lunes, 9 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 22

1 de Febrero
Lunes, vuelta a clases después de nuestro fin de semana loco. La mañana se presentaba soleada y como cada día bajé a tomar el desayuno. Comí la típica tostada con café, monté en mi moto y me dirigí hacia el instituto, como normalmente hacía.
Al llegar allí había una gran marabunta de gente, especialmente de chicas gritonas y estúpidas. Alguien exclamó mi nombre y de repente todo se giraron hacia a mí y me estrujaban, no me dejaban espacio y ni siquiera sabía qué pasaba. Me escabullí como puede y mis amigos estaban en mi misma situación, con cara de susto y sin saber qué narices pasaba.
-¿Por qué de repente nos acosan?- Preguntó un aturdido Miguel.
-¡¡¡YA LO RECUERDO!!!- Gritó efusivamente Aaron.
-A ver, cuenta.- Prosiguió expectante James, que por primera vez estaba con nosotros en vez de en la sala de profesores.
-Mirad, ayer mi prima Ainhoa.- En ese momento Jeyden pareció interesarse más aún si cabe por la conversación.- montó una buena en twitter con lo de Londres y la gente cree que vamos a grabar un disco, vamos a ser super famosos y por eso nos acosan.
-Si no fuera mi amiga la mataba.- Dije por lo bajo, pero lo suficientemente alto como para que me escucharan todos. Minutos más tarde llegó la directora con su singular falda de tuvo y gafas enormemente grandes poniendo orden en la situación, pero los alumnos no dieron su brazo a torcer y al final tuvimos que entrar nosotros en clase, mientras que los demás nos seguían como patitos siguen a su madre.
Las clases pasaron rápido, sin mucha novedad, exceptuando que Elia quería hacer una fiesta pijama dentro de poco a la que estábamos invitadas Ainhoa y yo. Repetí la operación de esta mañana, me monté en la moto y volví a casa.
Hoy mi padre llegó mucho más temprano de lo habitual y comimos juntos, por suerte todo lo de ayer ya está olvidado, le comenté el repentino interés por nosotros en el instituto y la fiesta de Elia (a la cual me dejó ir).
Y como hoy era un día normal la tarde pasó tranquila, yo hice mis deberes y allá sobre las ocho de la tarde alguien llamó a la puerta. Mi padre fue a abrir pero no escuché ninguna palabra más, curiosa, me asomé por el marco de la puerta a espiar. Una mujer de mediana edad, rubia, ojos azules violáceos (muy parecidos a los míos) y bajita se divisaba en la puerta, un nombre salió de sus labios, con una voz un tanto ronca y cansada.
-Carlos.- Ése es el nombre de mi padre.
-¿Sofía?- No me estaba enterando de nada, parecía un reencuentro.
-Em... Papá, ¿quién es esta mujer?- Ella me miró con los ojos cargados de ternura y amor, mientras mi padre estaba atónito.
-¿Eres Águeda?- Se dirigió a mí acercándose.
-Sí, soy yo.
-Águeda, yo soy Sofía, tu madre.- ¿¡CÓMO!?
-¿¡¡¡QUÉ!!!?
-¡Sofía! Ten tacto, tiene...
-17 años, sé cuándo nació mi hija, el 11 de Enero de 1996. - Ellos seguían con su conversación y me ignoraban, ¿pero ésa mujer es mi madre? Somos clavadas pero, ¿cómo viene aquí después de 17 años y con toda la cara dura del mundo me dice que es mi madre?
-Papá, necesito una explicación. 
-Sí, te la mereces. Sentaos las dos y hablemos.- Tomamos asiento en los sofás, ella en uno y yo en otro. Sofía, ¿se puede saber qué demonios haces aquí?
-Vengo a pedir disculpas.
-Perdona, yo no sé si usted es mi madre pero creo que le he dado exactamente igual toda mi vida y aquí el que ha hecho de padre y madre ha sido este hombre que ve aquí.- Solté muy dolida señalando a mi padre.
-Esto tiene una explicación.- Se defendió esa mujer.- Águeda, cuando yo tenía 19 años era una hippie, no creía en el matrimonio ni en las ataduras. Era lo que se decía un espíritu libre y recorría el mundo en autobuses de poca monta. Pues un día conocí a Carlos- Le dedicó una mirada muy pastelosa.-y una cosa llevó a la otra. El caso es que comenzamos a salir. Años más tarde estaba embarazada pero me fui de casa, sin ninguna nota, nada, me esfumé del mapa.
-¿Por qué lo hiciste?- Inquirí con un tono bastante serio.
-Porque no quería ataduras. Lo que pasó fue que cuando naciste tú yo no tenía dinero para mantenerte y tuve que regresar para que tu padre se hiciera cargo de ti.
-Ya, muy romántico todo. ¿¡PERO NO TE DISTE CUENTA DE MÍ!? ¿¡CÓMO TIENES LA CARA TAN DURA DE ABANDONARME Y DESPUÉS DE 17 AÑOS VENIR A MI CASA COMO SI NO PASARA NADA!?
-Por favor, mantén la calma.
-¡PUES NO ME DA LA GANA!- Contesté levantándome de la silla histérica.
-Ya sé que no está bien cómo he hecho las cosas en mi vida.
-Tu vida me afecta a mi. ¿Dónde estuviste en mis primeras palabras? ¿En miz primeros pasos? ¿En mis primeros logros y caídas? ¿Enfermedades? ¿¡Dónde!? Ya te lo digo yo, estuviste por ahí tirándote a algún hippie.
-Carlos haz que pare.- Suplicó ella pero mi padre tenía una extraña sonrisa.
-Está en su derecho, la abandonaste y ahora quieres hacer como si nunca haya pasado nada. Sofía, eso te  funcionaba con pequeñas cosas pero no con algo tan  grave.
-Y bueno, ¿algún hermano del que no sé nada?
-No, te lo puedo jurar.- Estaba harta de la estúpida conversación, era demasiado para mi y unas náuseas tremendas me atacaron, salí disparada al baño y... eché la primera papilla, en la cual no estuvo tampoco ella. Salí tambaleante del baño y conseguí regresar a al saló, en cual me tiré en el sofá suplicando algo que me quitara las náuseas.
Lo siguiente que recuerdo fue que me quedé dormida a causa de las pastilla que tomé y al despertar ya me encontraba en mi habitación. Miré la hora y eran casi las doce, Mr. Berry estaba echado a los pies de mi cama observando la puerta que no estaba del todo cerrada. Lo cogí en brazos tiernamente, a lo que contestó con un maullido casi inaudible; con mi gato a cuestas bajé las escaleras sigilosa. Encontré a mi padre y a Sofía hablando largo y tendido en la cocina. Me quedé observándola, realmente tenía un gran parecido físico conmigo pero, ¿por qué venía después de 17 años? ¿Por qué me abandonó a mí y a mi padre? ¿Por qué no vino antes? ¿Por qué no se casaron? Mi mente estaba llena de dudas y lo peor es que no encontraba la respuesta a ninguna.

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