Samuel me miraba con cara de perro degollado pero no me atrevía a perdonarlo, una parte de mí estaba muy enfadada con él y la otra quería abrazarlo y perdonarlo. Sin darme cuenta había estado bastante rato callada ensimismada en i mundo, pensando y Samuel esperando mi respuesta:
-¿Qué piensas?
-Mmm... ¿Estás siendo sincero?
-Sí, por supuesto, no voy a mentirte.
-De acuerdo... Mira, lo voy a decir una vez, solo una: No quiero más problemas, te pasaste conmigo y con todos, sinceramente me da igual si lo has dejado o no y la verdad es que se te echa de menos como batería. A mí no me supones ningún problema. Te perdono.- Apenas pude terminar la frase cuando, emocionado, se tiró encima mía y me abrazó. Estaba realmente contento y reía feliz, como un niño pequeño que tiene un juguete nuevo. Tras estas confesiones estuvimos toda la mañana juntos, supongo que poniéndonos al día. Aún no se cómo le comenté lo de la oportunidad de Inglaterra:
-¿Que os vais a Inglaterra? Me encantaría ir, pero no estoy en la banda y no os puedo obligar.
-Bueno, no es que nos vayamos a Inglaterra, sino que nos harán una prueba los tíos de Jeyden.
-Que suerte tenéis, sino la hubiera liado...
-¿Has hablado ya con Aaron?- Intenté cambiar de tema.
-No, aún no, pero supongo que ni siquiera me abrirá la puerta y mucho menos que esté dispuesto a escucharme.
-¿Y si hablara yo con él? Puede que de esa manera te escuche.
-Sí, pero ¿cuándo?
-Si quieres, ahora mismo, voy a mandarle un mensaje.- Saqué mi teléfono y escribí ''Tengo que hablar contigo''. Simple, las indirectas no son lo suyo; respondió casi al instante, ''Ah venga vale guay, voy para tu casa''.
-Listo, viene para acá, escucha, intenta no ponerte muy nervioso ni irritarle; ya sabes como es.
-De acuerdo, lo intentaré.- Pasada una hora llegó Aaron y su reacción no fue demasiado bueno al ver a Samuel.
-¿Y este? Joder, parece que sea tu novio o algo.
-¿¡QUÉ!?
-Escucha Aaron, Samuel está aquí para disculparse por todo lo que ocurrió.
-¿¡Y tú le crees!? Águeda por dios.
-¡Pues claro que le creo! Te recuerdo que érais muy buenos amigos y reconoce que se equivocó.
-Pero yo no le creo, ya no me fío.
-Me gustaría defenderme...
-¡¡TU A CALLAR!!- Le gritamos Aaron y yo al mismo tiempo; Samuel volvió a sentarse en el sofá con cara de susto.
-Es que no lo entiendes, solo se está aprovechando de que eres demasiado buena.
-¿Demasiado buena? Te crees que soy tonta, pues muy bien,- Señalé con el dedo índice la puerta.- fuera de mi casa. Ya.
-Tranquila que ya me voy, así tienes intimidad para acostarte con el drogadicto.-  Abrí los ojos perpleja ante la dureza de aquellas palabras, ¿en serio Aaron había dicho eso? Salió dando un portonazo iracundo, Samuel se levantó del sofá con una extraña sonrisa de satisfacción pero cuando me volví hacia él la cambió por una de tristeza y reproche, extraño.
-¿Ves? Te dije que se negaría y lo último que ha dicho me ha parecido demasiado fuerte.
-Sí, es un idiota y un egocéntrico. Por favor, déjame sola.
-¿Qué? No, pero si estás fatal, te ha hecho daño.
-Creo que tienes razón, pero...
-Pero nada, me voy a quedar aquí, ¿vale?- Sonreí ante aquella insistencia, se eía tan dulce.
-Vale.- Tras este desagradable incidente, Samuel estuvo tratando de animarme y la verdad es que lo estaba consiguiendo. Sin saber por qué volvió a surgir el tema de Inglaterra:
-Entonces al viaje iréis Jeyden, Aaron y tú como los compositores, ¿no?
-Sí, pero Jeyden se pondrá de parte de Aaron, al fin y al cabo, son amigos.
-Mmm... ¿Quieres que te acompañe?
-¿¡Qué!? ?Crees sinceramente que te dejarán? Porque yo lo dudo.
-Ya me las arreglaré, pero- se acercó más a mí, mucho más, casi rozándome- ¿tú quieres que yo vaya?
-Esto...yo...no sé...-Se acercó aún más.
-Contéstame.
-Eh, sí, claro vente.
-Genial.- Sonrió, estaba tan cerca que pude notar su olor, sutil pero agradable, sus labios estaban a escasos centímetros de los míos y lo único que quería era acortar esa distancia. Yo babeaba cuando de repente algo lo separó de mí, le sonó el móvil, el maldito móvil; contestó y al colgar se dirigió a mí:
-Lo siento, tengo que irme, adiós.- Se despidió con un abrazo y desapareció por la puerta, me limité a desplomarme en el sofá con una tonta sonrisa dibujada en la cara; miré el reloj y ya casi eran las dos de la tarde, no pude hacer otra cosa que almorzar y encerrarme en mi habitación a estudiar, pasé el resto del día entre ecuaciones, análisis sintáctico y notas musicales procedentes de mi guitarra.