Antes de todo quiero agradecer este capítulo a mi mejor amiga que me ayudó a escribirlo porque yo no estaba muy inspirada. Que lo disfruten. -^.^-
15 de Enero
<<Samuel fuma porros.>> Es lo único que se escuchaba dentro de mi cabeza, lo conocía desde hace muy poco pero había llegado a ser importante para mí, cosa extraña porque en este mundo lo único que me importa es mi padre, mi moto y mi guitarra. Entré en el instituto dispuesta a hablar con Samuel, quizás se negará o pensará que me comporto como si fuera su madre, pero este asunto es muy gordo como para dejarlo estar y ahora está a tiempo de dejarlo. Lo encontré en el pasillo, cogiendo unos libros de su taquilla, por suerte para mí todavía quedaba mucho tiempo para que sonase la maldita campana.
-Samuel, tenemos que hablar.- Vaya, ha sonado como si fuese su novia y estuviese embarazada.
-¿De qué, en? Todo lo que teníamos que decir lo dijimos ayer, y métete en tus asuntos, estoy harto de que la gente me diga lo que tengo que hacer.- Y se fue, me dejó con la palabra en la boca, ¿qué podía hacer yo? antes de que pudiese echar a correr sonó la campana y no tuve más remedio que volver a clase; entonces vi al segundo afectado: Aaron. Le hacía el vacío a Samuel. Éste fingía que no le importaba pero yo sabía que estaba preocupado, percibía sus sentimientos como si le conociera de toda la vida.
-Buenos días.- Se mostró distante y frío, todo lo contrario de su carácter bromista y alegre.- ¿Has hablado con Samuel?- sabía que no tardaría en preguntar, en el fondo lo quiere como si fuera su hermano mayor.
-Sí, y no me ha escuchado, por cierto, ¿mañana hay ensayo?
-Sí, ¿por qué?
-Habla tú con él durante el ensayo y así se calman un poco las cosas. Sé que me vas a decir que es una mala idea y que yo no conozco a Samuel y bla bla bla... pero, por favor, hazlo por mí.
-Mmm... está bien, eres una cabezota sin remedio.- Mostró una sonrisa muy tierna, adorable, solo para mí... ¿¡EN QUÉ PIENSAS ÁGUEDA SUÁREZ!? Ni que me gustara Aaron...
Era la hora del recreo y divisé a Samuel por los pasillos. Era como un libro abierto para mí, vagaba de un lado para otro como un alma en pena, probablemente esperando a que Aaron llegase por detrás y le dedicase una sonrisa. Me estaba matando esperar tanto tiempo para salir de aquel antro al que llamamos instituto, necesitaba hablar sobre el problema que teníamos con un nuestro amigo, necesitaba tocar la guitarra y despejarme... Necesitaba tantas cosas que mi mente no se ponía de acuerdo y me tenía loca, pensamientos y recuerdos del otro instituto, donde era la marginada, la soluciona-problemas, la que pagaba los platos rotos de todo el mundo, no, ya no podía seguir así, teníamos que solucionarlo. Algo más calmada me dirigí a la última clase, tecnología; le hablaba a Elia sobre nuestro proyecto mientras esperábamos que el profesor, que llegaba 3 minutos tardes, entrara en clase. De pronto, al mirarla, hallé en su cara una sonrisa casi imperceptible. dirigí la mirada hacia el lugar en el que Elia clavaba sus ojos, y creí descubrir el motivo por el cual ni hablaba, ni prestaba atención a lo que yo le pretendía explicar. Observaba tímidamente al grupo de Aaron, concretamente a Miguel, que le devolvía una mirada sutil pero cargada de sentimiento.
-¡Elia aterriza de tu mundo rosa!
-¿Qué? ¿Qué pasa? Perdón, no te estaba prestando atención.
-Ya, se la estabas prestando a cierto rubito de ojos marrones que va en el grupo de aaron, ¿cierto?- Miró al suelo ruborizada con con los ojos muy abiertos, como diciendo: ''¡Calla insensata!'' me limité a reír y a hacerle una revelación.
-Se muere por tus huesos, pero es muy tímido, deberías de insinuarte un poco.- La pobre se puso más colorada todavía y yo me moría de la risa, la verdad es que fui un poco mala persona pero son tal para cual.
Por fin terminaron las clases y tuve un respiro, fui a casa con una sola frase en mi mente <<Mañana, ensayo.>>
No hay comentarios:
Publicar un comentario