jueves, 28 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 27 (2)

*Narra Diana*
Este sábado comienza a ser aburrido; en mi ático solo quedan dos botellas de licor para hacerme una fiesta yo sola pero no quiero emborracharme hoy. Desde que Xavier intentó abusar de mí había encontrado un pequeño consuelo en el Malibú con piña pero eso me estaba afectando. Fui a mi habitación y me desplomé sobre la gran cama central, miré hacia un lado y observé que mi móvil vibraba, me incorporé y lo cogí. Era un número desconocido, descolgué y me llevé el aparato a la oreja.
-¿Hola?
-¿Diana?
-Sí, ¿quién eres?
-¡James!- James, el batería de aquel grupo amateur y quién noqueó a mi agresor.- Bueno, ¿qué tal estás?
-¿Preguntas de ''qué tal''? Si vas a decirme algo dilo ya.
-Am... Me preguntaba si te apetecía ir a cenar.
-¿En plan cita?- Dije soltando una discreta risa.
-Se podría ver de ese modo. 
-Vale, acepto.- Me apetecía salir y si se me planta la oportunidad, pues genial.
-¿En serio? ¡Estupendo! Pero ve arreglada.
-¿A dónde me llevas?
-Ya lo verás. Estáte lista a las ocho.- Colgué el teléfono y sonreí estúpidamente. 
Llegó la tarde y buscaba algo que ponerme o cómo maquillarme y peinarme, incluso busqué vídeos en internet sobre qué hacer; cuando vi el quinto vídeo fue cuando supe que me estaba pareciendo a una adolescente quinceañera. Rebusqué en los rincones de mi armario y divisé un vestido color verde botella, de cuello barco y mangas francesas de encaje y unos tacones negros. 
Casi sin darme cuenta eran las ocho y ''mi cita'' esperaba puntual en la calle, cogí el bolso y mi abrigo negro y me fui escaleras abajo.
Cerré la puerta y justo al volverme sopló una fuerte ráfaga de viento, lanzando al vuelo todos mis cabellos rosas; subí coche, era negro, muy elegante.
-Diana estás estupenda.- Dijo sonriendo mirándome de arriba a abajo.
-Sé que estoy buena, no hace falta que lo digas.- Dije sonriendo de medio lado, a decir verdad, él estaba magnífico. Llevaba una camisa blanca, una corbata negra con el nudo un poco aflojado, pantalones negros y una chaqueta también negra bastante grunge.
-¿Siempre tan egocéntrica?
-Nunca nadie me lo dirá así que tengo que cuidar de mí misma.- No dijimos nada más en todo el trayecto, puedo que alguna mirada furtiva; todo eso me estaba hirviendo la sangre, necesito algo de diversión. Detuvo el coche frente a un edifico muy grande y bien iluminado, era como de película romántica. Entramos y era precioso, paredes de colores cálidos, hermosos manteles blancos en las mesas y una música muy suave, aquel lugar era acogedor. Tomamos una mesa y una juguetona conversación empezó, hablamos de muchas cosas y no puedo recordarlas todas, pero sin saber cómo salió el tema hablamos de Xavier.
-¿Qué pasó con él? Si no llega a ser por mí te podría haber llegado a violar.
-Lo sé, te estoy muy agradecida. Aunque parte de la culpa fue mía.
-Lo dudo mucho.- Sonreí, no sabía nada de mi historia con Xavier.- ¿Por qué sonríes?
-Recuerdos. Pasaron muchas cosas con ese hombre.
-Cuéntamelas.
-¡No! Son cosas personales.- Dije irritada.
-No sé que te pasó ni por qué eres tan arisca, yo solo sé que me atraes y me puedes contar lo que sea.- Abrí de par en par los ojos, ¿confianza? ¿Qué demonios es eso?
-Está bien, realmente me has sorprendido y creo que eres lo bastante maduro como para guardar un secreto. Empecemos. cuando yo tenía veintidos años acababa de terminar la carrera de fotografía y entré a trabajar en la revista ''Forever Stars''. Él era el jefe de la discográfica a la que fuisteis, pues le gusté de una forma enfermiza y yo caí en sus redes. No fue nada sentimental, era más bien carnal, ¿sabes? Y supe que jamás significaríamos nada. Corté la relación y por supuesto quiso más, el resto ya lo sabes.
-Será capullo.
-¿No me digas?- Dije irónica.
A partir de ahí cambiamos de la conversación y nos dedicamos a conocernos mejor, me resultaba interesante, era atento y paciente. Totalmente contrario a mi carácter pasivo e irritable.
Terminamos la agradable cena y dimos un paseo por las nocturnas calles de Madrid, a su lado me sentía protegida, a gusto, eran cosas que jamás había sentido al lado de un hombre. Dimos media vuelta y volvimos al aparcamiento para volver a casa, pero el cambio en este trayecto fue la continua charla y risa. Llegamos a mi edificio y se bajó conmigo del coche para acompañarme a la puerta, pero también subió en el ascensor y nos paramos en el portón de mi ático.
-Me lo he pasado genial James, hacía tiempo de la última vez.
-Un detalle no hace daño.- No pude contener la risa y me mordí el labio inferior mientras buscaba las llaves. Él me obligó a mirarlo sosteniendo mi barbilla con su pulgar y su índice.
-¿Qué haces?- contesté con la voz entrecortada.
-Podría pasar y tomarnos un café o algo.- Un sonrisa traviesa surcó mi rostro, agarré su corbata y lo acerqué a mí, dejando su cara mi cerca de la mía.
-Venga ya, no somos dos quinceañeros y tú no quieres café.- Se pudo oír el ''crak'' de la puerta al abrirse y nos besamos como si nos faltara el aire, andé de espaldas chocando con todas las paredes de mi casa hasta llegar al dormitorio, allí mis piernas se tropezaron con la cama y el resto de la noche ya os la figuraréis.

martes, 26 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 27 (1)

6 de Febrero
Estaba alucinando, ¿Jimmy? ¿Enamorado de Miguel? Estaba mirándolo con la boca abierta, no creía que alguien a parte de Elia era capaz de enamorarse de Miguel. Es muy atractivo pero apenas habla y es muy tímido, no obstante, su personalidad es tremenda. Aterricé de nuevo a la realidad e intenté contestar a su confesión.
-Pero él es hetero.
-¿Te crees que no lo sé? Y encima es el novio mi mejor amiga pero, a veces, el corazón es muy caprichoso.
-Te aconsejo que salgas, conozcas gente y te olvides de él. Es lo mejor que puedes hacer.- Ya sé que no soy buena animando a la gente, yo les doy un abrazo y espero a que se les pase.
-Pues no lo había pensado. Sí, podría conocer a otra gente, lo que se dice cambiar de aires. Muchas gracias Águeda.- Ante mi sorpresa mi consejo funcionó y ahora lucía una amplia sonrisa. Me siento satisfecha.
Llegaron las chicas y mantuvimos una conversación sobre todo y nada a la vez. Empezamos por chorradas como colores favoritos, continuamos por marcas de ordenadores (solo dios sabe cómo salió ese tema teniendo en cuenta que los presentes en la sala éramos muy torpes con la electrónica), y por último música. Ése era mi fuerte y podía estar horas y horas hablando sobre eso, sin darnos cuenta, terminamos a gritos defiendo cada uno nuestro estilo.
-¡Pues Lady Gaga es la mejor!- Defendió Jimmy.
-Ni se le acerca a Eminem.- Rebatió Sakura.
-Paramore son los mejores y los demás puro asco.- Se indignó Elia.
-A Justin Bieber no le gana nadie.- Ainhoa me ha ofendido.
-¿¡Cómo!? Perdona pero Green Day, AC/DC, The Ramones, Sum 41, KISS y Sex Pistols están tan por encima que ese Bieber es microscópico.
-Repite eso.- Me respondió la morena haciendo especial énfasis en cada palabra.
-Cuantas veces quieras.- Le vacilé yo.
-Chicas tranquilas, que sois amigas.- Separó Elia.
-¡TIENE RAZÓN, ÁGUEDA TE QUIERO MUCHO!- Corrió Ainhoa a darme un abrazo tan fuerte que nos caímos al suelo muertas de la risa.
Valeria nos ayudó a levantarnos y Elia puso una mueca extraña, frunció el ceño y miró al suelo pensativa.
-Águeda, esta mañana fuimos juntas a clase, saludamos a Aaron y, ¿entraste en el aula? Es que no me acuerdo.
-No.- Dije tranquila.
-¡Pues a ver cómo apruebas! Te saltas la mitad de las clases y encima casi nunca vienes al instituto.- Me recriminó la pelirroja.
-Ni que fueras mi madr..., digo, mi padre.
-¿Pero a dónde fuiste la primera hora?- Siguió curiosa, más bien cotilla. Al parecer ése fue el pistoletazo de salida a muchísimas preguntas sobre mis ausencias; yo estaba empezando a hartarme.
-Pero respóndeme, ¿a dónde se supone que te fuiste esta mañana?
-¡ME LARGUÉ CON AARON!- Me llevé las manos a boca, se me había escapado. Ainhoa y Elia sonrieron ampliamente y se les dilataron las pupilas, comenzaron a gritar como auténticas locas y me cogieron de los hombros para zarandearme.
-¡AY MADRE, POR FIN ESTÁN JUNTOS!- Chilló la gafapastas.
-¡YA ERA HORA! ¿Y desde cuándo es eso?- Continuó la otra.
-Me pierdo.- Se quejó Valeria.
-¡SOLTÁDME! Lo voy a explicar una sola vez, las preguntas al final.- Comencé a relatar todo lo que nos había pasado a él y a mí durante este último mes, absolutamente todo omitiendo algunas partes como lo de Londres porque ya lo sabían. Cuando terminé mi relato arrugué el morro, los demás se limitaron a suspirar y a decir que todo es precioso y bla bla bla.
Observo el reloj, son las cinco y media de la madrugada y hay poca energía en el ambiente. Estaba acurrucada en uno de los sofás entre Sakura, la cual estaba durmiendo sobre mi hombro derecho, y Ainhoa, que hacía lo imposible para mantenerse despierta; yo no resistí más mi lucha y el sueño me venció. Desperté de un sobresalto, algunos rayos de sol de la mañana se colaban por la rendijas de la persiana y me deslumbraban, miré a mi alrededor pero no había nadie. Me incorporé y fui hasta la cocina en busca de alguien, pero nada. Algo asustada recorrí el pasillo hasta el cuarto de Elia, allí estaba la pelirroja revisando su teléfono móvil.
-Elia, ¿dónde están los demás?
-¡Buenos días dorminola! Se fueron a las diez, ya es casi medio día. Te dejaron durmiendo porque estabas muy cansada.- Sonreí, un sentimiento extraño me invadió desde los pies hasta las raíces de mis claros cabellos, decidí no pensar más en eso y cambiarme de ropa para volver a casa.
Me despedí de Elia en la puerta y, debido a la falta de sueño, choqué con alguien.
-¡Mira por dónde andas!
-Lo siento mucho... ¿¡Samuel!?
-Mira quién está por aquí. No te veía desde Londres rubia.- Dijo acercándose con una sonrisa malévola.
-Samuel déjame en paz.- Contesté esquivándolo.
-Oh, venga ya. Sabes que no estuvo tan mal.
-Mira, no estoy para tus jueguecitos.
-Hay una cosa que no entiendo.
-¿Sí? No me digas.- Respondí irónica.
-¿Por qué Aaron me pegó?
-Porque te ganaste las palizas a pulso.
-Águeda, los dos sabemos que iba colocado. Pero en vez de ayudarme preferisteis pasar de mí.
-Se intentó hablar contigo pero no escuchaste.
-Tampoco insististeis ninguno de vosotros, excepto Aaron.- No tenía ganas de escuchar nada más, me fui pero él me siguió, tomó mi brazo haciendo que volviera la cabeza hacia él.- ¿Qué fui yo para ti?
-Ahora un simple recuerdo.- Sus ojos grises se volvieron vidriosos y un ligero temblor de su labio inferior delató su tristeza. Su gesto cambió a uno más duro y rabioso y bruscamente me besó; me aparté violentamente y y no pude contener mis gritos.- ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ HACES!?
-Tranquila que no te volveré a molestar más, pero quería besarte antes de llegar a hacer alguna estupidez.
Sin añadir una palabra más se fui. Desapareció por la calle y yo no paré de darle vueltas a la cabeza con lo que había pasado, ¿estaba arrepentido? Ya no podía confiar de nuevo en él, nos había mentido y conmigo se comportó como un cerdo. Pero por una parte tenía razón, no le hemos ayudado, lo dejamos solo.

domingo, 17 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 26

5 de Febrero
Hubo un amago de que amainase pero la tormenta sobre Madrid continuaba. Noche perfecta para peli de miedo y palomitas en casa de Elia. Creo que a mi padre empezaba a molestarle que estuviera más fuera de casa que dentro, pero creo que en el fondo se alegra de que por fin tenga, no amigos, sino vida. Miré mi reflejo en el cristal de la ventana, mi pelo hoy estaba mucho más rebelde de lo normal, parecía un ovejita rubia.
Bajé a la cocina, caminé hacia el frigorífico y observé una nota con una letra malísima:
''Tenía un compromiso en la empresa y me he tenido que ir más temprano, tienes pan en la panera. No te quedes en casa porque lo sabré.''
Se me escapó una sonrisa por la última frase, la última vez que se tuvo que ir más temprano me tomé el día libre y la bronca de después fue enorme.
Después de casi cargarme el microondas metiendo la taza con la cuchara, salí hacia el instituto; allí, una eufórica Elia me dio un abrazo que por poco nos caemos al suelo rodando.
-¿Se puede saber este entusiasmo?- Le pregunté riendo.
-Que estoy contenta por esta noche. ¿Llamaste a Ainhoa?
-Ahí va.- Ni me acordé de decírselo.
-Da igual, ya se lo dije yo. ¡Ah! También vendrán tres amigos míos.
-¿Como que tres amigos tuyos? ¿Tíos?
-No, dos chicas y un chico, pero que es gay.- Dijo entre risas.- Y trae porquerías varias, tipo golosinas, palomitas, pica pica...
-Entonces hoy a ponerse gordas, ¿no?
-Básicamente.- En ese momento una sonora carcajada salió de nuestras gargantas, la cual fue eclipsada por la campana y entramos en clase.
Cruzamos los largos pasillos sin ganas, al menos yo no quería dar lengua a primera hora. A lo lejos vi a Aaron apoyado en la puerta del aula con aire vacilón, saludó a Elia y me cortó el paso.
-¿Sabes que casi nunca me besas?
-¿Porque solo te veo en el instituto quizá?- Dije con ironía.
-Mira doña recatada. anda entra.- Y se apartó dejando paso. Me acerqué con una sonrisa maliciosa y arqueé una ceja.
-Se me está ocurriendo una cosa.
-A ver por donde sales...
-¿Qué tal si nos saltamos la primera clase?
-Já, que te crees que no lo he intentado.
-Pero tú eres un torpe.
-Vale, yo también te quiero eh.- Dijo haciéndose el dolido.
-Aish... Venga, sígueme.- Tomé su mano y anduvimos muy deprisa, sin llegar a correr. Atravesamos todo el instituto sin ser vistos, hasta llegar al jardín que hay detrás del edificio. A ese pequeño rincón de tranquilidad no daba ninguna ventana ni ninguna puerta, la única forma de entrar era saltando la pequeña verja. Miré a Aaron de reojo, el cual estaba maravillado con la boca entreabierta.
-¿Cómo sabes de este sitio? Llevo aquí desde pequeño y nunca lo había visto.
-Gracias a Elia, cuando Miguel se emborrachó y la besó él no se acordaba de nada y ella vino aquí a llorar. La seguí y aluciné. Yo entro, cuando se te quiete la cara de bobo vienes, ¿vale?.- Me dispuse a colarme pero con la faldita era complicado.
-Serás bruta.- Aaron se coló, una vez dentro me cogió en volandas y se quedó mirándome fijamente, yo miré al suelo ruborizada.
-Buen, bájame ya.
-Jamás.
-Serás cursi.- En ese instante sentí que caía y seguidamente sentí un golpe en, bueno, ahí atrás.
-¡Me has hecho daño bestia!
-BUJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... ¡No te quejes que no ha sido para tanto!- Rió en una sonora carcajada.- Anda, levanta.
Me levanté del suelo y me hice la enfadada, Aaron me siguió y me abrazó a modo de disculpas. Susurró algo que no llegué a oír del todo y después me besó.
Realmente nunca pensé que algún día pasara esto, nunca pensé que me llegaría a enamorar como una niñata y nunca pensé que sería con alguien de mi propia banda. ahora que lo pienso, aún no lo sabe nadie.
-Aaron.
-¿Sí?
-¿Le has contado a alguien que estamos juntos?
-Am... no.
-Yo tampoco.
-Pero podría ser nuestro secreto.
-Ya, ¿sinceramente crees que no se han dado cuenta?
-¿Por qué?
-Dios mío, no pillas ni una. Porque nos hemos ido de clase los dos sin razón alguna.
-Ah. Da igual, que se aguanten.- Así, tan indiferente, se dirigió al gran árbol que había en el centro del jardín y se echó a la sombra de su copa. Agitó el brazo para indicarme que fuera también.
Aquella hora se me hizo efímera; a pesar de la tormenta, en el jardín el suelo estaba seco  y hacía una temperatura agradable. Estuvimos hablando sobre nosotros y nos dijimos cosas que nunca dijimos. Fue como sacado de una película romántica pero, aunque odie admitirlo, me gustaba.
Al contrario que la escapada, el resto del día llovió demasiado para alguien a la que le gusta la lluvia y se me hizo todo muy lento; pero la tarde en mi casa tampoco varió demasiado.
Antes de ir a casa de Elia, revisé la mochila y pasé por un ultramarinos antes de ir. Paseé por todos los pasillos repletos de estantes, buscando palomitas y golosinas pero vi cerveza. Agarré una botella y confié en que el dependiente creyera que tenía dieciocho años; me acerqué a la caja, lo coloqué todo y al pasar la botella por el lector se paró un momento, me miró a los ojos y me sonrió de una forma extraña. Pero pasó la cerveza y salí de la tienda feliz.
Llegaba puntual, llamé al timbre y me abrió Elia muy sonriente.
-¡Águeda! Ven pasa, ya han llegado todos.- Fuimos hasta el saló y allí estaba Ainhoa la cual me dio un gran abrazo, dos chicas y un chico más.- Estas son Sakura, Valeria y Jimmy.
Sakura era una chica de etnia asiática, de pelo castaño oscuro y unos inusuales ojos azules claros. Valeria lucía el pelo color miel y rizado, sus ojos eran marrones y almendrados. Era más pequeña, tendría unos catorce años. Y Jimmy era de estatura baja, con el pelo corto y marrón muy oscuro, casi negro. Tenía unos ojos cambiantes, dependiendo de la luz eran verdes o marrones.
-Pues ya estamos todos.- Terminó Elia.- ¿Os apetece ver la peli?
-Elia, ¿Tus padres están en casa?- Pregunté yo.
-Ni ellos ni mi hermano, hoy se quedan con mis abuelos para que no los molestemos.
-Pues genial, porque mira lo que he traído.- Dije sacando la botella.
-Como te llames, te quiero.- Dijo Jimmy.
-Águeda, mi nombre es Águeda.
-Ah, lo siento. ¡qué ojazos tienes! ¿Son violetas?- añadió agarrándome de los hombros y moviéndome hacia la luz.
-Bueno vale ya. Eli, pon la película porfa.- Se quejó Valeria. Sakura se dirigió a la cocina y tras unos minutos volvió con varios boles llenos de palomitas, patatas fritas, ositos de gominola, kikos y demás cosas. Nos sentamos todos en los dos sofás y Elia se dispuso a poner la película, era The posession.
Terminó y Ainhoa y Valeria estaban abrazadas del miedo que habían pasado, tampoco era para tanto. Serían alrededor de las once de la noche y estábamos hablando de temas diversos. Descubrí que Jimmy se llamaba Jaime pero siempre lo habían llamado así y que Sakura tenía los ojos azules porque su padre era español (con ojos claros) y su madre japonesa. En ese momento Ainhoa se levantó del sofá y muy entusiasmada gritó:
-¿¡QUÉ OS PARECE SI JUGAMOS AL YO NUNCA!?
-Nhoa, tranquila.- Le riñó Elia.
-¿Yo nunca? ¿Cómo se juega a eso?- Preguntó Sakura confusa.
-A ver, se reparte un vaso con alcohol para cada uno. Alguien dice algo que nunca haya hecho y los que sí, beben.- Explicó.
-Mola, ¡hagámoslo!- Dijo Valeria.
-Valeria, ¿no eres muy pequeña?- Le recriminé yo con tono de madre.
-¿¡ME ESTÁS LLAMANDO NIÑA!? ¡¡¡YO SOY MAYOR, TENGO CATORCE AÑOS!!!
-Vale, no te sulfures.- Nos sentamos en corro, Elia repartió los vasos y los llenó.
-Yo empiezo.- Dijo Jimmy.- A ver... Soy gay así que nunca he besado a una chica.- Ainhoa colorada como un tomate bebió.
-¿En serio Ainhoa?- Preguntó Sakura sorprendida.
-Bueno, estábamos jugando a la botella y fue un pico sin importancia.- Aclaró ella.
-Me toca.- Continuó Valeria.- Yo nunca he tenido novio.- Todos bebimos.
-Mi turno.- Dije animada.- Yo nunca me he enamorado del novio de mi mejor amiga.- Ninguna bebió, excepto Jimmy.
-¿De verdad?- Preguntó Elia.
-Sí, bueno, fue hace algunos años.- Puede que las demás se lo tragaran pero se notaba que estaba mintiendo. Siguieron con la ronda y se acabó la cerveza, entonces se fueron a desmaquillarse y ponerse el pijama. Yo me quedé con Jimmy en la sala de estar.
-Jimmy, la pregunta que yo hice, se notaba que mentías.- Miró al suelo y frunció el ceño.- Puedes contarme lo que sea.
-¿Conoces a Miguel Montenegro?- Preguntó con un hilo de voz.
-Claro, canta en mi banda y es un buen amigo mío.
-Y el novio de Elia.
-No acabo de entender.
-Verás, hace un año me lo presentó y desde ese momento me enamoré como un tonto de Miguel.
-¿¡QUÉ!?