*Narra Ainhoa*
Hoy no tenía ganas de levantarme, cada día se me hacía más duro ir al instituto; me he hecho muy amiga de la banda que está en otro distinto y en el mío no me tratan demasiado bien. Recogí mi liso cabello en una trenza, me vestí con una camiseta negra de tirantes, una camisa abierta de cuadros, unos vaqueros desgastados y las Vans negras.-A ver... maquillaje...- Sí, adoro el maquillaje es uno de mis vicios, pero no voy pintada como una puerta vieja al instituto.
Bajé a desayunar y mi padre ya se había ido a trabajar, mi madre preparaba cereales.
-¡Buenos días Nhoa!
-Buenas mamá.- Le medio ladré.
-¿Y ese tono? ¿Te pasa algo?
-Lo de siempre, por lo menos solo me queda segundo de bachillerato, y bueno, lo que queda de primero.
-Aguanta corazón, y por la tonta de Ariadna no te preocupes.- Me regaló una sonrisa tranquilizadora y un guiño antes de lanzar la flecha envenenada- Por cierto, ¿hoy no iba a venir un tal Jeyden a casa?
-Em... Sí, ya sabes, para ver una peli y tal.
-Ya veo.- Dijo entre risas, a ver, al inteligente del rubio se le ocurrió la feliz de idea de quedar hoy porque había alquilado Rec (de zombies) y no la quería ver solo.
-Bueno, adiós mamá.
-Adiós Nhoa.
Llegué al instituto y como siempre Ariadna estaba en la puerta, muy mal maquillada, con su largo pelo azabache recogido en un moño y unos pantalones vaqueros más apretados que un embutido, sin olvidar su muy escotada camiseta color neón. Pasé por delante suya y cambió su cara de indiferencia por una sonrisa malévola bastante ridícula:
-¡¡¡AINHOA!!! ¿No tienes frío con esa camisa tan fea? Estamos en invierno, por si no lo sabes.- Su tono irónico era tan evidente y ensayado que parecía de chiste.
-Buenos días Ariadna, y por cierto, ¿no tienes frío tú con ese escote? Cariño, a mí no me hace falta enseñar nada para llamar la atención. A diferencia de tí.
-Mira enana se acabó la broma. ¿Tú que eres muy chula?
-No, pedazo de choni.
-Como te coja en la calle te enteras.
-Sí claro.- Dicho eso di por finalizada la discusión y entré en clase. Me senté en mi pupitre y nada más verme Fran, se dirigió hacia a mí para hacerme la pelota. Fran era el marginado de la clase, yo era simpática con él porque no es mala persona, lo que pasa es que es feo. Muy feo. Tras un peloteo mañanero, comenzaron las aburridas clases: matemáticas, física, biología... No soy muy de ciencias.
Por fin mi libertad se hizo oficial al sonar la campana que daba por finalizada la jornada, y me fui eufórica a casa, pensando en que luego había quedado con Jeyden. Al llegar a casa apenas comí, me duché en un tiempo récord y en menos de una hora estaba lista para un cita o lo que fuese; vestida con un short corto, medias negras transparentes, unas bailarinas negras, una blusa celeste y mis gafas a juego. Me senté en el sofá a esperar a mi amigo rubito y me di cuenta de que solo eran las cuatro y media de la tarde y no llegaba hasta las seis. Pues en vez de sentarme a ver la tele, aproveché el tiempo e hice los deberes del instituto; cuando los finalicé, llamaron al timbre y con el corazón en la garganta descolgué el telefonillo:
-¡Hola! ¿Está Ainhoa?
-Jaja, te abro.- me dirigí al gran portón que daba al salón y vi (casi con la baba en la barbilla) cómo subía las escaleras de una forma muy... Vale, esto ya es obsesión. Abrí la puerta y ahí estaba Jeyden: Con un jersey casual de rayas azules muy finas, unos vaqueros negros algo desgastados y unas botas militares.
-¡Mira! Traigo palomitas y golosinas variadas.
-Tú ni hola ni nada.
-Jajaja... Perdona. Hola señorita Benamor, ¿qué tal su tarde?
-No seas tonto.- Dije con una sonrisa- Anda entra.
-¿Lista para ver zombies y sangre y vísceras y...?
-¡Calla! ¡Qué asco!
-Tendría que haber llamado a Aaron o a Águeda, les van más estas pelis.
-Hablando de los tontos esos, ¿tú crees que acabarán juntos?
-Yo creo que ya están juntos, pero en secreto. Corre que empieza.- Se sentó a mi lado cogiendo un puñado de palomitas mientras yo mirada la peli asqueada; lo peor era que en las escenas de miedos yo intentaba agarrarme y él decía: ''Es muy falso, mira ese, ¡no parece ni un zombie!''. Terminó la dichosa proyección y yo estaba más pálida que la pared, por el contrario Jeyden comentaba entusiasta las escenas más sangrientas.
-¿De verdad que no te ha gustado?
-No, me ha dado un poco de asco.
-Jajaja... ¡Pobrecita!- Acto seguido pasó su brazo por encima de mis hombros y me estrujó (no me abrazó, me estrujó) contra su pecho. Al despegarnos él se reía y yo había cambiado mi cara pálida por una totalmente colorada.
El resto de la tarde nos la pasamos hablando de temas diversos, haciéndonos bromas hasta que a mí se me ocurrió la inocente (sí, no tenía malas intenciones) de echarnos fotos; empezamos haciendo el tonto, luego posamos bien y en una salía dándole un beso en la mejilla, la cual no se quedó sin comentar:
-Sales muy bien en esta.- dijo un poco acalorado.- Esto, Ainhoa.
-¿Sí?- Dije algo confusa.
-Verás, hoy quería quedar contigo porque hace tiempo que no te veo.
-Ajá.
-Y hay una cosa que me gustaría decirte, mejor dicho, desde que te conocí, he querido decirte algo.- Se acercó a mí, notaba su respiración sobre mis labios.- Te quie...- No lo dejé acabar, lo besé con mucha ternura, este chico me gustaba de verdad y no me creía que yo le gustara a él también.
Algo extraño pasó que de repente me vi sin la blusa y a él con el torso descubierto pero nos interrumpieron:
-¿Nhoa? Ya estoy en casa cielo.
-¡Mierda! ¡Vístete, rápido!
-Toma la blusa, oye, no estás nada mal.
-¡Serás cerdo!
-Mujer cálmate.
-Métete debajo de la cama, como mi madre nos vea me mata, cuando todo esté despejado te aviso y corres hacia la puerta, ¿vale?
-Vale vale, pero que no íbamos a hacer nada malo.
-Tampoco algo que le hiciera mucha gracia a mi madre.- Con Jeyden escondido debajo de la cama fui a la cocina y mi madre guardaba la compra, la saludé, cerré la puerta de la cocina y le di la señal al rubio; el cual corrió hacia la puerta como un tigre buscando salir de la jaula:
-Tenemos que hablar.
-Sí pero ahora es mal momento.- Lo besé y salió por la puerta, instantes después mi madre entró en el salón. Hice como la que recogía las cosas de la mesa y me encerré en mi habitación; pensando en él, en lo que estuvo a punto de ocurrir y en la poca cabeza que tengo porque no teníamos protección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario