martes, 8 de enero de 2013

CAPÍTULO 6

16 de Enero
Solo podía pensar en el ensayo de esta tarde, por suerte para mí hoy no teníamos instituto ya que era sábado. Estuve todo la mañana de aquí para allá como una loca, a causa de los nervios, y mi padre, harto de mí, se dedicó a decirme ''¡¡¡ÁGUEDA SUÁREZ, SIÉNTATE DE UNA VEZ QUE MAREAS!!!
Por fin llegó la hora del ensayo, cogí mi preciada guitarra, mis guantes para tocarla y me fui; una vez allí ni llamé a la puerta, me abrieron antes siquiera de que llegara a los primeros escaloncitos del porche y Miguel me metió de un empujón en aquella casa. Fui conducida hacia el sótano donde esperaban todos impacientes, cada uno con su instrumento, y Samuel, en la banqueta de la batería esquivando toda mirada de Aaron.
-¡Por fin tía! Ya era hora.
-Llego solo 2 putos minutos tarde.
-Bueno da igual, venga enchufa la guitarra al amplificador y... ¿te sabes ''American idiot?
-¿Por quién me tomas? Me encanta Green Day y sé tocar muchas de sus canciones, entre ellas American Idiot.- Los acordes de America idiot llenaban la habitación con una fuerza y un estilo impropio de unos aficionados de 17 años, pero a lo mejor éramos más que eso, a lo mejor ya éramos una banda. Llegó el turno del solo y también mi oportunidad de lucirme, empecé aquel solo imposible sin ningún error, dejándolos a todos boquiabiertos; terminamos y aplaudimos todos, la verdad es que sonaba muy bien y ese mérito era nuestro, solo nuestro.
-¿Os parece ahora Boulevard of Broken Dreams? Así yo no me aburro.- Cierto, Jeyden estaba sentado en la banqueta del piano en modo ''aburrimiento extremo''.
-Vale, así veo que tal se te da el piano a ti.- Le dije, recordemos que yo también le doy a las teclas.
Yo estaba flipándome con la guitarra cuando de pronto Aaron se detuvo:
-¡Parad! ¡Parad joder! Samuel te has saltado el redoble a la torera, ¿es que aún no te sabes el tema o estás mareado de tanta marihuana- Eso sonó muy cruel, pero me limité a dirigirle una mirada de advertencia a Aaron. Demasiado tarde.
-¿¡QUÉ!? ¡Pero si eres tú el que lo ha hecho mal!  Deja de comportarte como si fueras mi hermano mayor, ¿quieres?- Dijo Samuel levantándose de la banqueta y tirando las baquetas al suelo, estaba realmente cabreado.
-¿¡Cómo si fuera tu hermano mayor!? ¿¡A QUIÉN COJONES TIENES A PARTE DE MÍ!? Te recuerdo que vives solo.- Contestó Aaron dejando el bajo en el atril.
-¡DÉJAME EN PAZ JODER! ¡SÉ PERFECTAMENTE QUE ESTOY SOLO!
-Chicos dejádlo ya.- Intentaron tranquilizar miguel y Jeyden pero para nada, solo lo empeoraron. Al ver el gesto dolido de Samuel traté de detenerlos con un escueto ''por favor, ¡dejádlo ya! ¿Sois amigos, no?
-Éramos- corrigió Aaron, observé su gesto y no pude evitar lo que sucedió a continuación. Aaron se dirigió a Samuel con el puño en alto, pero éste se le adelantó con un aparentemente doloroso golpe en el estómago de su contrincante; se liaron a puñetazos al tiempo que Jeyden y Miguel, horrorizados, se apresuraron a intentar separarlos. Tras un duro forcejeo consiguieron tener a cada uno lejos del adversario en aquella absurda pelea; yo intentaba calmar a Aaron, que tenía una rajita en el labio inferior y otra en la ceja derecha.
-Águeda habla con Samuel, a ver si tú consigues calmarlo.- Me dijo Miguel algo desesperado. Me dirigí hacia él y observé que tenía un ojo morado y se agarraba la muñeca dolorido.
-¿Y tú? ¿No eras la putita de Aaron?- Vale, eso me dolió, y mucho.
-¿Putita? Mira tío que te pelees con Aaron no es culpa mía y no tienes derecho a insultarme.
-Lo que tú digas. ¿Sabes?- Se inclinó hasta mi oído y luego dijo en un susurro.- Aquí la que no tiene derecho a meterse en mi vida eres tú.- Y luego me besó la mejilla, por la cuál caía una lágrima rebelde. No pude contener la rabia y le di una sonora bofetada. Cogí la guitarra y salí de allí lo más rápido que pude. Crucé la puerta quedando en el porche donde me derrumbé, no podía parar de llorar, nadie me había llamado puta desde mi antiguo instituto por culpa de un tío que estaba obsesionado conmigo; escuché la puerta abrirse y luego a Aaron a mi altura (estaba sentada en el suelo con la guitarra a la espalda, no lo intentéis, es muy incómodo).
-Eh, ¿estás bien? No le hagas caso a lo que él te diga.- Dijo sosteniendo mi rostro y secando algunas lágrimas con los pulgares.
-Ya pero estas cosas me afectan mucho.
-Mira, no le hagas caso, seguro que no ha querido decir esas cosas. Venga y ahora levanta que te vas a cargar la guitarra.- Sonreí tímidamente y me ayudé se su mano para levantarme, luego lo abracé con fuerza y susurré un ''Gracias''.
-Anda venga, que te acompaño a casa.
-De paso te curo las heridas, se te van a infectar.
Durante el camino no habló ninguno de los dos, era un silencio más bien incómodo que otra cosa, una vez llegamos y se lo presenté a mi padre (que por la cara que puso estuvo a punto de darle un infarto, porque a la mente brillante de Aaron se le ocurrió entrar en mi casa colgado de mi, cojeando y quejándose como si fuera un soldado moribundo).
-¡Joder Águeda! ¡Qué escuece!
-¡Estate quieto que si te mueves no puedo curarte!
-Ya, tú estás jugando a médicos y enfermeras, pero en plan sexy, porque te estoy viendo el escote.- Mierda.
-¡Pues deja de mirarme gilipollas!- Dije dándole la espalda enfadada.
-Anda mujer que estaba de broma.
-Ya estás curado. ¡A tu casa!
-Vale tranquila no me pegues.
-Más quisieras.
-Jajajaja venga que ya me voy, te veo el lunes en el instituto.- Cerré la puerta y me dirigí a mi habitación; me tumbé en la cama boca arriba pensando en lo sucedido esta tarde, hasta que caí en un profundo sueño a causa del agotamiento.


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