3 de Febrero
Hoy el día amaneció nublado, sin gana alguna de levantarme de la cama me vestí y mi pelo hoy iba a su bola.No podía pensar en otra cosa que no fuera Sofía y eso me estaba corroyendo; decidí intentar no pensar en ello y bajar a desayunar. Entré en la cocina y vi a mi padre muy entusiasmado con su delantal y alrededor de los fogones.
-¡Cariño! Buenos días, hay tortitas.
-Papá te quiero.- Disfrutaba como una niña pequeña, hoy tengo el presentimiento de que va a ser un gran día. Salí corriendo de mi casa ya que me entretuve e iba tarde, muy tarde.
Llegué al instituto y entré con la clase de física empezada y por supuesto me hicieron copiar el típico ''no debo llegar tarde a clase''. De verdad, no sé por qué narices hacemos estas estupideces.
Llegó el descanso y tuvimos un poco de libertad, mis amigos hablaban de temas varios y yo realmente no estaba escuchando, Miguel advirtió mi falta de interés.
-Águeda.
-¿Qué?
-Estás totalmente ida.
-Sí, perdona.
-¿Puedo hacer algo?- Entonces se me encendió la bombilla, hacía bastante tiempo que no ensayábamos y últimamente no estábamos haciendo nada en clase.
-¡Chicos!- Grité eufórica.
-Me has dejado sordo.- Se quejó Jeyden.
-¿Qué os parece si esta tarde ensayamos?
-¡Sí! Buena idea, hace ya tiempo que no lo hacemos.- Apoyó Aaron.
-¿Puedo ir yo también?- Preguntó Elia muy tímidamente.
-Por supuesto corazón.- Le dijo Miguel muy cariñoso.
-Agg... No seáis empalagosos.- Dijo algo molesto Aaron.- Yo aviso luego a James, tenemos clase con él.
-Sí, pero sé sutil.- Le recalqué yo. en ese momento sonó la campana y entramos en clase, tomamos asiento y esperamos a que viniera James. Entró por la puerta y Aaron, columpiándose en la silla le gritó:
-¡Eh! James esta tarde ensayo.- Todos nuestros compañeros se giraron hacia nosotros y empezaron a murmurar varios insultos, ¿les hicimos caso? No.
-¿Qué es lo que no entiendes de sutil?- Le reproché.
-¡Vale! ¿En dónde?- Contestó muy contento el otro.
-En casa de la rubia, a las seis.
-¿Desde cuándo es en mi casa?
-Desde que me da la gana.
-Idiota.
-Tonta.
-Cállense, va a comenzar la clase.- Y el resto del día transcurrió sin novedad.
Llegué a casa y le dije a mi padre que esta tarde venían los de la banda, frunció el ceño pero no se opuso. Preparé el salón que era donde había mejor acústica y esperé a que alguien se dignara a venir puntual. Por alguna extraña razón vinieron todos juntos como media hora antes; incluyendo a Elia y Ainhoa.
-Venga la primera de calentamiento, ¿Time of your life?- Propuso Jeyden.
-No, esa es muy fácil, ¿os sabéis Stray Heart?- Pregunté yo. Nos pusimos a tocar toda la tarde como locos, hicimos Thunderstrack, alguna de The Ramones, Fallen Angels de Black Veil Brides, otras de Gun 'n' Roses y Miss Nothing de The Pretty Reckless. Con las muñecas y los dedos reventados nos tiramos en los sofás; mi padre traje algún aperitivo y nos felicitó por el pedazo de concierto que habíamos dado. En ese momento las dos parejitas se pusieron muy acarameladas y James, Aaron y yo compartimos algunas miradas cómplices, entonces el moreno dijo:
-¡Iros a un motel!
-Pero pobrecitos, déjalos.- Dijo James entre risas. Estuvimos un largo rato charlando entre nosotros de temas varios, de música, de las cosas buenas que pasaron en Inglaterra... Eran chorradas pero estábamos a gusto.
Se fueron casi todos, Aaron se quedó a recoger un poco y luego me preguntó que si lo podía acercar a su casa, fuimos al garaje y cuando me fui a poner mi casco me lo quitó de las manos.
-¿Se puede saber qué haces?
-No me voy a poner el rosa de Chupa Chups y conduzco yo.
-¿Desde cuándo sabes conducir en moto.
-Desde los dieciséis tonta. Anda, monta.- Me senté y levantó su chaqueta.
-¿Que haces?
-Si te agarras a la chaqueta no podré conducir.
-Baja los humos chaval, que yo me sujeto en el asidero.
Llegamos al portal de su casa, nos bajamos y nos quedamos charlando fuera por unos instantes, entonces miró al suelo y luego clavó sus ojos en los míos.
-Águeda, ¿de verdad que aún no te has dado cuenta de lo obvio?
-¿Cómo?
-De que cuando estás contenta yo también lo estoy, de que cuando estás triste yo escucho tus problemas aunque no me interesen, de que me quedo mirándote como un gilipollas en clase o cuando tocas la guitarra. Haces que me enfade, que se me pase, que me confunda; me traes loco. Te quiero, joder, ¿aún no te has dado cuenta?- Estaba sin palabras, me había soltado todo eso y ahora estaba delante de mí, callado, con cierto temor en sus ojos, esperando una respuesta. Nada. Era incapaz de articular palabra alguna, había enmudecido y mil mariposas revoloteaban por mi barriga. Entonces sonrió de medio lado, abatido.- Lo sabía, si es que soy estúpido.
-No. No lo eres.
-¿Qué?
-Pues que no, eres un tonto pero eres mi tonto.- Se acercó, cada vez más, podía notar su respiración, enterró sus manos en mis rubios cabellos y unió nuestros labios. Me besó, muy suavemente, fue más bien un roce pero después se hizo más intenso; le necesitaba. Me separé de él y me atreví a susurrarle algo.
-Por si no lo sabías, te quiero.- Y me fui hacia mi moto.
-¡Espera! ¿Vas a dejarme así?
-Ya has tenido bastante por hoy, pedazo de salido.- Se rió. Yo me montó en mi moto y una sonrisa estúpida recorrió mi rostro, era real, le gustaba y me lo había dejado muy claro. No pegué ojo esa noche pensando en él, debería de haber escuchado a Elia hace tiempo, a finde cuentas ella tenía razón.
jueves, 26 de septiembre de 2013
lunes, 23 de septiembre de 2013
CAPÍTULO 23
2 de Febrero
Continuaba agazapada en las escaleras, las manecillas del reloj marcaron la medianoche. Estaban hablando principalmente sobre mí, hasta que escuché algo que me dejó paralizada:
-Quiero que Águeda se venga a vivir conmigo.
-¡Ni lo sueñes!- El tono de mi padre dio un cambio repentino.- Además, ¿cuál es tu situación económica? Porque como hayas venido aquí a pedirme dinero vas lista.
-Me va muy bien, hace algunos años me casé con un hombre bueno, adinerado y vivimos en una casa muy grande. Sería ideal que viniera a vivir con nosotros.
-¿Ahora pretendes que se vaya a vivir contigo cuando he sido yo el que la ha estado alimentando y cuidando durante todos estos años, cuando he sido yo el que le ha comprado la guitarra y el que la ha ayudado a descubrir su pasión por la música? ¿Ahora llegas tú y quieres quitarme lo que más quiero?- Estaba patidifusa. Sé que mi padre me quiere muchísimo, a ver, es mi padre.
-Quiero enmendar mis fallos, quiero arreglar el no haber sido una buena madre.
-No lo vas a conseguir, Águeda tiene mucho carácter y conociéndola jamás te llamará mamá.
-Es algo que sé, pero me gustaría disfrutar de su risa, de sus logros, de todo.
-Já, pues llegas 17 años tarde. Ahí tienes la puerta.- Interiormente le estaba montando una fiesta a mi padre por su posición, pero también me daba pena Sofía. Por alguna razón hizo todo eso de joven, pero soy incapaz de imaginarme a una madre abandonando a su hija; aunque he tenido suerte, no me dejó en la calle o en algún cubo de basura.
Todavía sentadas en las escaleras la vi salir del salón y me apreté contra la pared, el portón de entrada estaba justo en frente de las escaleras y podría verme. Antes de salir echó un vistazo atrás y me vio, pude leer algunas palabras en sus labios <<Lo siento>>. Giré la cabeza a modo de desprecio y volví a mi habitación, pero Mr Berry me delató maullando muy fuerte y mi padre salió al pasillo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó algo enfadado.
-No podía dormir y bajé a por agua.- Dije muy rápido, estaba realmente nerviosa y me lo inventé sobre la marcha.
-Sube a tu habitación.- Me ordenó señalando el piso de arriba. Obedecí, no quería líos esta noche, ya estaba siendo todo demasiado extraño.
Me metí en la cama y me tapé hasta la nariz, esa noche no dormí nada.
Veía amanecer acariciando a Mr.Berry, hoy me había adelantado mucho al despertador y para despejarme me metí en el ducha. El agua caliente caía sobre mí, llevándose todos los malos pensamientos y las dudas que me atormentaban.
Una vez vestida cogí la mochila y bajé las escaleras a tientas, mi padre me recibió al final de ellas con grandes ojeras y gesto cansado:
-Águeda, si quieres hoy te puedes quedar aquí.
-A riesgo de quedarme dormida en matemáticas iré, allí al menos estoy entretenida.
-Cuando llegues nos espera una larga conversación.
-Lo sé, papá, ¿de verdad voy a tener que irme de esta casa?- Entonces me abrazó muy fuertemente, me dio un beso en la cabeza y me susurró:
-No voy a dejar que te vayas.- Me zafé de su abrazo de oso y mirándolo a los ojos dije muy seria, un tono que ni yo misma sabía que podía poner.
-¿Realmente ella es mi madre?- Cogió aire despacio y en un suspiro afirmó la teoría, Sofía era mi madre aunque yo no lo quería aceptar de ningún modo.
sin dejar que nada más pudiera colarse en mi cabeza salí y arranqué la moto, conduje hasta el instituto y allí, como siempre, las niñas estúpidas me miraban a mí, a mi moto y criticaban pero eso es algo que me importa poco. Busqué a alguien de mi grupo, me daba igual quién, necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido. Estaba a punto de explotar cuando encontré a Aaron medio dormido apoyado en las taquillas, pasé a su lado corriendo y le agarré la mano, arrastrándolo conmigo.
-¡Águeda so bruta!
-¡Calla y corre!- Entonces dio un frenazo en seco y estuve a punto de darme de bruces contra el suelo.
-¿Sé puede saber qué te pasa?
-Mi madre.
-¿Cómo? ¿Te has peleado con ella o algo?
-Agg... ¿Nunca te resultó extraño que en mi casa siempre estuviera mi padre y no mi madre.
-Déjate de acertijos que es muy temprano.
-Y tú idiota.ç
-¡No me insultes! Explícame.
-A ver.- Y comencé a contarlo todo el rollo de Sofía. Abrió sus ojos verdes de una forma extraña, estaba muy sorprendido, yo fruncí el morro hacia un lado y arqueé las cejas.
-Pero... ¿Qué descaro más grande no?
-¿Por qué te crees que estoy enfadada.
-Joder, me dejas sin palabras. Pero no te irás, ¿verdad?
-¡Claro que no! Porque haya llegado ella no significa que vaya a tomar el control de mi vida, ya tuvo su oportunidad.- La maldita campana sonó y tuvimos que entrar en clase, muy a nuestro pesar. La mañana transcurrió sin más novedad pero andaba distraída, mucho más ida de lo normal.
En mi casa la situación no mejoró, mi padre me contó con todo lujo de detalles toda su historia con Sofía y yo creí entender algo pero no todo. La noche llegó pronto y aquel extraño día acabó con una sola persona en mi cabeza: Sofía.
Continuaba agazapada en las escaleras, las manecillas del reloj marcaron la medianoche. Estaban hablando principalmente sobre mí, hasta que escuché algo que me dejó paralizada:
-Quiero que Águeda se venga a vivir conmigo.
-¡Ni lo sueñes!- El tono de mi padre dio un cambio repentino.- Además, ¿cuál es tu situación económica? Porque como hayas venido aquí a pedirme dinero vas lista.
-Me va muy bien, hace algunos años me casé con un hombre bueno, adinerado y vivimos en una casa muy grande. Sería ideal que viniera a vivir con nosotros.
-¿Ahora pretendes que se vaya a vivir contigo cuando he sido yo el que la ha estado alimentando y cuidando durante todos estos años, cuando he sido yo el que le ha comprado la guitarra y el que la ha ayudado a descubrir su pasión por la música? ¿Ahora llegas tú y quieres quitarme lo que más quiero?- Estaba patidifusa. Sé que mi padre me quiere muchísimo, a ver, es mi padre.
-Quiero enmendar mis fallos, quiero arreglar el no haber sido una buena madre.
-No lo vas a conseguir, Águeda tiene mucho carácter y conociéndola jamás te llamará mamá.
-Es algo que sé, pero me gustaría disfrutar de su risa, de sus logros, de todo.
-Já, pues llegas 17 años tarde. Ahí tienes la puerta.- Interiormente le estaba montando una fiesta a mi padre por su posición, pero también me daba pena Sofía. Por alguna razón hizo todo eso de joven, pero soy incapaz de imaginarme a una madre abandonando a su hija; aunque he tenido suerte, no me dejó en la calle o en algún cubo de basura.
Todavía sentadas en las escaleras la vi salir del salón y me apreté contra la pared, el portón de entrada estaba justo en frente de las escaleras y podría verme. Antes de salir echó un vistazo atrás y me vio, pude leer algunas palabras en sus labios <<Lo siento>>. Giré la cabeza a modo de desprecio y volví a mi habitación, pero Mr Berry me delató maullando muy fuerte y mi padre salió al pasillo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó algo enfadado.
-No podía dormir y bajé a por agua.- Dije muy rápido, estaba realmente nerviosa y me lo inventé sobre la marcha.
-Sube a tu habitación.- Me ordenó señalando el piso de arriba. Obedecí, no quería líos esta noche, ya estaba siendo todo demasiado extraño.
Me metí en la cama y me tapé hasta la nariz, esa noche no dormí nada.
Veía amanecer acariciando a Mr.Berry, hoy me había adelantado mucho al despertador y para despejarme me metí en el ducha. El agua caliente caía sobre mí, llevándose todos los malos pensamientos y las dudas que me atormentaban.
Una vez vestida cogí la mochila y bajé las escaleras a tientas, mi padre me recibió al final de ellas con grandes ojeras y gesto cansado:
-Águeda, si quieres hoy te puedes quedar aquí.
-A riesgo de quedarme dormida en matemáticas iré, allí al menos estoy entretenida.
-Cuando llegues nos espera una larga conversación.
-Lo sé, papá, ¿de verdad voy a tener que irme de esta casa?- Entonces me abrazó muy fuertemente, me dio un beso en la cabeza y me susurró:
-No voy a dejar que te vayas.- Me zafé de su abrazo de oso y mirándolo a los ojos dije muy seria, un tono que ni yo misma sabía que podía poner.
-¿Realmente ella es mi madre?- Cogió aire despacio y en un suspiro afirmó la teoría, Sofía era mi madre aunque yo no lo quería aceptar de ningún modo.
sin dejar que nada más pudiera colarse en mi cabeza salí y arranqué la moto, conduje hasta el instituto y allí, como siempre, las niñas estúpidas me miraban a mí, a mi moto y criticaban pero eso es algo que me importa poco. Busqué a alguien de mi grupo, me daba igual quién, necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido. Estaba a punto de explotar cuando encontré a Aaron medio dormido apoyado en las taquillas, pasé a su lado corriendo y le agarré la mano, arrastrándolo conmigo.
-¡Águeda so bruta!
-¡Calla y corre!- Entonces dio un frenazo en seco y estuve a punto de darme de bruces contra el suelo.
-¿Sé puede saber qué te pasa?
-Mi madre.
-¿Cómo? ¿Te has peleado con ella o algo?
-Agg... ¿Nunca te resultó extraño que en mi casa siempre estuviera mi padre y no mi madre.
-Déjate de acertijos que es muy temprano.
-Y tú idiota.ç
-¡No me insultes! Explícame.
-A ver.- Y comencé a contarlo todo el rollo de Sofía. Abrió sus ojos verdes de una forma extraña, estaba muy sorprendido, yo fruncí el morro hacia un lado y arqueé las cejas.
-Pero... ¿Qué descaro más grande no?
-¿Por qué te crees que estoy enfadada.
-Joder, me dejas sin palabras. Pero no te irás, ¿verdad?
-¡Claro que no! Porque haya llegado ella no significa que vaya a tomar el control de mi vida, ya tuvo su oportunidad.- La maldita campana sonó y tuvimos que entrar en clase, muy a nuestro pesar. La mañana transcurrió sin más novedad pero andaba distraída, mucho más ida de lo normal.
En mi casa la situación no mejoró, mi padre me contó con todo lujo de detalles toda su historia con Sofía y yo creí entender algo pero no todo. La noche llegó pronto y aquel extraño día acabó con una sola persona en mi cabeza: Sofía.
lunes, 9 de septiembre de 2013
CAPÍTULO 22
1 de Febrero
Lunes, vuelta a clases después de nuestro fin de semana loco. La mañana se presentaba soleada y como cada día bajé a tomar el desayuno. Comí la típica tostada con café, monté en mi moto y me dirigí hacia el instituto, como normalmente hacía.
Al llegar allí había una gran marabunta de gente, especialmente de chicas gritonas y estúpidas. Alguien exclamó mi nombre y de repente todo se giraron hacia a mí y me estrujaban, no me dejaban espacio y ni siquiera sabía qué pasaba. Me escabullí como puede y mis amigos estaban en mi misma situación, con cara de susto y sin saber qué narices pasaba.
-¿Por qué de repente nos acosan?- Preguntó un aturdido Miguel.
-¡¡¡YA LO RECUERDO!!!- Gritó efusivamente Aaron.
-A ver, cuenta.- Prosiguió expectante James, que por primera vez estaba con nosotros en vez de en la sala de profesores.
-Mirad, ayer mi prima Ainhoa.- En ese momento Jeyden pareció interesarse más aún si cabe por la conversación.- montó una buena en twitter con lo de Londres y la gente cree que vamos a grabar un disco, vamos a ser super famosos y por eso nos acosan.
-Si no fuera mi amiga la mataba.- Dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que me escucharan todos. Minutos más tarde llegó la directora con su singular falda de tuvo y gafas enormemente grandes poniendo orden en la situación, pero los alumnos no dieron su brazo a torcer y al final tuvimos que entrar nosotros en clase, mientras que los demás nos seguían como patitos siguen a su madre.
Las clases pasaron rápido, sin mucha novedad, exceptuando que Elia quería hacer una fiesta pijama dentro de poco a la que estábamos invitadas Ainhoa y yo. Repetí la operación de esta mañana, me monté en la moto y volví a casa.
Hoy mi padre llegó mucho más temprano de lo habitual y comimos juntos, por suerte todo lo de ayer ya está olvidado, le comenté el repentino interés por nosotros en el instituto y la fiesta de Elia (a la cual me dejó ir).
Y como hoy era un día normal la tarde pasó tranquila, yo hice mis deberes y allá sobre las ocho de la tarde alguien llamó a la puerta. Mi padre fue a abrir pero no escuché ninguna palabra más, curiosa, me asomé por el marco de la puerta a espiar. Una mujer de mediana edad, rubia, ojos azules violáceos (muy parecidos a los míos) y bajita se divisaba en la puerta, un nombre salió de sus labios, con una voz un tanto ronca y cansada.
-Carlos.- Ése es el nombre de mi padre.
-¿Sofía?- No me estaba enterando de nada, parecía un reencuentro.
-Em... Papá, ¿quién es esta mujer?- Ella me miró con los ojos cargados de ternura y amor, mientras mi padre estaba atónito.
-¿Eres Águeda?- Se dirigió a mí acercándose.
-Sí, soy yo.
-Águeda, yo soy Sofía, tu madre.- ¿¡CÓMO!?
-¿¡¡¡QUÉ!!!?
-¡Sofía! Ten tacto, tiene...
-17 años, sé cuándo nació mi hija, el 11 de Enero de 1996. - Ellos seguían con su conversación y me ignoraban, ¿pero ésa mujer es mi madre? Somos clavadas pero, ¿cómo viene aquí después de 17 años y con toda la cara dura del mundo me dice que es mi madre?
-Papá, necesito una explicación.
-Sí, te la mereces. Sentaos las dos y hablemos.- Tomamos asiento en los sofás, ella en uno y yo en otro. Sofía, ¿se puede saber qué demonios haces aquí?
-Vengo a pedir disculpas.
-Perdona, yo no sé si usted es mi madre pero creo que le he dado exactamente igual toda mi vida y aquí el que ha hecho de padre y madre ha sido este hombre que ve aquí.- Solté muy dolida señalando a mi padre.
-Esto tiene una explicación.- Se defendió esa mujer.- Águeda, cuando yo tenía 19 años era una hippie, no creía en el matrimonio ni en las ataduras. Era lo que se decía un espíritu libre y recorría el mundo en autobuses de poca monta. Pues un día conocí a Carlos- Le dedicó una mirada muy pastelosa.-y una cosa llevó a la otra. El caso es que comenzamos a salir. Años más tarde estaba embarazada pero me fui de casa, sin ninguna nota, nada, me esfumé del mapa.
-¿Por qué lo hiciste?- Inquirí con un tono bastante serio.
-Porque no quería ataduras. Lo que pasó fue que cuando naciste tú yo no tenía dinero para mantenerte y tuve que regresar para que tu padre se hiciera cargo de ti.
-Ya, muy romántico todo. ¿¡PERO NO TE DISTE CUENTA DE MÍ!? ¿¡CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE ABANDONARME Y DESPUÉS DE 17 AÑOS VENIR A MI CASA COMO SI NO PASARA NADA!?
-Por favor, mantén la calma.
-¡PUES NO ME DA LA GANA!- Contesté levantándome de la silla histérica.
-Ya sé que no está bien cómo he hecho las cosas en mi vida.
-Tu vida me afecta a mi. ¿Dónde estuviste en mis primeras palabras? ¿En miz primeros pasos? ¿En mis primeros logros y caídas? ¿Enfermedades? ¿¡Dónde!? Ya te lo digo yo, estuviste por ahí tirándote a algún hippie.
-Carlos haz que pare.- Suplicó ella pero mi padre tenía una extraña sonrisa.
-Está en su derecho, la abandonaste y ahora quieres hacer como si nunca haya pasado nada. Sofía, eso te funcionaba con pequeñas cosas pero no con algo tan grave.
-Y bueno, ¿algún hermano del que no sé nada?
-No, te lo puedo jurar.- Estaba harta de la estúpida conversación, era demasiado para mi y unas náuseas tremendas me atacaron, salí disparada al baño y... eché la primera papilla, en la cual no estuvo tampoco ella. Salí tambaleante del baño y conseguí regresar a al saló, en cual me tiré en el sofá suplicando algo que me quitara las náuseas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me quedé dormida a causa de las pastilla que tomé y al despertar ya me encontraba en mi habitación. Miré la hora y eran casi las doce, Mr. Berry estaba echado a los pies de mi cama observando la puerta que no estaba del todo cerrada. Lo cogí en brazos tiernamente, a lo que contestó con un maullido casi inaudible; con mi gato a cuestas bajé las escaleras sigilosa. Encontré a mi padre y a Sofía hablando largo y tendido en la cocina. Me quedé observándola, realmente tenía un gran parecido físico conmigo pero, ¿por qué venía después de 17 años? ¿Por qué me abandonó a mí y a mi padre? ¿Por qué no vino antes? ¿Por qué no se casaron? Mi mente estaba llena de dudas y lo peor es que no encontraba la respuesta a ninguna.
Lunes, vuelta a clases después de nuestro fin de semana loco. La mañana se presentaba soleada y como cada día bajé a tomar el desayuno. Comí la típica tostada con café, monté en mi moto y me dirigí hacia el instituto, como normalmente hacía.
Al llegar allí había una gran marabunta de gente, especialmente de chicas gritonas y estúpidas. Alguien exclamó mi nombre y de repente todo se giraron hacia a mí y me estrujaban, no me dejaban espacio y ni siquiera sabía qué pasaba. Me escabullí como puede y mis amigos estaban en mi misma situación, con cara de susto y sin saber qué narices pasaba.
-¿Por qué de repente nos acosan?- Preguntó un aturdido Miguel.
-¡¡¡YA LO RECUERDO!!!- Gritó efusivamente Aaron.
-A ver, cuenta.- Prosiguió expectante James, que por primera vez estaba con nosotros en vez de en la sala de profesores.
-Mirad, ayer mi prima Ainhoa.- En ese momento Jeyden pareció interesarse más aún si cabe por la conversación.- montó una buena en twitter con lo de Londres y la gente cree que vamos a grabar un disco, vamos a ser super famosos y por eso nos acosan.
-Si no fuera mi amiga la mataba.- Dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que me escucharan todos. Minutos más tarde llegó la directora con su singular falda de tuvo y gafas enormemente grandes poniendo orden en la situación, pero los alumnos no dieron su brazo a torcer y al final tuvimos que entrar nosotros en clase, mientras que los demás nos seguían como patitos siguen a su madre.
Las clases pasaron rápido, sin mucha novedad, exceptuando que Elia quería hacer una fiesta pijama dentro de poco a la que estábamos invitadas Ainhoa y yo. Repetí la operación de esta mañana, me monté en la moto y volví a casa.
Hoy mi padre llegó mucho más temprano de lo habitual y comimos juntos, por suerte todo lo de ayer ya está olvidado, le comenté el repentino interés por nosotros en el instituto y la fiesta de Elia (a la cual me dejó ir).
Y como hoy era un día normal la tarde pasó tranquila, yo hice mis deberes y allá sobre las ocho de la tarde alguien llamó a la puerta. Mi padre fue a abrir pero no escuché ninguna palabra más, curiosa, me asomé por el marco de la puerta a espiar. Una mujer de mediana edad, rubia, ojos azules violáceos (muy parecidos a los míos) y bajita se divisaba en la puerta, un nombre salió de sus labios, con una voz un tanto ronca y cansada.
-Carlos.- Ése es el nombre de mi padre.
-¿Sofía?- No me estaba enterando de nada, parecía un reencuentro.
-Em... Papá, ¿quién es esta mujer?- Ella me miró con los ojos cargados de ternura y amor, mientras mi padre estaba atónito.
-¿Eres Águeda?- Se dirigió a mí acercándose.
-Sí, soy yo.
-Águeda, yo soy Sofía, tu madre.- ¿¡CÓMO!?
-¿¡¡¡QUÉ!!!?
-¡Sofía! Ten tacto, tiene...
-17 años, sé cuándo nació mi hija, el 11 de Enero de 1996. - Ellos seguían con su conversación y me ignoraban, ¿pero ésa mujer es mi madre? Somos clavadas pero, ¿cómo viene aquí después de 17 años y con toda la cara dura del mundo me dice que es mi madre?
-Papá, necesito una explicación.
-Sí, te la mereces. Sentaos las dos y hablemos.- Tomamos asiento en los sofás, ella en uno y yo en otro. Sofía, ¿se puede saber qué demonios haces aquí?
-Vengo a pedir disculpas.
-Perdona, yo no sé si usted es mi madre pero creo que le he dado exactamente igual toda mi vida y aquí el que ha hecho de padre y madre ha sido este hombre que ve aquí.- Solté muy dolida señalando a mi padre.
-Esto tiene una explicación.- Se defendió esa mujer.- Águeda, cuando yo tenía 19 años era una hippie, no creía en el matrimonio ni en las ataduras. Era lo que se decía un espíritu libre y recorría el mundo en autobuses de poca monta. Pues un día conocí a Carlos- Le dedicó una mirada muy pastelosa.-y una cosa llevó a la otra. El caso es que comenzamos a salir. Años más tarde estaba embarazada pero me fui de casa, sin ninguna nota, nada, me esfumé del mapa.
-¿Por qué lo hiciste?- Inquirí con un tono bastante serio.
-Porque no quería ataduras. Lo que pasó fue que cuando naciste tú yo no tenía dinero para mantenerte y tuve que regresar para que tu padre se hiciera cargo de ti.
-Ya, muy romántico todo. ¿¡PERO NO TE DISTE CUENTA DE MÍ!? ¿¡CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE ABANDONARME Y DESPUÉS DE 17 AÑOS VENIR A MI CASA COMO SI NO PASARA NADA!?
-Por favor, mantén la calma.
-¡PUES NO ME DA LA GANA!- Contesté levantándome de la silla histérica.
-Ya sé que no está bien cómo he hecho las cosas en mi vida.
-Tu vida me afecta a mi. ¿Dónde estuviste en mis primeras palabras? ¿En miz primeros pasos? ¿En mis primeros logros y caídas? ¿Enfermedades? ¿¡Dónde!? Ya te lo digo yo, estuviste por ahí tirándote a algún hippie.
-Carlos haz que pare.- Suplicó ella pero mi padre tenía una extraña sonrisa.
-Está en su derecho, la abandonaste y ahora quieres hacer como si nunca haya pasado nada. Sofía, eso te funcionaba con pequeñas cosas pero no con algo tan grave.
-Y bueno, ¿algún hermano del que no sé nada?
-No, te lo puedo jurar.- Estaba harta de la estúpida conversación, era demasiado para mi y unas náuseas tremendas me atacaron, salí disparada al baño y... eché la primera papilla, en la cual no estuvo tampoco ella. Salí tambaleante del baño y conseguí regresar a al saló, en cual me tiré en el sofá suplicando algo que me quitara las náuseas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me quedé dormida a causa de las pastilla que tomé y al despertar ya me encontraba en mi habitación. Miré la hora y eran casi las doce, Mr. Berry estaba echado a los pies de mi cama observando la puerta que no estaba del todo cerrada. Lo cogí en brazos tiernamente, a lo que contestó con un maullido casi inaudible; con mi gato a cuestas bajé las escaleras sigilosa. Encontré a mi padre y a Sofía hablando largo y tendido en la cocina. Me quedé observándola, realmente tenía un gran parecido físico conmigo pero, ¿por qué venía después de 17 años? ¿Por qué me abandonó a mí y a mi padre? ¿Por qué no vino antes? ¿Por qué no se casaron? Mi mente estaba llena de dudas y lo peor es que no encontraba la respuesta a ninguna.
CAPÍTULO 21
31 de Enero.
Domingo, último día de Enero. Con el pelo totalmente revuelto, la cara hinchada de dormir, la bata caída sobre un hombro y habiendo perdido un calcetín; bajé a desayunar con mi padre.
-Águeda, ¿te has peleado con alguien esta noche?- Preguntó él muy divertido.
-Buenos días a ti también.
-¿Tienes tarea del viernes?
-Supongo, llamaré a Elia.
-¿¡Quién!?
-Elia.
-La gente cada vez tiene nombres más raritos.- Ignoré por completo ese comentario y agarré una magdalena.
-Águeda.- Se dirigió hacia a mí con un gesto extraño.
-¿Sí?
-La maqueta de la discográfica, dices que la dejaron en preferentes. O sea, os enchufaron.
-Exacto.
-¿Crees sinceramente que os van a coger y que vais a ser unas estrellas? Porque yo lo dudo.
-¿¡Cómo!? ¿Acaso nos has escuchado tocar?
-A ti sí, y eres buena, pero hay millones de bandas por ahí y me da miedo de que hagáis algo que no debéis por la banda.- eso me hirvió la sangre, le di un golpe muy fuerte a la mesa con las manos y me levanté muy enfadada.
-Papá, entérate que R.Y.O.D. es mi vida.
-Tu vida es ser una mujer de provecho, los músicos llevan la palabra <<Hambre>> tatuada en la frente.
-Que tú no hayas cumplido tu sueño no significa que yo no pueda.
-¡Se acabó la discusión!- Levantó mucho la voz, me dejó patidifusa, jamás me habló así antes.
-Como tú quieras.- Subí a mi habitación, no quería pelearme con mi padre pero el problema es que ya lo he hecho. Me parece injusto que quiera que me apolille en esta ciudad, el tren pasa una vez y, o te subes a él, o te atropella.
Pasó la mañana de una forma tediosa, el ambiente en mi casa estaba muy cargado, así que decidí que sería mejor ir a casa de Elia. Ya lista para salir, con la mochila al hombro me despedí de mi padre.
-Hasta luego.- Dije apenas mirándolo a la cara.
-Pásalo bien.- Continió con mi mismo gesto pero con una sonrisa de disculpas.
Me dirigí al garaje y por fin estaba arreglada mi moto, por una vez no tendría que ir andando. Me colé en su casa pocos minutos después; llamé al timbre y me abrió un niño de unos 12 años, pelirrojo, de ojos marrones verdosos y pecas. Me quedé con la baba caída durante un momento, ¡era adorable!
-¿Quién eres?
-Águeda, ¿eres hermano de Elia?
-Sí, ¡ELIA ESTÁ AQUÍ TU AMIGA!- Al momento apareció ella con su singular melena rizada.
-Águeda, pasa. Oh, este es mi hermano Hugo.- Las dos pasamos a su casa y nos dirigimos a su habitación. Me hizo las preguntas obvias sobre el viaje y a ella sí que no le puedo ocultar nada, ya que su querido novio vio la escena. Si entretenerme demasiado le expliqué al detalle todo, absolutamente todo, sin omitir palabra alguna. Cuando terminé ella adoptó un gesto muy extraño.
-A ver.- Dijo mucho más seria de lo normal.- Te gusta Aaron.
-¿¡QUE QUÉ!?
-No me mientas, le conozco desde que tiene tres años y a ti de poco pero hay amor.
-Claro Elia, claro.- Dije muy sarcástica.
-Águeda, ¿por qué eres tan orgullosa?
-No soy orgullosa, solo que no me gusta.
-No mientas. Agg... Dame tu móvil.
-¿Para qué?
-Calla y dámelo.- Desconfiadamente le di el aparato, ella a la velocidad del rayo accedió a las conversaciones. Empecé a gritar y a tirarme encima de ella para recuperarlo pero se daba la vuelta y empezó a escribir y a decirlo en voz alta.-Oh Aaron, he sido una estúpida, te quiero con todo mi corazón. Enviar.
-Elia yo te mato.- Una sonrisa de satisfacción surcó su rostro y me devolvió el móvil. Me apresuré en escribir que Elia me quitó el móvil.- Voy a ignorar esto, que hay que estudiar.
-Bueno, yo ya estudié ayer...
-He dicho que hay que estudiar.- Dije de muy malas maneras mirándola con ojos de psicópata.
-Vale vale, no me muerdas.
Pasamos la tarde metidas entre ecuaciones, fórmulas químicas y análisis de oraciones. Ya casi a las nueve y media de la noche terminamos y todo y volví a casa. Afortunadamente ya no había tanta tensión entre mi padre y yo y pudimos ver una peli juntos, como cuando era pequeña.
Domingo, último día de Enero. Con el pelo totalmente revuelto, la cara hinchada de dormir, la bata caída sobre un hombro y habiendo perdido un calcetín; bajé a desayunar con mi padre.
-Águeda, ¿te has peleado con alguien esta noche?- Preguntó él muy divertido.
-Buenos días a ti también.
-¿Tienes tarea del viernes?
-Supongo, llamaré a Elia.
-¿¡Quién!?
-Elia.
-La gente cada vez tiene nombres más raritos.- Ignoré por completo ese comentario y agarré una magdalena.
-Águeda.- Se dirigió hacia a mí con un gesto extraño.
-¿Sí?
-La maqueta de la discográfica, dices que la dejaron en preferentes. O sea, os enchufaron.
-Exacto.
-¿Crees sinceramente que os van a coger y que vais a ser unas estrellas? Porque yo lo dudo.
-¿¡Cómo!? ¿Acaso nos has escuchado tocar?
-A ti sí, y eres buena, pero hay millones de bandas por ahí y me da miedo de que hagáis algo que no debéis por la banda.- eso me hirvió la sangre, le di un golpe muy fuerte a la mesa con las manos y me levanté muy enfadada.
-Papá, entérate que R.Y.O.D. es mi vida.
-Tu vida es ser una mujer de provecho, los músicos llevan la palabra <<Hambre>> tatuada en la frente.
-Que tú no hayas cumplido tu sueño no significa que yo no pueda.
-¡Se acabó la discusión!- Levantó mucho la voz, me dejó patidifusa, jamás me habló así antes.
-Como tú quieras.- Subí a mi habitación, no quería pelearme con mi padre pero el problema es que ya lo he hecho. Me parece injusto que quiera que me apolille en esta ciudad, el tren pasa una vez y, o te subes a él, o te atropella.
Pasó la mañana de una forma tediosa, el ambiente en mi casa estaba muy cargado, así que decidí que sería mejor ir a casa de Elia. Ya lista para salir, con la mochila al hombro me despedí de mi padre.
-Hasta luego.- Dije apenas mirándolo a la cara.
-Pásalo bien.- Continió con mi mismo gesto pero con una sonrisa de disculpas.
Me dirigí al garaje y por fin estaba arreglada mi moto, por una vez no tendría que ir andando. Me colé en su casa pocos minutos después; llamé al timbre y me abrió un niño de unos 12 años, pelirrojo, de ojos marrones verdosos y pecas. Me quedé con la baba caída durante un momento, ¡era adorable!
-¿Quién eres?
-Águeda, ¿eres hermano de Elia?
-Sí, ¡ELIA ESTÁ AQUÍ TU AMIGA!- Al momento apareció ella con su singular melena rizada.
-Águeda, pasa. Oh, este es mi hermano Hugo.- Las dos pasamos a su casa y nos dirigimos a su habitación. Me hizo las preguntas obvias sobre el viaje y a ella sí que no le puedo ocultar nada, ya que su querido novio vio la escena. Si entretenerme demasiado le expliqué al detalle todo, absolutamente todo, sin omitir palabra alguna. Cuando terminé ella adoptó un gesto muy extraño.
-A ver.- Dijo mucho más seria de lo normal.- Te gusta Aaron.
-¿¡QUE QUÉ!?
-No me mientas, le conozco desde que tiene tres años y a ti de poco pero hay amor.
-Claro Elia, claro.- Dije muy sarcástica.
-Águeda, ¿por qué eres tan orgullosa?
-No soy orgullosa, solo que no me gusta.
-No mientas. Agg... Dame tu móvil.
-¿Para qué?
-Calla y dámelo.- Desconfiadamente le di el aparato, ella a la velocidad del rayo accedió a las conversaciones. Empecé a gritar y a tirarme encima de ella para recuperarlo pero se daba la vuelta y empezó a escribir y a decirlo en voz alta.-Oh Aaron, he sido una estúpida, te quiero con todo mi corazón. Enviar.
-Elia yo te mato.- Una sonrisa de satisfacción surcó su rostro y me devolvió el móvil. Me apresuré en escribir que Elia me quitó el móvil.- Voy a ignorar esto, que hay que estudiar.
-Bueno, yo ya estudié ayer...
-He dicho que hay que estudiar.- Dije de muy malas maneras mirándola con ojos de psicópata.
-Vale vale, no me muerdas.
Pasamos la tarde metidas entre ecuaciones, fórmulas químicas y análisis de oraciones. Ya casi a las nueve y media de la noche terminamos y todo y volví a casa. Afortunadamente ya no había tanta tensión entre mi padre y yo y pudimos ver una peli juntos, como cuando era pequeña.
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