25 de Enero
Lunes, empezaba la semana con lluvia. Era una lluvia fría, casi granizo, un fuerte viento azotaba las ventanas de mi habitación y algunos truenos le ponían la guinda a este horrible día. Sinceramente, hoy no tenía ganas ni de levantarme, pero cual cucaracha, conseguí erguir mi pequeño cuerpo y me miré en el espejo de soslayo: No era más que una simple chica rubia, despeinada y de ojos de un extraño color. ¿Qué por qué estaba hoy así? Por el simple hecho de lo ocurrido el sábado, no quería enfrentarme a Aaron de nuevo, no quería hablar con los demás, no quería siquiera mirar a Samuel. Me sentía confusa y distraída hasta que el despertador me obligó a salir de mi trance (obligándome a vestirme y peinarme a la velocidad del rayo); bajé corriendo las escaleras y, sin desayunar, agarré la maleta y salí rauda por la puerta, como mi moto aún no estaba reparada tuve que ir andando con la tormenta sobre mí. Exausta debido a mi carrera para llegar al instituto, entré en el aula y no había nadie, las luces estaban apagadas y la llave colgaba de la cerradura.
-Genial, tengo el reloj adelantado.- Era muy temprano, había llegado la primera y no tenía nada que hacer. Estupendo.
Me encaminé hacia mi pupitre y me revoleé encima, quedando mi cara mirando hacia el de Aaron; grabadas en la mesa (casi invisibles) las letras R.Y.O.D. Abrí los ojos de par en par, creí que para él esto solo era un juego, que no le daba la importancia de los demás, estaba equivocada, sí que le era importante, sentí un tremendo sentimiento de culpa, creo que nunca debería de haber dejado que Samuel entrase de nuevo en nuestras vidas...
-¡Hey! ¿Estás bien rubia?- Alcé los ojos y vi a ¿James? ¿Qué hace James en nuestro instituto? ¿No tenía 24 años?
-¿JAMES? ¿Qué haces aquí?
-Terminé la carrera de música hace un año y hace dos días encontré trabajo aquí como profesor. ¿No es genial?
-O sea, ¿Nuestro profesor de música es nuestro batería por las tardes? ¿No te parece un pelín raro?
-A callar, pagan bien y con eso me vale, además, así podremos estar más rato la banda entera, nunca tenemos tiempo.
-Está bien, pero que sepas que darás clase al chico al que sustituiste.
-¿En serio? Mola. Pero, ¿por qué os separasteis de él?- Suspiré.
-Mira, te lo voy a contar todo del tirón, no me interrumpas y las preguntas al final.- Asintió con energía y comencé a contarle todo lo sucedido con Samuel, la pelea y la incomodidad actual entre Aaron y yo.- Con respecto a Aaron, ¿me podrías dar algún consejo?
-Por lo que me has contado, Samuel es un completo capullo y Aaron... Creo que lo mejor será que no vuelvas a meter a Samuel y si lo haces dejar a Aaron al margen, parece que se niega a escuchar y cuando estáis los tres en la misma habitación estalla la III guerra mundial. Lo mejor será dejar a ricitos a un lado.
-Pero es que...
-¿Qué? ¿Te gusta? Jajaja... Puedes contármelo, yo soy de confianza, o al menos eso creo.
-¿¡CÓMO PUEDES PENSAR QUE ME GUSTA SAMUEL!?
-Porque da esa impresión. Tía, os veo luego, tengo que preparar mi clase, jejeje... Me resulta raro decirlo: ''Mi clase''. Hasta la tercera hora.
-Hasta luego.- Me quedé otra vez sola, pero está vez por poco tiempo, comenzaron a venir los alumnos y dio comienzo la clase de Lengua; a los 5 minutos entró por la puerta un muy enfadado Aaron, el cual esquivaba todo contacto visual conmigo, no quería ni mirarme:
-Señorito Benamor, ¿otra vez tarde?
-¿No está viendo usted que llego 5 minutos tarde?
-¡Qué insolencia!
-Por favor... apúnteme en la agenda de observaciones diarias y todos contentos.
-No crea que se va a ir de rositas.
-Como si me importara.- Ante mi espectante mirada, rebuscó el libro de lengua en su mochila, al no tener resultado miró debajo del pupitre, tampoco se encontraba; ahora me miró a mí, un poco con odio y súplica:
-Se me ha olvidado el libro, comparte por favor.- Coloqué el libro en medio y empezó la lectura, un trozo de ''Guerra y Paz'', una interesante obra sobre las guerras napoleónicas. Javier, un chico de la fila de delante comenzó la lectura, me esperaba más de una novela tan famosa y prestigiosa pero en realidad un soberano tostón; le lancé una mirada furtiva a mi moreno compañero, el cual andaba de muy malos humos y no le prestaba demasiada atención a la lectura.
-Pss... ¿Te pasa algo?- Susurré.
-Nada que te importe.
-Tío, no cuesta nada contestar bien.
-Pero no te lo mereces.
-Pues que te den.
-¿A mí? ¡Me tienes harto!- El tono de la conversación se elevó repentinamente.
-¡Yo estoy harta de tu egoísmo!
-Problemas en el paraíso...- Dijo alguien de delante por lo bajo.
-¿¡Y TÚ QUÉ QUIERES!? ¿¡QUEDARTE SIN DIENTES!?
-Aaron tranquilo por favor...
-¡A ver! ¡Los dos del fondo cállense de una vez!
-Pues no me da la gana.
-Señorito Benamor se está ganando un castigo.
-Eso, ¡compórtate de una vez!- Le reproché.
-¡¡¡PEDAZO DE BRUTA NO ME GRITES EN LA OREJA!!!
-¡¡¡PUES TÚ NO ME GRITES A MÍ!!!
-Uuuiii... Que se lían.
-¡¡¡QUE TE CALLES DE UNA VEZ!!!- Nos dirigimos los dos a la vez al chico de delante.
-¡Se acabó! Están los dos castigados. Esta tarden vendrán y limpiarán la clase de arriba a abajo. Vengan a las 5 en punto. Y ahora un poco de orden, se intenta dar una clase.
-Genial, ¿estás contenta?
-¿Yo? ¡Pero si empezaste tú?
-¿¡QUIEREN QUE EL CASTIGO SEA MAYOR!?
-Vale...- Finalicé y me desplomé en la silla, me daba igual lo que la gente pensara de aquella escenita que se había montado, lo que en realidad me fastidiaba era tener que pasarme la tarde entera limpiando la clase con Aaron. Tras dos horas más de cotilleos y miraditas furtivas, tocó la campana del descanso; un poco de libertad no hace mal a nadie. Salí y, como siempre, Aaron se fue junto a Jeyden, Miguel y Elia; saltaba a la vista que no sabían qué había pasado en clase porque Miguel me saludó para que viniera, y descaradamente, fui.
-¿Y esta?
-Pues si no quieres verme tápate los ojos.
-Mira qué chula ella...
-Esto... Estoy un poco perdido, ¿alguien me dice qué pasa?- Preguntó confuso Jeyden.
-¡Que la rubia esta se junta con el enemigo!
-¿¡QUÉ ENEMIGO!?
-¡¡ORDEN!! ¿Qué enemigo ni que tontería? Lo que está claro es que para variar os habéis peleado.
-Pero...
-¡Aaron déjame hablar!- Nunca había visto a Elia así de alterada.- Seguro que es la mayor tontería del mundo, como siempre, ¿se puede saber por qué es esta vez?
-Porque Águeda se ha hecho amiga inseparable de Samuel.- De repente todos giraron sus cabezas hacia a mí, enfadados y sorprendidos a la vez.
-¿es que no te acuerdas de aquel día? ¿¡De la pelea entre los dos mejores amigos!?- Preguntó indignado Miguel.
-Sí pero...
-No tienes excusa, Aaron te defendió, Samuel nos hizo daño a todos y tú ¿nos haces esto? No me lo esperaba de mi amiga.- Elia estaba realmente enfadada.
-A ver tíos, que de su versión de todo esto.- Por lo menos Jeyden era algo más comprensivo. Accedí y les conté todo lo ocurrido el sábado, sin saltarme ni un detalle y sus rostros variaban de enfado a sorpresa, de intriga a confusión y de reproche a perdón.
-Entonces Samuel fue a tu casa a disculparse y estaba siendo sincero. Y luego dices que llamaste a Aaron y cuando lo vio se puso hecho un toro, se negó a escuchar, te llamó zorra y se largó.- Resumió Miguel tratando de entender algo.
-Vale, puede que me pasara, pero creyó la palabra de Samuel y todos sabemos que es un mentiroso. Aaaaah... Estoy harto de tratar de defenderte, de que no te hagan daño, pero luego haces lo que te da la gana.- Me regañó Aaron.
-¿Por qué me echas la bronca? No eres ni mi hermano ni mi padre. ¡Nada mío! ¡Puedo cuidar de mí misma, no soy una cría de 2 años!
-¡¡¡TRANQUILIDAD!!!- Gritó Jeyden.- Como la situación no mejore de aquí al viernes, me niego a aguantaros durante todo el viaje a Inglaterra. Ya sois mayorcitos para tener estas estúpidas peleas; si el viernes no os estáis dando abrazos y riendo, olvidaos del viaje.- Estupendo, ahora Jeyden es nuestro padre y Aaron y yo, dos hermanos que se pelean en el asiento trasero de un monovolumen familiar. El resto del descanso transcurrió sin más peleas, pero la tensión se cortaba con cuchillo; sonó la campana y cada uno se fue a su clase, el resto de la mañana , ni Aaron ni yo dábamos el paso a pedir perdón, a mostrar algo de arrepentimiento, a empezar una conversación. A nada. Dieron las dos y media, hora de irse a casa, crucé la puerta rauda como un rayo y eché a correr, no tenía tiempo para llegar a casa, comer y bla bla bla... Entré en casa y, casi sin aliento, le expliqué a mi padre todo lo del castigo, el cual obviamente enfureció y encima me ha dejado sin salir. Pasaron las pocas horas de libertad que tenía y tuve que marcharme al instituto otra vez; me quedé esperando en la gran puerta de hierro ya que mi querido amigo no se había presentado aún. Giré la cabeza y lo vi aparecer por la esquina con su habitual pose chulesca, algo malhumorado, mucho menos que esta mañana, se acercó hasta estar a mi altura:
-Hola.- Seco y firme, se notaba nuestro pequeño percance.
-¿Listo para limpiar?
-No me lo recuerdes.- Entramos los dos y nos recibió nuestro querido profesor, el que nos había castigado, con un cubo y agua, una fregona, una escoba, trapos y limpiadores de madera. Nos miró por encima del hombro y se fue, suponiendo que sabíamos perfectamente qué hacer. Y tenía razón:
-Ahora podría estar tan tranquilo con el bajo.
-No te quejes, a mí me han quitado la guitarra por una temporada. Aaron, ¿por qué nos hemos peleado?
-Vaya preguntita... Bien lo sabes.
-Sí, ya sé, por lo de Samuel. Pero él me dijo que fue a tu casa y que ni siquiera le abriste la puerta.
-¿Eso te contó? Y seguro que te dijo que si me lo decías tú yo lo escucharía.
-Pues sí.
-Mira, te contó una mentira, quería vernos peleados.
-Ni que fuéramos pareja o algo.
-¡Yo no he insinuado eso!- Dijo muy nervioso, volviéndome la cara.
-Jajaja... Tranquilo. Pero se mostró tan sincero que lo creí y lo sigo creyendo.
-Debes aprender a no fiarte de ciertas personas. Águeda, lo que quiere es separar al grupo porque nos guarda rencor a todos, lo echamos descaradamente.
-Tuvimos nuestros motivos para hacerlo. Pero sigo sin saber por qué todos tenemos que darle la espalda.
-¡¡PORQUE QUIERE SEPARAR AL GRUPO TONTA!!
-¡¡PERO NO ME GRITES BRUTO!!
-Vale, perdón. Además eso de que fue a mi casa es mentira. Fue directamente a hablar contigo. Pero a mí ya me da igual.
-Yo ya no sé quién esta contando la verdad y quién no. ¿Sabes? Me cambié de instituto para librarme de estas cosas, pero parece que soy gafe. Odio estar enfadada con la gente y más todavía si es contigo.- Ups, se me ha escapado.
-¿Conmigo?- Preguntó confuso.
-Eh... Porque ya sabes... Tú... Esto... Porque eres amigo mío y tal.
-Sí, claro, amigos. Pues yo lo siento porque muchas veces me comporto como un auténtico idiota y paso de todo el mundo.
-Yo también te pido perdón, no deberíamos de llevarnos mal.- Tras sincerarnos y pedirnos perdón, se pasó la tarde rápidamente, entre bromas y productos de limpieza.
domingo, 28 de abril de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
CAPÍTULO 14
24 de Enero
Domingo. Odio los domingos. Anoche a duras penas puede pegar ojo, las palabras de Aaron me dejaron muy marcada, no lo creía capaz de eso. Por otro lado tenía un mal presentimiento con respecto a Samuel, puede que fueran tonterías mías o cualquier otra cosa, pero no me fiaba mucho. Baje a desayunar y encontré a mi padre preparando tortitas:
-Buenos días papá.
-Buenos días Águeda- Agarré una galleta y dándole un mordisco dije:
-Te conté lo de la oportunidad de Inglaterra, ¿no?
-Sí.- Tragué.
-Pues nos han dicho que tendremos que ir a Londres.- Mi padre se volvió hacia mí con cara de reproche y enfado.
-¿Se puede saber cuándo me lo pensabas decir señorita?
-Hoy.
-Y encima te pones chula, pues va a ser que no vas a ir.
-Papá, si tienes más ganas tú que yo.
-Cierto, pero nunca me cuentas nada, por favor, que soy tu padre Águeda. bueno, ¿con quién vas?
-Con Jeyden, Aaron y a lo mejor Samuel.
-¿Tres tíos y mi hija solos en Londres? Lo estás mejorando.
-Por dios papá que son de fiar.
-Ya...
-Además, tengo que ir, soy una de las compositoras de las canciones.
-No me gusta mucho la idea, la verdad.
-Tengo 17 años, sé cuidar de mí misma, te prometo que no me va a pasar nada. A parte, si me insultan en inglés los entiendo perfectamente.
- Bueno, que sepas que sigue sin gustarme la idea pero una oportunidad como esta solo pasa una vez en la vida.
-¿Ves como tengo razón?
-Bueno, irás pero que sepas que no estoy de acuerdo que vayas sola por Londres con 3 adolescentes con las hormonas en ebullición.
-¡Papá! ¿¡Cómo puedes pensar eso!?
-Porque he tenido tu edad.- Me da una palmadita y se queda tan ancho; de verdad, este hombre cada día me sorprende más.
No tenía ganas de encerrarme en mi habitación y no tenía nada que hacer (me refiero a libros de textos, exámenes y cuadernos) así que me que me dediqué a jugar con Mr. Berry. Empecé acariciándolo, terminé con las luces apagadas fastidiándolo con un puntero láser:
-Mira como salta, jajajajajajaja... ¡Venga ''Señor Baya''!- Era muy entretenido, con esas pequeñas patitas tan adorables intentaba atrapar el punto rojo que se proyectaba en la pared, cada vez más alto. Y no se rendía. Lo volvía a intentar. Apagué el puntero y millones de pensamientos, ideas, sueños atormentaron mi mete, me hundí en el sofá como un peso y el pequeño felino saltó a mis rodillas. Me quedé pensando, evaluando todo lo que ocurría a mi alrededor, estaban siendo demasiados cambios: nuevo instituto, nuevos amigos, el viaje a Inglaterra, Samuel... Samuel. Él era el único que venía a mi mente, me resultaron muy duras las palabras de Aaron y aún no las he asimilado, estoy tan confusa que no sé qué hacer. Creo que Samuel fue muy sincero conmigo y me encantaría que viniera a Londres, al menos no estaría sola.
Estaba tan ensimismada que no me di cuenta de la hora, casi medio día, alcé a Mr. Berry y mirándolo a los ojos le pregunté:
-¿Qué me dices ojitos bicolores? ¿Damos un paseo?- Acababa de darme cuenta de que tenía un ojo verde amarillento y otro celeste, como el cielo de verano. Extrañamente me contestó con un alegre maullido, así que salí con él. Fui a un parque cercano, bastante grande con mucha vegetación alta, y la verdad es que había mucha gente paseando a sus mascotas, en su mayoría perros. Cogí mi teléfono móvil y vi mi reflejo, no me había dado cuenta pero llevaba los ojos pintados de negro muy exagerados, como una auténtica rockera. Comprobé mi vestimenta, ya que hoy andaba muy despistada, iba con vaqueros negros, un jersey violeta que me quedaba algo grande y un gorro de lana también negro. Por lo menos iba normal.
Acariciaba a Mr. Berry cuando pasó un chico, que no estaba nada mal, paseando a un San Bernardo, que más que perro era un oso; se acercó a mí y me miró de arriba a abajo, bastante descarado:
-Hey.- Me sonrió.
-Hola.- Devolví. Y eso es todo lo que ligué aquella mañana. Media hora después salí del parque y di una vuelta por la ciudad, me di cuneta de todo el tiempo que pasé encerrada en casa a causa de Catalina, esa maldita... Reconozco que yo no era un angelito y cometí errores, pero ella no era ninguna santa y casi no tuve amigos por sus rumores inventados; desde entonces lo que piensen o digan de mi me da exactamente igual. Descubrí una tienda de discos que era genial, aquello se combertiría en mi templo, tenía de todos los grupos que me gustaban: The Ramones, Green Day, AC/DC, alguno de P!NK, Paramore... Por supuestos, estos solo eran los del escaparate, la tienda estaba cerrada (era domingo). Volvía a casa y no salí más en todo el día, realmente, eran muy aburridos los domingos. Dormí pensando en qué pasaría mañana en el instituto, conseguí quedar dormida algo atemorizada y nerviosa.
Domingo. Odio los domingos. Anoche a duras penas puede pegar ojo, las palabras de Aaron me dejaron muy marcada, no lo creía capaz de eso. Por otro lado tenía un mal presentimiento con respecto a Samuel, puede que fueran tonterías mías o cualquier otra cosa, pero no me fiaba mucho. Baje a desayunar y encontré a mi padre preparando tortitas:
-Buenos días papá.
-Buenos días Águeda- Agarré una galleta y dándole un mordisco dije:
-Te conté lo de la oportunidad de Inglaterra, ¿no?
-Sí.- Tragué.
-Pues nos han dicho que tendremos que ir a Londres.- Mi padre se volvió hacia mí con cara de reproche y enfado.
-¿Se puede saber cuándo me lo pensabas decir señorita?
-Hoy.
-Y encima te pones chula, pues va a ser que no vas a ir.
-Papá, si tienes más ganas tú que yo.
-Cierto, pero nunca me cuentas nada, por favor, que soy tu padre Águeda. bueno, ¿con quién vas?
-Con Jeyden, Aaron y a lo mejor Samuel.
-¿Tres tíos y mi hija solos en Londres? Lo estás mejorando.
-Por dios papá que son de fiar.
-Ya...
-Además, tengo que ir, soy una de las compositoras de las canciones.
-No me gusta mucho la idea, la verdad.
-Tengo 17 años, sé cuidar de mí misma, te prometo que no me va a pasar nada. A parte, si me insultan en inglés los entiendo perfectamente.
- Bueno, que sepas que sigue sin gustarme la idea pero una oportunidad como esta solo pasa una vez en la vida.
-¿Ves como tengo razón?
-Bueno, irás pero que sepas que no estoy de acuerdo que vayas sola por Londres con 3 adolescentes con las hormonas en ebullición.
-¡Papá! ¿¡Cómo puedes pensar eso!?
-Porque he tenido tu edad.- Me da una palmadita y se queda tan ancho; de verdad, este hombre cada día me sorprende más.
No tenía ganas de encerrarme en mi habitación y no tenía nada que hacer (me refiero a libros de textos, exámenes y cuadernos) así que me que me dediqué a jugar con Mr. Berry. Empecé acariciándolo, terminé con las luces apagadas fastidiándolo con un puntero láser:
-Mira como salta, jajajajajajaja... ¡Venga ''Señor Baya''!- Era muy entretenido, con esas pequeñas patitas tan adorables intentaba atrapar el punto rojo que se proyectaba en la pared, cada vez más alto. Y no se rendía. Lo volvía a intentar. Apagué el puntero y millones de pensamientos, ideas, sueños atormentaron mi mete, me hundí en el sofá como un peso y el pequeño felino saltó a mis rodillas. Me quedé pensando, evaluando todo lo que ocurría a mi alrededor, estaban siendo demasiados cambios: nuevo instituto, nuevos amigos, el viaje a Inglaterra, Samuel... Samuel. Él era el único que venía a mi mente, me resultaron muy duras las palabras de Aaron y aún no las he asimilado, estoy tan confusa que no sé qué hacer. Creo que Samuel fue muy sincero conmigo y me encantaría que viniera a Londres, al menos no estaría sola.
Estaba tan ensimismada que no me di cuenta de la hora, casi medio día, alcé a Mr. Berry y mirándolo a los ojos le pregunté:
-¿Qué me dices ojitos bicolores? ¿Damos un paseo?- Acababa de darme cuenta de que tenía un ojo verde amarillento y otro celeste, como el cielo de verano. Extrañamente me contestó con un alegre maullido, así que salí con él. Fui a un parque cercano, bastante grande con mucha vegetación alta, y la verdad es que había mucha gente paseando a sus mascotas, en su mayoría perros. Cogí mi teléfono móvil y vi mi reflejo, no me había dado cuenta pero llevaba los ojos pintados de negro muy exagerados, como una auténtica rockera. Comprobé mi vestimenta, ya que hoy andaba muy despistada, iba con vaqueros negros, un jersey violeta que me quedaba algo grande y un gorro de lana también negro. Por lo menos iba normal.
Acariciaba a Mr. Berry cuando pasó un chico, que no estaba nada mal, paseando a un San Bernardo, que más que perro era un oso; se acercó a mí y me miró de arriba a abajo, bastante descarado:
-Hey.- Me sonrió.
-Hola.- Devolví. Y eso es todo lo que ligué aquella mañana. Media hora después salí del parque y di una vuelta por la ciudad, me di cuneta de todo el tiempo que pasé encerrada en casa a causa de Catalina, esa maldita... Reconozco que yo no era un angelito y cometí errores, pero ella no era ninguna santa y casi no tuve amigos por sus rumores inventados; desde entonces lo que piensen o digan de mi me da exactamente igual. Descubrí una tienda de discos que era genial, aquello se combertiría en mi templo, tenía de todos los grupos que me gustaban: The Ramones, Green Day, AC/DC, alguno de P!NK, Paramore... Por supuestos, estos solo eran los del escaparate, la tienda estaba cerrada (era domingo). Volvía a casa y no salí más en todo el día, realmente, eran muy aburridos los domingos. Dormí pensando en qué pasaría mañana en el instituto, conseguí quedar dormida algo atemorizada y nerviosa.
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