11 de Febrero
Sábado, brilla el sol. La alegría hoy se generaliza y es realmente curioso lo que puede hacer un poco de música y la recuperación de un amigo. Por la mañana fuimos a visitar a Samuel y trajimos cosas para que intentara recordar algo pero el fracaso nos abofeteó la cara una vez más. De repente, algo hizo click en mi cabeza y saqué el móvil ansiosa, busqué un vídeo que grabó mi padre de nosotros mismos tocando Welcome to the black parade de My Chemical Romance. Samuel se llevó las manos a la cabeza, le dolía e intentaba ahogar sus gritos; susurró mi nombre, después R.Y.O.D. y continuó balbuceando palabras sin sentido hasta que pareció despertarse de una pesadilla. Acababa recuperar la memoria.
-¿Águeda?- Dijo Samuel abriendo los ojos de par en par y sudando.
-¡Tía eres la mejor!- Dijo Aaron levantándose de la silla y besándome.- ¿Cómo se te ha ocurrido eso?
-No lo sé, se me pasó por la cabeza.- Contesté eufórica. Aaron me depositó en el suelo y observé que Samuel miraba al suelo, una sutil sonrisa se enmarcó en sus labios y se desparramó hasta cruzar su rostro al completo. Devolvió la vista al frente con la respiración agitada.
-Gracias.- Fue lo único que salió de sus labios.
Y ahora avancemos en el día, son las cinco de la tarde y a Jeyden se le ha ocurrido hacer una quedada para celebrar que por fin todo vuelve a la normalidad.
Aaron y yo caminábamos por la calle y nos paramos en el porche de la casa a esperar que nos abrieran la puerta. El moreno me miró de soslayo con una sonrisa traviesa, se mordió los labios y se pasó la mano por el pelo. En un abrir y cerrar de ojos estaba con la espalda apoyada en la pared, él muy cerca de mí y ''comiéndome la boca'' como suelen decir.
-Oh venga ya, ¡iros a un hotel!- No nos habíamos dado cuenta y Jeyden acababa de abrir la puerta.
-¡Qué pasa rubito!- Dijo Aaron alborotándole el pelo y entrando el la casa.
-Anda entra y deja de reírte como una colegiala.- Me ordenó Jeyden. Ya estaban allí todos esperándonos, como siempre; me dejé caer en el sofá al lado de Elia.
-¡Qué bien que hayamos recuperado a Samuel!- Comentó la pelirroja con su habitual entusiasmo.
-Tengo una duda.- Dijo Miguel.- ¿Por qué estaba Diana ayer en el hospital con nosotros?
-Creo que a eso te puede responder James.- Contesté con un tono sarcástico.
-¿Os digo la verdad u os cuento un cuento?- Dijo mirándonos a los ojos.- Bueno, ya sois mayorcitos. Le pedí una cita y me la tiré.
-¿¡PERDONA!?- Elevó la voz Ainhoa.
-Pues sí, pero no fue un royo, ahora es mi novia.
-Impresionante.- Dije.
-Bueno venga, vamos a estrenar los juegos que he comprado, ¿os parece?- Cortó el tema Jeyden encendiendo la consola.
Una pelea por la puntuación, un mando voló por los aires, un bailecito de victoria y diez latas de monster por los suelos. Solo había pasado media hora.
Miguel paró la partida de repente, no nos sentó bien.
-¡¡¡MIERDA MIGUEL, QUE IBA GANANDO!!!- Dije de una manera muy dulce.
-Tíos, está sonando un móvil.- Afirmó.
-Es el mío, no empecéis sin mí.- Contestó Jeyden.
Todos estuvimos atentos a la conversación, hablaba en inglés y de forma tranquila, de repente, se puso totalmente blanco y abrió los ojos de par en par. Colgó el teléfono y lo dejó sobre la mesa lentamente, tenía la mirada perdida.
-Cariño, ¿que ocurre?- Se preocupó Ainhoa. Se levantó y se situó delante del sofá.
-Chicos, eran mis tíos de Inglaterra. Les ha gustado la maqueta y vamos a grabar un disco.
-¿¡QUÉ!?
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