5 de Febrero
Hubo un amago de que amainase pero la tormenta sobre Madrid continuaba. Noche perfecta para peli de miedo y palomitas en casa de Elia. Creo que a mi padre empezaba a molestarle que estuviera más fuera de casa que dentro, pero creo que en el fondo se alegra de que por fin tenga, no amigos, sino vida. Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, mi pelo hoy estaba mucho más rebelde de lo normal, parecía un ovejita rubia.
Bajé a la cocina, caminé hacia el frigorífico y observé una nota con una letra malísima:
''Tenía un compromiso en la empresa y me he tenido que ir más temprano, tienes pan en la panera. No te quedes en casa porque lo sabré.''
Se me escapó una sonrisa por la última frase, la última vez que se tuvo que ir más temprano me tomé el día libre y la bronca de después fue enorme.
Después de casi cargarme el microondas metiendo la taza con la cuchara, salí hacia el instituto; allí, una eufórica Elia me dio un abrazo que por poco nos caemos al suelo rodando.
-¿Se puede saber este entusiasmo?- Le pregunté riendo.
-Que estoy contenta por esta noche. ¿Llamaste a Ainhoa?
-Ahí va.- Ni me acordé de decírselo.
-Da igual, ya se lo dije yo. ¡Ah! También vendrán tres amigos míos.
-¿Como que tres amigos tuyos? ¿Tíos?
-No, dos chicas y un chico, pero que es gay.- Dijo entre risas.- Y trae porquerías varias, tipo golosinas, palomitas, pica pica...
-Entonces hoy a ponerse gordas, ¿no?
-Básicamente.- En ese momento una sonora carcajada salió de nuestras gargantas, la cual fue eclipsada por la campana y entramos en clase.
Cruzamos los largos pasillos sin ganas, al menos yo no quería dar lengua a primera hora. A lo lejos vi a Aaron apoyado en la puerta del aula con aire vacilón, saludó a Elia y me cortó el paso.
-¿Sabes que casi nunca me besas?
-¿Porque solo te veo en el instituto quizá?- Dije con ironía.
-Mira doña recatada. anda entra.- Y se apartó dejando paso. Me acerqué con una sonrisa maliciosa y arqueé una ceja.
-Se me está ocurriendo una cosa.
-A ver por donde sales...
-¿Qué tal si nos saltamos la primera clase?
-Já, que te crees que no lo he intentado.
-Pero tú eres un torpe.
-Vale, yo también te quiero eh.- Dijo haciéndose el dolido.
-Aish... Venga, sígueme.- Tomé su mano y anduvimos muy deprisa, sin llegar a correr. Atravesamos todo el instituto sin ser vistos, hasta llegar al jardín que hay detrás del edificio. A ese pequeño rincón de tranquilidad no daba ninguna ventana ni ninguna puerta, la única forma de entrar era saltando la pequeña verja. Miré a Aaron de reojo, el cual estaba maravillado con la boca entreabierta.
-¿Cómo sabes de este sitio? Llevo aquí desde pequeño y nunca lo había visto.
-Gracias a Elia, cuando Miguel se emborrachó y la besó él no se acordaba de nada y ella vino aquí a llorar. La seguí y aluciné. Yo entro, cuando se te quiete la cara de bobo vienes, ¿vale?.- Me dispuse a colarme pero con la faldita era complicado.
-Serás bruta.- Aaron se coló, una vez dentro me cogió en volandas y se quedó mirándome fijamente, yo miré al suelo ruborizada.
-Buen, bájame ya.
-Jamás.
-Serás cursi.- En ese instante sentí que caía y seguidamente sentí un golpe en, bueno, ahí atrás.
-¡Me has hecho daño bestia!
-BUJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ¡No te quejes que no ha sido para tanto!- Rió en una sonora carcajada.- Anda, levanta.
Me levanté del suelo y me hice la enfadada, Aaron me siguió y me abrazó a modo de disculpas. Susurró algo que no llegué a oír del todo y después me besó.
Realmente nunca pensé que algún día pasara esto, nunca pensé que me llegaría a enamorar como una niñata y nunca pensé que sería con alguien de mi propia banda. ahora que lo pienso, aún no lo sabe nadie.
-Aaron.
-¿Sí?
-¿Le has contado a alguien que estamos juntos?
-Am... no.
-Yo tampoco.
-Pero podría ser nuestro secreto.
-Ya, ¿sinceramente crees que no se han dado cuenta?
-¿Por qué?
-Dios mío, no pillas ni una. Porque nos hemos ido de clase los dos sin razón alguna.
-Ah. Da igual, que se aguanten.- Así, tan indiferente, se dirigió al gran árbol que había en el centro del jardín y se echó a la sombra de su copa. Agitó el brazo para indicarme que fuera también.
Aquella hora se me hizo efímera; a pesar de la tormenta, en el jardín el suelo estaba seco y hacía una temperatura agradable. Estuvimos hablando sobre nosotros y nos dijimos cosas que nunca dijimos. Fue como sacado de una película romántica pero, aunque odie admitirlo, me gustaba.
Al contrario que la escapada, el resto del día llovió demasiado para alguien a la que le gusta la lluvia y se me hizo todo muy lento; pero la tarde en mi casa tampoco varió demasiado.
Antes de ir a casa de Elia, revisé la mochila y pasé por un ultramarinos antes de ir. Paseé por todos los pasillos repletos de estantes, buscando palomitas y golosinas pero vi cerveza. Agarré una botella y confié en que el dependiente creyera que tenía dieciocho años; me acerqué a la caja, lo coloqué todo y al pasar la botella por el lector se paró un momento, me miró a los ojos y me sonrió de una forma extraña. Pero pasó la cerveza y salí de la tienda feliz.
Llegaba puntual, llamé al timbre y me abrió Elia muy sonriente.
-¡Águeda! Ven pasa, ya han llegado todos.- Fuimos hasta el saló y allí estaba Ainhoa la cual me dio un gran abrazo, dos chicas y un chico más.- Estas son Sakura, Valeria y Jimmy.
Sakura era una chica de etnia asiática, de pelo castaño oscuro y unos inusuales ojos azules claros. Valeria lucía el pelo color miel y rizado, sus ojos eran marrones y almendrados. Era más pequeña, tendría unos catorce años. Y Jimmy era de estatura baja, con el pelo corto y marrón muy oscuro, casi negro. Tenía unos ojos cambiantes, dependiendo de la luz eran verdes o marrones.
-Pues ya estamos todos.- Terminó Elia.- ¿Os apetece ver la peli?
-Elia, ¿Tus padres están en casa?- Pregunté yo.
-Ni ellos ni mi hermano, hoy se quedan con mis abuelos para que no los molestemos.
-Pues genial, porque mira lo que he traído.- Dije sacando la botella.
-Como te llames, te quiero.- Dijo Jimmy.
-Águeda, mi nombre es Águeda.
-Ah, lo siento. ¡qué ojazos tienes! ¿Son violetas?- añadió agarrándome de los hombros y moviéndome hacia la luz.
-Bueno vale ya. Eli, pon la película porfa.- Se quejó Valeria. Sakura se dirigió a la cocina y tras unos minutos volvió con varios boles llenos de palomitas, patatas fritas, ositos de gominola, kikos y demás cosas. Nos sentamos todos en los dos sofás y Elia se dispuso a poner la película, era The posession.
Terminó y Ainhoa y Valeria estaban abrazadas del miedo que habían pasado, tampoco era para tanto. Serían alrededor de las once de la noche y estábamos hablando de temas diversos. Descubrí que Jimmy se llamaba Jaime pero siempre lo habían llamado así y que Sakura tenía los ojos azules porque su padre era español (con ojos claros) y su madre japonesa. En ese momento Ainhoa se levantó del sofá y muy entusiasmada gritó:
-¿¡QUÉ OS PARECE SI JUGAMOS AL YO NUNCA!?
-Nhoa, tranquila.- Le riñó Elia.
-¿Yo nunca? ¿Cómo se juega a eso?- Preguntó Sakura confusa.
-A ver, se reparte un vaso con alcohol para cada uno. Alguien dice algo que nunca haya hecho y los que sí, beben.- Explicó.
-Mola, ¡hagámoslo!- Dijo Valeria.
-Valeria, ¿no eres muy pequeña?- Le recriminé yo con tono de madre.
-¿¡ME ESTÁS LLAMANDO NIÑA!? ¡¡¡YO SOY MAYOR, TENGO CATORCE AÑOS!!!
-Vale, no te sulfures.- Nos sentamos en corro, Elia repartió los vasos y los llenó.
-Yo empiezo.- Dijo Jimmy.- A ver... Soy gay así que nunca he besado a una chica.- Ainhoa colorada como un tomate bebió.
-¿En serio Ainhoa?- Preguntó Sakura sorprendida.
-Bueno, estábamos jugando a la botella y fue un pico sin importancia.- Aclaró ella.
-Me toca.- Continuó Valeria.- Yo nunca he tenido novio.- Todos bebimos.
-Mi turno.- Dije animada.- Yo nunca me he enamorado del novio de mi mejor amiga.- Ninguna bebió, excepto Jimmy.
-¿De verdad?- Preguntó Elia.
-Sí, bueno, fue hace algunos años.- Puede que las demás se lo tragaran pero se notaba que estaba mintiendo. Siguieron con la ronda y se acabó la cerveza, entonces se fueron a desmaquillarse y ponerse el pijama. Yo me quedé con Jimmy en la sala de estar.
-Jimmy, la pregunta que yo hice, se notaba que mentías.- Miró al suelo y frunció el ceño.- Puedes contarme lo que sea.
-¿Conoces a Miguel Montenegro?- Preguntó con un hilo de voz.
-Claro, canta en mi banda y es un buen amigo mío.
-Y el novio de Elia.
-No acabo de entender.
-Verás, hace un año me lo presentó y desde ese momento me enamoré como un tonto de Miguel.
-¿¡QUÉ!?
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