lunes, 23 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 23

2 de Febrero
Continuaba agazapada en las escaleras, las manecillas del reloj marcaron la medianoche. Estaban hablando principalmente sobre mí, hasta que escuché algo que me dejó paralizada:
-Quiero que Águeda se venga a vivir conmigo.
-¡Ni lo sueñes!- El tono de mi padre dio un cambio repentino.- Además, ¿cuál es tu situación económica? Porque como hayas venido aquí a pedirme dinero vas lista.
-Me va muy bien, hace algunos años me casé con un hombre bueno, adinerado y vivimos en una casa muy grande. Sería ideal que viniera a vivir con nosotros.
-¿Ahora pretendes que se vaya a vivir contigo cuando he sido yo el que la ha estado alimentando y cuidando durante todos estos años, cuando he sido yo el que le ha comprado la guitarra y el que la ha ayudado a descubrir su pasión por la música? ¿Ahora llegas tú y quieres quitarme lo que más quiero?- Estaba patidifusa. Sé que mi padre me quiere muchísimo, a ver, es mi padre.
-Quiero enmendar mis fallos, quiero arreglar el no haber sido una buena madre.
-No lo vas a conseguir, Águeda tiene mucho carácter y conociéndola jamás te llamará mamá.
-Es algo que sé, pero me gustaría disfrutar de su risa, de sus logros, de todo.
-Já, pues llegas 17 años tarde. Ahí tienes la puerta.- Interiormente le estaba montando una fiesta a mi padre por su posición, pero también me daba pena Sofía. Por alguna razón hizo todo eso de joven, pero soy incapaz de imaginarme a una madre abandonando a su hija; aunque he tenido suerte, no me dejó en la calle o en algún cubo de basura.
Todavía sentadas en las escaleras la vi salir del salón y me apreté contra la pared, el portón de entrada estaba justo en frente de las escaleras y podría verme. Antes de salir echó un vistazo atrás y me vio, pude leer algunas palabras en sus labios <<Lo siento>>. Giré la cabeza a modo de desprecio y volví a mi habitación, pero Mr Berry me delató maullando muy fuerte y mi padre salió al pasillo.
-¿Qué haces aquí?- Me preguntó algo enfadado.
-No podía dormir y bajé a por agua.- Dije muy rápido, estaba realmente nerviosa y me lo inventé sobre la marcha.
-Sube a tu habitación.- Me ordenó señalando el piso de arriba. Obedecí, no quería líos esta noche, ya estaba siendo todo demasiado extraño.
Me metí en la cama y me tapé hasta la nariz, esa noche no dormí nada.
Veía amanecer acariciando a Mr.Berry, hoy me había adelantado mucho al despertador y para despejarme me metí en el ducha. El agua caliente caía sobre mí, llevándose todos los malos pensamientos y las dudas que me atormentaban.
Una vez vestida cogí la mochila y bajé las escaleras a tientas, mi padre me recibió al final de ellas con grandes ojeras y gesto cansado:
-Águeda, si quieres hoy te puedes quedar aquí.
-A riesgo de quedarme dormida en matemáticas iré, allí al menos estoy entretenida.
-Cuando llegues nos espera una larga conversación.
-Lo sé, papá, ¿de verdad voy a tener que irme de esta casa?- Entonces me abrazó muy fuertemente, me dio un beso en la cabeza y me susurró:
-No voy a dejar que te vayas.- Me zafé de su abrazo de oso y mirándolo a los ojos dije muy seria, un tono que ni yo misma sabía que podía poner.
-¿Realmente ella es mi madre?- Cogió aire despacio y en un suspiro afirmó la teoría, Sofía era mi madre aunque yo no lo quería aceptar de ningún modo.
 sin dejar que nada más pudiera colarse en mi cabeza salí y arranqué la moto, conduje hasta el instituto y allí, como siempre, las niñas estúpidas me miraban a mí, a mi moto y criticaban pero eso es algo que me importa poco. Busqué a alguien de mi grupo, me daba igual quién, necesitaba contarle a alguien lo que había ocurrido. Estaba a punto de explotar cuando encontré a Aaron medio dormido apoyado en las taquillas, pasé a su lado corriendo y le agarré la mano, arrastrándolo conmigo.
-¡Águeda so bruta!
-¡Calla y corre!- Entonces dio un frenazo en seco y estuve a punto de darme de bruces contra el suelo.
-¿Sé puede saber qué te pasa?
-Mi madre.
-¿Cómo? ¿Te has peleado con ella o algo?
-Agg... ¿Nunca te resultó extraño que en mi casa siempre estuviera mi padre y no mi madre.
-Déjate de acertijos que es muy temprano.
-Y tú idiota.ç
-¡No me insultes! Explícame.
-A ver.- Y comencé a contarlo todo el rollo de Sofía. Abrió sus ojos verdes de una forma extraña, estaba muy sorprendido, yo fruncí el morro hacia un lado y arqueé las cejas.
-Pero... ¿Qué descaro más grande no?
-¿Por qué te crees que estoy enfadada.
-Joder, me dejas sin palabras. Pero no te irás, ¿verdad?
-¡Claro que no! Porque haya llegado ella no significa que vaya a tomar el control de mi vida, ya tuvo su oportunidad.- La maldita campana sonó y tuvimos que entrar en clase, muy a nuestro pesar. La mañana transcurrió sin más novedad pero andaba distraída, mucho más ida de lo normal.
En mi casa la situación no mejoró, mi padre me contó con todo lujo de detalles toda su historia con Sofía y yo creí entender algo pero no todo. La noche llegó pronto y aquel extraño día acabó con una sola persona en mi cabeza: Sofía.

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