sábado, 11 de enero de 2014

CAPÍTULO 30

8 de Febrero
Pesadillas. Malditas pesadillas. Fat lip suena en mi móvil a modo de despertador, me visto con el uniforme y bajo con Mr. Berry en los brazos.  Desayuno rápido, le doy un beso a mi padre y cojo la moto.
Aparco la moto y entro en el edificio, el aula está repleta de gente y yo realmente no me siento como en casa. Si no fuera por mi banda... Tengo la habilidad de no encajar en ningún lugar, pero sé que cambiará. Tomo asiento al lado de Aaron el cual se mostró más cariñoso hoy, lo necesitaba.
Me disponía a sacar el libro de inglés cuando la directora irrumpió en la clase con su habitual apariencia de ''me he tragada una escoba''. Se situó delante de todos nosotros, lucía una notable cara de cansancio y angustia.
-Buenos días alumnos. Vengo a comunicaros que vuestro compañero Samuel Álvarez a sufrido un accidente y ahora se encuentra en estado crítico en el hospital.- Como un puñal afilado, esa noticia fue directa a mi pecho, hundiéndose y retorciéndose hasta el punto de casi no poder respirar. Miré a Aaron en un acto reflejo, tenía los ojos bien abiertos y parecía haber entrado en estado de shock. Su respiración cada vez se agitaba más, negaba con la cabeza y hacía caso omiso de mi voz; Jeyden, Miguel y yo comenzamos a gritarle pero él no reaccionaba. Lo zarandeé en vano, tenía la mirada perdida y no reaccionaba a ningún estímulo, de los acontecimientos que sucedieron más tarde solo recuerdo algunos.
Sala de espera de un hospital. Llevo mi ropa normal y el reloj acaba de dar las ocho de la tarde, miro a mi alrededor y estoy acompañada de James y, no sé por qué, de Diana Vega, la fotógrafa esa del pelo rosa.
-¿Qué ha pasado?- Pregunté  volviendo a la realidad.
-Águeda, has estado ausente todo el día, después de que mi jefa os dijera lo que había pasado con Samuel Aaron sufrió un ataque de ansiedad. Tú llevas en el mundo de yupi todo el día.- Explicó James.
-¿Cómo están ellos?
-Ahora Aaron está en la habitación de Samuel, por lo visto ha entrado en coma. Los médicos llevan todo el día haciéndole análisis.
-Es culpa mía.- Recordé el encuentro que tuve con él después de la fiesta de Elia, me porté como una estúpida, ¿a esto se refería con ''hacer una tontería''? Soy lo peor que ha pisado este mundo.- James esto es culpa mía.
-¿Qué? ¡No! Por supuesto que no, Águeda, lo peor que podéis hacer ahora es culparos los unos a los otros. Necesitáis más que nunca estar juntos y apoyaros.
-Tú, apenas sé tu nombre pero James tiene razón.- Diana coreó al batería con una sonrisa.- Deberíais escucharle, gracias a él estoy reformada.
-¿Reformada?- Dije confundida, ¿de qué estaba hablando?
-Sí, cosas de ella.- Contestó él dedicándole una tierna sonrisa.
La conversación se cortó en ese momento cuando un muy abatido Aaron entró en la sala, me levanté de la silla de un brinco y lo abracé instintivamente, pero se quedó quieto, insensible.
-¿Qué te ocurre?- Pregunté mirándolo a los ojos.
-No estoy para nadie. Si quieres puedes acompañarme a casa de Samuel, necesito ayuda.
-¿Ayuda? ¿Para qué vamos a casa de Samuel?
-Se supone que ''sufrió un accidente''. Pues bien, quiero saber cuál es ese accidente por mí mismo. Y necesito que me ayudes a buscar.
-Está bien.- Cogí mi chaqueta y fuimos a una parada de autobús, durante el trayecto él se limitaba a mirar por la ventana, las luces de la ciudad se reflejaban en su rostro pensativo. Yo me limitaba a mirarlo y a sentirme culpable, tenía que decirle lo que había ocurrido el sábado, tendría que buscar un buen momento.
Llegamos a casa de Samuel, Aaron se agachó, quitó una losa suelta del pequeño porche y sacó una llave de repuesto. Abrió la puerta y encendió la luz.
La casa estaba hecha una auténtica leonera, costaba andaba por el suelo sin pisar ningún trasto desordenado.-Águeda quédate aquí y busca por el salón, yo me voy a su habitación a ver qué encuentro.- Obedecí como una ovejita y me dispuse a rebuscar por el pequeño y atestado salón.
Sobre la mesa, una jeringuilla y una bolsa (que supuse de heroína) vacía. Respiré hondo y miré al suelo, advirtiendo un pequeño papel debajo de una de las patas de la mesa. Un sobre. Una carta.
''Para Aaron, Águeda, Jeyden y Miguel:
No se me dan muy bien las palabras pero solo quiero pediros perdón a través de esta carta. Sé que me he comportado como un auténtico capullo y espero que algún día podamos volver a ser los de antes, no pido volver a entrar en R.Y.O.D. solo estar con vosotros otra vez.
Pedir perdón sobretodo a Aaron, que ha sido mi hermano mayor durante estos años y no se lo he agradecido. Águeda, me enamoré de ti como un loco y la cagué contigo en Inglaterra, solo decir que te quiero muchísimo. Jeyden, fuiste mi consejero y el día que te puse la navaja en el cuello iba bastante drogado. Miguel, eres de las mejores personas que he conocido, siempre tan tímido pero con un corazón de oro, espero que te vaya muy bien con Elia.
A todos os he hecho daño y sé que no lo voy a enmendar, solo, lo siento de corazón.''
Solté la carta y me estremecí, me llevé las manos a la boca y la culpabilidad se apoderó de mí. Aaron bajó las escaleras, se acercó y me miró de soslayo, advirtió la carta. No pudo leerla al completa, sus ojos volvieron vidriosos y le impedía leer, las primeras lágrimas rodaron por su cara.
-¿Es esto una nota de suicidio?- Se preguntó a sí mismo en un murmuro.
-No lo sé, tenemos que enseñársela a los demás.
-Esto no puede ser, es imposible, no parece una nota de suicidio,- se secó las lágrimas antes de terminar la frase y respiró profundamente.- solo, de disculpas.
-Aaron, vámonos. No hay que hacer aquí.- Le posé la mano sobre el hombro y él me miró a los ojos, ojos tristes y cansados.
-Vuelve a casa, estaré bien, te lo prometo.
-No, me quedaría aquí contigo si me lo pidieras, pero no te voy a dejar solo, hoy no.- Me abrazó muy fuerte y no parecía tener la intención de soltarme.
-Eres una cursi.- Me susurró al oído.
-Pero he conseguido que sonrieras.
Cada cual volvió a casa, pero yo no pude dormir hasta bien entrada la noche, la culpabilidad me invadía y me sentía como si me hubieran dado una paliza.

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