sábado, 29 de junio de 2013

CAPÍTULO 18

28 de Enero
Hoy volvió a amanecer lluvioso, un frío glacial recorría las calles pero para la suerte de muchas chicas con uniforme con falda, no hacía viento.  Me eché la mochila al hombro y bajé a desayunar, mi padre andaba peleándose con el microondas:
-Papá, ¿se puede saber qué te ha hecho a ti el pobre microondas?
-¡Se ha roto! Esto no funciona.
-A ver déjame a mí.- Me acerqué y tras un rápido vistazo comprobé que estaba desenchufado.- ¿En serio papá?- Dije levantando el enchufe con un tono irónico.
-Águeda, soy empresario, no electricista.
-Pero... es un poco... patético.
-Niña que te dejo sin salir. Por cierto, el lunes te quedaste castigada por liarla en clase de lengua. Estás sin ordenador dos semanas que lo sepas.
-Agg... No fue culpa mía.
-Me da igual de quién fuera la culpa, lo que no voy a consentir es que no hagas nada en clase, ese instituto es caro. 
-Me voy que llego tarde, muy ricas las tostadas.- No le rebatí nada porque era imposible llevarle la contraria a una persona que tiene razón.
-Que te vaya bien.- Me dedicó una sonrisa y salí por la puerta.
Tuve que ir andando hasta el colegio con un paraguas enano y, por supuesto, me puse los zapatos perdidos. Entré en la gran cárcel de hormigón a la que llamamos instituto y hoy llegué muy temprano (últimamente se me estaba haciendo una costumbre lo de llegar antes de la hora). Entré en clase y vi a Samuel sentado en la mesa del profesor sumido en sus pensamientos, tanto que ni siquiera advirtió mi llegada. Pasé a su lado para ir a mi pupitre y repentinamente se bajó de la mesa y me cogió del brazo:
-¡Águeda! Buenos días.
-¿Qué quieres?- Dije un poco borde.
-A ver, el sábado me dijiste que fuera contigo a Londres, ¿no? Pues hablé con Jeyden y ya tengo el billete.- Abrí los ojos de par en par, ya no lo recordaba y a saber lo que le habrá dicho a Jeyden, teniendo en cuenta que no se pueden ni ver.
-¿Cómo que vas a Londres?
-Ya veo, no te acordabas. Yo creía que ya éramos amigos.- Puso tal cara de perrito degollado que cualquier juez lo hubiera absuelto de los cargos.
-No es por eso. Sabes perfectamente que se va a liar pero bien cuando estés en el aeropuerto.- Sonrió maliciosamente ante mi comentario y se dispuso a salir del aula pero, casi a la altura de la puerta, se volvió y añadió:
-De eso también me he encargado.- Aquello me dejó un poco descolocada, ¿cómo que ya se había encargado? Seguidamente entró Elia en clase y estuvimos charlando sobre mañana hasta que nuestro querido profesor de ciencias sociales entró en clase, entonces todos tomamos nuestros asientos y nos dispusimos al aburrimiento extremo.
Miraba distraída por la ventana pero entre ella y yo había en medio un bajista de grandes ojos verdes. Sonreí como una auténtica idiota, sin razón aparente. Mi mente me decía que estaba cometiendo un gran error, pero la ignoraba, no quería escuchar nada, nada que no fuera lo que yo quería oír. Estaba siendo una auténtica egoísta, tan sumida en mis propios sentimientos y prioridades que era incapaz de ver el bienestar del grupo. Todos esos malditos pensamientos y reflexiones culpables sacudieron mi mente, todo solo al ver a uno de mis mejores amigos.
El instituto se hizo más corto de lo normal, andaba por los pasillos para dirigirme a la salida cuando, absorta en mis pensamientos, tropecé con algo o alguien:
-¡Águeda cuidado, que me tiras!
-Perdona Miguel, no miraba.
-Da igual, ¿qué te pasa? Estás pálida.
-Nada. supongo que nervios por lo de mañana.
-Jajajaja... te irá bien descansar. Yo también estoy alterado. Anda que te acompaño a casa.
-Gracias.- Me dio un abrazo y caminamos durante diez minutos hasta llegar a casa, allí me despedí de él y entré corriendo a hacer la maleta para mañana.
Debatiéndome entre dos pantalones me sonó el teléfono, contesté y una voz amiga respondió al otro lado:
-¡¡¡ÁGUEDA!!!
-Ainhoa, ¿se puede saber porque me gritas?
-Tengo una cosa que contarte, y como es una cosa de chicas y tú eres mi amiga, te aguantas y me escuchas. Y si no, no haberme saludado cuando nos conocimos.- Reí ante aquella afirmación, me había hecho muy amiga de esta morena en poco tiempo.
-A ver, cuenta.- Comenzó a contarme que el martes pasado quedó con Jeyden y blablabla y que vieron una peli blablabla y que... ¿¡QUÉ ESTUVIERON A PUNTO DE HACERLO!?- Pero Ainhoa, ten cabeza mujer.
-Sí, ya lo sé. Pero no pasó nada al final, mi madre vino antes de lo previsto.
-Ahí va la pregunta obvia: ¿estáis juntos ahora?
-¡Por supuesto! Yo no soy como otras chicas que solo tontean con unos y con otros. A mí si me gusta alguien de verdad me quedo con él.
-Qué poético.
-Ya. ¿Qué haces ahora?
-La maleta para Londres.
-Me encantaría ir, bueno te dejo que tengo que estudiar. Pásatelo genial y cuidado que eres muy guapa y hay mucho mosca suelto.
-Jajaja... No tienes remedio. Adiós y gracias.- Colgué y seguí con mi guerra de ropa.
La noche llegó pronto y yo apenas podía dormir, estaba histérica. Por un lado lo importante que era la prueba de la discográfica, teníamos que gustarles como banda o todo se acabaría y por otro lado Samuel. ¿Por qué me meto en estos líos yo sola? Joder, si es que soy tonta. 

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